La historia sin final feliz


Fallece Paqui, la vendedora de la ONCE que luchó por su quiosco

Este fin de semana, el día 24, falleció Francisca G., Paqui, de modo repentino, en una operación rutinaria. Había pasado muchas vicisitudes desde el primer traslado de su quiosco de loterías de la ONCE en el año 2018, desde la calle del general Pareja, en su emplazamiento original, hasta la calle Chacel. Había empezado la peatonalización del centro comercial urbano, y se hizo sin contemplaciones para con los negocios existentes. Pero este primer traslado al menos contó con la pervivencia del quiosco de Paqui, en el que llevaba desempeñando su labor desde los primeros años del siglo XXI. En la calle Chacel se estaba bien, y todavía se contaba con la luz eléctrica en el interior del quiosco, pero era más inclemente, más fría en los inviernos y más calurosa en los veranos.

Pero en 2019 cambió la Administración Autónoma de manos, y la peatonalización llegó a la calle Chacel, y el quiosco fue trasladado a la peor situación posible, sin que la ONCE, una organización benéfica y de interés social, luchara debidamente por el regreso del establecimiento de loterías a su posición original. En 2021, el quiosco situado frente al edificio neomodernista, fue desplazado a la plaza de los Héroes de España, sin conexión eléctrica y apoyado sobre tacos de madera y trozos de ladrillo. El lugar era terriblemente húmedo y sin condiciones laborales. Paqui lo aguantó todo, y desde ese año, empezamos a denunciar su situación fuera de la normativa laboral, y su regreso a la calle del General Pareja. Todo sin éxito, por supuesto. En 2023 regresó la administración originaria, sin que hubiera demasiado interés en su reposición. El quiosco fue cerrado por insalubre, y los trabajadores volvieron a la venta a la intemperie, incluida Paqui. En todo el tránsito habían pasado 8 años desde el primer desmantelamiento. Paqui sufrió el desgaste físico de la situación, pero sin perder la sonrisa o el ánimo. siempre contaba cosas y no perdía la esperanza de regresar a su calle, pero no a la intemperie, y a su quiosco. Bromeábamos sobre el corte de la cinta de reinauguración, y desde el Alminar le prometimos disparar confeti. En 2024 nos preguntábamos si valía la pena escribir.

Solo en el presente año se obtuvo el plácet para su reinstalación. Le quedaban apenas dos años para jubilarse, después de una vida laboral dura. Hasta la semana pasada, cuando comprábamos o cambiábamos los cupones premiados, con el reintegro, la conversación se dirigía hacia el quiosco reubicado, pero sin fecha de reapertura. Paqui siempre decía: «No sé, pero no me veo ahí», y luego añadía «pero ojalá«. Después de 8 años su escepticismo era completo.

El final que ha llegado es otro, totalmente imprevisto. A veces las decisiones llegan tarde y sin reparación posible. Quizá sea hora de ir diciendo lo que Don Quijote, harto ya de palos y de sinsabores: » Vámonos yendo Sancho, que en los niños de antaño, no hay pájaros hogaño«.

Historia de un quiosco de la ONCE


¿Sirve de algo escribir? La observación atenta nos dice que sí, y algunas de las reacciones posteriores parecen confirmarlo, aunque la resistencia a los cambios o a reconoceros los errores, sea una tendencia irreductible en España, o en Melilla.  Han pasado cuatro años desde la peatonalización de la calle del General Pareja, primitivo emplazamiento del quiosco de venta de cupones y loterías de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE), y del primer traslado del quiosco hasta la calle del General Chacel. Posteriormente fue llevado a la plaza de Héroes de España.

¿Cómo puede una organización como la ONCE desatender la situación de una trabajadora, e incumplir la normativa de Seguridad e Higiene en el Trabajo? No podemos responder a estas cuestiones, pero sabemos que conocen todo el expediente y la situación. La ONCE es una organización a la que nadie le va a negar nada.

Tras la peatonalización, el quiosco no volvió a su lugar de origen, en donde contaba con iluminación eléctrica, y fue instalado en uno de los emplazamientos más fríos y húmedos del centro, la esquina de la plaza, en donde según la estación del año, la humedad y el calor son extremos, o a veces ambas circunstancias.

  En el nuevo emplazamiento lleva ya dos años y está sostenido con trozos de ladrillos y tacos de madera, sin anclaje o fijación alguna. Tampoco tiene luz eléctrica y el trabajador o trabajadora debe iluminarse con una lámpara o linterna. Ya no se utiliza como punto de venta, porque incumple cualquier normativa de seguridad. Como dato, decir que la Delegación de Seguridad e Higiene en el trabajo  está a apenas 50 metros del artefacto.

  La trabajadora de la ONCE, una de las más antiguas de la ciudad, cumplió con todos los traslados, pero reclamó la reposición del quiosco en su primitivo lugar, algo que no ha sucedido pasado un lustro. Tampoco ha conseguido que sea instalada la conexión a la red eléctrica.

  En una de las ocasiones pudimos fotografiar al delegado actual de ña ONCE, hablándolo con la trabajadora afectada , y tomando nota de la falta de condiciones laborales del quiosco. La trabajadora titular,  y otros nuevos,  tienen sus puestos de trabajo en plena calle, expuestos a todos los rigores de la climatología melillense, sin protección alguna, o sea, a la intemperie. Todavía no está explicado el motivo del segundo traslado, desde la calle Chacel a la plaza de Héroes de España.

  La situación es incomprensible. Es una historia propia de un 29 de febrero, de esas en las que solo pueden escribirse cada cuatros años.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2021/11/08/la-historia-del-quiosco-errabundo/