Las mazmorras del cuartel de Santiago


El soldado Benito, el segundo secreto de Santiago

Una paliza mortal no se da en cualquier lugar. Hay que buscar un lugar escondido, en donde no se oigan los gritos. Ningún lugar mejor que una mazmorra o incluso el polvorín, de gruesas e insonorizadas paredes. Hemos buscado las dos cosas y las hemos encontrado, una por casualidad, a la otra nos llevaron.

Los cuarteles de Melilla se caen, pero es porque no tienen mantenimiento. Los soldados de reemplazo mantuvieron los cuarteles con sus múltiples oficios: carpinteros, pintores, fontaneros, albañiles, electricistas, mecánicos, soldadores, oficinistas, servicios generales, sanitarios, conductores. Eran mano de obra esclava como la de Stalin en sus campos de trabajo. Los dos años de servicio militar se hacían muy largos en Melilla, y «había que buscarse la vida».

Una de esas maneras de buscarse la vida era la de convertirse en asistente, «machaca» de un oficial, ayudarle en sus quehaceres personales, o incluso de ayudante de una clínica. Cualquier cosa antes que «los barrigazos», la instrucción, los ejercicios de tiro, las marchas nocturnas, las guardias .

Eran chicos jóvenes, gran parte de ellos salían por primera vez de sus comarcas, pueblos y ciudades. Melilla era la aventura, pero dos años se hacían muy largos, en la década de 1950. Está claro que Benito López Franco tenía don de gentes, y supo buscarse la vida, como ayudante en la enfermería, quizá también en la consulta de algún médico militar, como cantante en alguna fiesta privada.

Es verdad que estaba muy prohibido el relacionarse con «chicas civiles», como se decía en el argot cuartelero, y más aún, si se trataba de la hija de un jefe militar. Eso garantizaba el calabozo como mínimo. La vida del soldado de reemplazo en Melilla era muy modesta y casi de monje. Se pasaban los meses echando de menos a sus novias y a sus madres. El mito de la calle Mar Chica era de alto rango. Los soldados, obligados a vestir siempre el uniforme, tenían prohibido el acceso a muchos lugares.

Sin embargo, el amor, como los átomos, atraviesa cualquier barrera o límite. El amor prohibido multiplica el valor para enfrentarse a cualquier riesgo , pero también activa las fuerzas oscuras. El 17 de enero de 1950 el soldado Benito recibe la mortal paliza, en una mazmorra o en el polvorín. Es llevado al cementerio al día siguiente, con la hoja, que no certificado, de «suicidio», y enterrado en la parte no sagrada del cementerio, con los herejes y los «represaliados del franquismo».

¿Quién inició el culto? Según opiniones autorizadas, la novia y algunas amigas que estaban en el secreto. Todas siguieron con sus vidas, pero la «inocente novia» no se olvidó nunca de él. A escondidas, con amigas cómplices, se encargó de que no faltaran flores en su tumba sin nombre. Los cultos son así, se inician de modo espontáneo, y es el pueblo el que escoge y decide a sus «santos» o a quién venera. La reunificación de cementerios con la Democracia hizo el lugar más accesible. El culto debió arraigar en la etapa más oscura del franquismo, y quizá las autoridades no se atrevieron a actuar, porque eran sobre todo cobardes, y temieron que lo que constituía un secreto, acabara siendo vox populi.

El cuartel de Santiago fue probablemente el escenario de un crimen sórdido e impune, que sigue en la memoria colectiva de la ciudad, bajo la forma de un culto popular. Hay tres iniciativas para salvaguardar el palmeral del cuartel de Santiago y de su jardín histórico. Una de ellas, auspiciada desde El Alminar, pide que el palmeral o jardín lleve el nombre del «soldado de los milagros», y ya lleva recogidas más de 300 firmas.

El segundo sello ya está abierto. Propuesta de nombre de Soldado de los Milagros» para el palmeral: https://chng.it/FY9FyNGb

Nota:https://elalminardemelilla.com/2011/09/14/el-soldado-de-los-milagros/

La paz de las ánimas


Las ánimas y otros cultos paganos en Melilla

   En días pasados corrió el rumor de que en el llamado «campo de las ánimas», del cementerio de Melilla, y en algunas de las sepulturas que conforman la «trinidad pagana» del cementerio, se estaban depositando exvotos y otros objetos, relacionados con la magia negra y la santería. Testigos afirmaban haber visto cosas, restos de rituales, difíciles de describir.

      Es verdad que en estos lugares se depositan imágenes, cartas, exvotos, prendas, pequeños objetos; relacionados con la intermediación que estas ánimas, habrían realizado a petición de las personas que allí acuden con una ruego, urgencia, o necesidad vital. Esto ocurre no solo aquí, sino en muchos santuarios del mundo católico, en donde se llegan a dejar prótesis, y otros objetos relacionados con enfermedades que han padecido quienes hicieron esos ruegos. Quien deja una fotografía, se supone que solicita la ayuda para la persona en cuestión, o su venturoso camino hacia el más allá, en el caso de que haya fallecido. Siempre debe solicitarse un favor, y no un mal (ese sería el terreno de la magia negra), y podría volverse contra quien utiliza ese recurso, según dicen los manuales.

          El exorcista del Vaticano el padre Gabrielle Amorth, fallecido el pasado día 16, afirmaba lo siguiente: No existe distinción entre magia blanca y magia negra. Cuando la magia funciona, siempre es obra del diablo. Todas las formas de ocultismo, como este gran regreso hacia las religiones de Oriente, con sus sugestiones esotéricas, son puertas abiertas para el diablo. Y el diablo entrará.

              Así pues, decidimos verificar con nuestros propios ojos y medios la situación, con el riesgo que supone de dar más pábulo a estos hechos, y aventar las pavesas del rumor, e incluso de fomentarlos. Sin embargo siempre es preferible la comprobación directa, disolver la duda y el error, que vivir sumergidos en el rumor. Miramos minuciosamente los lugares indicados: Campos de Ánimas, sepultura del Soldado de los Milagros, y del curandero Antonio Moreno, y no vimos rastro ni resto alguno de sortilegio, hechizo o ritual negro. Todo parece estar en paz, como corresponde a quienes ya han fallecido.

   Las redes sociales y los sistemas modernos de comunicación, que han cambiado nuestras vidas, son muy útiles par ala difusión instantánea de cualquier noticia. La parte mala es que si lo que se propaga en un bulo, una noticia falsa, o una mentira, no hay manera de atajarla. Las personas suelen creer lo que está escrito, y hay mucha información falsa distribuida a lo largo y ancho dela red.

El culto al soldado de los milagros en Melilla


                     Una antigua foto de la tumba del soldado Benito,

       En una de las tardes de las reuniones familiares navideñas, se abren cajas de fotografías y se rebusca en el pasado. En una de esas tardes en las que no se sale de casa, apareció esta vieja fotografía de la tumba del soldado Benito López Franco, muerto en Melilla en extrañas circunstancias en 1950, en las dependencias del cuartel del Regimiento de Infantería de Melilla. Hoy ya está fuera de toda duda que Benito, murió como consecuencia de una paliza, propinada como castigo o disuasión por sus posibles relaciones con la hija de algún oficial de la guarnición de la ciudad. Quizá la paliza se les fue de las manos y tuvo las fatales consecuencias conocidas, aunque en el parte de fallecimiento conste solo la palabra «suicidio».

      El soldado Benito, o soldado de los milagros, murió el 17 de enero de 1950. El pasado 17 de enero, una comentarista, Elsa, escribió este texto en una de las fotos que tengo colocadas en El Alminar: Que tu alma inunde el mundo eternamente de tu luz Benito. Hasta hoy no he caído en que el comentario está escrito en el día de su fallecimiento, fecha a la que no se le suele prestar atención informativa de ningún tipo.

     A la historia del soldado de Cetina el falta absolutamente todo. Conocemos el final, pero no el por qué.  El inicio de su culto,  su consolidación a lo largo de los años y otro buen número de preguntas siguen sin encontrar quién las responda. Su posible novia, o incipiente amor, o quienes sepan qué ocurrió todavía pueden estar vivas/os. Estoy seguro que todavía hay quienes guarden las llaves que abran la caja del secreto mejor guardado de Melilla. Hay una cosa que es cierta, en lo que dice Elsa. La luz de la historia de Benito López Franco recorre el mundo y quizá, gracias al alcance de internet, de su poder de comunicación, y del anonimato que facilita, todavía estemos a tiempo de resolver si no todo, sí parte del misterio.

    PD: La familia del soldado benito edita años tras años estampas que reparten en nuestra ciudad y tiene los derechos de imagen en su propiedad, pero también hay ciudadanos que elaboran las suyas, con motivo devocional o para dar cumplimiento a promesas. También puede verse una pequeña y rústica capillita, hecha en madera, con la imagen del soldado de los milagros, del que se han cumplido 54 años de su muerte o asesinato.                                                           Nota: La fotografía puede ser de la década de 1980.

   (1) https://elalminardemelilla.com/2011/09/14/el-soldado-de-los-milagros/

           

Las rutas del cementerio de Melilla


                                            El campo de Las Ánimas

                El cementerio melillense es un lugar de cultos y de ritos populares, sobre todo los viernes. Ese es el día que decenas de personas se acercan al cementerio de la ciudad, para recorrer una ruta fija, con algunas pequeñas variaciones: campo de ánimas, curandero Antonio Moreno y soldado Benito en último lugar. Este es el orden establecido, que hemos averiguado tras observar y preguntar a las personas que recorren esas rutas no visibles, pero claramente marcadas. Son casi siempre mujeres, solas o en grupos (aunque tampoco faltan hombres),  que dedican un hora de cada viernes, para realizar estos recorridos. Los pequeños quioscos de flores situados a la entrada del camposanto melillense, registran este día una actividad mayor de lo normal.

                  Mientras todo esto sucede, la pequeña capilla del cementerio permanece siempre cerrada. Ya no hay capellán ni encargado de ella y tampoco hay imágenes, ni se permite el uso de las velas de cera. Resulta curioso que La Iglesia impida la utilización de ellas en sus templos. Es un golpe para la industria española de la cerería. Los lampararios eléctricos no suelen motivar el detenerse ante ellos, y la frase de «solo se admiten monedas», no resulta adecuada para la oración. Parece más propia de un banco.

                                     Los cultos populares de Melilla

                 El cementerio de Melilla es uno de los que mayores fosas comunes alberga del mundo, son decenas de miles de personas enterradas, en el siglo de guerras originadas en la «campañas de Melilla». Curiosamente, las dos grandes fosas que se encuentran bajo el Ángel de África», que albergan bajo  «la madre tierra», los restos de unos 10.000 soldados y militares españoles; es la que más atención y magnetismo concita. Una de las primeras  leyendas que escuché, tras mi llegada a Melilla, es la de «las ánimas», a los que los melillenses de la comunidad cristiana, creyentes o no, profesan un temor reverencial. Las fosas de las ánimas es la que abre el culto y la ruta de los cultos populares. Es la primera parada o estación de esta peregrinación popular.

       Tras la parada en «las fosas de las ánimas», la gente suele caminar hacia la tumba del curandero Antonio Moreno, del que ya hemos escrito en varias ocasiones. Es otro de las vértices de este triángulo «esotérico», que acaba, eso sí, en la tumba del soldado Benito López Franco, sobradamente conocido. No hay una sola visita, en la que no se encuentre alguna cosa nueva sobre su tumba. Pocas personas  en Melilla dudan de la eficacia de las oraciones y peticiones ofrecidas sobre estos tres elementos principales de este culto popular, que se mantiene y amplía, generación tras generación. No solo se ven a personas mayores, sino también a gente joven y de mediana edad, que acuden  a estos rituales, al margen de toda normativa eclesiástica.

                                    Nuevos puntos de culto

     Hay que acudir los viernes, a cualquier hora, observar, seguir a las personas, y hablar con ellas. Casi nadie, conoce ya las biografías o posibles méritos de las personas a las que acuden a pedir la «intercesión». Hay muy pocos datos sobre el curandero Antonio Moreno, o casi nadie de los que acuden,  ha leído la pléyade de artículos escritos sobre «el soldado de los milagros», o incluso el libro del escritor José Luis Navarro. Sin embargo, nadie duda de la eficacia de la ofrenda.

         Hay otros nombres, uno es el Padre Paúl Bienvenido Pampliega, fallecido en la ciudad en 1951, y otros dos más que estamos investigando. En muchos casos ya casi no se lee dato alguno en la lápida, y las personas las identifican mediante determinadas señales. Una rosa de plástico, o cualquier otro detalle que la haga reconocible. Son pequeñas claves, de una ruta que nadie se salta.

                      La lágrima del ángel

      La influencia del soldado Benito López, marca toda la antigua zona civil del cementerio melillense. Es el centro magnético, aunque los cultos existían antes de él, y siguen ampliándose. Tiene ruta propia, que se inicia tras el obligado paso por debajo del ángel marmóreo de la tumba de la familia Perelló. Una excreción de ave, cayó sobre su mejilla blanca y parecía darle una apariencia de ángel lloroso. También es verdad, que uno ve solo aquello que quiere ver, pero eso sucede en casi todos los ámbitos, incluso los más exclusivos, elevados y cultos del mundo. Nadie puede despreciar estas cosas y clasificarlas como propias de las clases populares y sencillas.

          Hay muchas más cosas de las que escribir y profundizar. No podemos pretender agotar todos las cosas en un solo escrito, aunque en realidad, este ya es el tercero. Eso sí, siempre bajo la displicente pero atenta mirada y compañía de los gatos.

          Nota: Hoy he visto, por primera vez, impresa la oración a «las ánimas». La coloco en El Alminar para compartirla y difundirla.

El soldado de los milagros


   Benito López Franco, un santo sin iglesia

      Enrique Delgado ( * artículo publicado el 7 de  mayo de 2007 )

         En la Cooperativa Gráfica melillense nunca faltan las estampas de Benito López Franco, el soldado de los milagros. Las encargaba el propietario de un comercio ya desaparecido, Electrónica 2000, Salvador Cañadas, que solicitó la intercesión del soldado Benito ante una complicada operación de espalda. Cada vez que se agotaban encargaba una nueva edición. Esta es la explicación de las misteriosas estampas azules que circulan por toda Melilla de mano en mano.

           Benito López Franco, aragonés de Cetina, soldado del desaparecido Regimiento de Infantería de Melilla nº 52, localizado en el acuartelamiento de Santiago y que murió en extrañas circunstancias el 17 de enero de 1950. La escueta nota publicada en prensa y el Registro del Cementerio de Melilla aluden al suicidio como causa de su fallecimiento, pero tanto los testimonios de sus familiares, su hermano José López, como los de cualquiera que se pregunte en la ciudad descartan la versión oficial.

           El escritor melillense José Luis Navarro, es el único que ha intentado aproximarse a esta historia en un conjunto de relatos titulado “El soldado incorrupto” pero ya advierte que su versión es sólo literaria. Sin embargo su condición de militar le permitió poner oídos a historias de “barras de cantinas militares” e indagar en el Cementerio de Melilla cuando fue encargado de hacer un catálogo de pertenencias militares en el campo santo melillense y quizá leyenda, verdad y literatura no estén tan separadas como parece.

          Benito López Franco tenía 20 años al llegar a Melilla, era de muy buena planta, cantante de jotas y siempre dispuesto a ayudar en lo que hiciera falta, sus dotes excepcionales para el canto y su don de gentes le llevaron a convertirse en ayudante de un  comandante médico, a dar recitales de jotas en El Casino Militar, cuna del Alzamiento franquista de 1936 y vedado al pueblo de Melilla hasta bien entrados los años 80.

            Su proyección pública le hace ser objeto del amor de la hija de un alto jefe militar según dice la familia, que ya estaba comprometida con el hijo de otro alto oficial, lo que desafiaba todas las reglas establecidas de la época.

           En el relato de José Luis Navarro se intuye que aquella novia  pudiera ser la que vigilaba la tumba de su amado desde el puesto de gerente del Cementerio. Esa  misma mujer que un día se le acercó y ante sus preguntas sobre el misterio de la tumba y del soldado le respondió con un lacónico: “lo único que sé es que no se suicidó”.

           Fuese quien fuese la chica el caso es que se obsesionó con él y le persiguió durante más de tres meses. El comandante médico del que era ayudante percibió lo peligrosísimo de la situación y recomendó un traslado a Madrid para el 20 de enero que nunca llegó a producirse, pues Benito apareció muerto en el Botiquín del Hospital Militar el 17 de enero de 1950.

                                 Y tras tantos años; La Verdad

        “Benito no se suicidó, lo asesinaron a golpes y le rompieron la cabeza y un brazo”. La estremecedora frase está contenida en la carta de Gregorio Gil, amigo de Benito y dictada antes de su muerte en 1975. El testimonio procede de Alfredo Marruelo, amigo y compañero de quinta de Benito en Melilla, quien junto con otros cuatro mozos cetineros fueron rápidamente licenciados tras su muerte.

          Antes de embarcar, un soldado que no se identificó dijo a Alfredo:“Benito no se suicidó, lo asesinaron a golpes”. Alfredo Marruelo únicamente reveló el secreto a Gregorio Gil, compañero de Benito desde la infancia, quién también calló y sólo ante la inminencia de la muerte dejó una carta dictada y que ahora la familia ha decidido desvelar, entre otras cosas para dejar desmentir las espurias versiones que hablan un fusilamiento, de un tiro en la nuca, de que fuera apaleado en los calabozos del cuartel de Santiago.

         Lo sorprendente es que la carta se redacta en 1975 y sólo cuando los familiares vienen a Melilla y abren la tumba para colocar bien el cadáver, los suicidas se entierran al revés, comprueban el dato de que Benito tenía hundido el cráneo y un brazo roto.

            No hay huellas de bala, ni nada por el estilo. Benito fue enterrado en calzoncillos y “con la cadena del aseo por toda pertenencia póstuma”. Supuestamente se había suicidado con ella. La paliza mortal ya había sido aventurada en la versión literaria del “soldado incorrupto”

           El entonces Vicario Arciprestal  J. Antonio Segovia le negó la sepultura en Sagrado “por no constar nada en contrario a esta Vicaría sobre el suicidio intencionado de la víctima”. El documento eclesiástico es toda la certificación oficial de su fallecimiento que posee  la familia, ni certificado médico, ni recibo de pertenencias personales. Así se hacían las cosas en la España, en la Melilla de Franco.

                   La voz de La Iglesia

            El Vicario Episcopal de Melilla,  Manuel Jiménez Bárcenas cuenta que: “para la La Iglesia Benito es un difunto más y La Iglesia pide por él, junto por todos los demás el día de Los Fieles Difuntos, 2 de noviembre”. Aquí  es donde el Vicario rondeño aprecia un error de culto, al ser conmemorado el día 1 de noviembre, reservado para los que se tiene constancia de que gozan de la presencia de Dios. “Sólo los santos van directamente al cielo sin el obligado período de Purgatorio, por eso el 1 de noviembre está reservado a Todos los Santos, aquellos de que se tiene constancia por medios humanos de que gozan de la estancia en el paraíso”.

        Pudiera ser, añade Jiménez Bárcenas que: “El soldado Benito ya hubiese cumplido el período de Purgatorio y al gozar de la presencia de Dios puede gozar también de la capacidad de intermediación y ayudar en curaciones y favores de aquellos que devotamente le piden a Dios que por mediación de Benito sean atendidos sus plegarias”. No hay otro modo de explicar los favores del soldado milagrero,   aun así, el Obispo Dorado Soto ofreció a la familia la posibilidad de elaborar una estampa con una oración para culto privado, pero la familia rechazó esta posibilidad ya que prefiere esta santidad popular.

            Quizá toda Melilla fue consciente de aquella injusticia y como modo silencioso de desafío al hermetismo oficial inició las ofrendas y culto del soldado Benito.

          PD: http://www.infomelilla.com/noticias/index.php?accion=1&id=2962

       Nota: El 7 de  mayo de 2007 publiqué mi primer artículo sobre «el soldado de los milagros». Lo hice además con una novedad, la carta del compañero de servicio militar, en la que descubre que Benito López Franco murió como consecuencia de una paliza y no suicidado. La carta me la proporcionó su hermano. Seguidamente llegaría la legión de plagiadores, que con copias de la carta compusieron historias similares, pero sin citar jamas a quien fue el primero en publicarla . No fuí el primero en escribir, obviamente, pero sí el 1º en publicar esa carta. Es fácil de comprobar con las fechas de edición de los artículos.