Los autobuses urbanos de Melilla


                  Todo contra la COA (autobuses de Melilla)

        Me reconozco usuario de la COA, la uso siempre que puedo y cuando no tengo ganas de utilizar el coche. Es un descanso que te lleven de un lado a otro de la ciudad sin estar pendiente del envilecido tráfico de la ciudad, en la que cada vez hay más accidentes, y por la que cada vez es más difícil circular.  La proliferación de atascos, el abuso de la doble fila, la ausencia de civismo al volante y el «aparque donde quiera», convierte a los conductores y conductoras (hay seis mujeres al volante de la COA), de los autobuses urbanos en magos y magas del volante.  Atravesar la ciudad y sus calles, de una punta hasta la otra en tan solo 20 minutos, es difícil incluso para un automovilista y sin hacer paradas.

                                              Historia de la COA

       El origen de nuestros  autobuses urbanos  se remonta a 1927 bajo el nombre de Omnibus Automóviles de Melilla. Esta empresa desapareció en la década de 1930 por problemas laborales y salariales con los empleados. Tras un fallo judicial en su favor, los  trabajadores constituyeron una cooperativa obrera de transporte urbano, que entró en competencia con otras empresas  existentes en la ciudad. En la década de 1940 todas se unifican bajo el nombre actual, siendo su primer presidente Rafael Gallego. En 1957 adquirieron el actual edificio que les sirve de talleres, garaje y oficinas, en la calle Cabo cañón Antonio Mesa en el Barrio del General Sanjurjo o Hipódromo.

                                   ¿Hay alguna maniobra en contra de la COA?

        ¿Qué sentido tiene abrir un concurso público de transporte urbano?. No tiene sentido alguno, salvo que exista algún interés que no conocemos ni se hace público, tal cual ha sucedido con el transporte marítimo. Si el servicio de transporte público ya es deficitario en una empresa melillense, con trabajadores sen régimen de cooperativa, es difícil que una empresa foránea, con trabajadores y autobuses  traídos de la península, consiguiese resultados satisfactorios, salvo que duplicara el precio de transporte nada más llegar, situándole en precios peninsulares, próximos a 1,5€ por trayecto.  Luego, todo sería entrar en la dinámica de mega subvenciones, como ha sucedido con Air Nostrum y Acciona, empresas que si no fuese por el dinero público que se las inyecta, bajo los contratos publicitarios, ni siquiera estarían aquí.

                          ¿Porqué no se subvenciona o municipaliza la COA?

         Todas las capitales españolas tiene empresas municipales de transporte público urbano salvo Melilla. No se entiende que los trabajadores melillenses de los autobuses tuvieran que amenazar con una suspensión del servicio, por una falta de ayuda al combustible, en la ciudad en la que se subvenciona absolutamente todo, y en cantidades mucho mayores que el transporte urbano. Entidades culturales, asociativas, deportivas, reciben cantidades mucho mayores que la COA, y tiene mucha menor utilidad social. En todo lo que sucede con el transporte urbano de pasajeros hay algo o mucho, que no se entiende.

                              Los problemas del transporte y su futuro

        Lo primero a solucionar es el control sobre el caos circulatorio. Impedir las dobles filas sistémicas, el aparcamiento sobre el lugar autorizado para el estacionamiento de autobuses y el mal aparcamiento que obstaculiza el paso de los autobuses. Regular el tráfico con algún tipo de criterio y no solo mediante el abuso de las rotondas. Instalación de marquesinas y paradas de autobús acordes con el siglo en curso. Información sobre horarios y recorridos y diseño de nuevas líneas de tráfico. Pero sobre todo, lo que hace falta es una gestión eficaz, comprometida con el ciudadano y atenta a la solución inmediata de los problemas. La ciudad no se puede controlar desde los despachos. Hay que pisar el asfalto y las aceras.

La cuesta de La Constitución


            La barriada de La Constitución, o las 400 viviendas, tiene una cuesta casi infranqueable, con constantes badenes y cambios de nivel que la hacen peligrosa, y que divide al barrio por la mitad. Es una de esas extrañas obras, se supone que bien intencionadas, pero de resultado incierto.  Esta nueva calle se abrió hace una década para facilitar la comunicación entre los dos sectores del barrio y para crear una nueva salida sin tener que utilizar la carretera circular que circunvala el barrio. Como todo el pavimento de Melilla, ya está en muy mal estado, lleno o de parches y de costurones y con las arquetas algo más hundidas que el resto del pavimento. Los cambios de rasantes son forzados por las diferencias de nivel entre los bloques, que se asientan sobre la ladera de un antiguo cerro o pequeña loma. Además, hubiese sido demasiado peligroso el realizar este vial con una pendiente completa.

           El hundimiento del terreno sobre el que se asienta este vial, debido al paso continuo de tráfico rodado, ha provocado que las intersecciones de los diferentes niveles que separan la cuesta, sean más acusados, con lo que la amortiguación delantera de los vehículos se hunde demasiado. El cambio de rasante es demasiado brusco, porque la pendiente es muy acusada. Ya hemos escrito en otras ocasiones sobre situaciones similares en otras partes de la ciudad.

                Motocicletas, bicicletas, camiones de reparto y vehículos deben transitar con cuidado por esta cuesta, que se está volviendo más peligrosa con el paso del tiempo y la ausencia de mantenimiento, lo que ya es casi una ley en casi cualquier parte de la ciudad.

El espíritu de los árboles


                          El bosque encantado

            Uno siempre ve lo que quiere ver y también es cierto que hay imágenes que son iguales para todos. Otra cosa son las apariencias, que pueden parecernos lo que no son, y  que a veces tendemos a agrupar bajo determinadas formas para verlas como algo de nuestro bagaje cultural y personal. Hay imágenes que son por sí mismas y otras que las hacemos nosotros. Bastó que alguien identificara una forma humana en una fotografía de un árbol podado, para que ya todos no viésemos otra cosa, que aquello que otro había visto. Eso también ocurre a menudo. Cuando un ve y muestra algo, todas las siguientes miradas se orienta hacia esa imagen concreta, que otro nos ha mostrado.

          Todos hemos leído y oído hablar sobre bosques encantados, con árboles de apariencia humana o de espíritus atormentados.  Árboles con formas de gigantes, o de brujas y brujos. Veo todo los días decenas de árboles, algunos con extrañas formas, que si estuviesen agrupados, formando un bosque, sería sin duda «encantado». Nadie se atrevería a entrar en un bosque con este tipo de árboles, solo y de noche. Con la luz de la luna y las sombras incrementando las apariencias, cualquier efecto óptico sería posible. El ulular de los búhos junto a otros ruidos de especies animales y alguna rama baja que nos roza sin que nos percatemos de ella, han alimentando las historias de terror durante siglos. Hay pocas personas que se atrevan a atravesar solas un bosque por la noche.

          El bosque encantado que imagino, estaría compuesto casi sin duda por ficus, con sus retorcidos y extraños troncos, incluso con raíces que a modo de pelambrera desgreñada bajan por ellos. Un comentario a una entrada sin mayor trascendencia, ha desatado mi imaginación, y aquellas formas que veo a diario han cobrado forma. Estas son solo algunas de ellas.

         Eso sí, una vez que alguien nos las muestra, difícilmente las podemos ya ver de otra manera.

Las lágrimas milagrosas del Cristo de Melilla


             

El Cristo de La Caña y la sangre de Annual

                          Enrique Delgado

             Las lágrimas, las de verdad, fueron las que derramaron miles de madres a lo largo de tres décadas en las guerras de Melilla, pero hay otras lágrimas, unidas a las primeras y son las lágrimas milagrosas de una imagen ya casi olvidada, y una historia que ha estado cubierta por el velo del silencio, del olvido  y de la censura.  Estas son las premisas de un enigma imposible de resolver, y que hubiese desaparecido,  sin el acierto de un libro «De Cristo», del profesor de la Universidad de Salamanca,  Fernando Rodríguez de La Flor. Alguien lejano a nuestros hechos y a nuestro espacio físico, rescata, en un libro magnífico, denso, duro, desmitificador e incluso iconoclasta, la historia olvidada, no mencionada por ninguno de los cronistas religiosos de Melilla; de una imagen que no ha dejado de estar presente en las retinas de todos los que acuden, con una intención u otra, a la iglesia de La Purísima Concepción de Melilla.

            No hay nadie que no la haya visto o que no sepa de cual se trata, cuando se menciona el Ecce Homo de Melilla La Vieja o el Cristo de La Caña, pero tampoco hay nadie que supiese que esa imagen, desde días antes del «Desastre de Annual, en julio de 1921, empezó a derramar lágrimas, según dicen, los testimonios orales de los pocos que recordaban la historia, y que en algún momento se la contaron a José Luis Blasco, que me ayudó con los datos que le proporcioné, para identificar la imagen a la que alude el libro del profesor salmantino.

         En la Iglesia del Pueblo existen tres imágenes de Cristo y las crónicas que voy  a mencionar, hablan de una imagen que nadie identifica, pero de la que había oído hablar e incluso escrito, aunque sin poder identificarla tampoco. Concluye aquí una búsqueda de 7  años tras la imagen de un Cristo milagroso, y que ahora se cierran, de modo casual y justo cuando ya había dado por perdida la historia.  Dicen que a Dios no se va, sino que Él te busca y que incluso se sirve de no creyentes, en el sentido más canónico,  para conseguir sus fines.

                                     Las lágrimas en el arte

           Este es el título del artículo de Ramón Gómez de la Serna, publicado en La Esfera el 8/12/1923 y que rescata el profesor Rodríguez de La Flor. El párrafo que alude al Cristo melillense es el siguiente. «Un telegrama de la agencia Fabra que ha circulado últimamente por toda la prensa decía, refiriéndose a un Cristo de Marruecos: Según muchas personas la imagen que se venera en la Iglesia de La Purísima Concepción de Melilla, regentada por los Capuchinos, derrama lágrimas y abre y cierra los ojos cuando los fieles acuden a rezar ante Él. Si los Cristos lloran en el desastre del dolor solitario y fatal de España ante la sarracina inveterada, ¿Cómo no van a ser tan sentimentales y lloriconas nuestras vírgenes?».

           El artículo de Gómez de La Serna es de finales de 1923, cuando una agencia de noticias recogió el  caso del milagroso Cristo melillense, y tras saltar la barrera que impone el mar, se abrió paso entre las noticias de la época,  colocándose a la altura del Cristo cántabro de Limpias. Sin embargo el fenómeno llevaba ya dos años produciéndose en la ciudad. Un año y medio antes, un colaborador del Telegrama del Rif, P. Pillo, el 23/05/1922, hizo una rimas bastante anodinas que tituló como «Un Cristo milagroso en Melilla»: Como verán me limito a acoger lo que comentan, con fervoroso entusiasmo, gentes piadosas y serias. ¿Un exceso de fe?, ¿Una visión?.

             Las enormes cautelas del colaborador del Telegrama del Rif, que tampoco identifica de qué imagen se trata, solo se explican por la presencia vigilante de la censura militar y de la  eclesiástica. Suponemos que cuando este colaborador se hace eco de la lacrimosa efigie de Cristo, es porque el asunto estaba suficientemente consolidado como para no confundirlo con un momento de efervescencia religiosa, tras la mayor sangría de un Ejército de España fuera de su territorio, como fue el caso de Annual.

            Desde la catástrofe del Barranco del Lobo en 1909, la opinión pública española estaba completamente sensibilizada con la palabra Melilla, que por otro lado siempre ha inspirado e inspira mucho temor a La Nación. Tras la conmoción de 1921, en la que una vez más la sangre la pusieron los hijos de las madres españolas, no se podía permitir que una imagen religiosa, por muy de Cristo que se tratase, pusiese en jaque la estabilidad de alambiques que sostenía a La Dictadura de Primo de Rivera y a la agujereada monarquía de Alfonso XIII. Solo el socialista Indalecio Prieto se puso en el lugar de las madres, que recorrían la carretera de Taouima a Zeluán (la de la muerte), para identificar en los despojos de cadáveres, lo que algún día fueron » hijos nacidos de sus entrañas». Las madres no tenían voz, y la verdad no podía ser expresada en modo alguno, por lo que una efigie de madera, que representa a Cristo, se convirtió en el portavoz  de tanto dolor y de tanta sangre derramada, de manera inútil y forzada.

                                             La cuestión de las imágenes

            Son numerosas las cuestionas planteadas y descritas por el profesor Fernando R. de La Flor,  como la relativa a si hay alguna manera de aproximarse a las imágenes, que no sea la de la Fe o la mirada artística. En largos periodos históricos, ya sea de la Edad Media, del Barroco o del Antiguo Régimen, las imágenes religiosas fueron parte de la vida de las personas, para desaparecer luego de modo completo. Las imágenes, según el profesor salmantino: «dejaron de interesar a la propia Iglesia». Así pues, tallas y representaciones de santos, cristos y vírgenes que lo fueron todo en determinadas épocas, yacen hoy solitarias y casi sin culto en centenares de iglesias. Algunas, como la del Cristo melillense, han estado a punto de que se borrase toda su historia.

                                ¿Por qué el Cristo de La Caña?

             En la Iglesia de La Purísima Concepción hay tres imágenes de Cristo expuestas al público y había que decidirse por una para asociarla a este olvidado pasado milagroso. El Cristo de La Vera Cruz está descartado porque tiene los ojos cerrados, y el Cristo del Socorro ya tiene su propia historia milagrera, a la que sin duda alguna se hubiese unido ésta. La imagen a la que aluden las crónicas tenía que ser otra y para eso solo podemos fiarnos de la tradición oral, recogida por José Luis Blasco y por un detalle fundamental. Aunque muchos no saben el motivo, sí conocen que el Cristo de La Caña estuvo retirado del culto y oculto en la sacristía durante décadas. Los que lo escondieron y sabían los motivos solo pretendían que todo se olvidase, y este detalle sí sirve para asegurar, ya sin temor al error, que el Cristo lacrimoso y milagroso de Melilla, solo puede ser el Cristo de La Caña. Ahora  la historia  ya está a salvo del olvido.

                                        

El árbol de enmendio


                      La rotonda del cuello de botella

         El Barón Rampante es un personaje de la novela homónima de Italo Calvino, que decepcionado por el mundo y sus circunstancias decidió subirse a un árbol y no volver a bajar de ellos. Así prosiguió hasta el final de sus días, pese a los desesperados intentos de familiares y amigos.  Llevamos cuatro entradas seguidas escribiendo de árboles, de una manera u otra, pero no solo hablamos de ellos, sino también de muchas cosas más. Sobre todo lo hacemos cuando muchos ya han desistido de escribir sobre cosas del mundo real.

                Alguien, un colaborador del Alminar nos advirtió de que o veía muy mal, o en las obras de la nueva rotonda de la calle Reyes Católicos los dos espléndidos y amplios carriles de la avenida se convertían en uno solo. Como siempre decidimos comprobarlo con nuestros propios ojos y luego mostrarlo. Habrá quien niegue todo, incluso que ese árbol que todavía está, por poco tiempo suponemos, en medio de los carriles de circulación sea arrancado de allí y arrojado y/o trasplantado (según la terminología de la Consejería Medio Ambiental), a cualquier otra parte, en donde no estorbe ni moleste. sin embargo no vamos a escribir de árboles, aunque haya uno en medio.

                                          La rotonda que nos viene

                  La rotonda que se nos viene encima es del tipo estrangulador, y o ninguno vemos lo que hay que ver, o los dos carriles de tráfico de la avenida de Reyes Católicos se convierten en uno solo. No tenemos nada en contra de las rotondas, pero sí de los diseños, que parecen hechos por el peor enemigo del tráfico rodado y automovilístico. Tampoco tenemos nada a favor de los coches, pero no son tiempos de volver a la diligencia. No se comprenden esos giros tan forzados y desplazamientos laterales que obligan a realizar, como los de la rotonda de la avenida de La Democracia. No se entiende esa dimensión exagerada de los bordillos de las aceras y que son la causa del estrangulamiento de la rotonda.

              Siempre se ha dicho que «sabios tiene Roma»,  y lo que queda meridianamente claro es que Melilla no es Roma. Lo que llaman tala no lo es, lo que llaman poda tampoco y ésto no son rotondas.

Lo que tampoco es podar


            Lo que hemos visto no es trasplantar árboles, y esto que vemos tampoco es podar. Podar es quitar ramas secas o enfermas y no dejar los árboles convertidos en esqueletos de fantasmas. Por más que digamos no nos creerán y aunque mostremos las cosas siempre tendrán una justificación, o lo que es peor, alguien que lo justifique por ellos.  Les vemos colocar sus anuncios: prohibido estacionar entre las 8 horas y las 15 horas del día X, por trabajos de poda.  Hecha la advertencia,  procedemos a fotografiar todo para mostrar el antes y el después. Todo hay que verlo, porque el lenguaje solo sirve para enmascarar.

               Cortar las ramas la completo, no dejar un ápice de sombra, sea cual sea la especie arbórea, incluso aquellas que no necesitan poda, no tiene sentido ninguno. Igual que ellos podan y talan de modo continuo, calle por calle; nosotros fotografiaremos todo de igual modo, de manera que algún día alguien tome conciencia y diga que las cosas no pueden ser así.

                    Estos árboles no recuperarán la poca sombra que daban en al menos cinco años. Algunos  ya estaban bastante endebles y escasos de masa arbórea por tan continuas y constantes podas, pero da igual, porque en Melilla se poda como se tala. Hay árboles en estado lastimoso, con ramaje mínimo y que aun así son objeto de ridículas podas.

El proceso salvaje


                                          De árbol a muñón

                Las parábolas sirven para explicar  aquello que no puede decirse de modo directo, y las imágenes para ayudar a entender a aquellos que no comprenden lo escrito. También sirven para mostrar claramente algo sin necesidad de polémicas o discusiones. Se muestra una cosa y así lo ven todos. Así, nadie puede acusarnos de manipular la realidad o de interpretarla de modo personalista y con algún tipo de interés. Nuestra intención ha sido siempre mostrar la realidad del modo más objetivo posible, por eso nos servimos  de las imágenes y de las parábolas; ara que aquellos que no quieran creer lo que escribimos,  al menos vean con sus ojos lo que intentamos mostrar.

                                                  El proceso salvaje

            Arrancar un árbol es una acción salvaje, y más si se trata de árboles que cuando menos llevaban en ese mismo lugar más de 60 años, pues en la década de 1940 se plantaron casi todos los ficus existentes en las calles de la ciudad. Un árbol que lleva más de 6 décadas en un lugar, está completamente adaptado e integrado en ese entorno. Arrancarlo, que no trasplantarlo, es un proceso salvaje, que se perpetra de espaldas a la ciudadanía, pues nunca se informa de los árboles que serán eliminados en las nuevas rotondas u obras urbanas. Melilla no es verde, es gris cemento. Lo que resulta sorprendente es que se pueda llevar a cabo cualquier cosa, ante el silencio absoluto y clamoroso de la práctica totalidad de aquellos que tendrían la obligación de decir y opinar en estos temas.

        A pesar de las claras fotografías publicadas ayer, todavía existe quien intenta justificar estas barbaridades y hacernos ver que se está siendo respetuoso con el Medio Ambiente urbano.  En esta entrada vamos a mostrar, en sólo tres fotografías, qué ocurre con una árbol arrancado y tratado de esa manera.

        En diciembre de 2012 llevaron a cabo una obras en la intersección entre la calle Valencia y Mar Chica, para retranquear el bordillo y permitir una mejor visibilidad para el tráfico rodado. Sobraba un árbol y fue arrancado del  modo brutal ya explicado.  Si no se entiende que un árbol se arranque, menos aún que se le sierren todas las ramas hasta el mismo tronco. Hasta convertirlo en un muñón.  El resultado, dos después es el que se ve en la fotografía: el árbol está muerto. Pero como no les falta de nada, también tienen un cementerio de árboles.

      PD:  Seguimos el proceso de modo riguroso, de modo que podemos  asegurar que el árbol arrancado en la calle Mar Chica, es el mismo que el que se encuentra en la calle Jiménez e Iglesias y que muestran las fotografías.

  Nota: https://elalminardemelilla.com/2011/12/10/el-cementerio-de-los-arboles/