Archivo diario: 13 septiembre, 2017

La jubilación forzosa de monseñor Buxarrais


                Monseñor Buxarrais sufre una accidente vascular

        Monseñor Ramón Buxarrais Ventura, obispo emérito de Málaga, párroco del Centro Asistencial de Melilla desde 1991, ha sufrido un pequeño accidente vascular esta madrugada y ha sido ingresado en el Hospital Comarcal a las 08h del día 13 de septiembre. Se sintió mal y llamó a los conserjes del Centro, que a su vez llamaron a los servicios médicos. En principio su estado no reviste gravedad, es solo un pequeño contratiempo físico, pero a su edad toda precaución es poca.

         Monseñor Buxarrais o el Padre Ramón como es conocido entre los residentes y trabajadores de la Gota de Leche, inicia su jornada laboral antes de que las luces del alba perfilen el horizonte. Hasta la marcha de las Hijas de la Caridad en 2011, celebraba su primera misa a las 6h 30. Luego retrasó un poco la hora, pero nunca más tarde de las 7 de la mañana. Dedicando las primeras horas del día a la oración y  a la meditación.

           Él solo es media iglesia en Melilla, el único que ofrece una misa matinal en días laborables a las 10 de la mañana. La hizo abierta al público, desde que las monjas abandonaron el Centro Asistencial. Tanto la parroquia Castrense como la Arciprestal han eliminado esta misa matinal de su horario a partir del terremoto de 2016. A lo largo de estos casi dos años, su pequeña capilla se llena todos los días, y rebosa en los fines de semana. En su ámbito, el de la Santa Iglesia, predica con el ejemplo desde hace mucho tiempo.

         En esa primer etapa, entre 2011 y 2015, la media de asistencia a su oficio matutino no excedía de las tres personas, siempre ancianas residentes del Centro Asistencial. En alguna ocasión ha celebrado misa para una de ellas, pero nunca estuvo completamente solo.

                      Protocolo frente a un obispo

          Desde que abandonara la mitra episcopal en 1991, monseñor Buxarrais ha representado un caso único en la Iglesia. No es usual que un sacerdote siga ejerciendo su ministerio con 87 años. Ni siquiera el Papa de Roma fue capaz de doblegarle cuando comunicó su decisión, y desde hace más de 10 años, el obispo de Málaga Jesús Catalá le tiene ofrecida la residencia del Buen Samaritano, para sacerdotes de avanzada edad. Ofrecimiento que siempre ha rechazado.

              En su primer testamento, dejó escrita su voluntad de ser incinerado, cuando los obispos deben ser enterrados en catedrales, en conventos o en espacios sagrados. Además añadió que sus cenizas debían ser aventadas sobre el Mediterráneo, para no convertirse en sujeto de veneración. Un normativa de la Congregación para la Doctrina de la Fe, emitida en noviembre de 2016, indicó que esta práctica no era cristiana, la de aventar cenizas, lo que le hizo modificar su testamento, en extremos no conocidos.

             Hace algunos años me comentó, que si en algún momento se viese impedido e incapaz de valerse por sí mismo, sí había autorizado al obispo de la Diócesis para trasladarle al mencionado centro de retiro para sacerdotes. Sería el único caso en el que aceptaría salir de Melilla.

               Lo que sí parece claro es que no volverá a oficiar misa diaria. Le espera solo reposo, a su pesar. Los fieles que se congregan cada mañana en su capilla, expresan su temor de que no puedan acudir a misas matinales, ya que ninguna otra parroquia las celebra.

 

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