El último árbol muerto


 

                 A partir del sábado habrá que empezar a reconstruir la ciudad. Todo está agotado, sin futuro, en abierta y visible decadencia. La desidia y la dejadez han podido con todo, con el ánimo de los/as melillenses y con la naturaleza, que es la que más resiste. Es muy difícil acabar con la naturaleza, pero en Melilla se ha conseguido. Cada semana se tala un árbol en cualquier parte de la ciudad. Crece el cemento.

                    Las talas indiscriminadas, brutales, devastadoras, constantes, suelen acabar secando el tronco del árbol, y o bien cae, o su fin último es la tala. El deterioro de los cinamomos y acacias de tres espinas de la calle del general Villalba, en el barrio del Real han deteriorado el arbolado hasta un punto irreversible.

                   Hemos escrito tanto sobre este tema, que resulta una labor costosa encontrar títulos nuevos para iniciar nuevos artículos. La imaginación y las opciones lingüísticas se ven limitadas por la intensidad de la devastación. Quedan las imágenes de árboles caídos, desplomados, secos, serrados por su base, hasta el tocón. Quedan sus huecos en las calles de nuestra ciudad.

                   Ahora ha surgido un movimiento ciudadano se ha plantado frente a las podas de árboles en cualquier época. Las de verano, que nos dejan sin la necesaria sombra, las de anidaciones de los pájaros, que nos dejan sin fauna y que hace que proliferen mosquitos y otros insectos.

                         En El Alminar llevamos fotografiándolo todo desde hace 8 años, siempre con la bendita perseverancia del borrico en la noria, siempre los mismos pasos, siempre las mismas vueltas.  Es una labor ingrata, demoledora, agotadora, sin tregua posible. Solo así hemos podido documentar todo lo que ha sucedido en todo este tiempo. Tenemos reflejados casi la totalidad de la década melillicida.

               Hemos visto desaparecer muchas cosas, y en el principio del Alminar estábamos más arropados. Han desaparecido blogs, periodistas, diarios digitales, foros en las redes sociales, televisiones alternativas, emisoras de radio, e incluso un semanario impreso. Frente a todo esto, ha quedado solo este blog, y algunos periodistas aislados. El agente naranja ha convertido todo en un territorio yermo.

       Nota:https://elalminardemelilla.com/2016/05/31/los-arboles-cenidos-del-real/

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2 Respuestas a “El último árbol muerto

  1. Tu última frase, no sé si consciente o inconsciente, si ya sabes algo que el resto no… Me ha dejado helado.
    Si la desesperada solución final de Imbroda le sale, Eduardo se hace indigno y logra mantenerse… Ya sí que habrá que irse.

    • La escritura inspirada de la que hablaba san Pablo es así. Surgen frases de alcance y contenido no previstos. Se empieza a escribir y se llega más lejos de lo que se pensaba. No sé nada que el resto de los melillenses no conozca. No hay espacio para maniobras desesperadas. El tiempo de decidir cómo y cuándo irse ya pasó. Retirarse a tiempo es algo que escribí hace ya mucho. Por lo que leo y puedo saber, creo que esta oscuridad está acabada.

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