El Estatuto, frente al Asedio


Entre el 13 y el 19 de marzo

La celebración del 13 de marzo de 1995, o Día del Estatuto, es una imposición de Coalición por Melilla, que no ha sido discutida en lugar alguno, probablemente tampoco en su Ejecutiva nominal, que no efectiva. La coalición que cambió la historia política de Melilla, no es un partido político, o no ha conseguido estructurarse como tal. Celebrar algo que no se ha conmemorado desde su aprobación, carece por completo de sentido. Este año ni siquiera ha habido premios ni distinciones, salvo el de Rosa Narváez Ferre, ni participación alguna de la ciudadanía. El 13 de marzo nació bajo el mal agüero del viernes 13, y apenas pudo celebrarse nada, y marcó el inicio del confinamiento pandémico, que todavía nos preside.

El 19 de marzo fue la fiesta franquista de san José obrero, porque en el Estado social y católico de Franco no podían existir trabajadores ni celebrarse el 1º de mayo. El 19 de marzo de 1775, fue el día en el que el emperador de Marruecos Sidi Mohamed Ben Abdallá, decidió levantar el asedio al que sometía a Melilla desde el 9 de diciembre de 1774. Al terminar aquel sitio, el más duro al que fue sometida la ciudad desde su conquista en 1497, la cifra de víctimas mortales ascendía a 105, y a 584 los heridos*. No hay datos de lo ocurrido en el campo marroquí. Tras concluir el sitio de Melilla, se acordó que para la posteridad, se celebraría una misa en recuerdo imperecedero a los defensores, a los muertos y a los heridos.

La evolución de las festividades

En 1991 llegó al poder municipal en Melilla el que posteriormente sería su primer presidente, Ignacio Velázquez, procedente del sector más conservador del Partido Popular de Granada. Bajo su mandato se hicieron cosas, que ni siquiera durante el franquismo habían sido pensadas. Una de ellas fue la declaración del 17 de septiembre como Día de Melilla, y el 19 de Marzo como festividad, no por San José, sino por el día del levantamiento del Asedio. También proclamó a la Virgen de la Victoria como Alcaldesa. Fue un giro muy conservador y muy nacionalista.

Puede entenderse que Coalición, como agrupación política, no quiera que el 19 de marzo sea festivo, pero debería proponerlo de una manera clara, y en mesas de debate en la Asamblea de Melilla, no mediante maniobras palaciegas, porque los melillenses nos damos cuenta de todo, y puede malinterpretarse una oposición a un acontecimiento histórico, con una acción de rechazo a la españolidad de la ciudad, que sabemos que no es el caso. Un partido, una ciudad, no pueden dirigirse desde la tramoya. La Democracia es luz y taquígrafos. Así pues, en pleno mes de marzo nos encontramos con dos conmemoraciones que nadie quiere celebrar. Mientras fue festivo y obligatorio, nadie acudía al 19 de Marzo, como tampoco ahora acude nadie al día 13, y no solo porque estén prohibidos los encuentros de más de 6 personas.

El Estatuto y el Presidente de Melilla

Celebrar el Estatuto es una cuestión y cumplirlo otra. El artículo 12, apartado c, dice que : La Asamblea de Melilla elige al Presidente entre sus miembros. Eso fue lo que sucedió en julio de 2019, y en todos los Plenos anteriores. Los pactos éticos entre los partidos, impiden que un diputado o parlamentario condenado por la Justicia, aunque se inocente, puede acceder a un cargo público, en tanto que esa condena no sea revocada. Eso es lo que ocurrió con Mustafa Aberchán en las últimas elecciones. No existen presidentes en la sombra, y los líderes políticos deben a su vez su posición a las asambleas de afiliados, aunque en la realidad sean órganos de trámite.

El capitulo II está dedicado a las funciones del Presidente, cuyo nombramiento es refrendado por el Rey. El presidente delega funciones en los consejeros, que a su vez deben reproducir las mismas acciones de transparencia , pues se deben a un Consejo de Gobierno, al Presidente, y a los ciudadanos. Las camarillas y taifas no suelen producir buenas sensaciones. El absolutismo ejercido desde la democracia es abominable. Un gobierno sin control, como los padecidos en las últimas décadas, hacen desaparecer la fe en la democracia. Tampoco se puede gobernar desde las nomenclaturas y clanes.

Al Presidente solo se le puede destituir mediante una moción de censura (Ignacio Velázquez (1998) y Mustafa Aberchán (2000), algo previsto en el artículo 19, puntos 1 y 2. Aunque no se explicita en ningún lado, siempre cabe la posibilidad de una renuncia personal.

Eduardo de Castro es el Presidente de la Ciudad de Melilla, nombrado legítimamente por la Asamblea. Su puesto no debería estar en discusión, porque el Pacto Antitransfuguismo refrendado en noviembre de 2020, impediría incorporar al gobierno al edil transfugado desde VOX, Jesús Delgado Aboy.

Maniobras orquestales en la oscuridad

El Gobierno del cambio necesita cambios en el gobierno. La erosión de la pandemia ha desgastado algunas áreas más que otras. De un mal, el obligado cese de Aberchán por la inhabilitación del Tribunal Supremo, puede sacarse un bien, como es la entrada de una nueva diputada, Cecilia González Casas, que además puede asumir competencias de gobierno. Cecilia González es maestra y una política experimentada, pues ya desempeñó áreas funcionales en el pasado (1999). La maniobras maquiavélicas tabernarias y de pacotilla llevadas a cabo en Murcia, Castilla-León y Madrid, pueden sumir al país en el caos, y según sean los resultados, provocar un adelanto electoral del gobierno de Pedro Sánchez .

Debería aprenderse de los ejemplos próximos y pasados, y no iniciar movimientos convulsos en Melilla. Hay que dar entrada a un nuevo diputado y remodelar el gobierno. Nada más. “En tiempo de desolación, nunca hacer mudanza”; y como dice el refrán: No hay quinto malo.

Nota:https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/territorial/Paginas/2020/111120-transfuguismo.aspx