Contenedores en medio de la calle


                      contenedores en medio de la calle

                                 Melilla, ciudad de accidentes

   La situación de estos contenedores en la vía pública raya en la temeridad, en el peligro público. Ya no es que su situación elimine aparcamientos públicos, como en otros casos, o que dificulten la visibilidad, como la mayor parte de las veces. En este caso parecen estar colocados como contenedores trampas, y parecen inducir de modo directo a causas accidentes. La calle es Carlos Ramírez de Arellano, justo en la esquina con la calle de Luis Morandeira, en el siglo pasado conocida como Bandera de Marruecos, la de Falange.

    En este caso, para poder salir de la calle y girar, hay que sacar el coche hasta casi interceptar el tráfico, practicamente a unos centímetros de la colisión. Es insólito lo que sucede y se ve en Melilla, en donde ya nadie gobierna nada. Somos los ciudadanos los que tenemos que alertarnos unos a otros, y buscar nuestra propia defensa y slavaguarda. Aquí ya ha dejado de funcionar todo. Hace no mucho la Dirección Provincial de Tráfico alertada del incremento de accidentes y de los atropellos graves de peatones. Son otros que ya predican en el desierto. En él acabaremos todos.

 

La Autoridad Portuaria blinda su aparcamiento


                                                       Pagar por ir a trabajar

       Esta es un realidad en cualquier ciudad de España. Ir al trabajo cuesta dinero y no precisamente poco. En las grandes ciudades se utiliza el transporte público o el privado, con su consiguiente coste. En los pasados tiempos de bonanza económica era un coste que se podía asumir, pero la congelación y la depreciación de los salarios para la clase media, a las que se han añadido las subidas de impuestos, ha cambiado estos hábitos, y ya se detecta un descenso del uso de transporte público y de la utilización de los aparcamientos.

       Todo ha incrementado los costes del transporte, a lo que hay que añadir el precio del aparcamiento. En Melilla los únicos trabajadores que deben pagar por aparcar cerca del centro de trabajo son los funcionarios y trabajadores de Las Torres (14€ al mes), en un precio especial que ofrece la Autoridad Portuaria. Sin embargo, la caótica gestión del aparcamiento, hace que muchos días no funcionen las barreras de paso, o las máquinas de cobro del estacionamiento, lo ha permitido la utilización del aparcamiento como un «gratis total». En esta situación lleva ya cuatro meses, sin barreras y sin máquinas de tarifación. Todo se está sustituyendo y se está procediendo blindar el aparcamiento, con la instalación de nuevas barreras (las actuales eran inservibles los días de viento), nuevas máquinas y la colocación de un torno de acceso en la entrada más cercana a Las Torres. También se han instalado pivotes metálicos en las zonas de salida, en un duro acoso contra aquellos que aprovechan las constantes deficiencias para aparcar sin coste alguno. También es cierto que la Autoridad Portuaria ofrece 1/2 hora de aparcamiento gratuito. La guerra contra el «gratis total» popular es total, mientras que con el político no hay quien acabe. Los funcionarios y trabajadores abonados al parking portuario han intentando sin éxito que no se les cobre durante todos estos meses de duty free, pese a haber realizado la correspondiente reclamación.

                                                   Sin acceso para personas discapacitadas

        Hay algo en este aparcamiento en lo que nadie había reparado, y es en la ausencia de medidas que faciliten el aparcamiento de personas discapacitadas. No las había antes, pero con el torno, será imposible que nadie con discapacidad física entre o salga de allí. Quien desee aparcar y tenga dificultades de movilidad o lo haga en silla de ruedas, deberá buscar aparcamiento en las inmediaciones, si es que lo encuentra y aparcar a bastante distancia de Las Torres de La Administración Pública y Judicial.

        Siempre existe algo más y es que el borde de ladrillo que remata la superficie de aparcamiento, está ya resquebrajada. Todo la fila de ladrillos está ya desprendida del suelo y sostenida únicamente por la barra metálicas limitadoras del aparcamiento, aunque su función era únicamente la ornamental.

Historia de una escalinata


   Lleva poco más de un año construida, quizá dos, pero ya está resquebrajada y deformada. Es lo que sucede cuando se emplean materiales artificiales, falsa piedra envolviendo una falsa colina.  Las dos fases del Parque Forestal supusieron un gasto disparatado, para un decorado da cartón piedra. No se aprovechó nada de lo anterior, ni las edificaciones que ya existían y que hubiesen aguantado en pie otros 50 años. Se eliminó el terreno natural existente y todo se rellenó y dispuso de una manera artificiosa. El falso terreno, simulando falsas colinas y ondulaciones, que al absorber el agua de la lluvia se hincha y mueve,  provocando ondulaciones y el desplazamiento de los caminos, veredas e incluso de las escalinatas, como esta que da acceso al pediluvio, que también está siendo reparado. Esta segunda fase, la de granja de animales de corral, aves palmípedas  y aves tropicales, tiene solo dos años pero parece que pudiera tener al menos cinco, o tal vez cien. Algún día pagaremos todo esto, pero los responsable del disparate ya no estarán. Todo este entorno, en donde grabaron sus nombres de modo  imperecedero, desaparecerá tragado por la tierra, la misma que está deformando todo lo ya construido, como esta escalera.     Sin embargo el pediluvio si fue y sigue siendo un éxito.

  Nota:https://elalminardemelilla.com/2013/03/20/el-exito-del-pediluvio/

Un muro ya en el suelo


Batería Real, muro derrumbado

                 Este muro de la Batería Real fue rehabilitado hace apenas un año y ya está en el suelo, no sabemos si por desmoronamiento o por accidente. Da igual porque son falsos muros de falsa piedra, por eso se caen o desmoronan al primer golpe. Los muros de mampostería y piedra de Melilla La Vieja aguantaron siglos, guerras, cañonazos, temporales y el devastador paso del tiempo. Los falsos muros rehabilitados están vencidos en apenas un año. El Alminar no puede llegar a todos lados, pero cada vez son más los colaboradores que nos remiten fotografías. La Batería Real no ha sido abierta al público desde su, por llamarla de algún modo, rehabilitación. Todo es un decorado débil e inestable que durará menos que lo que aguantaron los muros originales, recompuestos a lo largo de los siglos. Este incidente, de tratarse de un accidente, pone sobre el tapete la necesidad de replantearse el tráfico rodado en Melilla La Vieja, a la que solo deberían acceder los residentes y los vehículos de suministros, limpieza y emergencias. Hay que tener en cuenta que los vehículos circulan sobre una cáscara de nuez, pues el suelo de la ciudad vieja está hueco. El Pueblo, Melilla La Vieja, debería contar con un servicio de microbuses y el acceso rodado estar completamente restringido.  Hace falta replantearse muchas cosas, pero también se necesita un gobierno dedicado a ello, a sus funciones.

El bebedero de los patos


    La expresión que da título a esta entrada se utiliza en un sentido muy distinto, pero aquí vamos a escribir sensu estricto, sobre el bebedero de los patos del Parque Forestal, que ofrece un aspecto bastante desagradable, sucio y casi enfermizo. Las deyecciones de los patos no parecen tener un aspecto saludable, y si el agua que beben es esa, podemos entender el estado de las mismas. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero en este caso, como en muchos otros, no queda más remedio que hacerlas. A los animales hay que tenerlos en las condiciones de limpieza e higiene adecuadas. He visto muchos estanques de patos, cines y otras aves palmípedas, y en ningún lugar se puede ver tales condiciones ambientales. Los patos suelen beber del mismo estanque en el que se encuentran, porque ellos saben si el agua está limpia. Los niveles de abandono y suciedad de los patos en el parque Lobera parecían difíciles de superar, pero a este paso, se conseguirá alcanzar en breve tiempo.

             La ventaja que presentaba la estancia de los patos en el parque Lobera, es que aquel es un lugar fresco y agradable, y este no lo es. Es un lugar incómodo, sin sombra y de no excesivos buenos olores  en cuanto el calor aprieta. La aves no dan la sensación ni de estar limpias ni a gusto y yo diría, que cada vez hay menos.

             La única diferencia entre el estanque de La Granja de San Ildefonso y el del Parque Forestal de Melilla, está en el cuidado y en el mantenimiento.

Una desembocadura sin solución


El Río de Oro o de los meandros, que es su nombre autóctono, tiene más de cinco siglos de infecciones documentadas a la ciudad de Melilla. Sus devastadores efectos en forma de fiebres palúdicas se dejaron notar sobre varias generaciones de melillenses a lo largo de los siglos. La razón principal para desviar su curso fue alejarlo de la ciudad vieja, tras los acuerdos de ampliación del territorio en 1860. La expansión de la ciudad ha vuelto a situar el problema en el mismo centro del núcleo urbano, sobre todo tras permitir la construcción de viviendas junto a la desembocadura. Como no se ha conseguido resolver el problema de las aguas residuales, pese a la cercanía de una estación depuradora de aguas, se intentó una huida hacia adelante, en forma de megalómano y costoso  proyecto de cubrimiento del estuario, en donde suele verse algunas aves. Hasta hace poco podían verse carpas y lisas, pero la podredumbre vista el pasado domingo, el último de febrero del presente año, hace ya imposible la presencia de vida, salvo la mutante. Es muy difícil determinar si la situación hace  dos años era mejor o peor.

               La única solución alcanzada hasta ahora, ha sido la de cerrar con arena la punta del cauce. El problema es que con la subida de las aguas marinas durante los temporales, o con las crecidas del río durante las lluvias, toda esta agua embalsada se derrama sobre las playas de Fitur (Feria Internacional del Turismo), que son nuestro principal reclamo de captación de visitantes. El mes de febrero está acabando de modo irremisible. Entres días será solo historia y la temporada de playas nos espera a tres meses vista. Toda esta infección se mezclará de modo irremediable también, con nuestras paradisiacas aguas. Eso sí, las estadísticas dirán siempre que nuestras aguas son aptas para el baño, aunque la realidad confirma que cada vez en más difícil encontrar un día con la arena y el agua limpias. El viento de levante sabe mucho de eso.

          Nota:  (1) https://elalminardemelilla.com/2011/07/01/el-estuario-del-rio-de-oro/

                      (2) http://fotohistoriamelilla.blogspot.com.es/2011/10/aves-en-el-rio-de-oro.html

El espaldón fascista de la Cruz de Los Caídos


Melilla y el homenaje a los represaliados de La República

    La estatua del dictador Franco sigue presidiendo la entrada a la ciudad de Melilla, mientras ni una sola placa recuerda en el cementerio melillense a los casi 300 asesinados por la represión de las autoridades franquistas. El pasado fin de semana un grupo de melillenses de diversas organizaciones, entre la que se encontraba la plataforma Equo, denunciaba la colaboración de Franco con el Régimen nazi. Las ofensas a la memoria de quienes permanecieron fieles a la legalidad republicana no solo sigue sin ser recordada en nuestra ciudad, sino que además es ofendida en algunos casos.

                                         El espaldón fascista de la Cruz de Los Caídos

     Hoy traigo hasta el Alminar una denuncia del historiador y amigo Fernando Saruel, miembro de la Orden rival de Los Templarios. Desde hace algunos años, en concreto desde que fue trasladada hasta allí, viene denunciando sin éxito la ofensa que supone haber colocado el antiguo espaldón, repleto de monumentos fascistas, de la Cruz de Los Caídos, junto a las tumbas de algunas víctimas de la dictadura del General Franco, el que nunca salvó a Melilla.

        Es una burla a la Ley de Memoria Histórica, que recordamos está vigente en todo el ámbito de España, incluida Melilla. Apenas a 200 mts. de este espaldón, se encuentra la fosa común municipal en la que se supone que están los restos de la mayor parte de las víctimas melillenses de la represión de Franco.  Ni una sola placa identifica el lugar, los nombres, ni la cifra de todos aquellos que están allí enterrados y que merecerían al menos un recuerdo físico. Este espaldón es una ofensa y debería ser demolido y retirado de ese lugar.