Buzones de correos en Melilla


Reliquias urbanas

              En el mundo de lo inmediato, de lo instantáneo, de la mensajería digital, acercarse hasta un buzón de correos y echar una carta resulta ya casi un gesto arcaico, sin embargo, y parafraseando al gran Lope: «quien te conoce lo sabe»; esto quiere decir que nada hay comparable a depositar una carta física en un buzón y esperar respuesta. El avance del mundo digital es tan rápido, que el mismo correo electrónico es ya algo obsoleto, y a veces inservible por la saturación que provoca el spam.

           Yo todavía, cada vez menos, uso el correo físico, sobre todo para las felicitaciones navideñas y para objetos físicos que no son convertibles a formatos digitales (word, pdf, o imágenes jpg). Lo físico es tan real como lo electrónico y digital, sin embargo el primero ocupa un volumen en el espacio, cosa que no sucede con los formatos digitales.

                Las cabinas telefónicas pueden desaparecer en cualquier momento, de hecho es algo que ya se está planteando Telefónica de España, debido a su ya escaso uso, al coste del mantenimiento y también debido al vandalismo urbano, que convierte algunas de ellas en puras ruinas.

                  Todas estas desapariciones implicarán la pérdida de puestos de trabajo, y con ellas se perderá un mundo imposible de recuperar o de explicar. La sensación de recibir una carta o una postal, no podrá compararse nunca a la mensajería instantánea.

                    Hace ya tiempo hablamos de las cabinas de teléfonos y hoy nos tocaba hacerlo sobre los buzones, cuyo estado no invitan precisamente al uso. Aun así, un amigo cartero me digo que mientras exista un buzón en la calle, existirá alguien que lo abra una vez al día y transporte las cartas y  postales a la correspondiente oficina de Correos. Mientras existan, los seguiré usando.

             Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/07/31/cabinas-telefonicas/

Instantáneas de la peatonalización


             Obstaculizando a los vehículos de emergencias

           No son zonas peatonales. Son zonas híbridas en donde nadie sabe qué hacer. Es difícil atravesar por el gigantesco paso de cebra de la calle Luis de Sotomayor. La mayor parte de los automovilistas no reconocen esa zona elevada como paso de peatones. Muchos vehículos lo atraviesan sin  mirar y es más peligroso que antes. La calzada no está diferenciada con un color que haga comprender a los conductores que no deben ceder la prioridad a los peatones.

                En las zonas peatonales se instalan unos «bolardos electrónicos», que delimitan la zona peatonal y que solo pueden accionar los vehículos de emergencias. Ayer fuimos testigos de las dificultades de estacionamiento que tienen las ambulancias que traen a los enfermos del hospital para realizar pruebas diagnósticas, en el escáner de Mariano Remartínez. Es ridículo ver a una ambulancia realizando infinidad de maniobras, entre farolas y maceteros, para poder situarse frente a la Unidad diagnóstica.

                     La Policía nunca aparca mal. Pueden hacerlo en donde quieran, pero también es absurdo que tengan dificultades de aparcamiento este tipo de vehículos. No se puede obstaculizar la labor de este tipo de vehículos. Eso es lo que han hecho en esta obra contracorriente. Las aceras fueron pensadas para proteger a los peatones. En las zonas peatonales se impide la entrada de vehículos de la forma antes mencionada.  Ayer se pudo ver como un «taxista», atravesaba la zona peatonal de Carlos Ramírez de Arellano, desde la intersección de la calle del General Buceta.

                     Todos tienen dificultades. Tanto los vehículos de carga y descarga como los de emergencias o los policiales. O se decide uno a ser completamente malo, o se queda entre los buenos. El quedarse a mitad de camino solo lleva a ser rechazado  por los primeros e ignorado por los segundos. La situación creada es absurda.

Lavacoches en Melilla


             Melilla, ciudad sin nada

           Esta fotografía no es de una atracción del parque Warne, ni de Port Aventura. No es una visión futurista, ni un montaje. Es simplemente un lavacoches automático en una gasolinera de barrio en Almería.  En Melilla, la ciudad de los emprendedores, de los altos cargos , de aquellos que siguen viniendo aquí a hacer el agosto para luego marcharse y seguir dándonos lecciones desde fuera, de aquellos que su amor a la ciudad se incrementa según la distancia a la que tengan su residencia definitiva; esto no es posible. 

                     En Melilla los coches están sucios, pero es porque no hay manera de lavarlos con decencia. Si se necesita lavar el coche en cinco minutos no es posible. Hace años, una extraña normativa de Industria, obligó a cerrar a casi todos los lavacoches automáticos.  No tenemos ni siquiera Estaciones de Servicio al uso europeo. Solo queda el recurso al autolavado o al inmigrante ilegal. Luego quieren que la ciudad esté limpia y con aspecto de ciudad civilizada. Melilla, patrimonio del Tercer Mundo.

Comerse las señales de tráfico


            Esta frase hecha es ya una realidad diaria en las calles de Melilla. El estrechamiento de las calzadas, la ubicación de las señales sobre las zonas de giro, hacen que los automovilistas «se coman»  literalmente las señales de tráfico. En el Barrio del Real es una situación cotidiana. Los golpes contra las señales de tráfico son constantes. Algunas han sido derribadas hasta tres veces, como la de la calle Cataluña en su intersección con el sentido ascendente de la calle de La Legión. Lo peor es que ésta última ni siquiera ha sido repuesta y ahora no indica la ausencia de preferencia de paso para los vehículos que circulan en dirección a la calle Gurugú. El lunes de este semana que se cierra, un vehículo que giraba hacia la calle Castilla, se tragó la señal de tráfico, junto a la conocida cafetería de La Campana. Esta es la situación que han creado., la del colapso y el caos en el tráfico, tras años de amontonamiento de obras, sin un plan de ciudad colectivo. Se diseñan obras para áreas concretas, pero sin un plan conjunto o colectivo. El resultado es que esas obras provocan la saturación de vías urbanas que nada tenían que ver con las obras.

                 Ninguna administración, salvo que actúe de manera irresponsable, cercena vías principales de tráfico, como ha ocurrido en las calles de La Legión y de Carlos Ramírez de Arellano. La peatoalización de esa calle, provoca una densidad mayor en la colindante Duquesa de La Victoria, lo que convierte en un riesgo el simple hecho de cruzar un paso de peatones. El pasado viernes hubo allí un atropello, y al carecer de vías alternativas para evacuar el tráfico, el embotellamiento fue inmediato. La ambulancia tuvo dificultades para encontrar una posición, que no obstaculizara aún más el tráfico, pese a la actividad de la Policía Local.

                     Todavía no ha empezado al actividad normal de la ciudad. Los melillenses están acabando de regresar en estos días y el curso escolar no ha comenzado aún. En muy poco tiempo vamos a comprobar el impacto que estas obras van a provocar sobre los ciudadanos. El fluido de tráfico de la calle Luis de Sotomayor está estrangulado por el mega paso de peatones (el absurdo entre los absurdos) frente al Parque Hernández.  Todo era propaganda. La realidad es otra cosa.

Melilla, ciudad de peatones


                            El mérito de una crítica es advertir de algo antes de que ocurra el desastre, con tiempo suficiente para rectificar. Ahora, las asociaciones obsesionadas por echar a los vehículos de la ciudad, se han sumado al carro de las críticas, visto el resultado de las absurdas peatonalizaciones de la calle La Legión, de de Carlos Ramírez de Arellano. Sin embargo, decenas de vecinos residentes de estos barrios, advirtieron sin éxito de lo que se les venía encima, e incluso recogieron firmas para intentar modificar los proyectos. Nadie les hizo caso.

                          Si no fuera porque esta absurda obra de la calle Carlos Ramírez de Arellano se ha llevado pro delante un millón de euros, diríamos que se ha hecho un ridículo urbanístico a la altura de los comics de Pepe Gotera y Otilio. Lo terrible es que hablamos de la realidad y no de viñetas. Todo está tan perféctamente colocado, que impide hasta el paso de las bicicletas.  La única que hemos visto circular en este desierto paraje, lo hacía por la zona de la antigua acera, la que debería ser utilizada por los peatones. La zona central no tiene sombra, así que cualquier planta que coloquen allí se achicharrará sin remedio.  Las farolas en el centro de la calle son relojes de Sol perfectos.

                        Este obra es peligrosa para personas invidentes, se diría que está ideada para provocar accidentes. Las farolas en el centro impiden el paso de vehículos de emergencias y serán quitadas de ese posición en una posterior reforma. Los maceteros están colocados para impedir la circulación en línea recta. La obstaculización del paso es constante. Personas en sillas de ruedas o madres con carros de bebé tiene que hacer ondulaciones constantes.  Aquí ya no entra nada, ni siquiera los vehículos de carga para los comercios de la calle. También es verdad que han evitado colocar alambre de espino, barreras antitanque o trincheras. Es un absurdo de un millón de euros.

                          Han expulsado a los coches, es verdad, pero también a los peatones. Se podían haber buscado otras soluciones, como en cualquier otra ciudad española en donde existen verdaderos carriles para bicicletas y áreas peatonalizadas. Melilla sigue derrochan dinero en el centro de la ciudad, mientras los barrios periféricos siguen en situaciones impropias de una ciudad con este presupuesto, y de estas dimensiones.

  Nota: https://elalminardemelilla.com/2014/07/13/real-y-arellano-obras-que-no-se-entienden/

El arco que lo sostiene todo


            Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos tocando al de Verbo de vida, porque la vida se ha manifestado, y nosotros hemos visto y testificamos…..Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos a vosotros, a fin de que también viváis en comunión con nosotros. Carta 1ª de Juan

                            Los arcos centrales del acueducto de Segovia

            Conducir el agua, comunicar dos lugares en diferentes niveles, sortear una dificultad grande. Esa es la función del acueducto de Segovia. En realidad se trata de dos acueductos, o dos puentes. Uno encima del otro. La arcada principal supera los 20 metros de altura en su parte central, más el segundo tramo de arcos que se asienta sobre el primero, sin otro elemento de sustentación que el propio peso, y el ajuste milimétrico y preciso de las piedras, ajustadas unas sobre otras y talladas con rigurosa precisión. Casi dos milenios de historia se muestran ante los ojos y las cámaras de quienes lo fotografían. Desde algunas perspectivas asemejan un inmenso bosque de columnas de piedras. Su única amenaza son los agentes erosivos ambientales, y el propio paso del tiempo.

            Se trata de una obra magnífica, de piedras encajadas y talladas de modo preciso. Se sostiene sobre sí mismo, sin ningún tipo de argamasa o elemento que no sea el propio peso y el ajuste preciso de las piedras. La técnica del arco de medio punto fue traída por los romanos, desde Oriente. la perfeccionaron y la convirtieron en una opción constructiva de primer orden. La capacidad de carga de este tipo de arco es enorme, tratándose de una solución técnica en uso en la actualidad. El siguiente gran avance arquitectónico fue la bóveda, que casi llegaron a desarrollar de modo completo.

       Una imagen impresionante de una obra magnífica. Una metáfora muy adecuada para el regreso del Alminar, tras el necesario periodo de silencio estival. Con la fotografía de una de los arcos centrales visto desde abajo, cumplimos con otra máxima del blog, la de ver  las cosas de otro modo. El Alminar es una comunidad, en la que participan aquellos/as que quieren. Desde aquí mostramos y compartimos aquello que vemos, y damos cuenta de ello. Esto es así desde hace más de cuatro años.

El fuego del infierno


                ¿Creéis que existe un fuego así, que nunca se extingue?, le preguntaba Salieri a Morzart en la película Amadeus. Interrumpiendo el dictado de notas sobre su Réquiem, Mozart le respondió con un sereno y lacónico: Sí. Hablaban del fuego del infierno.

                  El Sol ardiendo como una tea sobre el cielo, dejándolo todo de un rojo encendido al ocultarse. El aire llameante y el agua caliente del mar no ofrecen refugio alguno. Es salir de ella y secarse al instante sobre la piel, para que el aire sofocante vuelva a pegarse sobre ella.

                  Desde que el pasado uno de julio ofreciéramos la vista de la luna llena que daba inicio al mes, casi tres semanas de aires ardientes han abrasado todo el sur peninsular y la casi totalidad del norte de África llegando también hasta el centro de Europa. Un  calor constante y homogéneo, igual en el día que en la noche y que obliga a la vigilia, a la falta de descanso y casi a la pesadilla. Una leve brisa expande más el calor y hace arder todo. El aire es seco y tórrido. No deja ningún rincón a salvo de su abrazo incinerador. La noche no sirve de tregua y el Sol volverá a brillar implacable en apenas unas horas.

                Sin embargo, esto apenas sería un reflejo del Día del Sol de Justicia, o de las llamas del infierno, de ese anunciado fuego que nunca se extingue.

          Nota: https://elalminardemelilla.com/2014/10/29/el-dia-del-sol-de-justicia/