El fuego del infierno


                ¿Creéis que existe un fuego así, que nunca se extingue?, le preguntaba Salieri a Morzart en la película Amadeus. Interrumpiendo el dictado de notas sobre su Réquiem, Mozart le respondió con un sereno y lacónico: Sí. Hablaban del fuego del infierno.

                  El Sol ardiendo como una tea sobre el cielo, dejándolo todo de un rojo encendido al ocultarse. El aire llameante y el agua caliente del mar no ofrecen refugio alguno. Es salir de ella y secarse al instante sobre la piel, para que el aire sofocante vuelva a pegarse sobre ella.

                  Desde que el pasado uno de julio ofreciéramos la vista de la luna llena que daba inicio al mes, casi tres semanas de aires ardientes han abrasado todo el sur peninsular y la casi totalidad del norte de África llegando también hasta el centro de Europa. Un  calor constante y homogéneo, igual en el día que en la noche y que obliga a la vigilia, a la falta de descanso y casi a la pesadilla. Una leve brisa expande más el calor y hace arder todo. El aire es seco y tórrido. No deja ningún rincón a salvo de su abrazo incinerador. La noche no sirve de tregua y el Sol volverá a brillar implacable en apenas unas horas.

                Sin embargo, esto apenas sería un reflejo del Día del Sol de Justicia, o de las llamas del infierno, de ese anunciado fuego que nunca se extingue.

          Nota: https://elalminardemelilla.com/2014/10/29/el-dia-del-sol-de-justicia/

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3 Respuestas a “El fuego del infierno

  1. betty berges y marie las francesas

    Estas fotos son hermosas… tenemos la impresión también qué nos quema este calor implacable que se encuentra allí…

  2. Maestre de Puerta

    Has hecho bien, Isa, convocando a los moradores del Alminar. El incendio comenzará pronto.

  3. Gracias a todos. El Maestre de Puerta alberga un pesimismo esperanzado. El tiempo venidero será largo, pero también oscuro. Solo sabiendo la magnitud de las tinieblas a las que deberemos enfrentarnos, tendremos alguna posibilidad de hacer ver nuestra luz. Por el momento todo parece tranquillo, pero el infierno parece haber abierto sus puertas.

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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