La profecía del Tigre Blanco


La guerra de Ucrania

En realidad es Tiger, el carro de combate alemán más tenido durante la II Guerra Mundial. El Tigre Blanco es un película rusa de 2012, que narra la leyenda de un misterio tanque que aparecía y desaparecía en las batallas, después de destruir todo lo que se encontraba a su paso. Ivan Naidenov es un tanquista de T-34, que sobrevive a quemaduras del 90% de su cuerpo. La película, que puede verse subtitulada, es magnífica. El Tigre Blanco representa la obsesión del hombre por la guerra, como modo extremo de resolver conflictos e imponer dominios, desde la antigüedad más remota. No se debe invadir países, tampoco destruirlos.

Rusia nunca ha invadido Europa, sin embargo la historia europea siempre la ha percibido como una amenaza. En 1812 Napoleón invadió Rusia. Tras dos años de guerra, en marzo de 1814, Alejandro I, Zar de Rusia, entraba en París y libraba a Europa de la tiranía napoleónica y francesa. Un siglo después, la Alemania hitleriana inició una invasión de Rusia en 1941. En 1945, las fuerzas rusas llegaban hasta Berlín para poner fin a la tiranía nazi que asoló Europa.

En 1989, tras la caída del Muro de Berlín, Mijail Gorbachov ordenó la completa retirada de las fuerzas militares rusas de todo el territorio oriental europeo. Desde entonces, ni un solo soldado ruso ha vuelto a poner un pie en la Europa, mientras que la presencia de la OTAN se ha extendido incluso a países del Este europeo. Desde el final de la II Guerra Mundial, Estados Unidos tiene 7 bases militares en territorio europeo: 5 en Alemanía, 1 en Bélgica y 1 en Italia. Hasta el año 2018 la fuerza militar estadounidense en Alemania era de casi 80.000 efectivos, que fueron reducidos a la mitad por Donald Trump.

Ucrania se desmorona como Afganistán

Rusia siempre ha sido percibida en Occidente como una Estado semi asiático al que nunca llegó la Ilustración, como afirma John Gray en Misa Negra, propenso a los despotismos de tipo oriental. Tras la demolición de la Unión Soviética, Ucrania fue tentada por Occidente para ser integrada en su estructura económica, política y militar. Algo que para Rusia es inadmisible, porque Ucrania, aunque país independiente, es parte de una historia común, del mismo modo en que Cataluña lo es de España, o Kosovo de Serbia. Reiteramos que no es admisible invadir países, pero tampoco destruirlos.

El Ejército de Ucrania no quiere combatir contra el Ejército de Rusia, entre otras cosas porque nadie quiere perder la vida por cuestiones decididas por las esferas políticas. Fuerzas militares paralelas y nacionalistas, están haciendo frente al ejército ruso, con más intensidad que el Ejército legítimo de Ucrania. Cualquier muerto es mucho, ya sean 100 o 1000. La política europea se equivocó al armar a Ucrania e intentar utilizar el país frente a Rusia. Esto no va a durar más de un mes. Estados Unidos debe medir bien sus sanciones económicas, porque una cosa es «castigar al gobierno de Putin» y otra al pueblo ruso y a Europa entera.

El Tigre Blanco

El tanquista Naidenov dialoga con su comisario político, y este le dice que esa guerra ha acabado: Pero le dice que no, que solo se ha escondido, que pasados 20, 50 o 100 años, la guerra volverá, porque vuelve siempre. En la escena final, Hitler dialoga en el infierno con el diablo, que solo escucha, y al que dice: «Ellos (los europeos) siempre temieron a ese país lúgubre y taciturno en Oriente, ese centauro salvaje y ajeno a Europa, Rusia«.

En 1999 la OTAN bombardeó una capital europea, Belgrado, con misiles de Uranio empobrecido 238. Hoy Serbia es una de las zonas europeas con tasas más altas de cáncer. Unas cosas no excusan las otras. No se puede invadir países, tampoco destruirlos. Pero los líderes europeos han borrado esto de su memoria. Las heridas de Yugoslavia no se repararon nunca. La acción política mundial no avanza. Hay una vara distinta de medir para cada caso. La ONU ya no existe.

Holodomor, la hambruna de Stalin


¿Fue planificada la hambruna de Ucrania en 1932-33?

El conflicto de los «guardias rojos bolcheviques» con los campesinos ucranianos venía de lejos, casi desde los primeros años de La Revolución. La obsesión por la colectivización iba a tener una de las peores consecuencias posibles. Los Kulaks o kulaki, o lo que es lo mismo, campesinos propietarios de tierras, eran considerados los enemigos «del pueblo socialista» y de su paraíso en la tierra.

Las hambrunas eran habituales y periódicas desde el tiempo de los zares. Las malas cosechas provocaban grandes mortandades y también acumulación de alimentos por parte de aquellos que los tenían. Los revolucionarios bolcheviques creían tener la solución a todo: la colectivización. La imposición mediante medidas forzadas, expropiaciones, asaltos y detenciones en masa, iban a tener como resultado una de las peores catástrofes humanas de toda la historia de Ucrania, el Holodomor, o Hambruna Roja, como la denomina la historiadora estadounidense Anne Applebaum. En un solo año (1932-1933), cuatro millones de personas murieron de hambre en Ucrania.

Los bolcheviques veían enemigos y contrarrevolucionarios hasta debajo de su sombra. Lo que se planificó fue la colectivización, no la matanza o la mortandad. Es verdad que todas las decisiones que se adoptaron desde Moscú solo incrementaron la catástrofe humana, sin paliativos de ninguna clase. Por tanto, es normal que en estos países, nadie quiera hablar del comunismo o del periodo soviético. Los dirigentes comunista rusos no se caracterizaban por tener compasión alguna hacia la población.

Los esfuerzos por equiparar el Holodomor, como intentara el actual presidente ucranio Volodymyr Zelenski, con el Holocausto, con las autoridades de Israel, no han tenido éxito alguno, porque la bestialidad nazi no tiene equivalencia posible. Es el tope máximo en la escala de la maldad humana. La imágenes dejadas en Ucrania y en toda Europa por las Waffen SS y las Einsatzgruppen no tendrán comparación nunca, por más esfuerzos que se hagan en esa dirección. Intentarlo es no haber comprendido todavía lo que fue la planificación del exterminio de toda la población judía de Europa. Polonia, Ucrania, Alemania, Hungría, Países Bajos, son países cuya historia fue alterada para siempre.

La colectivización forzada de los Kulaki*

La colectivización se decidió entre 1929 y 1930. Una primera oleada expropió tierras, confiscó iglesias, confiscó cereal y animales, se arrestó a granjeros y a líderes locales que pudieran oponer resistencia. En apenas unos meses se había arrestado a 15.985 contrarrevolucionarios. La resistencia y la rebelión frente a la colectivización hizo enloquecer a los bolcheviques y al propio Stalin. Las deportaciones y los traslados de poblaciones se hicieron en masa, también hacia el Gulag o campos de trabajo esclavo, que no de exterminio. Eso sí, los muertos suman igual, y las cifran alcanzan millones. Muchos campesinos aceptaron bajo presión el traslado a las granjas colectivas, pero la colectivización había fracasado, aunque todavía no lo sabían. A finales de 1930, el gobierno de los Soviets se decide por la exportación de cereal para obtener divisas y los graneros se vaciaron.

Ya no había freno para lo que iba a pasar. La mala climatología y los deficientes datos de la nueva cosecha, la de 1932, situaban en el horizonte una nueva hambruna. Las previsiones se habían hecho en base a deseos y no de realidades. Los dirigentes ucranianos advertían del inicio de la hambruna, de los robos y de la ausencia de alimentos básicos en las tiendas. Se ordenó la incautación de todo el cereal existente y su traslado a las granjas colectivas. Se elaboraron listas negras de aldeas, de granjas y de empresas que no cumplían con los objetivos de producción, pero la gente ya empezaba a morir de hambre. Personas hambrientas, en estado cataléptico, deambulaban por las calles, hasta que se derrumban y morían, en cualquier lado. Estaba prohibido intentar escapar de Ucrania.

Se intentó salvar a la población, pero buscando antes a los culpables, con lo que se perdieron esfuerzos y tiempo. Tampoco se decretó una petición de ayuda internacional, porque en el país de Los Soviets eso no podía estar pasando. La purga alcanzó a unas 200.000 personas. La Iglesia Autocéfala ortodoxa de Ucrania fue disuelta. El robo de campanas e iconos se convirtió en norma. El catálogo de horrores padecido por la población resulta estremecedor. Nadie te mataba, morías solo, en la calle, de mil maneras posible. La locura e incluso el canibalismo, se abrieron paso. Hasta la primavera de 1933, los campos ucranianos se llenaron de muertos, hasta los 3,9 millones de personas. Nada de esto se pudo investigar en tiempos soviéticos, entre otras cosas porque se vaciaron archivos, registros y se eliminó toda la información existente. Los investigadores ucranianos lo califican como genocidio y probablemente lo es, como el armenio, perpetrado por Turquía, pero que tampoco reconoce.

Solo desde la independencia de Ucrania en 1991, se inició el proceso de investigación del Holodomor. Sin embargo, apenas una década después, Ucrania y toda Rusia se enfrentaron a una experiencia mucho más atroz que la padecida, la del extermino planificado de la población judía y eslava, llevada a cabo por la Alemania nazi, y con ellos ya no había posibilidades de salvación. Si quedó algún archivo o documento, desapareció. En solo 4 años (Rusia, Bielorrusia y Ucrania), y los territorios Bálticos, directamente afectados por la invasión nazi de 1941, se perdieron 30 millones de vidas.

Nota:* Hambruna Roja, Anne Appelbaum. Debate

War machines


Ucrania y las mentiras mundiales

Si la gente supiera el poco cerebro con que se gobierna el mundo, moriría de miedo. Ivo Andric*

Hemos repasado toda la información disponible y no hay una sola verdad que llevarse a la boca. Nada. Podemos descartar cosas, pero nada más. Todos los opinadores universales se alinean en un bando u otro, cargados de referencias históricas que ya no vienen al caso, pero nadie sabe ni lo que está pasando, ni cuáles son los verdaderos intereses que mueven la actual dinámica bélica. Pero la peor la impresión dan la mayoría de los dirigentes de las naciones que supuestamente velan por nuestros intereses colectivos.

Todos los movimientos y desplazamientos de armamento y material del Ejército de Rusia están siendo seguidos por satélites y aviones que sobrevuelan constantemente la zona. Todos estos movimientos, que son numerosos, se están llevando a cabo dentro del territorio de la Federación Rusa. Las tropas más cercanas están a 50 km. de la frontera con Ucrania.

Es evidente que no se puede invadir países soberanos (Ucrania), pero tampoco se puede destruirlos (Iraq, Siria, Libia). Hace apenas un año, Azerbaiyán, con el apoyo de Turquia, se anexionó parte del territorio de Armenia, y la Comunidad internacional de países libres, no dijo ni una sola palabra. En todas estas guerras intervienen mercenarios de ideología diversa y grupos yihadistas.

La Unión Soviética se disolvió en 1991 en 11 países independientes, y casi todos se fueron sin despedirse. Conociendo ya en qué consistió la experiencia comunista colectiva, es normal que se separaran así. Sin embargo, en Ucrania, con mucha población rusa, quedaron cuestiones territoriales y poblacionales sin resolver, que originaron los conflictos del Donbás en 2014, y la guerra con Rusia. Todo no se puede resolver separando a la población por etnias y por las diferencias religiosas, como en Croacia, Bosnia o Kósovo. En Ucrania puede apreciarse ahora la misma división política que puede verse en países de la propia Unión Europea como Bélgica, Inglaterra o incluso España, en el caso de Cataluña.

La cuestión que hace diferente todo, es que aquí están por medio los Estados Unidos, el único país al que no se puede desafiar en cuestión alguna. No lo hace ni siquiera China. Los intereses de Estados Unidos rigen en todo el planeta y los vigila con celo extremo. Ya ha quedado claro que la ONU no sirve para nada , y que ahora hay otras instituciones mediadoras más eficaces, como el Pacto de Normandía. También es evidente que Europa va por detrás de EEUU, y que la OTAN son ellos.

Anacronismos

Ya no quedan en el mundo Estados con sistema económico comunista o socialista. Ya no es una tendencia a la que dirigirse, en ningún caso. Los dos que todavía se proclaman así son dos ruinas (Cuba y Corea del Norte) y la República Popular de China es un claro capitalismo de Estado. El Pacto de Varsovia ya no existe, y el COMECON o Pacto de Asistencia Mutua de la Europa socialista tampoco. Salvo en España, Alemania y Francia, ya no quedan partidos políticos con la definición de socialista o comunista. Estas denominaciones están prohibidas en aquellos países que realmente lo fueron. Todo esto acabará también transformándose. Llega un mundo diferente en el que está amenazada la propia democracia y lo que hay que ganar es la batalla de las ideas sociales, renovándolas.

La ultraderecha y los populismos autoritarios ganan terreno sobre las democracias. «Gracias» a Hannah Arendt, la gente equipara al comunismo con el nazismo, y esa sola etiqueta, provoca la animadversión. Rusia ya no es comunista, pero la etiqueta es eficaz.

Estrategias

Invadir Ucrania, el país más grande de Europa, con más de 1200 km. de frontera común con Rusia, y 46 millones de habitantes, es imposible. Si alguien sabe que Ucrania es una tumba militar para quien intente invadirla, son Alemania y la propia Rusia. Con 100.000 soldados, en su mayoría muy jóvenes, según los vídeos que hemos visto, es absurdo siquiera intentarlo. Guerra ya la hay, en el Donbás desde 2014. Lo que estás en juego aquí son cosas que no sabemos y todos estos movimientos tácticos no conocemos a qué responden. Estados Unidos necesita restañar la imagen de liderazgo mundial, en entredicho tras el final de la guerra de Afganistán en agosto de 2021. Rusia quiere demostrar que puede plantar cara al coloso estadounidense, pero sin irritarlo demasiado.

Son war machines y esperamos que no todos estén tan locos como aparentan. Alemania, que conoce muy bien la zona, se ha moderado mucho, pese a la actitud inicial beligerante de su Ministra de Exteriores Annalena Baerbock. Alguien le habrá aconsejado, que cuando menos mencione Ucrania, mejor, no sea que haya que recordar cosas, no demasiado lejanas.

Nota: * Y llegó la barbarie. José Ángel Ruíz Jiménez

La Libertad guiando al Pueblo


¡Quien quiera saber lo que son ofensas a la Theotokos, solo tiene que leer a Lutero. Pero el monje agustino (feroz antisemita) sabía muy bien lo que se hacía, y por ello nunca pudo ser acusado de blasfemia, ya que la Panagia no es una de las Tres personas de la Trinidad: Padre, Espíritu Santo e Hijo, por este orden. La Virgen María, como la conocemos en el Occidente católico, no pertenece a la Trinidad Santa. No se puede blasfemar contra ella.

El fuego, decía Umberto Eco, se alimenta con todo, tanto con la ofensa como con la disculpa, con la explicación y con la duda. Una vez encendido, lo incrementa y mantiene cualquier cosa que esté a su alrededor y eso es lo que ha ocurrido con la obra de teatro de Canciones de Belen, que se viene representando desde 2018. Por tanto, si es una «ofensa», esta es continuada y repetida desde hace un lustro. Sin embargo, al fuego, la verdad y los hechos le traen sin cuidado. Es la tormenta perfecta, pero vamos por partes, como decía mi padre.

Bula Ineffabilis Deus (1854)

La Bula Ineffabilis Dei de 8 de diciembre de 1854, fue una pequeña trampa del Papa Pio IX. A cambio de proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, la Toda Santa o Panagia; Pío IX consiguió que se proclamase también el dogma de la Infalibilidad Pontificia. Pío IX exigió una cosa a cambio de la otra. Ninguna de los dos dogmas son aceptados por el resto de iglesias cristianas, ni la ortodoxa oriental, ni la protestante o evangélica, ni por la anglicana. Por lo tanto, estamos ante una verdad muy parcial. Sí es posible poner en cuestión ambas cosas, sin causar ofensa a nadie. Estamos poniendo en orden la cuestión que nos mantiene en vilo desde el año pasado.

Dos sacerdotes que ha pasado por la ciudad, uno de ellos el Vicario Roberto Rojo, y Javier Velasco del Pozo, se han manifestado de manera violenta contra la consejera de Cultura Elena Fernández Treviño, y ambos sin razón. La cuestión de la naturaleza humana y divina de Cristo, no pudo ser resuelta hasta el Concilio de Calcedonia en 451, y tardó otros muchos siglos en ser aceptada. Es más, la Iglesia Católica persiguió a fuego y espada durante casi mil años, a todo aquel que osara contradecir estas enseñanzas. Por tanto, proclamar que la iglesia está hoy siendo perseguida o atacada por una obrilla de teatro, es obra de mala fe, porque aquí, quien ha perseguido hasta el 15 de julio de 1834, ha sido la Iglesia, pues en esa fecha se abolió oficialmente La Inquisición en España.

La beata Dolores, fue una monja ciega de Sevilla, que ostenta el honor de ser la última persona en ser quemada por la Iglesia en España, el 24 de agosto de 1781. Tras confesarse, se la ajustició con garrote y solo fue quemada en efigie. No estamos ante una iglesia perseguida, sino justo ante lo contrario, pese a los esfuerzos baldíos del Papa Francisco, que ya carece de fuerza para poner un verdadero y claro cambio de orientación en la Iglesia. A la Consejera Fernández Treviño, se la está sometiendo a un auto de fe público, por algo incierto, no hay ofensas a la fe en esa obrilla, y de lo que solo es responsable de modo tangencial, pues la obra tiene una representación continuada desde 2018.

La obra en sí

Hemos visto las escenas afectadas por el anatema lanzado contra la consejera de Cultura de Melilla, por el sector cofrade del catolicismo melillense y sí hemos de decir algunas cosas. No hay ninguna ofensa a la persona Trinitaria del Espíritu Santo, al que solo se menciona. No hay pues blasfemia, pero doctores tiene Roma.

El arcángel Gabriel queda sometido a una vulgarización completa, asemejándose más a un gañán de pueblo, que a un mensajero del Eterno. Recuerda en algún momento al cómico Pepe Carabias. Es más vulgar su representación en 2018 que en 2021. Vulgarizar, contemporizar, es un riesgo y la crítica en ese sentido debe asumirse. De la Panagia (Toda Santa), sabemos muy poco. Los relatos evangélicos son muy escuetos. Es cierta la sorpresa y la duda inicial sobre cómo todo lo anunciado por el arcángel podía llevarse a cabo en ella, aunque luego afirmase con rotundidad: «Hágase en mí según tu palabra». Lo insondable, lo que nunca podrá explicarse, es porqué el Eterno, se fijó en ella para llevar a cabo el misterio de la Encarnación.

No hay ofensa alguna a la Panagia, solo excesiva vulgarización, todo demasiado próximo a Gran Hermano y programas similares. La Navidad es la fusión entre Oriente y Occidente. Es una celebración cristiana y hay mucho terreno para realizar obras de calidad y más amplio mensajes, sin perder el sentido de lo que se celebra. Lo que reclama el catolicismo exaltado es catequesis y esto es solo cultura navideña, aunque débil. En cualquier cosa esta es una obra de tiempos pasados y más vulgares.

Conclusión

La Consejera de Cultura arde en la pira pública y los que deberían defenderla callan. Ese silencio sí es estremecedor e inquietante. La Consejera Fernández tiene entidad suficiente para defenderse por sí misma, pero por razón de su cargo debe ser muy equilibrada. No necesita tampoco al Alminar, porque es mucho más potente que este modesto blog. Aquí solo pretendemos fijar unos mínimos admisibles para un debate racional.

Las únicas ofensas demostrables son las que se le han dirigido a Elena Fernández, con toda la mala intención posible. Un sacerdote, Roberto Rojo, que fue acribillado por ese mismo clericalismo intransigente, no puede calificar de «tóxica» a una Consejera electa. Del otro sacerdote, cuanto menos se hable mejor. Es una cuestión de libertad de expresión, de libertad. En el pasado próximo esto no hubiera sido posible, no hubiera existido, porque no había libertad suficiente, y eso que la obra se representó durante tres años. El anterior presidente hubiese fulminado a quien hubiese puesto en una situación similar a una consejera de su gobierno, y un ejército de edecanes recorrería las redes identificando y poniendo en la picota a los críticos.

El actual Vicario, Eduardo Resa, debe poner paz en esta tormenta que amenaza muchas cosas, y desvincularse de ciertos grupos que empujan en una dirección equivocada. No hay blasfemia, no hay ofensa, solo vulgarización. Paz, piedad y perdón.

Feliz Navidad 2021


Como cada año, a todas y todos los que han llegado hasta aquí en nuestra compañía, a los que estuvieron, a los que están, a los que se cruzarán con El Alminar en algún momento, a todas las personas de buena voluntad; les deseamos Feliz Navidad 2021.

Estamos a punto de dejar atrás el segundo año de la pandemia que ha barrido el mundo. El cansancio es notable y son ya muchos los que no han podido culminar el año. A todos y todas los tendremos en nuestro recuerdo. Son 5.357.096 fallecidas en personas en todo el mundo, 88.708 en España y 117 en Melilla. En nuestra ciudad se han contagiado 12.000 personas desde el inicio de la pandemia. Las epidemias de peste solían asentarse entre dos y y tres años sobre un territorio, pero esto era en el pasado. Aun así, debemos espera que el año entrante sea el último en el que convivamos con la COVID-19, y se inicie el reflujo de la ola en todo el mundo. Las epidemias provocan cambios visibles en las estructuras económicas, sociales y por ende en las personas. Nada vuelve a ser como antes.

El espíritu de la Navidad acaba alcanzando a todos/as, y en ese ánimo que compartimos con todos, convive el pasado, el presente y el futuro. Al igual que ocurriera con Ebenezer Scrooge en la novela de Charles Dickens, escrita en 1843. Del pasado compartimos una imagen ya irrepetible, la del solitario Belén del Centro Asistencial, que montaba cada año monseñor Buxarrais con la ayuda de algunas mujeres voluntarias, en la capilla del centro, ya cerrada. Del presente y de nuestra poco destacable iluminación navideña, compartiremos dos cosas, una la imagen del árbol, que sí es un símbolo navideños, pese a la alharaca de la Navidad pretérita, y una fotografía de la ciudadanía melillense intentando recuperarse de la zozobra, el pasado domingo en la parte peatonalizada del centro de la ciudad (del que no se sabe qué modelo final aplicar).

En cuanto al futuro deseamos paz, convivencia y armonía para todos, pero bajo la protección del arbolado melillense. Esperamos que se detenga la especulación urbanística, y que no acabe devorando los acuartelamientos de Santiago y Alcántara. Una ciudad sostenible y amable, no se puede asentar solo sobre las aceras y el pavimento, sino sobre abundantes zonas verdes y de uso colectivo. También sobre la igualdad de oportunidades. El cambio no puede consistir solo en el asentamiento de nuevas oligarquías o castas, el gran concepto ya en desuso.

Aún así y pese a todas las dificultades, Feliz Navidad a los/as lectores/as del Alminar. A los/as comentaristas y a todos los que nos acompañan desde hace una década. Y sobre todo, nuestro mayor deseo es que sigan evitando el contagio.

Tribulaciones navideñas


Todo sigue su curso, y cualquier acontecimiento nos seguirá esperando a partir del 31 de diciembre. Estamos a punto de completar el segundo año de la peste del siglo XXI, pandemia inesperada que indudablemente marcará la historia del siglo en curso. Al contar con una fecha fija, todo parece acelerarse mas, aunque ese final en realidad no lo sea.

Seguimos en medio de las tribulaciones, la gran palabra que dio carácter al Quijote y que inmortalizó Cervantes, en la gran obra que todo el que se dedica al oficio de la escritura admira de algún modo. Son muchas las ocasiones y circunstancias en las que hemos equiparado la trayectoria de este blog, a la aventura del gran personaje cervantino, que se lanzó al mundo a «desfacer entuertos y enredos». En solitario en la primera salida y acompañado por su escudero en la segunda.

Es imposible saber qué nos deparará el futuro, porque como hemos podido comprobar nada puede predecirse. Los signos y agüeros llegan, pero pueden interpretarse en un doble sentido. Eso sí, hay que saber irse, antes de dar ocasión de acabar derrotado, como don Quijote en las playas de Barcelona, aunque fuese por una maquinación entre el cura y el estudiante.

En estos 10 años, en esta década del Alminar que se cerrará en unos días, hemos visto gigantazos, molinos, algún descomunal jayán. También molinos, galeotes y malandrines, encantadores y magos como Frestón. Nos hemos topado con la iglesia y visto de lejos a la Santa Hermandad, que siempre ronda por los campos. Siempre habrá quien siembre, y los pajarillos se adelantarán prestos a coger los primeros granos de trigo. Si se hace brotar una fuente, mil beberán de ese agua. Un agujero en el muro servirá para que un centenar puedan pasar por él. La luz de un candil iluminará una estancia completa.

Toda obra humana tiene principio y fin. Todo final es a veces el principio. Cada siglo trae su propia confusión. Las novelas de caballería no nos han abandonado, aunque ahora se conozcan como «Juego de Tronos», Siempre necesitaremos batirnos frente a Florimorte de Hircania, igualar en valor a Galaor, Amadís o al caballero Platir; y derrotar en singular combate a Bramidán de Tajayunque.

Una obra así, queda entremezclada con la vida. Lo mismo ocurre ya con el Alminar y su creador, tras esta década de escritura constante. Así lo afirma el propio Cervantes, a través de Cide Hamete y su pluma: «Aquí quedarás, colgada desta espetera y deste hilo de alambre, adonde vivirás luengos siglos. Para mí sola nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; solo los dos somos para en uno».

No nos quedan cuentas pendientes, al menos que podamos reconocer. Hemos escrito todo y dado testimonio de todo lo que hemos visto. Si ya escribimos, es por propia voluntad.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/05/06/el-fin-de-la-2a-salida/

La hora del Estado en Melilla


¿Hay un problema, se nombra una comisión. ¿Hay una Comisión? Hay una dietas. ¿Hay unas dietas? Hay un dictamen inacabable; pero no hay jamás un solución al problema. Porque España es el país de las Comisiones y las dietas. Quien así se expresaba era el parlamentario socialista Indalecio Prieto en 1921, en los debates parlamentarios tras el Desastre de Annual.

«Os dije antes el grado de corrupción al que se había llegado», decía el diputado Prieto, en una serie de discursos en el Parlamento, en los que destacaba lo que él llamaba «el vicio de Melilla«. Lo que en principio no estaba corrupto, lo acababa estando, y lo que eran cientos de millones en origen, acababan siendo decenas en destino. A toda esta situación se llegó por la tolerancia del contrabando, la lenidad de los castigos, la sensación de impunidad ante cualquier fechoría, que acababa minando la moral de la ciudadanía. La conclusión de Prieto en su último discurso parlamentario no pudo ser más demoledora: «Confirmé que la Comandancia de Melilla era una charca pestilente, formada por toda clase de inmoralidades y vicios».

A lo largo de la última década nos hemos sobresaltado antes los registros en el Palacio de la Asamblea, ante el rosario de presuntos delitos cometidos, ante la lista interminable de «practicas irregulares» en la gestión administrativa, que no se han acabado sustanciando en ni siquiera un reproche formal. Esto es la sensación de impunidad. «No hay ejemplo más demoledor para la conciencia de un país que la impunidad de todas estas tropelías. El problema de España es de moral y de decencia pública», decía Prieto en los discursos referenciados. Identificados «los focos corruptores», hay que actuar contra ellos de modo inmediato. También hemos visto detener consejeros, ingresar en prisión, y luego acabar todo en sobreseimientos.

No pueden existir zonas de sombra, zonas a las que no llegue la acción del Estado, su regulación, su igualdad de trato y su justicia en la distribución. En esta situación, ya detectada hace 100 años, no se puede proseguir. Melilla no puede seguir al margen de la fiscalidad del Estado y de su acción. Es ese hecho diferencial, el que crea situaciones que parecen permitidas en esta parte del territorio nacional, y no en el resto. Esa diferencia y su mantenimiento nos lastra.

El Estado debe tomar las riendas de la regulación económica de la ciudad, porque no puede permitirse que subvenciones se pierdan por la incapacidad de gestionarlas, o que las decenas de millones de euros para el futuro económico de Melilla se acaben disipando, sin que alcancen el fin al que fueron destinadas, porque el dinero se acaba tarde o temprano. Empresas creadas «ad hoc» ante la nueva situación, proyectos absurdos como el aeropuerto sobre el mar, la ampliación del puerto sobre el papel, o la creación de la «isla de artificiales» frente a Horcas Coloradas, la red de hoteles en lugares imposibles, o la construcción de colmenas en los cuarteles cedidos por Defensa, no pueden acaparar los fondos que se van a recibir. No pueden darse subvenciones a empresas, que no estén al menos constituidas y con actividad reconocidas, al menos desde dos años antes. Lo contrario es especulación y captación de fondos. La información privilegiada circula muy rápido en la ciudad.

Melilla carece de lo básico. Hay que subvencionar el transporte porque si no, desaparece. Las navieras cambian de nombre y dueño cada año. Hay zonas urbanas con infraviviendas, mientras se planifican nuevos proyectos especulativos. La situación se torna insostenible y es el Estado el que debe tomar la riendas de la armonización económica de la ciudad. Tiene capacidad, información, poder suficiente y sobre todo, el deber de hacerlo. Cuando el GIL marbellí llegó al gobierno en 1999, el Estado le retiró al Ayuntamiento las competencias de urbanismo. En la etapa anterior, la Delegación renunciaba a su capacidad de gestión, y se la entregaba al Gobierno local, y se situaba un paso por detrás.

En esta semana que entra, nos jugamos el gobierno autonómico de Melilla, y el de 2023. Si la enorme crisis que se va a abrir no se soluciona con contundencia, tendremos una gestión moribunda hasta las próximas elecciones. Hay una parte muy sana de este gobierno local, pero no podemos olvidad de la máxima de san Bernardo: “Creedme: Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es, pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible; porque, si bien te examinas, siempre hallarás alguna cosa que podar”.

Contamos con un buen Presidente de Melilla, Eduardo de Castro, una buena Delegada del Gobierno, Sabrina Moh, y una irreprochable Vicepresidente, Gloria Rojas. Tres ejemplos de moralidad y decencia pública, incluyendo a José Miguel de los Santos, un Comandante General ceñido a sus misiones militares.

Nota: https://elalminardemelilla.com/tag/san-bernardo-y-la-poda/