El problema es, la verdad


Ante un perplejo Poncio Pilato, un reo afirmó «ser de la verdad», y el político romano replicó: ¿Y qué es la verdad?. Aquí ya inferimos dos cosas, la primera es que decir la verdad, puede costar la vida. La segunda es que no debe decirse delante de los políticos, algo que sí cumplió el Nazareno, reo ante el delegado de Roma. La tercera y más importante es que, aunque se manifieste, lo más probable es que no sea reconocida. En este tesitura estamos inmersos. Solo es reconocible el hecho, siempre y cuando sea de una magnitud tan extraordinaria, que no se pueda negar, y aún así, siempre se intentará silenciar.

La invasión inamistosa de Ceuta es un hecho de tal magnitud, que pasará a la historia de España, y por supuesto de la Ceuta española (1580). La interpretación del mismo, e incluso la autoría o sus inductores, nunca estarán claros para todos. Una legión de «almohadilleros», elaborarán y rebuscarán eufemismos y sinónimos, para rebajar la calificación del hecho, como si eso fuera a servir de algo. Tampoco sirven los aumentativos y las hipérboles, de los que se valen otros. El hecho invasivo es de una magnitud enorme, y así lo reflejarán los anales históricos, y provocará cambios en la política española. Lo quieran o no.

Pero nuestra investigación es sobre la verdad, sobre aquello que no puede ser negado. Eso sí, «nadie puede mirar a la verdad y seguir viviendo«, se dice en la Biblia. Wittgenstein decía que la verdad solo puede ser mostrada, no dicha, porque el intento de expresarla, la hace difuminarse, y ser objeto de debate, de controversia. La verdad no puede ser discutida. Desde hace 15 largos años, es lo que hacemos en este blog, mostrar hechos, narrar del modo más próximo a lo que es cierto, y apoyarlo con imágenes, para que cada cual juzgue por sí mismo. Aún con todo eso, hay quien ha intentado negar nuestras fotografías, que llevan sello. Es es la otra parte, la de los que aun viendo, no creen.

En 1568 se produjo el incontrovertible levantamiento de los moriscos de Granada, que narró Diego Hurtado de Mendoza. Es un hecho tan incontrovertible como la invasión arabomusulmana de 711, que ahora niega el neoarabismo, pero existe afortunadamente, la Crónica Mozárabe de 754, que también niegan. Luis Tribaldos de Toledo, escribe en el prólogo los siguiente: «Es muy sabido, y muy antiguo en el mundo el odio a la verdad, y muy ordinario padecer trabajos, y contradicciones, los que la dicen, y aun los que la escriben». Nuestro mayor escritor, Miguel de Cervantes, oculta y enmascara nombres, de tal modo que resultará imposible averiguarlos, porque nunca los escribió, ni tampoco los dijo. Hay un modo de evitar ponerse en el disparadero, y es hablar en parábolas. El otro es, y sigue siendo, evitar escribir nombre alguno. Así o no se dará por aludido nadie, o el que así lo sienta, lo ocultará, para no descubrirse.

Mario Vargas Llosa escribió un formidable ensayo titulado: La verdad de las mentiras. «En efecto, las novelas mienten (dice el genial escritor peruano) -no pueden hacer otra cosa- pero esa es solo una parte de la historia. La otra es que, mintiendo, expresan una curiosa verdad, que solo puede expresarse encubierta, disfraza de lo que no es«. Vargas Llosa tuvo sus problemas con los militares peruanos por su novela: La ciudad y los perros. Le quemaron el libro, a él no pudieron. Aleksander Solzhenitsyn fulminó la Rusia soviética con una novela, Un día en la vida de Iván Denisovich. Pese a todo, hoy en día, justificadores y rescatadores del pasado soviético, pululan como luciérnagas en tertulias, páginas de redes sociales, en incluso en medios de comunicación. Nadie lo considera equiparable, que no equivalente, al nazismo. Ocurre lo mismo con el franquismo, cuya justificación sigue estando permitida. Ambos líderes, Stalin y Franco, murieron en sus camas. Esa es la razón por la que siguen teniendo sus devotos, y votos también, pero no de modo directo. No podemos olvidar mencionar a George Orwell, combatiente brigadista en la Guerra de España, azote implacable del estalinismo, de lectura difícil para los tiempos actuales, cerrados por la sinrazón y el retorno a ideologías perversas. Hasta Mussolini, fue antes comunista que fascista, aunque destacó por esto último.  El pasillo existe, y ma Democracia se puede horadar desde cualquier dirección. Citar sin contextualizar, hace que las citas sirvan para todos, y eso no es así. Cada cosa fue escrita con su intención.

En Mentir la Verdad, de Ariel Magnus, se analiza la biografía de un nazi, posible colaborador del infernal Goebbels, al que todo el mundo cita, cuando en realidad, solo era un nazi. Estamos en el grado máximo, cuando a la verdad, se la califica como mentira. A partir de ahí, ya no hay grado de protección alguna.

El primer círculo


Lo que nos sirve no lo sabemos. Lo que sabemos no nos sirve. A. Solzhenitsyn

El Infierno se compone de círculos, el Poder también. El infierno en el Poder consiste en quedar fuera de él, por eso se evita de cualquier modo. En La Divina Comedia de Dante, el primer círculo es el exterior. En el Primer Círculo de Alexander Solzhenitsyn, ese primer círculo son los Gulags, los campos de trabajo de Stalin, porque para el Nobel ruso, prisionero en esos campos, eran el mismísimo infierno, el infierno helado, como también se le conocía. Pero «el primer círculo» o círculo íntimo, es también el grupo de personas que rodean al líder, aquellos en quienes confía, porque el Poder es así. No hay amigos en el Poder, cualquiera del que se tenga que prescindir, se prescinde de él. Lo hemos visto suficientes veces, desde el regreso de La Democracia. Ninguna pareja política de amigos ha sobrevivido: Adolfo Suárez y Abril Martorell; Felipe González y Alfonso Guerra, José Mª Aznar y Mariano Rajoy; Pedro Sánchez y José Luis Ábalos.

Alexander Solzhenitsyn describe a los grandes nombres del círculo íntimo del stalinismo, casi todos ya olvidados, como el juez de jueces Abakumov, Poskrebischev, y tantos otros. Él, el camarada Stalin, el padrecito, no escribió nada personal por su propia mano, pero afortunadamente Solzhenitsyn sí, y de modo magistral. Sus obras tienen esa característica de las obras inmortales, la intemporalidad. Sus relatos, sus descripciones, no solo son rigurosamente exactas, sino que además conservan la actualidad. Seguimos viendo esos comportamientos en los personajes del Poder. Teniendo en cuenta que casi todos sus relatos fueron escritos en los periodos de reclusión en el Gulag, asombra la calidad de la narración y la precisión de los datos y hechos narrados. Nadie es insustituible en el primer círculo. Los servicios prestados no sirven de nada. No existe lazo o nudo que no pueda ser destado. No hay gratitud. El elogio es gratuito, pero la lealtad no. Todo se paga, en todos los sentidos.

El caldo gordo, la sopa de neutrones

En un núcleo (de según qué materia) la densidad es mayor, también la presión y las distancias son mínimas. El colapso de un átomo provoca alteraciones que en el exterior. El Parlamento es el núcleo de La Democracia, y las organizaciones políticas son sus elementos constitutivos, por eso las turbulencias parecen mayores vistas desde fuera, pero no ocurre nada que no haya pasado antes, pero con otros nombres. Lo que asombra en Solzhenitsyn, además de la potente ironía, es el sentido del humor, pese a escribir desde el mismo infierno. Sobran analistas airados y la crispación partidista.

Todo lo contrario de los autores actuales, los más leídos y escuchados, en los que todo es crispación, virulencia y antagonismo. Esto invalidará esos libros, esos testimonios, para el futuro, porque no podrán ser separados del contexto en el que fueron emitidos. José Mª Aznar sigue siendo un personaje hosco y airado, del que se duda que tenga amigos, o leales.

José Luis Ábalos pertenece al núcleo, al primer círculo. Esto está escrito y narrado por el propio Pedro Sánchez. Es uno de los cinco del coche, como se describe en Manual de Resistencia, que ni es un manual, ni habla de resistencia. Ya habíamos escrito acerca de este libro, que cobra un nuevo significado en la coyuntura actual. En realidad es la descripción del «círculo íntimo» del Poder, sus relaciones internas, la aparición y formación del propio núcleo, narrada por su elemento constitutivo, esto es, Pedro Sánchez. Eso es lo que diferencia a unos partidos de otros, su composición y su materia. Ábalos es un átomo importante. Deshacerse de él no va a ser fácil. Koldo García fue el custodio de los avales, que no de Ábalos, en la epopeya del retorno de Pedro Sánchez. Estaba en la sopa de neutrones.

Podemos y Ciudadanos desaparecieron cuando se desintegró su núcleo, bien en un proceso lento, caso de los morados, como muy rápido en el caso de los naranjas. Mas lento es el proceso del verde Vox, pero igualmente inevitable. Las dos estrellas masivas del bipartidismo, cual agujeros negros, devoran todo lo que está a su alrededor, el peligro es que colapsen y se desintegren. Los errores son los mismos, las respuestas casi iguales. Alfonso Guerra también sigue siendo un personaje hosco. En el Poder no hay amigos. Hay que resistir,  pero tiene que existir un motivo que no sea el propio Poder.