Elecciones transparentes


        Si en algo me he acostumbrado a mi trabajo, además del gusto por las estadísticas, es a  la transparencia en los procesos electorales. Por eso, cuando acudí el pasado día 25 de marzo a la Iglesia de La Purísima, para participar en el proceso electoral de La Congregación, me quedé helado al comprobar que la cabina de votaciones no existía, que se estaba obligado a coger las papeletas prácticamente delante de todo el mundo. El otro detalle que activó mi alarma fue que no existía sobre en donde meter la papeleta, con lo cual, pese a que doblé cuatro veces la papeleta de mi voto, tuve  la sensación de que no servía de nada.

            El detalle de la papeleta transparente era muy fino, porque aunque se doblase por la mitad, tampoco se escondía la intención de voto, como puede comprobarse en la fotografía. Todo era transparente, aunque yo creía hasta ese momento, que la transparencia electoral era otra cosa. Una cosa es no tener secretos ante Dios y otrra carecer de ellos ante los hombres y mujeres.

            El cuarto detalle (ausencia de cabina, ausencia de sobre y papeleta transparente), era que prácticamente toda la Mesa Electoral, o parte de ella,  formaba parte de una de las candidaturas presentadas. En lo que no me fijé fue en el sistema de señales, por si fallaba el asunto de las papeletas transparentes. No es buscar defectos, o ir a perseguir el error, es simplemente que de cosas así, dependen claramente un resultado electoral. Reitero que hay al menos 4 motivos para impugnar esas elecciones. La victoria se produjo solo por nueve votos. Ya me lo advirtió mi cuñado Manolo: Tú en una cofradía, no duras ni una levantá.