Conquista de Hispania, conquista de Al Ándalus (711-1492)


Enrique Delgado

La nueva ideologización del mundo recarga debates de solución imposible, dada la enorme distancia del momento en que se produjeron y también, al tratarse de un periodo de tiempo tan largo, superior al de la dominación romana, hay que secuenciarlo para poderlo entender en su enorme dimensión. Claudio Sánchez Albornoz, Mª Jesús Vigueras, Manuel Aznar, Emilio González Ferrín, Serafín Fanjul, Pedro Martínez Montávez, Emilio García Gómez, Carmen Ruíz Bravo-Villas ante, Rafael Sánchez Saus, son entre muchos, historiadores y arabistas que se han ocupado del estudio e interpretación, de la historia de «la España musulmana», o de Al- Ándalus, y que hemos leído y consultado. Como la historia está también ideologizada, los historiadores marcan tendencias o líneas de interpretación, a veces muy enfrentadas entre sí.

Tanto daño hacen a la verdadera historia las simplificaciones de VOX y la leyenda de Pelayo, como los bulos de la exministra Mª Antonia Trujillo, acerca de Ceuta y Melilla. No es que no existiese don Pelayo, o que no se sucediese «la escaramuza bélica» de Covadonga, en pleno centro de Asturias, solo que en una realidad muy distinta a la interpretación creada a posteriori. Del mismo modo, ni Ceuta ni Melilla han estado vinculadas nunca a Marruecos, aunque estén en territorio norteafricano.

Pelayo, el noble godo huido hacia el norte tras la conquista de Córdoba por la invasión norteafricana, murió sin conocer que había iniciado la reconquista, ni dado origen a un Estado que tomaría forma en 1492. En realidad, entre el año 711 y el 856, en el que Ordoño I ocupó la abandonada ciudad de León, los resistentes del norte no habían puesto un pie fuera de sus montañas. El nuevo poder del Sur, que ya era musulmán y emiral desde el 756, no encontraría oposición alguna en siglo y medio, salvo escaramuzas y conflictos fronterizos, algunas rebeliones, conspiraciones, revueltas internas y guerras civiles, como la de Bobastro, en 928.

711, ni árabe, ni islámica: Norteafricana

La aportación del historiador y arabista Emilio González Ferrín, en su Historia General de Al Ándalus, es tan sorprendente como novedosa. El norte de África, que todavía seguía siendo conocido como Mauritania, estaba compuesto por una amalgama de pueblos, autóctonos o bereberes en su mayor parte, a los que se habrían unido los judíos de la diáspora, pueblos procedentes de las invasiones bárbaras, como los alanos, y los restos de los pobladores de los diversos imperios dominantes, como romanos y bizantinos. En 711, los invasores o migrantes, que cayeron sobre la península ibérica y acabaron con el Reino Visigodo, en total descomposición, no eran ni árabes, ni islámicos, porque ni la religión ni el idioma, habían llegado hasta sus filas. Los ocupantes de Hispania hablaban probablemente latín y griego como lengua común, lo que habría facilitado la comunicación y asentamiento en las ciudades hispanas. Esto refuta en principio, la tesis de la gran inmersión cultural, religiosa y lingüística, defendida siempre por Serafín Fanjul, en su libro Al Ándalus contra España. Pero esto solo explica el primer medio siglo, porque el árabe y lo islámico, sí llegarían con Abderramán I y el Emirato de Córdoba, y culminarían con la islamización completa de todos los territorios, bajo el emirato de Abderramán II (822-852), cuando la «reconquista» no ha dado señales de aparición todavía. Es más, esa fue la época más esplendorosa de Al Ándalus.

También parece claro que la expedición exploratoria, y la participación en la contienda civil visigoda, tenía una doble cabeza rectora: el yemení Muza Ibn Nusair, y Tariq Ibn Ziyab, tenía unos límites establecidos por el Califato de Bagdad. ¿Por qué se convirtió en una conquista plena, con dos expediciones ordenadas por Nusair entre 711 y 712? Probablemente fueron las circunstancias, y el entendimiento verbal, entre las ciudades hispano-visigodas con los nuevos dominadores, pero no todas. En algunas, como Mérida, la rendición solo se consiguió tras meses de lucha. Aun así, no hay explicación suficiente para que en 718 esté dominada casi toda la Hispania visigoda, y que el último encontronazo bélico sea el de Covadonga, en 722. La Crónica Mozárabe, de 754, sí habla de árabes, sarracenos y mauros (bereberes), como elementos distintivos entre los conquistadores. La tesis de invasión y conquista tampoco queda refutada del todo, pese a que Ferrín afirme que «seremos la última generación que llame conquista a lo sucedido en 711», fuese lo que fuese. Tras la batalla de la laguna de La Janda, en donde desaparece el ejército visigodo de Rodrigo, se abre una continuidad muy diversa, en la historia de Hispania, y que en aquel momento no había tomado forma.

La cuestión del Norte y los mozárabes

Conforme un poder se asienta, comienza a defenderse, a volverse más intolerante, y ya solo se ocupa de su supervivencia y perdurabilidad. La creación del Emirato de Córdoba, luego califato, empiezan a generar una emigración hacia el Norte, en «los territorios no sometidos». Se va yendo la población arabizada culturalmente (mozárabes), pero no islamizada (muladíes), que permanecían como población de 2ª categoría, y en algún momento también la judía. Todos van repoblando las tierras del Norte, y llevando su cultura, conocimientos y lengua; lo que irá homogeneizando su identidad, muy diversa hasta ese momento. Al final, el desdén de las crónicas musulmanas hacia «Pelayo y su grupo de asnos«, resultará ser el mayor error estratégico de los conquistadores norteafricanos, entre otras cosas, porque no tenían conciencia de serlo. No podían saber que hasta el año 900, lo conquistado en 711, permanecería en sus mismas dimensiones territoriales, con muy pocas alteraciones. El Duero y el Ebro constituyeron las fronteras entre el Norte y el Sur, a lo largo de casi 4 siglos. La repoblación se irá asentando sobre las zonas que permanecieron sin habitar, al norte del Duero y hasta la cadena del macizo cantábrico y sus intricados valles y orografía.

El desplazamiento de las tropas de Tariq y Muza, que se dividen tras Guadalete para reencontrarse en Toledo en 712, sugiere una estrategia plena de conquista, que fueron variando, dada la facilidad de la misma. Hasta el año mil, las aceifas musulmanas y las expediciones cristianas, rebasarán constantemente las fronteras establecidas, hasta el mismo norte, Santiago en 998 (Almanzor), o Almería en 1147 (Alfonso VII).

En el año 1002, el de la muerte de Almanzor, el gran Visir de Al Ándalus, tanto los reinos del norte, como los del Sur, son reinos de población hispana, pero de religiones diferentes. Las interferencias, relaciones comerciales, familiares, bélicas, a uno y otro lado de las marcas altas, son tantas, que resulta imposible enumerarlas. Nadie lamentó la caída de los visigodos, y las crónicas posteriores sugieren que la población hispanorromana no vivió peor o más sometida que durante la dominación visigoda. Todo cambió, eso sí, con la desaparición del Califato, tras la muerte de Hisham II, el último califa, en 1031. En ese año sucumbe la unidad de Al Ándalus, surgen la Taifas que aguantarán relativamente bien, hasta la llegada en 1086, de los imperios extranjeros (almorávides y almohades), muy fanatizados y que activaron, lo que ya sí puede ser denominado como reconquista.

En 1085 Alfonso VI de León llega a Toledo, al río Tajo, que ya nunca volverán a rebasar los musulmanes hispanos. En 1086, este mismo rey es derrotado en Zalaca, en las inmediaciones de Badajoz, frente a un ejército almorávide en expedición temporal, comandado por Yúsuf ibn Tasufín. De no haber sido porque la repentina muerte de su heredero le hizo regresar a su reino, esta derrota podría haber salido muy cara para la incipiente «reconquista» del territorio de Al Ándalus. Casi 400 años fueron necesarios para volver al río Tajo, y habrían de pasar casi dos siglos más, para poder volver a pisar el Guadalquivir.

La enormidad de la expedición de conquista de Muza y Tariq en 711, solo tendrá equivalencia en la del Reino Nazarí de Granada, conquistado en tan solo 10 años, por los Reyes Católicos, en 1492. Entre un suceso y otro habrían de pasar 781 años. En ambos lados de Hispania, el azar y la mano del destino, también jugaron sus bazas.

Si la desorientada exministra Trujillo pretende homogeneizar la influencia marroquí en Al-Ándalus, considerando como tales a almorávides y almohades, habrá que decirle que esta se limitó a 162 años, quedando finiquitados como tales, con la conquista de Sevilla en 1248, año en el que puede considerarse culminada la fase más amplia de la reconquista. El Reino Nazarí de Granada sobrevivirá encerrado en sus límites geográficos casi 250 años, y opondrá una resistencia de tan solo una década. Al final todo acabó con la misma celeridad que empezó.

Semana científica de la JIM


González Ferrín y la Semana Científica de la Junta Islámica de Melilla

Sobrevivir frente a un concepto dominante de la cultura o de la religión es muy difícil. Esto es lo que está ocurriendo con la Junta Islámica de Melilla (JIM), que ha celebrado en estos días su 1ª Semana Científica Islámica. Han realizado talleres de diversas materias como matemáticas, ingeniería, arquitectura, dirigidos a los niños/as. Sin distinciones. Dar a conocer las aportaciones de la cultura islámica a la Historia de la Humanidad es un intento loable, pero parece que va en contra de algunas de las tendencias dominantes en la ciudad. La JIM sobrevive solo con las aportaciones de sus socios/as. El precio a pagar por esta actitud independiente, es el apagón informativo, y la ausencia de reconocimiento oficial y probablemente de subvenciones.

El sábado 20 de noviembre, se produjo la clausura de las Jornadas en la capilla del Colegio de la Salle, y asistieron todas las consejeras socialistas, la Delegada del Gobierno, y la sola presencia del consejero Abderrahim Mohamed, por la parte cepemista del gobierno de coalición que rige los destinos de Melilla. En realidad es como si nada de esto hubiera existido, porque no hay fotografías ni noticias de lo sucedido. Nos recuerdan otros comportamientos de otros tiempos, cuando el melillense más insigne de todos los tiempos, Fernando Arrabal, era un proscrito para el gobierno anterior, aunque ahora lo reivindiquen.

El viernes se produjo una conferencia del profesor del departamento de Estudios Árabes de la Universidad de Sevilla, Emilio González Ferrín, y no hay una sola fotografía o noticia del acto, salvo una entrevista previa en el diario El Faro. Está claro que de lo que se trata aquí es de no mencionar ni hablar de la JIM. No conocemos el alcance ni el origen de las directrices. Además del profesor Ferrín, se encontraban la Consejera de Cultura en Ejercicio, Elena Fernández, y la anterior y amiga personal del autor de la novela El Túnel de Ezequías, y hoy diputada de la Asamblea Fadela Mohatar. Pese a la importancia de los nombres, no existe una sola fotografía. El problema quizá esté en que el islamólogo González Ferrín, vino invitado por la JIM.

Emilio González Ferrín: ¿el nuevo proscrito?

A González Ferrín se le acusa de ser un negacionista de la invasión musulmana de 711, por su libro Cuando Fuimos Árabes, publicado en 2018, y contestado duramente desde el mundo académico. En realidad dice que no solo hubo una «invasión», sino muchas, y por contingentes diferentes a lo largo de casi todo el siglo VIII. Pero, objeta el profesor Ferrín: «No se puede denominar musulmanes a los que ni siquiera se reconocían bajo ese nombre«, cuando en realidad es que en las crónicas, escritas con mucha posterioridad, algunas de siglos, se les denominaba de muy diversas maneras; sarracenos, agarenos, ismaelitas, caldeos o incluso árabes.

«Somos la última generación que utilizará el término invasión de modo científico», o incluso el de reconquista. Lo que sí califica claramente como «meme histórico» es todo lo relacionado con Pelayo, la escaramuza de Covadonga o la fundación del Reino de Asturias. Es una línea de investigación opuesta de modo frontal al arabista Serafín Fanjul, y a su amplia escuela de defensores de la invasión y del hundimiento de la Hispania visigoda, en lo que califican como la mayor involución política y cultural de la historia de España.

Eso sí, González Ferrín traza dos líneas rojas: la primera es que el islam actual nada tiene que ver con el esplendor de la civilización omeya y andalusí. Lo que se ha producido es una ideologización de la religión, a un lado y otro. Quizá también, esto lo añadimos desde El Alminar, a la apropiación de la cultura islámica por parte de la religión, en lo que constituyó una de las etapas más luminosas de la historia hispana, al menos hasta el hundimiento del califato de Córdoba. Al-Ándalus nos libró de las tinieblas feudales que se adueñaron de toda Europa.

Este parece ser el empeño de la Junta Islámica de Melilla, reivindicar la cultura y la ciencia. Las jornadas y la clausura, no dejó bellas imágenes de verdadera interculturalidad, como el estreno del Coro islámico de las Voces del Paraíso, dentro de una capilla cristiana. Además, en la clausura intervinieron el profesor de arquitectura de la Universidad de Granada José Manuel López Osorio, y la cardióloga Nasiba Abseselam Mohamed, que actualmente integra la plantilla del Hospital Comarcal.