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Torreones musulmanes hispanos


                           Entre Almería y Turégano

Enrique Delgado

         ¿Es Serafín Fanjul un arabista contra lo árabe?. Su libro “La quimera de al Ándalus”, escrito en Nijar en 2003, intenta romper la idealización del pasado musulmán hispano, del que tampoco suele tenerse una imagen clara. En cualquier caso es imposible resumir o sintetizar en una imagen única un periodo histórico de 781, ocho siglos. Su tesis principal, declarada en este libro, es negar que la invasión árabe de 711 modificara o dejara algún rastro identificable en el fenotipo hispano-romano, y sobre todo, que perviva herencia genética alguna.

         Para Fanjul, la entrada de los árabes en la legendaria fecha fue un una invasión en toda regla y un vuelco social y político de proporciones no conocidas has entonces. Esto es erróneo, pues fue mucho más cruenta la entrada de los romanos y el posterior proceso de romanización, que no solo duró 200 años, sino que además supuso el exterminio casi completo de grandes y diferenciados grupos étnicos ibéricos. La violencia de las legiones romanas sí es legendaria

           Los árabes, o los omeyas, con su ejército mayoritariamente bereber, se hicieron con la casi totalidad de la península en solo 3 años, y casi sin batallas que hayan dejado algún rastro histórico. Lo que sí es un mito o una quimera es Covadonga, en donde una escaramuza de exploración acabó convertida en batalla decisiva. Quien reivindique a Pelayo y la marca de La Reconquista hace sencillamente el ridículo. Las realidad es que los árabes nunca estuvieron interesados en el norte de España, ni en las tierras por encima de la línea del río Duero. Como ejemplo baste decir que la ciudad de León se mantuvo abandonada desde la caída de Roma en 476, hasta su ocupación incruenta en 856 por Ordoño I de Asturias. Los Reinos cristianos del Norte tardarían otro siglo en rebasar el Duero, y un siglo más en llegar hasta el Tajo en 1085.

      Si en el nombre de una potencia, el Califato de Bagdag, se ocupa una extensión de 600.000 kms² en solo 3 años y se asienta sin encontrar resistencia reseñable hasta casi 3 siglos después, en el final del siglo X, es que no ha existido oposición de ningún tipo. El Reino Visigodo estaba disuelto, carecía de ejército y estructura de Estado, y por eso nadie hizo frente a la invasión de 711. No existe la inversión social y política que Fanjul se esfuerza en poner de manifiesto.

                                   Torreones y murallas musulmanas hispanas

         Escrito todo lo anterior, hay que aclarar que en aquella época no existía el adjetivo islámico como definición política o religiosa. Tampoco había un término único que agrupara a la nueva población bereber y árabe asentada en Hispania. No se les conocía como musulmanes de modo conjunto. En la definición de los términos está empeñada desde hace años la profesora y arabista Luz Gómez García, porque todo debe significar lo mismo para todos, o no habrá manera de aclarar las cosas. Los “arabo-bereberes hispanos” nunca islamizaron ni lo pretendieron, los actuales sí.

          En cualquier caso, todo fue borrado tras la conquista final de 1492 y las “guerras moriscas” de 1500, 1567 y la definitiva expulsión de los moriscos españoles en 1609. No quedó nada de la lengua, cultura o religión de los hispanos de religión musulmana. Solo es posible buscar restos de torreones, de murallas, algún que otro alminar, como el de Bollullos de la Mitación, o alcazabas, como la de Trujillo y sus espléndidos aljibes, además de los monumentos más característicos y universalmente conocidos.

            Los libros de historia en Segovia, apenas dedican una decena de líneas a reflejar el periodo comprendido entre 712, fecha probable de la llegada de los árabes, y 1086, cuando la ciudad y provincia quedaron bajo el dominio cristiano. Por eso resultan sorprendentes los restos de la alcazaba califal de Turégano, no suficientemente reflejada y acreditada como tal.

            Los ejércitos andalusíes y califales tenías dos rutas principales de ascenso hacia el norte, según el historiador Fernando Aznar, una la de Mérida y la otra la de Toledo y Madrid. Al carecer de fuentes, debemos comparar estructuras. Las murallas de Turégano son califales. El tipo de construcción y la presencia del adarve (pasadizo interior) acreditan  su adscripción. Sin embargo, Turégano está muy cerca del Duero, la marca norte del territorio Andalusí, de ahí la importancia de esta alcazaba, su antigüedad y su gran perímetro.

 

 

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La ermita de Santa Fe de Mondujar


               Enrique Delgado 

     Una Real cédula de los Reyes Católicos estipulaba que las mezquitas aljamas o principales transformadas al culto católico, lo fuesen bajo la advocación de “La Encarnación”. Esto da una pista muy clara sobre cual fue el pasado de las actuales iglesias bajo esa denominación, en el territorio del antiguo Reino Nazarí de Granada, conquistado entre 1482 y 1492.

                 Sin embargo, a veces las cosas no están tan claras, porque los antiguos edificios musulmanes se fueron derruyendo o transformando para otro uso. Aparte, las sucesivas guerras de Las Alpujarras (siglos XV y XVII), acabaron con la mayor parte de los vestigios del pasado, con los archivos y casi con cualquier clase de documentación o resto de cualquier tipo. Quedaron los nombres y poco mas.

                  Santa Fe de Mondujar, Gádor y todo el valle del Andarax es un entorno mágico y de poderoso atractivo. Hay muchos restos de pasadas civilizaciones, como la de Los Millares. Santa Fe de Mondujar, el nombre se repetirá en Granada, tiene 429 habitantes según el censo del INE de 2017. La Guerra de las Alpujarras no dejó nada en pie.

                      Existe una pequeña ermita que tiene su origen en un pasado remoto y otra que fue concedida a la familia Almansa como panteón familiar. Finalmente quedó abandonada  tras ser restaurada. La otra ermita, a la entrada de la población, está puesta bajo la advocación de la Virgen del Carmen. En ella se sigue celebrando una romería anual, que llega hasta la propia ermita de reciente edificación, aunque de pasado brumoso.  Llevábamos mucho tiempo pendientes de escribir sobre ella, porque hay un detalle que llama mucho la atención, y es su cúpula o qubba, de clara raíz musulmana. A lo largo de los siglos, y con los añadidos posteriores, se mantuvo la cúpula, probablemente original.

                     En Almería hay muchos restos históricos pendientes de restaurar y mantener. Hay muchos convenientemente datados y clasificados, pero sobre esta pequeña ermita no existe demasiada información, y hay alguna hasta confusa. Sin embargo, este pequeña capilla, sobre la misma ribera del Andárax llama siempre la atención. Son municipios muy pequeños, de escaso presupuesto, que no pueden hacerse cargo de mantener y restaurar estas edificaciones, pese a su indudable importancia. La historia de ambas ermitas es reflejada con datos confusos

                          Visitamos el lugar por primera vez en 2011, y desde esa fecha ya hemos pasado por el lugar en otras dos ocasiones. En el año 2015 la cúpula da la capilla de los Almansa estaba parcialmente derruida y su pequeña y singular “qubba” ya se había hundido. Insistimos en la belleza del entorno, y en lo singular de esta capilla que merece ser restaurada, conservada y convenientemente datada. Por eso la damos a conocer al mundo.

                             Santa Fe de Mondujar tiene un torreón nazarí como atractivo histórico, y a 5 kilómetros en Gador, se encuentran los pocos restos del castillejo o antigua alcazaba musulmana. Los romanos ya tenían un asentamiento en la zona, porque es lugar de tránsito y de vigilancia.

           Nota:https://elalminardemelilla.com/2011/12/29/santuario-de-santa-fe-de-mondujar/

 

Santuario de Santa Fe de Mondujar


 

 

              La Alpujarra de Almería

           El municipio almeriense de Gádor es la puerta de La Alpujarra de Almería. Durante un siglo después desde la caída de Granada en 1497, la población morisca siguió habitando la zona, es verdad que cada vez en condiciones más difíciles. Tenían prohibido hablar la lengua árabe, leer o escribir libros en “algarabía”. Las mezquitas fueron derrumbadas. No podía vestir a la usanza tradicional de los moriscos. No podían practicar su fe musulmana ni siquiera en secreto, so pena de verse sometidos a La Inquisición o incluso ser desterrados al norte de África.

Las condiciones se fueron endureciendo con el paso de las décadas y así se sucedieron los levantamientos y “las guerras de Las Alpujarras”, en los siglos XVI y XVII, hasta el año 1610, fecha en la que se completó la derrota absoluta y el decreto de expulsión de la población morisca, que llevaba habitando estas tierras desde 900 años antes. Completa la expulsión se inició la puesta en marcha de un basto plan de “sustitución de población”. Nada quedo, salvo los elementos arquitectónicos y ciertos nombres, e incluso ciertas usanzas.

Vista esta fotografía, se pudiera pensar que está realizada en el Norte de Marruecos y que ese santuario es en realidad un morabito, sin embargo, es un santuario dedicado a la Virgen del Carmen y está ubicado en Santa Fe de Mondujar, que es la cabeza del partido judicial de la zona. No sería extraño, o incluso sería posible que se trate de la evolución de algún culto morabítico anterior, transformado al culto cristiano con posterioridad a la rendición del Reino nazarí de Granada.

Hay que pensar que todos los pueblos y localidades españolas cuyo nombre tiene o está compuesto por la rábida o la rábita, hacen referencia a cultos morabíticos de la etapa musulmana. Nada es lo que parece a primera vista, todo es susceptible siempre de ser visto bajo otro  prisma. Solo hay que tener los oídos y los ojos abiertos a otro tipo de sensaciones, pues todo está lleno de ecos mudos de un pasado diferente, al que el presente parece indicar.