Archivo de la etiqueta: Ricardo Crespo

Las novelas malditas


 

                                         Melilla, de Imán a Metropol

                 Melilla y sus tierras, fueron para varias generaciones de soldados de reemplazo, el Afganistán español, al igual que el territorio afgano fue el Vietnam ruso. En Vietnam, el ejército más poderoso del mundo, el de Estados Unidos, fue derrotado sin llegar a perder una batalla importante, al igual que sucediera con los soviéticos en Afganistán. Se habla de las Guerras de Marruecos, aunque también pudiera escribirse “las guerras de Melilla”. El equivalente al Barranco del Lobo marroquí es en Afganistán el túnel y desfiladero de Saalang. Estas experiencias colectivas de las naciones, generan un leyenda propia, que se incorpora a la cultura del país, ya sea mediante la literatura o las canciones.

                        Las novelas malditas serían aquellas en las que nadie se reconoce, ya sea de modo individual o colectivo, o en las que nadie quiere reconocerse, pese a su indudable valor histórico. El valor poético y mítico de las guerras de Melilla, no casan con lo reflejado en Imán de Ramón J. Sender. La advertencia de unos soldados a otros: “el sargento hoy barrunta vino”, es excelsa. ¿Cuántos muertos costaron las campañas marroquíes?. No hay cifras, pese a haber pasad0 ya más de un siglo, aunque pueden calcularse en unas 20.000. Las víctimas mortales del ejército estadounidense se cifran en 58.000, mientras que las del soviético se cifran en torno a las 15.000. La duración de los tres conflictos bélicos se sitúa entre los 10 y 20 años.

                     En la parte que nos toca, La forja de un rebelde de Arturo Barea, puede ser considerada como la mejor novela épica de las guerras de Marruecos. Lo que no es comprensible, pero sí explicable,  es que el aragonés Ramón J.Sender, no tenga nada dedicado en nuestra ciudad, pese a la probada solvencia de su obra, y a que lo que narra está escrito desde su propia experiencia en Melilla.

                        Una novela o libro maldito es aquel en el que nadie quiere reconocerse, o que describe una realidad no asumible. ¿Es Imán una novela maldita?. Posiblemente, aunque cabrían posicionamientos favorables y contrarios. En la que no creemos tener dudas es en Metropol, de Ramón Ayerra, la novela de los soldados de reemplazo en Melilla. La novela se centra en una cafetería que ya no existe, y de la que jamás existirá una placa que recuerde su emplazamiento, pese que marcó toda una época de la ciudad, y que además fue objeto de un atentado o intento del mismo. El otro libro que también entraría dentro de la categoría estudiada, es la recopilación de artículos de Ricardo Crespo, bajo el nombre de Melilla en el Aire. Hoy puede escribirse o incluso hablar de ellos, pero en su momento no. Ricardo Crespo fue el redactor del concepto de “melillismo”, de ese modo especial de vivir y desenvolverse políticamente en la ciudad, que hace que sus más acérrimos e intransigentes representantes, lleven ya décadas fuera de su perímetro de 12,5 kms². Es lo que en el argot de los melillenses que sí residen en la ciudad, hasta el último de sus días, llaman hacer “buchaca”.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2014/12/23/el-barranco-del-lobo/

Anuncios

El disputado premio del Sr. Margallo


                   Las razones de un reconocimiento honorífico

             Las razones para otorgar el título de Hijo Adoptivo de Melilla al Ministro García Margallo en 2012, son exactamente las mismas que para no haberlo hecho desde 1982, fecha en la que dejó de ser diputado de UCD (Unión de Centro Democrático) por Melilla, tras las elecciones de octubre de 1982, ganadas por los socilistas de Felipe González. No voy yo a cuestionar las capacidades o méritos del Ministro Margallo, ni a señalar defecto alguno. Vamos solo a enfrentar los hechos a la historia.

    Premiarlo ahora y decir que ha sido el mejor diputado por Melilla de toda la historia y que su decicación a Melilla ha sido permanente, es simplemente reescribir la historia. Lo que decía Alianza Popular (matriz del Partido Popular)  en 1982 era justamente lo contrario: “El señor García Margallo, persona inteligente donde las haya, de filiación melillense desconocida, experto nadador de las innumerables crisis de la UCD……El señor Margallo, que con poca frecuencia nos visita..”. La carta, que es una réplica a una previa entrevista del diputado Margallo, y que califica su gestión por la ciudad como nula, fue publicada en El Telegrama de Melilla el 13 de agosto de 1982.

                 La reforma del Código Civil en materia de nacionalidades

           El 28 de abril de 1982 una nota del Congreso de Los Diputados informaba de que se había aprobado una reforma del Código Civil, en materia de nacionalidades, que tendría gran incidencia para Melilla. En realidad supuso el bloqueo del acceso a la nacionalidad española por parte de los musulmanes residentes en Melilla. Este hecho desencadenará a finales de 1985 el movimiento de los rifeños melillenses por sus derechos civiles y el estallido social de 1986*. Será un problema que tendrá que arreglar el PSOE, con los diputados elegido ese año (José Luis Estrada, Julio Bassets y Miguel Angel Roldán. Los que sustituyeron a la UCD de Margallo.

             Es verdad también que nadie supo prever las consecuencias de esa reforma llamada ya para siempre como “la reforma Margallo”. En los días previos y posteriores, desde las formaciones políticas existentes, nadie hizo el más mínimo comentario. Solo el periodista Ricardo Crespo, desde una columna llamada El Alminar, intentó hacer un bosquejo de las posibles consecuencias de la reforma y de las obligaciones a las que debía atender. Ricardo Crespo publicaría posteriormente un libro titulado “Melilla en el aire”, y acabó sus días en la ciudad con fama de maldito y anti melillense. La Melilla de 1982 era muy dura, nacionalista y muy intolerante. Alianza Popular era por entonces derecha extrema y la moderación política corría a cargo de UCD. Los rifeños melillenses solo eran percibidos entonces como quinta columnistas, como el enemigo alojado dentro del caballo de Troya. La expresión de la época, acuñada o recogida por el Cronista Mir Berlanga era la de: ” La marcha de la tortuga”.

                  El fin de UCD y la separación de los tres parlamentarios

       UCD estalló, en ella se quedaron el diputado García Margallo y en esa formación acabó sus días. Fue leal hasta el final a la formación política ucedista, desde la que se pilotó la llamada Transición política. El otro senador leal fue el doctor Juan Ríos, que permaneció fiel al que fuera el alma mater de La Transición, Adolfo Suárez, uno de los políticos a los que más le debe España. El doctor Juan Ríos se fue con el CDS (Centro Democrático y Social) de Adolfo suárez y desapareció políticamente con él. El buen alcalde Rafael Ginel Cañamaque decidió no presentarse a las elecciones y al año siguiente entregaría el testigo de la Alcaldia de Melilla al socialista Gonzalo Hernández.

                                   Premiar sin ofender nadie

           Se puede premiar a quien se quiera y siempre habrá quien acepte esas razones y quien no. Hacerlo diciendo que “estos fueron los mejores de todos”, incluyendo a quien hace la entrega del premio, supone un cierto agravio gratuíto a todos los representantes políticos que ha tenido Melilla. Mas acertado uno y menos acertados otros. En cualquier caso, sus “enemigos” de AP destacaban siempre su gran inteligencia política.

                                      Mi mundo en 1982

                   En marzo de 1982 yo había concluido mis 20 meses de servicio militar, pasando a la reserva como cabo 1º de Infantería. Dos meses más tarde y tras acudir al grupo ecologista CEDENA (Colectivo Ecologista para la Defensa de la Naturaleza), embrión de cualquier grupo ecologista de Melilla. En octubre de ese año, fuí candidato al Senado por un una formación política de ideología trotskita, el partido Socialista de los Trabajadores. Nos retiramos  para no restar votos a la candidatura del PSOE.

        Nota: * La Ley de Extranjería en 1985, de Fernando Belmonte. Edición del Instituto de Las Culturas de Melilla.