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La leyenda de la estatua del intocable


                     Historia de la última estatua de Franco de España           

      En noviembre del año 2000, el Grupo de Grafiti Antifranquista, pintaba la estatua de Franco, situada entonces en su emplazamiento original, enfrente de la puerta de La Marina. El comandante Franco había permanecido inerme y olvidado durnate dos décadas, desde que la estatua descendiera del cielo en 1979 y se asentara sobre su pedestal. Melilla quedó sorpendida y sobrecogida, incluso el gobierno de entonces dijo que iba a preparar un plan sobre monumentos franquista, para ver cuáles se retiraban y cuáles se desplazaban de su ubicación. Esto sucedió elo 16 de noviembre en Melilla y una semana después, 22/11/2000, Franco transmutaba de color cual cameleón, y en El Ferrol pasaba del malva al rosa. Madrid pintaba su estatua de color rojo intenso y el debate nacional sobre la presencia estatuaria de Franco en sus calles estaba iniciado. Melilla había sido la primera, que no la adelantada en esta “ola” reivindicativa nacional.

             El 23 de febrero, el entonces dirigente ugetista Dionisio Muñoz, protagoniza su acción más sonada y emblemática.  Ante toda la prensa de Melilla, o sea, con luz y taquígrafos, pinta por completo de color rosa la efigie del dictador, en escalafón de comandante. La perplejidad de Melilla es absoluta, tanto que el propio Presidente de La Ciudad, Juan José Imbroda, afirmó sentirse anonadado por lo sucedido con la estatua de Franco. Observen, en la fotografía del diario Sur, la amenazante mirada con la que el dictador mira al dirigente ugetista, empequeñecido ante la pavorosa efigie, y al que parece que va a abatir de un momento a otro, como en las leyendas de Gustavo Adolfo Becquer. Es una estatua que da miedo por su tamaño y sobre todo por la cercanía con la que está colocada. No hay rejas ni fosos que la protejan o que nos defienda de ella, y a la que  cualquiera puede acercarse.

                 Un intenso debate se produce en la ciudad, que se vuelva dividir entre abolicionistas y proteccionistas. Franco sigue dando miedo en la ciudad, en donde existe una vieja leyenda urbana que dice que: “El que toque a Franco en Melilla, pierde las elecciones”. Pese a toda la belicosidad de los franquistas,  y las denuncia judiciales contra los miembros del Colectivo Ciudadano para la Supresión de los Símbolos Franquistas, se gana la batalla mediática, y caerán monumentos y escudos emblemáticos del franquismo, como el  de los Alféreces Provisionales y las placas de bronce de La Comandancia.

                              El  PSOE lo intentó en 1991

         Es quizá una historia olvidada que interesa ahora recordar, pues origina la leyenda de la que hemos habalado antes. El entonces 1er Tte. de Alcalde Román Dobaños Mourín, del partito socialista,  intentó retirar la estatua de Franco en 1991 y para ello construyó un basamento igual frente al acuartelamiento de La Legión, lo que originó el inmediato ruido de sables. El proyecto contó con la firme oposición del bunker franquista, en realidad siempre se han opuesto, y forzó al Ayuntamiento socialista de Gonzalo Hernández a retirar el proyecto de traslado de la estatua. El lugar en el que iba colocarse la rertirada estatua del comandante, fue ocupada en 1993 por otra, que representa a un legionario entregando un anfora a una niña, en una metáfora de la protección que La Legión ha otorgado a la ciudad.

                  El PSOE perdió sorpresivamente las elecciones municipales de ese año, que ganó el PP de Ignacio Velázquez, por 12 concejales frente a los once socialistas. El Partido Nacionalista Español de Melilla sacó dos concejales. En ese punto arranca la leyenda que todos temen en la ciudad.

            El Consejero Rafael Marín también intentó retirar a Franco

     En el año 2005,  el entonces Consejero de Fomento de Melilla Rafael Marín intentó una retirara subrepticia de la incómoda estatua. El bunker reaccionó de modo fulminante y alertaron a sus bases. Cual oriflama, volvieron a hacer ondear el mito de la leyenda franquista y el intrépido Consejero hubo de buscar un rápido y escondido emplazamiento para la amenazante estatua. No lo volvió a intentar jamás. Escribí un artículo que todavía puede encontrarse en internet: “La estatua errante de Francisco Franco”. Desde entonces, la gente pasa por allí pero nadie se atreve a mirarla a los ojos. Es como una esfinge malévola, que enciende su mirada y fulmina a quien se atreva a moverla de su sitio.

Nota: http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/217168/index.php