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La imagen del Cristo de Mena


 

           Mena es Málaga y Málaga es Mena. Málaga es muchas más cosas, y Mena no es solo su Cristo. Me gusta ver la cosas antes de que se conviertan en un espectáculo de masas, antes de su multitudinaria exposición pública. Ver al Cristo de Mena un Jueves Santo es un espectáculo único, pero no es fácil, o se ve a gran distancia, o en condiciones difíciles. La organización de los desfiles procesionales malagueños es muy eficaz, pero hay mucha gente y la visión de las imágenes y sus tronos se torna complicada y muy cansada.  El fin de semana previo a la Semana Santa es el de “los traslados”, o el de los “viacrucis” durante los cuales, los cofrades sacan las imágenes de las parroquias para trasladarlos a las Casas de Hermandad, que es donde están los tronos, que son el punto de origen de cada procesión, o los procesionan por los alrededores.

                           Hay un momento, el sábado de pasión, en el que los hermanos y hermanas de la Cofradía de Mena, portan la imagen del Cristo que realizara Palma Burgos en 1941,  para cubrir el hueco de la insustituible imagen original de Pedro de Mena, la que ardió en mayo de 1931.  Apenas un centenar de personas cubren el pequeño rizo que realizan en paralelo al puente de La Esperanza, rodeando la Casa de Hermandad de la Virgen de igual nombre. Son cien personas, poco más de público y una discreta escolta de La Legión, protectora del Cristo de Mena, desde su fundación en 1921.

                             Hay veces que uno busca el encuentro con las imágenes, y otras en las que éstas vienen a tu encuentro, sin más preparación que la propia sorpresa. Sin pensarlo, sin preparación previa, el legendario Cristo de Palma Burgos, aparece frente a tus ojos sin exorno alguno, sin el aroma del incienso, sin el aditamento de la música. Se muestra la imagen desnuda, tal cual la concibiera el artista, transmitiendo lo mismo que el artista quiso proyectar en ella.

                                   La sorpresa fue absoluta. Pocas veces se puede ver una talla tan representativa a un palmo de distancia, casi hasta tocarla con los dedos, al alcance de la vista, en su esplendoroso acabado. Francisco Palmar Burgos fue el último que vio la talla de Pedro de Mena en mayo de 1931, antes de acabar convertida en brasas ardientes. Fue él quien rescató la pierna de la insustituible efigie y que hoy se muestra en el Museo de La Cofradía. Palma Burgos realizó una imagen sufriente de Cristo, que pese al parecido con la original, se diferencia en algo sustancial. La imagen del artista barroco Pedro de Mena reflejaba la placidez de la muerte, mientras que la del contemporáneo Palma  muestra la angustia por haberla visto arder y convertirse en ceniza. Ese dolor de Palma Burgos se proyectó sobre el rostro del Cristo que tallara en la década de 1940. Es una representación de Cristo ya muerto, pero en la que el rastro del sufrimiento no ha llegado a desaparecer del rostro.

                                  Hace ya tiempo que fui a Málaga a conocer la venerada imagen del Cristo de Mena. Esta vez ha sido al contrario. Este Viacrucis de hoy un acto casi anónimo y desconocido. Es un acto de fe, casi en completo silencio, al amparo de la oscuridad. En no mucho tiempo esto cambiará totalmente. Me hablaron de esta imagen, y de su historia mucho antes de que pudiese verlas. Escribí sobre ellas antes incluso de haberlas visto. Tenía la intención de ir a ver a Mena, pero no era aquello que fui a buscar y que sí encontré. Sin embargo,  ha sido este inesperado encuentro, el que lo ha cambiado todo. También suele ocurrir con muchas otras cosas.

                  Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/02/05/santo-domingo-malaga-mena/