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Consideraciones sobre el entierro de Sanjurjo


                           

               El general Sanjurjo, bilaureado, dos veces golpista y dos veces enterrado

     La Comandancia General de Melilla está tan noqueada, que ha tenido que ser la Jefatura  del Estado Mayor del Ejército la que haya salido a desbloquear la situación, y reconocer, solo en parte, un enterramiento  que pretendieron ser mantenido en secreto. Para no dejar demasiado desairada a la Comandancia melillense, han tenido que faltar a la verdad de los hechos, desvelados desde su propio bando (el boletín carlista y tradicionalista Siempre P´alante). Las Fuerzas Armadas, muy a nuestro pesar, siguen siendo incapaces de situarse del lado de la sociedad civil, que es de la que se nutren sus filas, y a la que deben servir en todo momento. Mientras tanto siguen sin reconocer y homenajear a esa otra parte del Ejército, que sí permaneció leal a su Gobierno, nos referimos al Ejército Popular de La República, con militares muy dignos y de gran valía profesional.

        El comunicado del JEME (Jefe del Estado Mayor del Ejército) es un comunicado de mínimos, porque se les ha pillado “cambiando al muerto de sitio”. Si no era un acto secreto, que sí lo era, hubiesen pasado una nota de prensa desde la COMGEMEL (Comandancia General de Melilla) al día siguiente de haberse inhumado los restos mortales de José Sanjurjo, el bilaureado y doble golpista general.

         Dice la nota de prensa que se le entierra en Melilla, en el Panteón de Héroes de Regulares, atendiendo a su condición de Comandante General de la Ciudad. Aquí vuelve a fallar el JEME, porque a muy escasos metros, sin honor ninguno, sin reconocimiento de su rango, ni del motivo de su fallecimiento, se encuentra la destartalada lápida del Comandante General de Melilla por dos veces, doblemente leal, ejemplo de dignidad y valor Manuel Romerales Quintero, al que la Comandancia General de la ciudad, debería haber homenajeado y reconocido los honores debidos hace ya mucho tiempo.

             Al enterrar a Sanjurjo con los honores propios de su rango, las fotografías hoy divulgadas confirman lo escrito por el boletín tradicionalista, mientras que Manuel Romerales Quintero, también Comandante General de la ciudad sigue sin ninguno; se crea un agravio y una ofensa que no alcanzan a comprender, para con los militares que permanecieron leales a su gobierno. Dice también la nota del JEME que se le ha enterrado en el Panteón de Héroes de Regulares, al igual que puede hacerlo cualquier militar de Regulares:o. Por eso preguntamos: ¿Si los familiares de Luis Casado Escudero, capitán de Regulares, lo pidieran le enterrarían en él?.

          Luis Casado Escudero fue capitán de Regulares, único oficial superviviente de la posición de Igueriben en 1921, y ejecutado por los golpistas en julio de 1936. ¿Sería capaz el Ministerio de Defensa de abrir el osario militar y de buscar y de identificar sus restos, así como los del comandante de Aviación Virgilio Leret Ruiz. Cuando hagan estas cosas volveremos a creerles, mientras tanto no.

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Melilla, el diecisiete a las 16


Vidas imperfectas, de Santos Calleja, modifica el inicio de la Guerra Civil en Melilla

          Santos Calleja es un maestro y escritor palentino afincado en Melilla que ya ha publicado varios novelas, de una de ella ya hemos dado cuenta en El Alminar. El pasado mes de abril presentó “Vidas imperfectas”, el relato  de las vivencias de Cayo Aguilar, un labrador adinerado de un pueblo desaparecido de Castilla, Valdeno del Charcal.

     Al llegar al tramo final de su vida, el señor Cayo necesita revelar una parte de su vida, manteniendo el silencio sobre el resto. Para ello escogerá a un muchacho de diferente posición social y gran diferencia de edad, al que revelará los secretos de su estancia en Melilla, como soldado fusilero del Regimiento de Cazadores de Ceuta nº 7. A sus confesiones acompañará un “Diario de Campaña” ( que existe en realidad), y que donará a su joven confesor como legado.

        Santos Calleja escoge un formato clásico para su novela, pero es que se trata de un escritor costumbrista que forja sus historias en el duro paisaje y clima castellano, crisol de espíritus,  templador de ánimos y agostador de vidas. Son personajes y situaciones muy reales, narrados con una gran riqueza de vocabulario, pero sin concesiones a la galería.

                                El inicio del Golpe de Estado de 1936

          Las Fuerzas de Regulares, acantonadas en Nador debieron salir de su acuartelamiento a las cuatro de la tarde, para empezar a ocupar la ciudad de Melilla una hora después, las 17 horas del día  17, como dejara escrito Carlos Seco Serrano, hijo de Edmundo Seco, comandante leal al General Romerales. Algo retrasa su avance a Melilla, y es la Base de Hidroaviones del Atalayón, a cuyo frente se encuentra el Capitán de Aviación Virgilio Leret. El relato del fusilero Cayo Aguilar narra por primera vez lo que sucede allí dentro.

                         Leret, el primer defensor de La República

    Lo que sigue es el relato verbal de Cayo Aguilar en el texto de Santos Calleja. Virgilio Leret, comandante de La Base, impide el acceso a la misma de las fuerzas de Regulares.

                 —    El Jefe del Escuadrón, con un megáfono se le conmina a rendirse:

               — El General Romerales se ha rendido sin oponer resistencia. Todos los oficiales han declarado el estado de Guerra. Deber ponerte a las órdenes del Tte. Coronel Seguí, jefe de las fuerzas de Falange.

                 –No puedo ir contra el poder legalmente constituido. Estoy enterado de lo sucedido en la ciudad, pero esta Base no se unirá a los sublevados. No formaremos parte de la tropelía. ¡ Viva La República ! – gritó impasible Virgilio Leret.

                — Eres el único responsable de estos actos y de lo que suceda de ahora en adelante.

                  — Daré mi vida antes de caer en el deshonor. La deslealtad no forma parte de mí.

                 —  Los pocos soldados que guarnecían la Base adoraban al Capitán Virgilio por su sencillez, trato afable, dotes de mando, liderazgo. Todos siguieron su ejemplo sin necesidad de arengarlos. Un intenso tiroteo se inició de inmediato, esto provocó las primeras bajas entre los atacantes, pero la exigua guarnición y los escasos medios solo les permitieron resistir unas pocas horas. Máxime cuando un Tabor de Regulares rifeños, al mando del comandante Mohamed Ben Mizzian, interrumpió su marcha hacia Melilla para participar en el asalto.

               — Esa misma noche, diecisiete de julio de 1936, el capitán Leret y dos alféreces a sus órdenes fueron ejecutados, después de haber sido probablemente torturados.

           Este es el dialogo recreado por Santos Calleja, según el relato del labrador Cayo Aguilar, que aporta un testimonio muy novedoso. El resto de los soldados, tanto los pertenecientes a la Base, como otros que estuvieran allí de servicio, debieron permanecer confinados en un hangar. Allí es donde los desolados soldados recibieron la noticia de boca de uno que acababa de incorporarse al grupo: – Acaban de asesinar al capitán Leret. Todos contemplaron abatidos el cadáver de su jefe, en señal de consideración. Petrificados por el dolor, de sus labios apenas salieron unas palabras entrecortadas y heladoras de sentimientos. Cayo Aguilar partió de Melilla en diciembre de 1936 con su regimiento de Cazadores de Ceuta. Ahí se inicia su relato escrito sobre su participación en la Guerra Civil con los sublevados, bando con el que no comulgaba en ideología.

              Tenemos aquí pues el testimonio directo que habla del primer defensor de La República, Virgilio Leret. El héroe no reconocido en el reducto franquista de Melilla. Leret no cedió el mando de su base, no fue sometido a la indignidad y la farsa de un Consejo de Guerra, como el general Romerales, el comandante Edmundo Seco, Pablo Ferrer Madariaga, o el capitán  José Rotger Canals.

                  Virgilio Leret fue asesinado en esa misma noche, como siempre ha defendido su hija Carlota. No hubo farsa de juicio ni reconstrucción posterior de los hechos.

   Nota: https://elalminardemelilla.com/2014/04/06/el-maestro-de-ruiponce/

Historia de tres aviadores en Melilla


 

Virgilio Leret, García Morato y Castaño de Meneses

    Esta es la historia de tres aviadores que en su día, y en algún momento de sus vidas, tuvieron relación con Melilla. No vamos a volver a relatar las biografías porque son de sobra conocidos, al menos los dos primeros. El último, Castaño de Meneses, era un absoluto desconocido, salvo en círculos muy específicos, en la historia de la ciudad. Uno era un “héroe de la aviación franquista”, García Morato Castaño, otro era un militar republicano y leal hasta la muerte, con el gobierno al que juró defender, Virgilio Leret Ruíz. El tercero, Castaño de Meneses,  nació en 1929 en Castellón de La Plana, residía en 1936 en Melilla, cuando su padre, también militar, quedó comprometido con el Alzamiento Nacional.

       Joaquín García Morato era nacido en Melilla, pero murió en Madrid el 4 de abril de 1939, en las inmediaciones del aeródromo de Griñón, rodando una película para la Legión Condor. Es a todos los efectos considerado como un malagueño de adopción, ciudad en la que se casó con una mujer perteneciente a una de las familias de más renombre de Málaga, Carmen Gálvez.  A la familia de García Morato se le concedió el marquesado del Jarama. En Melilla sigue contando con una avenida, y una placa en su casa natal, en la calle Vara de Rey.

          Castaño de Meneses nació en Castellón en 1929  y murió en Madrid en 1982. Además de ser campeón del mundo de Acrobacia Aérea, se destaca en su biografía que participó en abril de 1959, en el desfile de La Victoria de ese año, en una escuadra compuesta por 100 aviones a reacción. Ahora, se conmemora su figura en nuestra ciudad con una estatua casi ciclópea, en la plaza de La Aviación Española. Sin desmerecer ni juzgar biografía alguna, no se han explicado los motivos para homenajear a este aviador, fallecido hace mas de tres décadas y cuya vinculación con la ciudad no pasa de ser circunstancial, pues en 1945 ya se encontraba con su familia en Ceuta, tras pasar antes por Cádiz y Guadalajara. Debe quedar claro que tampoco pensamos que la familia tenga nada que ver con este homenaje. Para ellos es su familiar y poco mas debe decirse. Las claves y las intenciones hay que buscarlas en otro lugar.

        Virgilio Leret Ruiz, aviador , Comandante Jefe de la Base de Hidros del Atalayón, primer militar republicano que hizo frente a los sublevados, y que fue fusilado en la madrugada del 18 de julio de 1936, es el único de los mencionados que está enterrado en Melilla, aunque en una fosa común y anónima. Pese a la importancia de su figura y la calidad de su ejemplo, sigue sin recibir el más mínimo homenaje en la ciudad en la que reposa desde el inicio de La Guerra Civil.

      La explicación de esto no resulta sencilla, salvo que achaquemos estos actos al franquismo residual en España, muy reducido pero muy compacto. La revista Ares, de Militaria de la España de Franco (como se define a sí misma), dedicó un reportaje espacial a García Morato en su número 38. En ningún lugar se mencionaba su condición natal de melillense. En cuanto al aviador Castaño de Meneses, se puede resaltar o no, en su biografía, los aspectos tangenciales de su estancia y vivencias en la ciudad. Por lo que respecta a Virgilio Leret, es imposible escribir o hablar de él, sin mencionar que está enterrado en nuestra ciudad. De todos, es el que siempre estará vinculado a Melilla, aunque se le sigan negando los homenajes.

Nota:

http://www.ejercitodelaire.mde.es/ea/pag?idDoc=ABE97277F81A697CC1257AFA004BFD35&idRef=3C918196A0133D0EC1257B2400521E1F

Leret, el defensor del Atalayón


 

                             El 17 de julio en El Atalayón

        El comandante de Aviación Virgilio Leret estaba al tanto de lo que se traían entre manos los militares conspiradores. La Legión estaba en Tauima y Los Regulares en Nador. Desde su privilegiada posición en el Atalayón podía observar los movimientos de unos y de otros. Por ese motivo le comunica, como militar leal, al Comandante General de Melilla Manuel Romerales Quintero, lo que se está preparando en contra de La República. Como respuesta solo recibirá una comunicación de arresto por saltarse el conducto reglamentario. Su movimiento fue probablemente detectado por los conspiradores, por eso, en sus planes de la sublevación, incluyeron la Base de Hidroaviones como uno de las objetivos a reducir y asaltar. Las fuentes escritas franquistas aportan una clara información al respecto. El Teniente coronel Emperador debía ocupar el aeródromo de Tauima, y el capitán Corbalán la Base de Hidros del Atalayón.

         Cuando en la tarde del 17 de julio de 1936 las fuerzas de Regulares salen de su acuartelamiento de Nador, el comandante Leret ya tiene dispuesta la defensa de su base, que resulta simbólica, porque las fuerzas desplegadas para su conquista son enormemente superiores. El ataque se inicia a las  17h 45´y concluye a las 18h 30.

    ¿Les aplicaron la legislación de guerra, fue detenido y ejecutado en la mañana del 18 de julio?. Es de suponer que sí, entre otras cosas porque no existe hasta la fecha, su expediente de consejo de guerra sumarísimo. Testimonios posteriores de soldados de La Base, confirman que fue fusilado junto con su dos alféreces Luis Calvo y Pedro del Pozo.

      Virgilio Leret es el primer militar en defender con las armas a La República. En ese mismo momento, sin saberlo, el general Manuel Romerales, y los comandantes Edmundo Seco, Pablo Ferrer Madariaga y José Rotger Canals, estaban siendo detenidos en el despacho de mando de la Comandancia General de Melilla. Virgilio Leret, para su desgracia, abrirá otra lista, la de los represaliados, en la madrugada del 18 de julio de 1936.

          ¿Quién fue el responsable de esa ejecución sin legalidad alguna?. Es de suponer que todo le estaba siendo comunicado al coronel Solans Lavedán, ya al frente de la Comandancia melillense, por lo que la autorización de la ejecución solo pudo venir de su mano.

      Esto es historia y algún día será contada como merece, cuando intentos revisionistas como el del periodista Miguel Platón pasen al completo olvido.

               El motor de reacción continua de Leret

       Virgilio Leret estaba entregado a su profesión, a su familia y también a la investigación, como ingeniero mecánico electricista. Estos estudios los llevará a cabo entre 1924 y 1929.  Como proyecto personal diseña y patenta el mototurbocompresor de reacción continua, que finaliza en octubre de 1929 y del que consigue la patente en 1935. De haber podido proseguir su vida con normalidad, probablemente su motor se habría convertido en una realidad en el Ejército del Aire de España. La sublevación del Ejército de África en 1936 lo cambiará todo. El proyecto quedará guardado en una maleta, junto con sus efectos personales y que encontrará su esposa, la escritora Carlota O´Neill en 1940, tras salir de la prisión melillense de Victoria Grande. Todo esto lo explica en la novela titulada “Los muertos también hablan”, que es una continuación de “Una mujer en la guerra de España”.

        La viuda del comandante Leret, depositará los planos en la Embajada Británica de Madrid, para que Fuerzas Aliadas en la II Guerra Mundial, pudieran hacerse con una información que les pudiera ser útil. La realidad era que los únicos que estaban intentando desarrollar motores a reacción eran los nazis. Los motores del inglés  Whittle y del alemán von  Ohain, fueron coetáneos  con el de Leret. La Alemania nazi supo ver claramente la potencialidad de un motor así y de hecho, el primer vuelo a reacción se llevó a cabo con el III Reich, en agosto de 1939.

                       Carlota Leret O´Neill

           El militar, el ingeniero, el inventor Leret, son ya parte de la historia, de una historia cada vez más conocida, por la labor incansable que desde el año 2000 está llevando a cabo su hija Carlota, que ha removido cielo y tierra desde entonces. Ha conseguido que el Ejército del Aire español reconozca la figura de su padre, cuya llama mantuvo siempre encendida su esposa Carlota O´Neill en sus conocidos libros sobre el inicio de La Guerra Civil en Melilla. Los duros años de cárcel no la doblegaron, al igual que nada detiene a su hija, de igual nombre,  en la ardua labor de levantar la memoria de su padre. El franquismo no solo condenó a muerte a Leret, como a tantos otros, sino que además intentó sepultar para siempre cualquier rastro de su memoria.

             Carlota Leret ha viajado en innumerables ocasiones a nuestra ciudad, en donde presentó una reedición de Una mujer en la Guerra de España. También se ha publicado una biografía sobre su padre, una novela inspirada en sus progenitores e incluso una edición sobre la obra literaria de Carlota O´Neill. En 2002 la revista Aeroplano dedicó, en su número 20, un extenso artículo acerca de la biografía de Leret, con especial atención a su mototurbocompresor.

              También ha participado en la edición de un documental de Euskal Telebista sobre el comandante Leret, titulado El Caballero de Azul. Su último logro, es una exposición permanente en el Museo del Aire, con una maqueta del motor que inventara y patentara su padre. Todo esto coloca ya a Virgilio en una altura, en la que sin duda merecía estar desde hace mucho tiempo, pero todo esto es solo el empeño de su hija, porque la realidad oficial sigue siendo cicatera con un militar de carrera brillante y sin tacha, lo que no pueden decir muchos de los que triunfaron con la sublevación, y pese a lo cual, están ahítos de honores y reconocimientos, la mayor parte inmerecidos.

                                    La última cuestión

        ¿Dónde está enterrado Virgilio, dónde están sus restos mortales?. He estado varias veces con Carlota Leret en el cementerio de Melilla, en el osario militar en el que dicen que enterraron sus restos: “para que no fuesen encontrados jamás”, como se anotó en el oficio que ordenaba su entierro en la fosa común. Todo esto que Carlota ha conseguido, no sería comparable a la posibilidad de poder localizar e identificar sus restos.

     Lo escribo porque he visto a su hija pasar la mano por encima de la losa del osario y por encima del tubo de ventilación que existía hace unos años al lado del mismo. No hay nada nada que desee más, que poder dar a su padre un lugar en el que reposar con su propio nombre.

       Buscar sus restos, abrir ese osario, debería ser un objetivo del Ministerio de Defensa en Melilla y quizá con ello se podría dar nombre a otros muchos, que siguen allí sepultados en el absoluto anonimato y olvido. Es una situación absolutamente vergonzosa. Los homenajes del 21 de julio y del 2 de noviembre, de nada valen, sino se abre esa fosa, se intenta identificar los restos y se iguala a todos en la memoria, con una placa sobre ese osario sin nombre.

El último instante del Comandante Virgilio Leret


                                          Carlota Leret O´Neill         

Para el inicio de la Guerra Civil española, los sublevados eligieron Marruecos como punto de partida, pues allí estaban acantonadas el mayor número de unidades militares partidarias de los facciosos. La única Unidad de todo Marruecos que se resistió a los alzados fue la Base de Hidroaviones de El Atalayón. Las instrucciones que llevaban los sublevados eran las de sembrar el terror y eliminar a los que no pensaran como ellos.

El día 17 de julio de 1936, a las 5 de la tarde, el capitán Virgilio Leret Ruiz era el Jefe de las Fuerzas Aéreas de la Circunscripción Oriental de Marruecos. A él le correspondió comandar la defensa de la Base, en lo que fue la primera batalla de la Guerra Civil; ese fue el primer enfrentamiento que tuvieron los sublevados con una fuerza militar organizada. Después de tres horas de lucha, cuando a los aviadores se les terminaron las municiones, tuvieron que rendirse.

Virgilio Leret Ruiz había nacido en Pamplona, el 23 de agosto de 1902, en donde pasó su niñez y adolescencia; era navarro y se sentía navarro. Inició su carrera militar a los 15 años; se graduó de piloto civil y militar, y desarrolló un invento que lo convertiría en uno de los pioneros de los motores a reacción. Los sublevados, comenzando por Mola, conocían la trayectoria del Capitán Leret, que ya había dado pruebas de su lealtad a la República, y dictaron su sentencia de muerte mucho antes del golpe. No lo mataron por su resistencia en El Atalayón, sino por sus convicciones republicanas. Los jefes militares que tomaron la Base del Atalayón no tuvieron dudas ni necesitaron consultar con sus superiores; el Capitán Leret debía ser eliminado, para sembrar el pánico entre su gente y el resto de las guarniciones.

Era la media noche, y el lugar elegido fue la cancha que estaba situada detrás del Casino de oficiales. Todos los suboficiales y soldados de aviación desarmados fueron colocados rodeando ese espacio; detrás de ellos se situaron las tropas moras, con sus fusiles. Llegó el pelotón que tenía que quitarle la vida. ¡Qué impresión! ¡Eran sus soldados! Todos jóvenes de entre 17 y 20 años, pálidos, temblorosos, comandados por un suboficial para llevar a cabo el fusilamiento. El acto tenía que ser ejemplarizante; quienes lo fusilaran debían ser sus propios soldados, que tanto lo respetaban y querían.

A unos doscientos metros, en una pequeña draga anclada en la mar, se encontraban su mujer y sus dos hijas, sin imaginar el inminente asesinato de su ser querido.

Apareció el Capitán Leret, con porte distinguido y a paso firme; tenía un codo herido; su mono blanco de piloto estaba desgarrado y manchado de sangre. Lentamente se acercó a la tapia que era su lugar de destino; se dio la vuelta y se puso frente a sus hombres, que estarían a unos veinte pasos de distancia. No tenía miedo a la muerte; era su amiga; la había conocido en la guerra de África y en los accidentes aéreos que había tenido. Giró su cabeza hacia la izquierda, tratando de enviar un mensaje de amor y despedida a las tres mujeres que iba a dejar desamparadas. Levantó la cabeza y miró hacia el cielo, su espacio favorito, que había surcado tantas veces. Pronto iba a amanecer, y el enorme disco rojo lo saludaría por última vez.

El momento supremo del tránsito de la vida a la muerte se acercaba. Se escucharon las voces de mando: ¡En revista! ¡Cuatro pasos al frente! ¡Carguen! ¡Apunten!

La voz de Virgilio Leret se adelantó y gritó a sus hombres: ¡Viva la República! ¡Fuego!

Sonaron los disparos, y su cuerpo se desplomo en aquella tierra africana. El alférez que comandaba el pelotón, mientras se acercaba para darle el tiro de gracia, le decía: ¡Yo no te mato! ¡Son ellos!

Su cadáver fue arrastrado y montado en un camión, que partió hacia un lugar desconocido. Lo habían conseguido, físicamente desaparecieron su cadáver y también eliminaron la memoria de su existencia y su heroísmo.

Caracas, febrero de 2013

                        

Carlota Leret O´Neill


              La imborrable estela de Virgilio Leret

            Carlota O¨Neill dejó la llama de la memoria encendida con su libro ” Una mujer en la Guerra de España”. Allí quedó fijada para siempre la memoria de la represión franquista en Melilla, sobre todo la de la represión sobre las mujeres. Carlota anotó una recopilación de nombres, que de otro modo hubiesen desaparecido. Sobre su novela está siempre presente la figura y el nombre de Virgilio Leret y el de las hijas de ambos, Carlota y Gabriela. Carlota O’Neill se colocó en el lugar en que la calidad de su obra, su esfuerzo y su mérito merecían. Pero todo esto es de sobra conocido.

                                       El origen de la historia 

           Levantar el nombre de Virgilio Leret de la sombra a la que había sido arrojado, es un mérito único y exclusivo de su hija Carlota Leret. Hoy, tras la elaboración del documental “El Caballero de Azul”, de Euskal Irratia  Telebista, y la publicación de la última biografía sobre el comandante republicano y  aviador Leret, ha alcanzado ya, el lugar al que por sus propios méritos debería haber llegado por si mismo. Sin embargo, para llegar hasta este punto, hubo que partir de cero.

             En 1999 en Melilla no había nada específico publicado sobre el inicio de la Guerra Civil. Apenas un par de trabajos basados en la referida obra de Carlota, y unos pocos artículos sobre hechos concretos del Alzamiento. Todo era un mar de olvido. El libro de Carlota era una referencia poderosa, pero aislada.

            Cuando inicié la publicación en El Telegrama de Melilla de la colección de artículos que titulé como “La historia nunca contada sobre el Alzamiento en Melilla”, lo hice sin saber con claridad qué me iba a encontrar, ni que clase de fuerzas iba a desatar. Con el material proporcionado por Lidia Falcón preparé uno de los artículos estrella, el dedicado a la familia Leret-O’Neill, contando por primera vez con material gráfico. La historia debió empezar y concluir en aquel punto, pues nada se sabía de las hijas de Leret. Ocurre que cuando se abre una puerta, se suele desconocer qué hay al otro lado.

                                          Una carta desde Venezuela *

               Medio año después de haber publicado el artículo en El Telegrama de Melilla, recibí en casa una carta desde Venezuela, firmada por Carlota y Gabriela, las hijas de Carlota y Virgilio. Fue una auténtica conmoción, pues no esperaba que los artículos que había enviado a Venezuela, hubieran llegado a lugar alguno. La misma Carlota se sorprendió que la hubiera enviado a una dirección tan extraña, pues era una dirección de un club deportivo que apenas frecuentaban.

               Carlota me envió aquella carta, y un mail posterior a los que no contesté, en parte porque en lo que decidía qué hacer y qué decir, habían pasado varios meses y segundo porque me hallaba envuelto en un proceso judicial por esos mismos artículos y que me llevó 10 años cerrar. Sin embargo, el vendaval humano de Carlota Leret ya se había puesto en marcha y me iba a alcanzar de modo inesperado. La puerta de la historia ya estaba abierta, abierta firmemente por la hija de Leret. En el verano de 2000, una mujer se presentó en mi trabajo y me dijo que por qué me escondía de ella, era Carlota y me quedé absolutamente sorprendido. Yo me marchaba de vacaciones ese día y ella al siguiente. Le expliqué lo que acabo de narrar y desde entonces, nuestras vidas y las de nuestras familias, están entrelazadas de modo indisoluble. El destino no puede evitarse. Estaba escrito que Carlota me encontraría, de la misma y sorpresiva manera en que yo la encontré a ella.

                                           En el nombre de su padre

              La historia de Carlota en busca de la memoria de su padre, es la historia de la tenacidad. En apenas una década (2001-2012), removió 60 años de olvido. Registró todo los archivos existentes, y sacó a la luz todo lo existente acerca de Virgilio Leret, salvo el expediente judicial de su procesamiento (si es que llegó a hacerse), y la verdad sobre su “asesinato” o ejecución sumarísima. Todo eso acabará por aclararse, pero la realidad es que ya nadie olvidará jamás el nombre de Virgilio. La memoria de Melilla sigue teniendo demasiadas lagunas, y una de las principales es esta, la relacionada con los hombre y mujeres del periodo republicano.

                            Un instante en el cementerio de Melilla

                Carlota ha venido muchas veces a Melilla. En una de ellas, visitamos el cementerio, el llamado osario militar, en donde supuestamente yacen los restos de su padre, junto a los de otros centenares. Fue decretado así, pues en la parte trasera del oficio del enterramiento se puede leer: “Pasen sus restos a la fosa común, para que no puedan ser encontrados nunca”. Carlota nunca mira hacia el lugar en donde está enterrado su padre, al que tanto ella como su hermana Gabriela siguen refiriéndose como “papá”.  Esta es la parte humana de la historia, aunque no toda, que me quedaba por contar.

         Nota: * La carta está reproducida en el libro “Mujeres en Melilla” Mª Ángeles Sánchez, junto con toda la historia de Carlota y de sus hijas. http://www.stes.es/melilla/revista/mujer_melilla.pdf

         PD: https://elalminardemelilla.com/2011/09/20/la-memoria-seguira-esperando-en-melilla/

La doble cruz del capitán Casado Escudero


      Historia de un superviviente de Igueriben, fusilado por Franco

    En 1999, en absoluta soledad, frente a la fría tiniebla del franquismo me decidí a publicar “La historia nunca contada de la sublevación de Julio en Melilla”. Cuando empezé a publicar la historia de lo sucedido, no sabía lo que me iba a encontrar. Contaba solo con el apoyo de mi mujer y un libro titulado: “Historia de una mujer en la Guerra de España”, de Carlota O´Neill. No tenía ningún plan previsto, ni siquiera un guión. Rescataba nombres, datos, semana a semana y cada cual era distinta a la anterior. Apenas repasaba lo publicado, había acumulado cierta cantidad de expedientes militares y poco más. Consultaba el Registro del Cementerio de Melilla día a día y hacía las anotaciones en papel reciclado, con lápiz y bolígrafo.

                                  Luis Casado Escudero

       Un amigo me habló del capitán Luis Casado Escudero,natural de Pontevedra, superviviente de Igueriben en 1921, militar de ideas avanzadas, abogado, propuesto para la Cruz Laureada de San Fernando, concesión que por supuesto le fue rechazada. Los militares africanistas, profundamente resentidos, se la negaron siempre, como al Regimiento de Cazadores de Alcántara. Una deuda ha sido resuelta este año, la del capitán Casado sigue pendiente.

        En el cementerio de Melilla consta que sus restos mortales fueron entregados en la mañana del día 23 de julio de 1936, supuestamente fue fusilado junto a los también militares Virgilio Leret Ruíz (comandante de Aviación) y los alféreces del mismo cuerpo Luis Calvo Calavia y Armando González Corral, aunque este extremo nunca ha podido ser comprobado.

                Carta de despedida del Capitan Casado (23/07/1936)*

                     Sr. D. José Mendez, mis hijos y su esposa y toda familia.

          ¡ Queridos padres, hijos y hermanos !

   Es la hora de la verdad pues dentro de unas horas me van a fusilar. Nunca se avergüencen de mí. Muero inocente y pensando en vds, a los que tanto he querido y quiero: Muero henchido de gratitud y cariño para todos vds., pensando en mi Finucha (apelativo de su esposa Serafina fallecida en 1934), que es la única mujer a la que he querido. Cuidad a esos niños a los que quise y quiero con locura, que se acuerden siempre de mí. Recojan todo lo que aquí tengo en la Casa de Baños y mi último ruego. Cuando sea el tiempo oportuno recojan mis restos y llevenlos al lado de mi Finucha y que mis hijos me lleven flores. Es una injusticia lo que conmigo hacen y para qué más. No se olviden de llevar los restos al lado de mi Finucha. Adios, hasta siempre, acuérdense de quien los quiso y los quiere. Muero pensando en Tito y Adelina; (sus hijos).

  Nota: La carta de despedida me fue entregada por José Mª Lagunilla, yerno del capitán Casado, en 1999. Es de las pocas que se conservan y la primera que fue publicada. Por supuesto que los vengativos militares franquista nunca cumplieron su última voluntad. En estos días en los que se rememora lo sucedido en Annual, no he podido evitar acordarme del capitán Casado, el que nunca será homenajeado, héroe verdadero de Igueriben, junto al comandante Julio Benítez. Esta es la vergüenza de la historia de España.