Archivo diario: 8 diciembre, 2015

San Pedro, la cúpula de Dios


        En este mismo momento, en la Iglesia de Cristo existen dos Papas, uno en situación de renuncia, Benedicto XVI, pero que no ha perdido su condición de tal, y otro en ejercicio, Francisco I. Es una situación insólita que nadie pudo imaginar. Son tiempo inciertos. El mundo puede cambiar en cada instante. Benedicto XVI renunció al título de Pontífice Máximo por algo que vio allí dentro y a lo que no pudo vencer. Era un anciano piadoso y gran teólogo, al que derrotó algo que desconocemos. Ahora hay otro Pontífice Máximo, el Papa Francisco I, que recibió un informe de su antecesor, y que ha decidido no vivir dentro del edificio del Vaticano, en los apartamentos papales en los que siempre hemos visto a los Papas. Fl pontífice Francisco lucha contra algo, que seguimos sin saber qué es, y a lo que todavía no ha podido derrotar.

          Estos apartamentos fueron sellados tras la renuncia de Benedicto XVI, y el nuevo Pontífice de la Iglesia ha decidido no vivir en ellos. Los apartamentos están vacíos desde febrero de 2013. Allí fue encontrado muerto un Papa, Juan Pablo I, un 28 de septiembre de 1978. Es un suceso lejano pero todavía no olvidado.

              La catedral de Roma es la Archibasílica de San Juan de Letrán, de la que es obispo Francisco I. La iglesia de San Pedro es una basílica, con la cúpula más grande de toda la cristiandad, construida entre 1506 y 1626. Hasta su terminación, ese honor le correspondía a Santa Sofía de Constantinopla, construida por el emperador Justiniano, en 537, o sea, mil años antes. Bizancio, la ciudad consagrada a la Virgen María, perdida para Occidente en 1543

           Roma se preparaba para la fiesta de La Inmaculada, una de las más importantes de la ciudad, y para la apertura del Año Jubilar Extraordinario, definido como Año de La Misericordia. Los dos periódicos más importantes de la capital italiana Il Messaggero y La República, ofrecían dos suplementos extraordinarios dedicados a este evento.

            Roma es la ciudad de los signos. Los antiguos romanos tenían un “colegio oficial de augures” para interpretarlos. Las aves se comportan de un modo extraño en Roma. Las gaviotas se posan junto a ti como si fuesen palomas, o deambulan por las calles, entre la gente, como si fuese patos. Todavía se ven enormes cuervos pelearse en los parques romanos, como en la época de Julio César o de Octavio Augusto, Ottaviano, como allí se le denomina. Incluso los mirlos y los gorriones parecen estar acostumbrados a las personas , y ni siquiera remontan el vuelo cuando te acercas a ellos a fotografiarlos. Nos hemos retirado lejos, por un periodo corto, pero muy intenso.