Un día de lluvia en enero


 

        La escasez de lluvias hace fracasar las cosechas. En los meses finales del año se ha sembrado el cereal. El que no ha sembrado en diciembre, que no siembre, dice un refrán del campo. El norte de Marruecos es tierra de labores. Los tractores y los medios mecánicos  permiten hoy la siembra a más profundidad que la azada y el mulo. Enterrar a mayor profundidad permite que los aguaceros no arrasen con lo sembrado, como hace décadas.

         El agua empieza a ser un problema y lo será más en el futuro. Las antiguas cuencas están hoy secas. Melilla está muy seca. Los antiguos acuíferos ya no tienen agua o ya es de baja calidad. Toda el agua que consumimos en la ciudad procede de la desaladora y se recoge en el pantano de Las Adelfas. Es un agua que no hay quien la beba. La salubridad del agua y su mala calidad para el consumo, ha provocado que el plan de la Consejería de Medio Ambiente para cerrar las fuentes se haya aplazado “sine die”.

            “Agua que no falte, que sol sobrará”. Casi nadie ha tenido invierno hasta ahora. El agua de enero debe mojar la tierra hasta niveles profundos, para que ésta aguante los calores que se iniciarán en mayo. Manantiales, agua, fuentes de las que beber. Eso es lo que todos buscan. A veces es muy difícil encontrarlas, a veces hay que esperar mucho y aguantar el tiempo seco.

             Nada es enteramente nuevo, nada concluye del todo. La vida es como un caravasar que recorre siempre sendas conocidas y también distintas, pero con diferentes personajes y mercancías. La frontera que separa un año de otro, apenas es de un minuto. Siempre existirá enero, y a un mes le seguirá otro. Lo que no esté concluido nos seguirá esperando, y de lo sembrado surgirán nuevas cosechas que recoger.  Hay que tener cuidado, porque a la hora de la cosechas, aparecen muchos más de los que estuvieron durante la época de siembra y siempre hay pájaros pendientes de picotear el grano. En cualquier caso, donde hay agua, hay vida.

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2 Respuestas a “Un día de lluvia en enero

  1. Recorremos una senda difícil, no siempre comprendida, en donde el viento suele azotar en contra, y en donde casi siempre se está a la intemperie. Esa fue nuestra génesis y origen. En ocasiones resulta muy dificultoso el avance. El Alminar es como un rompehielos. No hay posibilidad de dar marcha atrás, ni de seguir otra dirección.

  2. Te iba a decir, tranquilo, que el hielo se derrite. Pero vaya una tranquilidad, a menos hielo menos agua dulce tendremos.

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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