Archivo diario: 2 julio, 2018

Bajo el estado de shock


 

                 La caída del gobierno del Partido Popular el pasado 1 de junio, cuando nadie podía preverlo unos días antes, produjo un estado de shock político cuyas consecuencias aun se notan. Quien no lo esperaba alcanzó el gobierno, y quienes pensaban perpetuarse en él, fueron obligados a abandonarlo. Ante toda la Nación se abrió un tiempo nuevo.

                  Desde la llegada de La Democracia en 1978, las únicas siglas que permanecen para el conjunto del Estado son las del PSOE, pues la derecha ha cambiado de nombre a lo largo de todo este tiempo. En su origen fue la Alianza Popular de Fraga, inmortalizada por Forges como Afananza Pandillar. Escándalos de diversa índole llevaron a la derecha a refugiarse en unas elecciones bajo las siglas de Coalición Popular, sin embargo, solo fue una estación de tránsito. Al poco dieron con el nombre de Partido Popular, con el que han llegado hasta ahora y del que deberán deshacer en breve, probablemente tras el Congreso de elección del nuevo presidente nacional del próximo 5 de julio. Para la futura reconquista del centro, la derecha deberá encontrar una nueva fisonomía, que no esté tan asociada a las prácticas corruptas del poder. El azul ya no es el futuro, aunque tampoco el naranja (ya adoptado por el PP durante un breve tiempo).

                La derecha española se ha dejado muchos nombres en el camino, siglas o incluso colores. Manuel Fraga pasó de la caverna franquista al liderazgo autonómico en la Xunta de Galicia, sin transición posible. Los escándalos de corrupción le han acabado pasando factura al PP, pero de en un solo cobro. Han caído uno tras otro, todo lo barones regionales del partido y los líderes históricos. En Melilla, el tiempo nuevo es inminente y resulta curioso, que los representantes melillenses del PP, no se hayan pronunciado por ninguno de los candidatos en liza: “es muy difícil decidirse”, decía el máximo regidor local. Sin embargo a veces es obligatorio hacerlo, porque la indefinición, el a ver que pasa puede resultar letal.

                 Resulta sintomático que ninguno de los candidatos a las primarias populares, salvo Soraya Sáenz de Santamaría, haya tenido gesto alguno con Melilla, especialmente el que fuera diputado por la ciudad García Margallo, gran valedor y nombrado como hijo adoptivo. No posicionarse implica que el posible ganador mire con recelo a la ciudad de la que no recibió apoyo. La presencia de la ex vicepresidenta en la ciudad es difícil de interpretar, aunque todos los indicios la señalan como posible y quizá probable ganadora de la contienda democrática, por la dirección popular. Dolores de Cospedal no consigue trasmitir una imagen de empatía, y Casado no acaba de remontar el vuelo.

                                              El millón de afiliados

                      Históricamente el único movimiento político que ha alcanzado la cifra de un millón de afiliados fue la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) durante la II República (1931-1936). Está claro que la cifra de afiliados del PP es un bluf. Sólo 70.000 personas se han inscrito en el proceso de primarias. Los 4000 afiliados del Partido Popular en nuestra ciudad se han quedado en apenas 300 votantes. Como ha dicho la única visitante de los populares a nuestra ciudad: “el partido corre riesgo de desaparición”. Refundar el centro derecha requerirá al menos un proceso de 5 años, en los que la pérdida de poder municipal y autonómico resultará una sangría política. El proceso de descomposición y caída del régimen popular es irreversible.

                                          Tiempos nuevos en Melilla

                    Ahora mismo todo es incierto y son muy pocas cosas las que pueden aventurarse. La caída de los zares en Rusia abrió una etapa de gobierno provisional con Kerensky, en la que sucedieron todo tipo de hechos, hasta el triunfo final de los bolcheviques. En nuestra ciudad el futuro lo impondrá la evolución del censo. En 2015 se produjo el final de la primera etapa, aquella en la que un partido de ámbito nacional podía gobernar con una mayoría absoluta o cercana a ella. Eso no sucederá más. La segunda fase, de duración media, requerirá de al menos dos partidos en el gobierno de la ciudad, y en la que no debería dejarse fuera a Coalición por Melilla. El PP en la etapa de Juan José Imbroda, ha sido el único partidos sin diputados rifeños entres sus filas. Los integraban en las listas pero luego los hacían salir de modo obligatorio para dar paso a diputados de origen peninsular, o tenía que dimitir por escándalos variados. La tercera etapa, a corto o medio plazo, será aquella en la que CpM o su evolución futura, sea ya siempre la lista más votada y escogerá socio de gobierno. Si la caída del partido Popular en la ciudad se acelera, esta situación puede producirse ya en las próximas elecciones, a tan solo un año vista.

 

 

 

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