Las Navas de Tolosa


               

             

              El lugar donde la historia duerme

                   El pequeño enclave de Las Navas de Tolosa, es una pedanía del municipio mayor de La Carolina, 15.000 habitantes según el último recuento del INE. En 2010, uno de nuestros más afamados y lenguaraces Académicos de La Lengua, Arturo Pérez Reverte, intentó rescatar la lejana efeméride y trazar un paralelismo entre 1212, y los actuales tiempos. En “La carga de los tres reyes”, publicado el 11 de julio, cometió algunos errores que luego subsanó el 26 de septiembre en “Las 17 Navas de Tolosa”. Lo primero que hay que decir es que no se deben hacer hipérboles históricas, ni trazar paralelismos entre el pasado y el tiempo actual. Aquellas gentes, hispanos en uno y otro lado, lucharon y murieron por otras cosas, que nada tienen que ver con las actuales.
Sin embargo y quizá sin pretenderlo, el más afamado de nuestros académicos, escogió el número 17 (hipotéticas versiones de la batalla), y trazó una línea que separa y une a la vez ésta, Las Navas, con otra llevada a cabo justo 17 años antes y sin la que es imposible entenderla. Nos referimos claro está a la batalla de Alarcos, del año 1195, también en el mes de julio y casi en la misma fecha, y que es conveniente  sacar del olvido. Es verdad que hay muchas cosas yaciendo en el olvido y reposando en la historia.

               La historia la narra quien vence, como escribe la profesora Margarita Torres en Las Batallas Legendarias, 2003. Unas pocas líneas separan al más absoluto de los olvidos, de la celebridad y la conmemoración. Sin embargo, todo lo que hoy somos se conforma con aquellos sucesos. En los campos de Jaén se ha decidido varias veces el destino de España.

                                       Alfonso VIII y los Almohades

                 Alarcos es solo una referencia geográfica de la provincia de Ciudad Real. No hay casi nada sobre Alarcos, porque significó una derrota que a punto estuvo de comprometer todo lo conseguido tras la conquista de Toledo en 1085. Significó un retroceso en la frontera desde el Guadiana al Tajo, nuevamente. Todo lo conseguido durante un siglo, se perdió en un solo día.

                  Según José María Martínez Val, Yaqub al  Mansur, el miramamolín o comendador de los creyentes (Emir al Muminín) , buscó durante varios días al rey de Castilla, hasta que el día 18 de julio de 1195, éste le aceptó el combate en las inmediaciones del castillo de Alarcos. Como era habitual, las huestes sarracenas eran más numerosas. Sin embargo, la precipitación de Alfonso VIII, como también le sucedería 17 años después,  le llevó a cometer un error fatal. Entabló el combate en una posición desfavorable y sin esperar a que llegaran los refuerzos del Reino de León.

                     El desastre fue inmenso, y la victoria del califa Almohade legendaria. Se perdió Alarcos ( hoy uno de los campos arqueológicos más importantes de España), todo el campo de Calatrava y la Orden homónima. En el lado cristiano el silencio y el olvido fueron absolutos, mientras que las crónicas musulmanas amplificaron al detalle la magnitud de la victoria. Esas mismas crónicas cifraron en 30.000 las pérdidas cristianas, por solo 500 en el campo almohade. Es una cifra exagerada, pero no así la magnitud del resultado de la batalla.

                        Las Navas de Tolosa y el pastor Martín Alhaja

        Son muchos los años que he transitado, dormido, comido y deambulado por la villa de Las Navas de Tolosa, que no es el lugar en donde se produjo la batalla de 1212, la que enmendó el desastre de Alarcos. Jaén está lleno de significados y lugares legendarios. El museo de Las Navas se encuentra en Santa Elena, y el lugar de la batalla está en otro punto, denominado como Mesa del Rey, tras descender el puerto del Muradal. Todo coincide con el trazado actual de la autovía A4, en el paso de Despeñaperros.

          Todo es de sobra conocido y fácil de localizar, salvo la historia y el personaje del pastor mozárabe Martín Alhaja o Martín Joya, que salió al encuentro de las tropas del Rey castellano y les indicó el lugar exacto por donde pasar el puerto, y ocultarse del ejército almohade del Miramamolín, en este caso Abu al Nassir, hijo del legendario Yaqub.

           Al igual que en Alarcos, los almohades ya esperaban a los castellanos en perfecta situación de combate y mejor emplazamiento. También en superioridad numérica, que era de 3 a 1. Al Nassir había reunido 200.000 guerreros por 70.000 de los castellanos. En ambos lados la batalla tenía carácter de cruzada. Sin embargo, y gracias a la información de Martín Alhaja, las tropas bajo mando de Alfonso VIII pudieron desaparecer de la visión de los almohades y aparecer delante de ellos. En caso contrario hubiesen sido fuertemente hostilizados y su fuerza podría haber llegado más descompuesta. El calor en el campo de Jaén en los meses de julio y agosto es implacable.

             Al igual que en Alarcos, la ansiedad del Rey estuvo a punto de provocar otro descalabro, pero fue contenido por el obispo de Toledo y hombre de armas, Jiménez de Rada  y el caballero Fernando García*, que retuvieron  al Rey y esperaron el momento idóneo del ataque, justo cuando el ejército del Miramamolín cometió su único error táctico.

               Esto sucedió un 16 de julio de 1212, 17 años después del desastre de Alarcos. Se calcula que unos 100.000 hombres perdieron la vida en aquella jornada. Entonces, el destino se decidía en un solo día. Nunca se ha resuelto el misterio de Martín Alhaja, que no pidió recompensa alguna por su decisiva contribución en el paso de Despeñaperros.

          Nota:*Las Navas de Tolosa, Carlos Vara Thorbeck

 

 

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2 Respuestas a “Las Navas de Tolosa

  1. Me ha gustado mucho tu artículo, original, interesante recordar esas batallas y cómo las has traído, a partir de los escritos de Reverte. Este no es que me interese nada como escritor pero no conocía esos artículos y está bien saber de qué van ciertos personajes.
    Siempre un placer leerte.

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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