Santiago


En las últimas semanas parte de la atención ciudadana está concentrada en las laderas del cerro de Santiago, y en la extraña batalla que allí se libra. En los primeros días de septiembre llegaron las máquinas y talaron un eucaliptal frondoso, refugio de aves rapaces, que necesitan árboles altos para anidar. Esto ocurría en el lado Oeste, el de poniente. El lado de las máquinas.

Justo en ladera opuesta, la Este, la de levante, se concentran desde esas mismas semanas, los defensores de los árboles. Es un curiosa antítesis. En este lado se defiende la vida, la de la flora y la fauna, mientras que en el otro prosigue los zarpazos del imperio del asfalto. Todo es opuesto, igual que los dos vientos dominantes en la ciudad.

Los eucaliptos de Santiago, antes de caer, de ser sacrificados, lanzaron un mensaje a la adormilada ciudadanía de Melilla. «Si se quiere algo, un futuro verde, con memoria, hay que luchar por ello». Nadie regala nada en estos tiempos. Si se cede todo el espacio a la construcción, se adueña de él . Si se abandona la memoria y el recuerdo, «la nada», como en La Historia Interminable, se apodera de todo y borra cualquier rastro.

La lucha no se desarrolla en las mismas condiciones, ni con la misma equivalencia de fuerzas, pero por encima de todo debe prevalecer la voluntad de resistir. El tiempo oscuro fue largo y duro, y por ello, ver este resurgimiento de la voluntad ciudadana, es muy gratificante. Melilla está viva, y ha despertado de un largo letargo. En Santiago nos jugamos todo: o un futuro verde y amable, o la dureza implacable del cemento y la losa.

Santiago, el cerro histórico no solo ha despertado conciencias, sino que ha unido voluntades de muy diversas índoles. Melilla es una ciudad por la que merece la pena luchar. Necesitamos unos días de descanso. En los orígenes del Alminar, dábamos cuenta de nuestros periodos de cansancio y abatimiento. Ahora debemos parar, pero no por fatiga, sino para preparar un regreso, en el que el esplendor de Santiago quedará de manifiesto.

En este cerro está nuestra historia común. Debemos conservarlo para toda la ciudad, como centro deportivo, como espacio verde, como lugar de memoria, como Centro de Interpretación de la Historia de Melilla., como espacio ciudadano. Los eucaliptos perdidos y lo que mostraremos, nos ofrecerán una oportunidad que no se repetirá. Hacia dónde quiera llevarse el futuro de esta ciudad, se decidirá aquí. Será Alfa ó Omega.

Nota: Firma para salvar el palmeral de Santiago, https://chng.it/FY9FyNGb

Acostúmbrate a sufrir con paciencia las contrariedades, a escuchar en silencio lo que desagrada, a estar sosegado entre los turbulentos y a permanecer tranquilo entre el estrépito del mundo.

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