





Melilla fue conquistada en la noche del 17 de septiembre de 1497, aunque no exista certeza sobre si fue ese día u otro. La expedición fue preparada con meticulosidad. No se podía fallar, como tampoco fallaron los portugueses el 21 de marzo de 1415. Ceuta estaba bajo el dominio de los Benimerines o merinídas, y Melilla estaba bajo la posesión del Reino de Fez, que vino a expulsar a los castellanos, varias semanas después. Ni los benimerines ni los fesíes pueden considerarse como precursores del Reino de Marruecos (que es un país contemporáneo) así como tampoco almorávides y almohades. Ninguna de esas entidades existía ya, cuando llegó la conquista española. El Sultanato de Marruecos, que sí es la base del actual Estado marroquí, surge a partir de 1510, con todas estas herencias. Todos los Tratados comerciales, los acuerdos, tanto la guerra como la paz, firmados entre España y Marruecos, se firmaron con el Sultanato. Esto quiere decir, que pese a las leyendas áureas, no se le ha quitado ninguna ciudad a nadie, ni a ninguna entidad estatal existente que puede reclamarlas. Ceuta y Melilla quedaron fuera del acuerdo de Independencia de Marruecos en 1956, que evitó considerarlas como parte de su territorio. La reivindicación actual procede del revisionismo neo imperialista de la historia marroquí, con la que algunos grupos de pensamiento y movimientos políticos españoles «contemporizadores» con Marruecos, muestran comprensión, pero sobre el vacío de argumentos históricos, políticos y del Derecho Internacional.
La obligada presencia Institucional del Estado
En los 15 años del Alminar de Melilla no recordamos la visita de ningún ministro en el Día de Melilla, que mientras no se de diga o proponga otra fecha, sigue siendo este, el 17 de septiembre. El partido extinto de Coalición por Melilla se empeñó, sin respaldo alguno, en el anodino día del Estatuto. Lo que siempre hemos defendido desde este blog, es que esta efeméride debe estar necesariamente unida la vinculación de Melilla a España. Los acontecimientos del pasado mes de julio en Ceuta, demuestran la necesidad política de hacer hincapié en esa vinculación. Todas las ciudades del sur de España celebran su día con la efeméride de la conquista, desde Sevilla hasta Almería. El último que vino para esta celebración, fue Mariano Rajoy en 1997, cuando era ministro de Administraciones Públicas.
La situación de Ceuta, invadida poblacionalmente el pasado 30 y 31 de julio, y el futuro de ambas ciudades no se resolverá sin el consenso y el diálogo político, entra la mayoría de los partidos políticos españoles, en un acuerdo firmado. Ambas ciudades son españolas per saecula saeculorum, por muchas crisis con las que se las quiera asolar, o pretenda hacer zozobrar. Si el confinamiento pandémico fue duro en toda España, en ningún lugar lo fue tanto como en las ciudades norteafricanas, cerradas a cal y canto por tierra, mar y aire. Marruecos tardo más de tres años en reabrir sus fronteras con las ciudades de Ceuta y Melilla, sin ni siquiera permitir la evacuación de sus nacionales, que quedaron atrapados por miles en las ambas ciudades españolas.
La presencia de ministros del gobierno debe ser una obligación en cada 17 de septiembre, así como una visitas institucional del Presidente, una vez por legislatura. Felipe González, José María Aznar y Mariano Rajoy, nunca vinieron a Ceuta y Melilla en sus ejercicios de gobierno. De nada sirve tener contemplaciones con quien nunca las tendrá contigo. Lo único resaltable del presente Día de Melilla, ha sido la excepcional visita de la Ministra portavoz Elma Saiz Delgado, que no debería ser excepcional, sino constante, o al menos habitual. La presencia de la dotación de La Armada en los actos de homenaje y conmemoración, ha sido también muy destacada y vistosa. Vinieron a bordo de su buque de acción marítima, Audaz.
Esta es una de esas citas a la que no hemos fallado en estos 15 años, y también decimos que no pensamos nunca haber vivido una situación así, pese a que los melillenses nativos, de cualquier condición, llevan advirtiendo de que más tarde que temprano, esto podría ocurrir. Estaremos aquí siempre, en estas dos ciudades, este el el único mensaje que hay que repetir, una y mil veces. Nadie verá nunca otra cosa, salvo que el fin del mundo o «el meteorito», disponga otra cosas. Pero mientras que el Día del Juicio llega, hay que armar de estabilidad física y emocional ambas ciudad.
Si en algún lugar de España sabemos distinguir entre un fenómeno inmigratorio y una invasión, créannos, es en Ceuta y en Melilla.