Un día en la misa de Víctor Hugo Andrade


En 7 años no hemos ido una sola vez, hemos ido muchas, bastantes, las suficientes. Siempre con el párroco Víctor Hugo Andrade, natural de Colombia, también de orígenes gallegos. Antes de llegar a España también estuvo de sacerdote en México, en algunos de los Estados más violentos del país, como Guerrero. Allí tenía un amigo, también sacerdote, que fue asesinado hace ahora un año, era Bertoldo Pantaleón Estrada. Esa fue una de las ocasiones. Cocula, ciudad natal de sacerdote asesinado, está cerca de Taxco, en donde se celebra una de las Semanas Santas más peculiares del mundo, no de México.

Víctor Hugo Andrade llegó a Melilla en en el verano de 2019, procedente de Villanueva del Rosario, población cercana a Málaga. La parroquia de San Agustín, una de las que tiene más territorio, pues en su época comprendía los Peñones españoles, atravesaba un tiempo revuelto, sustituyendo al párroco Rafael López Cordero, llegado a Melilla en 2014, y que en 2015 repuso el culto al Cristo de Limpias en la iglesia de San Agustín, abatido por la herejía en 1989. Hoy, a la hora de escribir estas reflexiones y notas, ni Rafael López Cordero es ya sacerdote, ni el busto original, bendecido por el obispo Jesús Catalá, está ya en la parroquia. Un acto sacrílego volvió a hacer desaparecer el original y repuesto busto de Cristo en agonía. En estas condiciones, con una feligresía inestable, y sometida a grandes vaivenes de asistencia, llegó el padre Víctor Hugo, a tierras melillenses, y expresado en sus propias palabras: «Llegué con miedo y me voy con lágrimas», tras 7 años de presencia en tierras melillenses, que concluyeron el pasado 13 de septiembre. El próximo párroco tomará oficialmente posesión el próximo día 18 del presente mes.

Su salida envía señales de difícil interpretación, pero el nuevo obispo de Málaga, José Antonio Satué, así lo ha decidido, tras su visita a las distintas parroquias de la ciudad, en el pasado mes de febrero. En la misma nave de San Agustín vaticinó un cambio lento y gradual, alejado de cualquier aspecto revolucionario, y al final se decidió por un cambio total y de un solo golpe, como el del «hacha del Bautista». En este mes de septiembre se despedirán de Melilla tanto el vicario episcopal, Eduardo Resa, como dos sacerdotes de las iglesias más grandes y emblemáticas, los reverendos Eduardo Chirino y el propio Víctor Hugo. ¿Qué ha ocurrido? Nada que pueda saberse, porque la Iglesia jamás manifiesta sus motivos últimos. Lo que sí queda claro es que el obispo Satué Huerto va a controlar muy de cerca a la ciudad, en su dimensión eclesiástica. Catalá fue un obispo lejano, y el oscense Satué va a ser todo lo contrario. Aquí no se va a mover una hoja sin que se sepa en el palacio episcopal de Málaga. Aquí y en este ámbito, han sucedido muchas cosas, la mayoría de ellas por libre. Los sacerdotes, por muy hábiles que sean, deben contar con el respaldo constante del obispado, porque si no, son neutralizados por las camarillas.

Víctor Hugo Andrade ha sido un párroco hábil y comprometido con la feligresía del Real, que había desaparecido casi en su totalidad de la iglesia. Ha recuperado a muchas personas de las que les gusta aparecer y vincularse con su parroquia territorial, sin pertenecer a grupo eclesial alguno. Ese ha sido parte de su mérito, además de la gestión administrativa y física, que es mucho más laboriosa y ardua de lo que parece o se conoce. Cada grupo tiene su susceptibilidad y apego, y moverse entre todas esas sensibilidades es difícil. Los escándalos de Santa Mª Micaela en 2023, provocaron el traslado de parte de los grupos de catequesis al Real, y esta otra célebre y tradicional iglesia, ha necesitado 3 años para levantar la cabeza, y sacudirse el terrible sambenito de encima, de la mano del padre Eduardo Chirino, que también será relevado el viernes 18.

Víctor Hugo Andrade Madiedo será uno de esos nombres que no será olvidado en la historia diocesana y parroquial de nuestra ciudad, prueba de ello es la intensidad de la despedida, en una iglesia abarrotada, como muy pocas veces se ha visto en la última década, o incluso más. Los coros, la gran presencia de fieles, que hicieron fila para trasmitirle gratitud, y también de personas que fueron importantes, como el exconsejero de educación, y organista meritorio, Javier Martínez Monreal. Como dijo el propio párroco: «Ninguna despedida es dulce», pero añadimos que algunas no son tan amargas. La vida es así, y todo está dejando muchas señales, en los últimos días. El reverendo Víctor Hugo Andrade se va a la Cala del Moral, y a Totalán,. en Málaga. Son un centenar de nombramientos de un solo golpe, con el hacha del Bautista.

Nota:Carta despedida a D. Rafael López Cordero – Cofradía «Ecce-Homo» y Amor Vélez-Málaga; El cambiazo de la urna | El Alminar de Melilla

Acostúmbrate a sufrir con paciencia las contrariedades, a escuchar en silencio lo que desagrada, a estar sosegado entre los turbulentos y a permanecer tranquilo entre el estrépito del mundo.

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