Las mejores aceras de Melilla, (II)


         Esta acera pertenece a la calle Roberto Cano y ha sido desposeída de su función de acera. Quisieron impedir que aparcaran los coches de mala manera y lo que han conseguido es eliminar el paso de los peatones.  En caso de abrirse la puerta lateral de la Iglesia Arciprestal, o hacer uso de los salones parroquiales del fondo, el transeúnte debe caminar por la calzada, o cambiarse de acera, con todo lo que eso conlleva. Justo en el otro lado se encuentra la sede del Partido Popular de Melilla y a lo mejor, la reforma solo pretende que caminemos por la acera de enfrente,  en donde se está más seguro y a salvo de todo. Hay un refrán popular que dice: «No es prudente mear contra corriente».  ¿Porqué algunos nos empeñamos en transitar por aceras difíciles o poco frecuentadas, cuando justo cruzando la calle hay otra más grande, amplia y que ofrece mejores cosas?. No hay respuestas fáciles, ni únicas. He escrito muchas veces que la cohesión,  la urdimbre que teje El Alminar es la del día a día. Hay que tocar temas transversales, que nos afectan a todos y también aquellos que conforman lo cotidiano,  pero dándoles también, cuando el tema lo permita, cierto toque de sentido del humor.

El barco que sostiene Melilla


        

                            Husky racer ( el corredor fornido)

             Todos vemos en algún momento de la semana este barco. Incasablemente lo vemos descargar contenedores repletos de mercancía y volver a llevárselos vacíos. Esa es toda nuestra industria y nuestro presente y futuro se concentra en ese pantalán de carga. Hoy leo una noticia que habla de que el tráfico de contenedores se ha incrementado de modo notable. Esa es la madre de todas las claves. La mercancía llega regularmente a nuestra ciudad, se descarga, su cuantifica y paga de modo inexorable el IPSI, que llena y satura nuestras arcas públicas. Estamos en una coyuntura favorable, en Melilla, y eso nos beneficia.  El éxito indudable de la recaudación por IPSI, provoca esa sensación dual de que mientras todo lo concerniente al Estado se esté hundiendo, todo lo relacionado con la Ciudad Autónoma se mantenga a flote.

                Lo único que preocupa es que se esté derrochando a manos llenas, las cifras de gastos inexplicables de la CC.AA. o de la Autoridad Portuaria son sobrecogedoras, y no se está guardando nada para el futuro. quien gasta todo lo que tiene, crea su propia inseguridad para el futuro. En Melilla se gasta hasta el último euro que se ingresa, pero no siempre en cosas que luego permanezcan en la ciudad. Se hacen obras muy caras y que luego resultan de un mantenimiento más caro aún. Hasta ahora parece que se puede pagar todo, pero las coyunturas económicas son así, hoy favorecen y mañana se vuelven en contra. Una política económica sensata y con vistas al futuro, debería estar llenando las cuentas públicas de superavit.

                Cuento esto para que quien no haya  haya pensado las cosas  de esa manera, entienda que Melilla debe aceptar como una compensación obligada, la afluencia de inmigrantes subsaharianos, cuando obtiene tanto del actual comercio fronterizo.

El Alminar en su máximo registro


     ¿Qué imagen escoger para un día así, en el mes en el que mayores tribulaciones han azotado El Alminar?. De repente, en medio del más espeso de los silencios, de las más constante bruma, hoy se han registrado más de 1800 visitas, lo que supone triplicar en una sola jornada, la media de visitas de todo el mes. ¿Qué ha sucedido?. Es imposible saberlo, aunque de repente se corre la voz de que alguien está en algún sitio y el aluvión de visitantes desbarata cualquier estadística anterior. En lo que se refiere a este modesto blog, la anterior cifra máxima  databa del mes de marzo del presente año, en el que en un solo día se registraron 1485 visitas. Hay una cosa que quiero contar, y es que El alminar es una bitácora absolutamente anónima.  Yo no sé ni puedo ver quien se conecta, no sé cual es la personalidad real del comentarista, no puedo averiguar desde dónde se conecta cada cual. Nada de eso es trascendental, lo importante es que se siga acudiendo aquí a buscar cualquier cosa, y que quien la encuentre, se sienta satisfecho y se quede.

          Desde lo más alto, pero si perder nunca de vista el suelo, quizá sea ese uno de los secretos del Alminar, a todos, a los que han entrado por 1ª vez, a los que lo hacen constantemente, o de modo ocasional, siempre, gracias.

Melilla, cuatro gotas y revienta la cloaca


            

         Primera lluvia de otoño, unos pocos litros, 13 por m² y la realidad de una gestión se ve, se pisa y se huele. Echar gasolina en la plaza Martín de Córdoba era un ejercicio ejercicio pestilente esta tarde. La última cloaca de la carretera ha colapsado  anegando toda la zona de aguas negras. Desde la mitad de la carretera de Alfonso XIII, hasta  las inmediaciones del Cuartel de la Guardia Civil y la propia plaza, los restos sólidos y el olor característico de las aguas negras eran más que evidentes. No ha sido ni una tromba de agua, ni la antesala del diluvio universal. Eran solo unos pocos litros y la gestión que «no se ve», pero se huele, se pone entera al descubierto.

        Han sido solo 13 litros por m² y ya se apreciaban las consecuencias de abrir una y vez tras otra las calles, con diferentes niveles de suelo en una misma calzada. Los badenes y las rotondas crean pantanos temporales en donde la circulación es dificil. Los coches, por mucho cuidado con el que se vaya, creaban olas de surf  a su paso, aunque hay muchos a los que les gusta hacerlo. Una noticia y eso que ha sido una cantidad de agua asumible. El torturado y roturado asfalto de Melilla no da para más. El día en que caiga una verdadera tromba de agua o un diluvio intenso y prolongado», se llevará Melilla entera por delante.

     Nota: http://laotramelilla.blogspot.com.es/2012/09/la-plaza-de-espana-como-siempre-cuando.html

                            

Al ras de bordillos y farolas


         Aparcar en Melilla es una suerte, sobre todo si se acude al centro de la ciudad. También hay que decir que Melilla es la única ciudad de España que no cobra por aparcar en el centro ni tiene zona azul. La media hora gratuita en los escasos parkings públicos (Estación Marítima y Puerto Deportivo) es también algo que no existe en ningún lugar del mundo. Todos queremos encontrar un aparcamiento en la calle Marina, en O´Donnell o incluso en la Avenida, pero eso no es siempre posible.

       Hay algo de lo que no se ha escrito hasta ahora en El Alminar, y es sobre la extraña altura de los bordillos de las aceras en algunos puntos de la ciudad, o si se prefiere,  sobre la desproporcionada diferencia de nivel existente entre la calzada y el bordillo de la acera. La diferencia es tal, que provoca que ya casi ningún turismo o monovolumen melillense conserve su embellecedor delantero. El de mi vehículo se fue desmoronando, hasta que tuve que arrancar el resto sobrante. Muchas veces al aparcar oímos un crujido aterrador, producido como consecuencia del roce entrede la protección delantera del vehículo, ya sin embellecedor, y el bordillo de la acera. La situación obliga a dar marcha atrás, con el nuevo raspón y alejar el coche del límite marcado por el bordillo.

         El otro peligro, del que ya hemos escrito en abundancia, es sobre la instalación de farolas, postes telefónicos, poste eléctricos y señales de tráfico, casi raseando los bordillos.

Maneras de construir en Melilla


           En Melilla, una ciudad con el suelo finito, hay que buscar alternativas para la ampliación de los solares. Una de ellas es el denominado «voladizo», que incrementa la superficie a construir a partir del primer piso, y además genera unos derechos en forma de impuestos y tasas que nutren la arcas municipales. Debería unificarse el tamaño de los voladizos, porque a veces el perfil de algunas calles melillenses es lo más parecido a un acordeón y las afea mucho. Las diferentes medidas de unos y otros da una sensaciónde caos y de falta de control.

             Eso sí, a veces sirve como curiosidad y genera noticias atractivas que al menos sirven para distraer la mente d ela presiónd e esta crisis sin tregua, fin, ni fondo, en la que ya nadie sabe qué hacer, incluido el Gobierno.

            Son muchas las veces que he escrito en El Alminar sobre la desordenada instalación de postes eléctricos, telefónicos y farolas, que hacen difícil aparcar o transitar por algunas calles, aparte de constituir un peligro potencial de accidentes. Sin embargo, este caos aparente o real, también ocasiona problemas en la construcción. Las dos primeras fotos son del año 2007 y pertenecen a un edifico ya acabado y que al encontrarse con la farola y los postes en medio de la acera, no tuvieron más remedio que integrarlos dentro del mismo. En aquel caso, o sobraba farola o voladizo.

          Un caso similar, pero en un edificio de menores dimensiones  se ha producido en la calle del Gral. Polavieja, junto al Hipersol. Si el permiso para retirar el poste telefónico no llega pronto, el nuevo inquilino se encontrará con su casa abierta por el balcón y deberá completarla después. Mientras tanto, los albañiles sortean el problema como pueden.

El efecto desvastador del calor


              Nunca me he creído lo de la posición privilegiada de La Tierra con respecto al Sol. La realidad es que salvo por la protección que dispensa al planeta la capa de ozono, cada vez más deteriorada y agujereada, estábamos destinados a convertirnos en una plancha ardiente como Mercurio o en un desierto desolado y frio como Marte. Los días de calor, como los dos últimos, ponen claramente de manifiesto la potencia de nuestra estrella regente.

        La vida en La Tierra ha sobrevivido de modo milagroso. Las extinciones de especies, la caída de meteoritos o las glaciaciones alternadas con etapas de efecto invernadero, han colocado al planeta en el precipicio de la desaparición de todo vida conocida. Más que la distancia al Sol, que está claro que no es del todo suficiente, lo que ha permitido que existamos es la inclinación del Eje terrestre, que cual sombrilla playera, ha obligado a los rayos solares a llegar de forma oblicua. De haber recibido de forma directa los rayos del inmenso brasero solar, nuestro destino hubiese sido el de tostarnos cual asado en la parrilla de San Lorenzo. Nada está a salvo de una tormenta solar. El efecto y la acción del hombre han causado destrozos en el clima, pero también nos ha permitido sobrevivir. Sin tecnología (invención del fuego, hacha de piedra , rueda o el Ipad), no estaríamos aquí. Tanto leyendo como escribiendo.

           Todo esto sirve como preámbulo y explicación al «accidente» que he presenciado esta tarde. La somnolencia que provoca el calor, el aturdimiento de los sentidos. la inconsciencia momentánea, ha llevado a este vehículo a estrellarse directamente contra el  carillo de helados en la plaza de Torres Quevedo.  Quizá todo fue fruto de un espejismo o el deseo de algo fresco en un oasis salvador. Todo ha sido muy aparatoso, pero afortunadamente sin daños personales de consideración. Quizá  quiso esquivar un obstáculo. Parece un accidente imposible.