El regreso del Resucitado


               Cinco de la tarde, hora lorquiana. El Resucitado regresa a su parroquia por la calle del Alcalde de Móstoles. Ya no hay orden ni concierto, aunque la banda seguía sonando. Lejos quedan ya el esplendor del paso por La Avenida, los ecos de los aplausos, los saludos de las autoridades. Hace calor y la pendiente es dura, pero el mérito y la satisfacción están en su lugar más alto. Ha sido una Semana Santa en la que la climatología se ha reconciliado con todas las hermandades. No han faltado costaleros, ni portadores de tronos y de pasos. El Resucitado y el Rocío son las dos hermandades que hacen recorridos procesionales más largos. La cofradía del Barrio de Bateria Jota abre y cierra la Semana Santa.  Ambas Hermandades son las únicas que tienen dependencias propias.

             La dura cuesta de Batería Jota hace mella en el regreso. Aquí ya no hay focos, ni atención popular. Hace ya varias horas que los artífices de la semana de Pasión celebran y disfrutan el éxito procesional. Las rencillas de otros años han quedado olvidadas. El paso conjunto y al unísono por la avenida principal de la ciudad ha sido un acierto.

              En este duro regreso radica el verdadero mérito. Cuando se pasa frente al público o frente a las autoridades, ya se obtiene esa recompensa. El mérito y la recompensa aquí, es otra.

La imagen del Cristo de Mena


 

           Mena es Málaga y Málaga es Mena. Málaga es muchas más cosas, y Mena no es solo su Cristo. Me gusta ver la cosas antes de que se conviertan en un espectáculo de masas, antes de su multitudinaria exposición pública. Ver al Cristo de Mena un Jueves Santo es un espectáculo único, pero no es fácil, o se ve a gran distancia, o en condiciones difíciles. La organización de los desfiles procesionales malagueños es muy eficaz, pero hay mucha gente y la visión de las imágenes y sus tronos se torna complicada y muy cansada.  El fin de semana previo a la Semana Santa es el de «los traslados», o el de los «viacrucis» durante los cuales, los cofrades sacan las imágenes de las parroquias para trasladarlos a las Casas de Hermandad, que es donde están los tronos, que son el punto de origen de cada procesión, o los procesionan por los alrededores.

                           Hay un momento, el sábado de pasión, en el que los hermanos y hermanas de la Cofradía de Mena, portan la imagen del Cristo que realizara Palma Burgos en 1941,  para cubrir el hueco de la insustituible imagen original de Pedro de Mena, la que ardió en mayo de 1931.  Apenas un centenar de personas cubren el pequeño rizo que realizan en paralelo al puente de La Esperanza, rodeando la Casa de Hermandad de la Virgen de igual nombre. Son cien personas, poco más de público y una discreta escolta de La Legión, protectora del Cristo de Mena, desde su fundación en 1921.

                             Hay veces que uno busca el encuentro con las imágenes, y otras en las que éstas vienen a tu encuentro, sin más preparación que la propia sorpresa. Sin pensarlo, sin preparación previa, el legendario Cristo de Palma Burgos, aparece frente a tus ojos sin exorno alguno, sin el aroma del incienso, sin el aditamento de la música. Se muestra la imagen desnuda, tal cual la concibiera el artista, transmitiendo lo mismo que el artista quiso proyectar en ella.

                                   La sorpresa fue absoluta. Pocas veces se puede ver una talla tan representativa a un palmo de distancia, casi hasta tocarla con los dedos, al alcance de la vista, en su esplendoroso acabado. Francisco Palmar Burgos fue el último que vio la talla de Pedro de Mena en mayo de 1931, antes de acabar convertida en brasas ardientes. Fue él quien rescató la pierna de la insustituible efigie y que hoy se muestra en el Museo de La Cofradía. Palma Burgos realizó una imagen sufriente de Cristo, que pese al parecido con la original, se diferencia en algo sustancial. La imagen del artista barroco Pedro de Mena reflejaba la placidez de la muerte, mientras que la del contemporáneo Palma  muestra la angustia por haberla visto arder y convertirse en ceniza. Ese dolor de Palma Burgos se proyectó sobre el rostro del Cristo que tallara en la década de 1940. Es una representación de Cristo ya muerto, pero en la que el rastro del sufrimiento no ha llegado a desaparecer del rostro.

                                  Hace ya tiempo que fui a Málaga a conocer la venerada imagen del Cristo de Mena. Esta vez ha sido al contrario. Este Viacrucis de hoy un acto casi anónimo y desconocido. Es un acto de fe, casi en completo silencio, al amparo de la oscuridad. En no mucho tiempo esto cambiará totalmente. Me hablaron de esta imagen, y de su historia mucho antes de que pudiese verlas. Escribí sobre ellas antes incluso de haberlas visto. Tenía la intención de ir a ver a Mena, pero no era aquello que fui a buscar y que sí encontré. Sin embargo,  ha sido este inesperado encuentro, el que lo ha cambiado todo. También suele ocurrir con muchas otras cosas.

                  Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/02/05/santo-domingo-malaga-mena/

Los números contra el cáncer


               Es una enfermedad que nos rodea, que afecta o puede afectar a cualquiera. Todos conocemos casos de quienes han vencido en esa batalla, quienes están luchando ahora y también de quienes, desgraciadamente,  fueron vencidos por la enfermedad. Vivimos tiempos de recortes en Sanidad, en donde desde el Ministerio, se estimula a los médicos para que «ahorren» pruebas que pudieran salvar vidas, o que reduzca el gasto a base de economizar medicinas con los pacientes. Mientras tanto, seguimos sin ver ni una sola medida que acabe con los derroches, con los privilegios de los gestores, o con el mal uso del dinero público en las contratas que surten a hospitales y ambulatorios. Se sigue derrochando donde no se debe, y se restringe el gasto en aquello que es imprescindible para la salud de los pacientes. Un diagnóstico a tiempo no solo salva vidas, sino que además evita costosos tratamientos posteriores, que en ocasiones no alcanzan el final deseado, que es salvar la vida del paciente.

                      La mayor parte de los tratamientos a pacientes con cáncer de Melilla, se realizan en la ciudad de Málaga o Almería. Por ello es importante que asociaciones como la AECC (Asociación Española Contra el Cáncer) de Melilla, sigan existiendo, y poniendo a disposición de muchos pacientes melillenses, tanto sus voluntarios en la ciudad, como su red de pisos en la capital malagueña. No destacaremos ningún nombre sobre otro, porque todos, hombres y mujeres, son importantes y sobre todo, voluntarios.

Letrina a bordo


 

                              Lo que el barco esconde

     ¿Nunca han sentido la curiosidad de  ver qué hay dentro del barco pesquero?. El Alminar sí, y lo ha comprobado, así que ahorraremos a los lectores y a los ciudadanos el encontrarse con la dura y maloliente, a veces, realidad.  La culpa tampoco es de los que allí se «alojan» para dormir, o los que utilizan el lado de babor del pesquero como letrina. Hay una gran cantidad de personas, menores y adultos (casi siempre varones), que viven en la calle, sin ningún tipo de recursos o albergues a los que acudir. No hay siquiera instalaciones públicas en donde asearse, o a las que acudir para hacerlo. Por tanto, y aunque no sea ni excusa ni justificación, para  tan lamentable y pestilente uso del barco que homenajea a la flota pesquera de Melilla, cualquier lugar es bueno para hacer lo que aquí se intuye. El Alminar no publicará, y ahorrará así a sus lectores, la visión más dantesca de lo que ocurre dentro de este barco. Se que hay un blog muy bueno ( http://laotramelilla.blogspot.com.es/), de una amigo, que tiene fondo para hacerlo, pero en aquí no podemos con semejante carga. Con lo que se intuye es suficiente.

      Siempre haremos la misma pregunta, nunca nos cansaremos de repetirla.  ¿Cuál es la Consejería encargada de que estas cosas no ocurran?, ¿ por qué son los ciudadanos los que tiene que alertar de una gestión tan deficiente?.

El monumento franquista de Melilla


 

  Cuestiones sobre el monumento de La Victoria

        Melilla solo erigió  un monumento franquista,  concebido y calificable como tal. El resto son placas, escudos y nombres de calles.  El monumento franquista de Melilla es el que está situado en la Avenida, en la que se denominó como plaza de los Héroes de España, franquistas, por supuesto.

             No es posible convertirlo en en otra cosa, quitando solamente los exornos falangistas, porque el monumento no puede cambiarse. Está concebido como una ofensa a los defensores de la legalidad de republicana. Es una piedra tóxica que envenena la memoria de la ciudad. La única manera de eliminar su perturbadora influencia, es echarlo abajo por completo, tal y como está solicitando Coalición por Melilla en estos días, y en su momento el Partido Socialista.

               La pervivencia del franquismo residual y sociológico

        No es posible otorgar la eximente de desconocimiento a los miembros del Gobierno de Melilla, que en estos días se están pronunciando acerca de este monumento, intentando solventar su obligación legal de derribarlo, a cambio de retirar los símbolos de Falange. Ellos saben que allí había un quiosco de un concejal republicano del Ayuntamiento, Julio Caro de Córdoba, que fue asesinado en las calles de la ciudad, y que el monumento se erigió con el único fin de borrar cualquier rastro del pasado. Conocen esta verdad, así como toda la ciudad. Así pues, a los que se manifiestan por la pervivencia de este monumento, solo se les puede encuadrar en el ámbito de ese franquismo sociológico y residual, que existe en nuestra ciudad.

      Nota:  https://elalminardemelilla.com/2011/07/18/el-monumento-del-17-de-julio-en-melilla/

        Lo único que merece ser preservado de este monumento, es el grupo escultórico. El resto es deleznable, por mucho que su diseño esté firmado por Enrique Nieto, del que por cierto, se ha permitido demoler edificios mucho más representativos que este mamotreto.

El observador melillense


El observador

           El Observador Romano es el nombre del diario oficial del Vaticano. Nosotros solo somos observadores y la pretensión es mostrar la realidad del modo más claro posible, pero sin alterarla. El observador siempre modifica la observado y a su vez, aquello que es objeto de nuestras miradas influye en nosotros de alguna manera. Se descubren nuevos mundos, cosas que no se conocían o nuevas formas de verlas.

                Mostrar sin alterar, sin que nuestra presencia sea percibida, y sin que se identifique de modo claro nuestra posición, describiendo las cosas con la precisión con que las observa el francotirador. Ya he escrito que esta es la única palabra en la que no me molesta la presencia de franco en parte de ella.

               Hemos descubierto una nueva técnica para ver las cosas, que iremos perfeccionando con paciencia. Hemos cambiado mucho a lo largo de estos tres años, que se cumplirán el mes venidero. Toda ha cambiado a su vez a nuestro alrededor.  Son muchos más los que nos observan. Todo está ahí, esperando a que alguien se fije en ello y sepa verlo y también mostrarlo. Aun así, es más lo que no se escribirá nunca, que aquello que llega a desvelarse.  Todo lo que está ahí fuera nos seguirá esperando, pero también seguirá sucediendo, aunque nosotros no demos cuenta de ello. No es tan importante nuestra participación en las cosas.

             Ya es hora de descansar, por el momento.

El maestro de Ruiponce


 

                          Vega de Ruiponce es un municipio de Valladolid que en la década de 1960 tenía apenas 500 habitantes, en la actualidad no llega a las dos centenas. Mi padre, que era natural de Palencia, siempre decía que: un pueblo pequeño, es una cárcel grande. Esto es precisamente lo que refleja Santos Calleja en su primera novela, que titula como: La Casa de los Tres Escalones. De Castilla y su seco y duro clima se dice que seca el carácter y curte la piel. Solo quien haya vivido en un Castilla o conozca la vida de los pequeños pueblos, puede imaginar la precisión de lo narrado por este maestro palentino afincado en Melilla. No hay ninguna concesión a la galería. Está solo lo que tiene que estar.

                            Ruiponce es el primer destino del maestro Don Antoniano, y antes de pisar el pueblo ya recibe las primeras advertencias de Tarsicio, el barbero del pueblo: tenga cuidado con las lobas con piel de cordera, que son muy peligrosas. En los pequeños pueblos todo el mundo cree saber la vida de todos, pero nadie  llega nunca a comentar nada en voz alta. Sin embargo, las insidias, las envidias y la maledicencia, enturbian la vida de todos y es imposible escapara a sus venenosas acechanzas. Los odios y los rencores se guardan sin destilar durante décadas, hasta que se presenta la ocasión de saldar cuentas que uno creía pasadas y saldadas. En Ruiponce las personas son lobos para otros lobos y fieras para otras fieras, en palabras del barbero, que no advertía en vano.

                        Santos Calleja Ibáñez emplea las palabras justas y precisas para describir la asfixiante atmósfera del pequeño pueblo, contra la que tendrá que luchar desde el primer momento, el pusilánime y dubitativo Antoniano, un ex hermano Marista que recala el pequeño pueblo vallisoletano, en su primer destino como maestro. En los pueblos existen facciones invisibles que desde que se pone el primer pie, intentan que el foráneo se dedica por una u otra. Es imposible vadearlas y navegar entre sus aguas, porque si no se tiene el valor para ser malo ni firmeza para mantenerse en el lado bueno, uno, cualquiera, acabará siempre mal. Le ocurrió primero a Anselmo, el primer párroco y luego al pobre, en todos los sentidos, maestro.

                        La gente, las personas, creen saberlo todo de todo el mundo, pero en realidad no saben nada. Esos son los surcos sobre los que se siembra la maledicencia, que el autor, parece conocer muy bien, así como los rituales de la Misa, versículos evangélicos y los salmos. El único camino para vencer a la maledicencia y a la calumnia, es cerrarle las puertas y los oídos, evitando que la sombra de la duda se asiente en el alma. Eso es contra lo que lucha Antoniano y a lo que no conseguirá vencer.

                        Si actúas como si tuviese Fe, tendrás Fe, eso es lo que dice una vieja máxima eclesiástica. Antoniano, hermano Marista en Cuba, perdió la Fe, tanto en lo divino como en lo humano, en el claustro del convento de la isla caribeña. Desprotegido de cualquier certidumbre, se enfrentará solo a los vapores tóxicos que destila su casera, la bruja Clementina, que tiene un gato al que llama Satán, y una aldaba en forma de escorpión. La lucha contra el diablo está presente desde el primer momento, igual que la presencia de la Cruz. Como dijera Don Quijote: Ten cuidado Sancho, que detrás de la Cruz siempre está el diablo. Los enemigos del alma son tres: el mundo, el demonio y la carne. Antoniano no estaba preparado para subir ninguno de esos tres escalones.

                     Los versos finales de la novela, muestran claramente lo que ha sucedido: Todo es mentira, falsedad y dolo, todo en la sombra por la espalda hiere; solo el amor de los padres no tiene engaño, ni doblez, ni muere.

                     PD: el libro puede comprarse en las librerías de Melilla.