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Una campana llamada Inmaculada


                   Historia de la Capilla Castrense de Melilla

Enrique Delgado

                    La historia de la construcción de iglesias en Melilla siempre ha sido complicada, pero la de la Capilla Castrense de la Inmaculada Concepción,  es quizá la más enrevesada de todas. La solemne inauguración de las obras se produjo el sábado 18 de septiembre de 1920. El acto ceremonial fue presidido por el Comandante General de Melilla Manuel Ferández Silvestre, y el presidente de la Junta de Arbítrios, General Federico  Monteverde y el capitán ingeniero de la Junta, Francisco Carcaño, autor del proyecto, así como la esposa y la madre del infausto General Silvestre.    Este dato es importante porque una vieja leyenda africanista dice que la campana mayor de la capilla castrense de La Inmaculada Concepción lleva el nombre de Eleuteria, nombre de la madre del entonces Comandante General de la Plaza. Las madrinas de la ceremonia fueron la madre de Silvestre y la esposa del General Monteverde.   La  ceremonia religiosa fue oficiada por el Vicario castrense Plácido Zaidín, y los capellanes Ramón Elías y Francisco Velasco.

            Las obras se extendieron demasiado  por la falta de crédito, pese a las campañas de donativos, y las dificultades que presentaba el terreno (las antiguas ciénagas del Río de Oro), por lo que se tuvieron que sustentar las torres y el edificio, sobre un sistema de placas de cemento, lo que encareció el proyecto y provocó nuevos retrasos. Tantas fueron las dificultades que casi un año después, pese a las reducidas dimensiones originales de la capilla, a duras penas se cubrieron aguas en el mes de junio, tras finalizar la cubierta y las bóvedas interiores.

         Unos días antes de partir hacia el frente, el general Silvestre organizó una pequeña fiesta en el edificio, cuyo interior fue adornado para la ocasión  y se dispararon fuegos artificiales. En presencia de su madre, Eleuteria, de los obreros y de las mujeres encargadas de la Comisión de recogida de fondos, hizo un pequeño discurso, en el que afirmó que: “No es una obra hecha para la guerra, pero a ella puede venirse como resultado de aquella”. Alabó el trabajo de los obreros, resaltó que no se habían producido incidentes en su construcción y resaltó, una vez más, el proyecto de Francisco Carcaño. En su construcción también trabajaron soldados como obreros.

           Todo parecía marchar según lo previsto. Apenas unos meses más y Silvestre podría  volver, dedicar la obra a Melilla, al servicio religioso y a su madre; pero el destino tenía otros planes. La catástrofe de Annual, de la que él fue el principal responsable, trastornaría por completo las obras de la capilla, que fue utilizada como depósito de municiones durante ese año y el siguiente, 1922. El oficio religioso militar debería seguir celebrándose en la pequeña capilla de madera, junto al Muro X.

                  Bendición de la  capilla el 22 de noviembre de 1923

           A las nueve en punto de la mañana se inició el solemne oficio religioso de la bendición,  presidido por Julio de Diego y Alcolea,  Ilustrísimo Patriarca de las Indias Occidentales, lo que hoy sería el obispo general castrense, en un acto privado. Fuera esperaban los fieles, el inicio de la misa pública. Un poco antes fue trasladado el Santísimo de la vieja capilla a la nueva. El oficio público se inició a las 10h 30 de una desapacible mañana de otoño, dominada por un intenso aguacero, como si el destino quisiese lavar con el agua, cualquier error cometido en el pasado. El 22 de noviembre se conmemora la festividad de Cristo Rey y de Santa Cecilia.

                                 Inmaculada: el nombre de la campana

       La campana o las campanas, son tan importantes para un edificio de culto cristiano, como el mismo edificio. Las campanas son únicas, y se fabrican ex profeso para el templo. El molde se rompe con posterioridad y ya es imposible repetirla. En muchos casos a las campanas se las dota de un nombre propio o de un título. Caso de ser así, el hecho es tan importante que se menciona en el acto de inauguración o bendición del edificio. Las campanas se instalan en el último momento y se tañen en el instante de la inauguración. En ninguna de las crónicas leídas sobre la construcción e inauguración de la capilla se hace mención a las campanas. No se habla de ellas.

      La vieja leyenda africanista decía que a la principal, la instalada en la torre derecha o del evangelio se le había dado el nombre de Eleuteria, madre del general Silvestre y supuesta impulsora de su construcción. Tras subir a esa torre compruebo que el nombre de la campana es el de Inmaculada, fabricada en el año 1944 y donada por la Junta de Obras del Puerto. La torre izquierda, o de la epístola es inaccesible. Esta cegada y no tiene escalera interior de acceso. Esto es lo que dicen los hechos y las crónicas. La leyenda puede pervivir, por eso lo es.

Testimonio de Monseñor Buxarrais


      El libro de conversaciones con Monseñor Ramón Buxarrais, publicado por la editorial melillense GEEPP (Gestión y Edición de Publicaciones Profesionales); se inicia con este párrafo de Juan el Evangelista:

        Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de  mí. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Juan 5, 31-37

       Escribir sobre una persona que ha publicado 10 libros, centenares de artículos y textos pastorales, y del que se ha escrito tanto, no es una tarea sencilla. Se trata de ofrecer una visión distinta de la persona, en su propio  contexto personal, que es la ciudad de Melilla y dentro del Centro Asistencial, en donde ejerce como capellán desde 1991, cuando renunció al episcopado de Málaga.

             Son muchos/as los que me han preguntado el por qué de escribir un primer libro acerca de un sacerdote de la Iglesia católica, y mi respuesta es invariable: ¿ y por qué no?. Llevo escribiendo más de dos décadas sobre muchos temas y muy variados. La única explicación que puedo ofrecer es la misma que he redactado en el preámbulo.

                                  Explicación      

                                   Hay un punto en el que la religión, o cualquier otra creencia, amortigua las preguntas incontestables sobre la existencia, y hay un punto a partir del cual, las abre de modo permanente, cual llagas lacerantes, que rara vez se aplacan. También debemos pensar que la mayor parte de la gente, de cualquier lugar del mundo, de cualquier creencia, o incluso en la ausencia de ellas, no pretender ir más allá, y nunca se enfrentará o tendrá ocasión de enfrentarse, a la más inquietante e irresoluble de todas las preguntas, la de qué ocurre tras la muerte o de qué sentido tiene nuestra  existencia, de no existir nada más de lo que vemos.

           En este caso hablo y escribo sobre las creencias cristianas, porque la persona con la que mantuve esta serie de charlas, entre los meses de marzo y mayo de 2012, es Monseñor Ramón Buxarrais Ventura, quien renunció al obispado de Málaga en 1991. Cuando mantuvimos estas conversaciones, no habían ocurrido algunas cosas, como la renuncia del Pontífice de La Iglesia Católica Benedicto XVI. De esta manera, 22 años después, un pontífice romano convertiría al obispo emérito Buxarrais, en un precursor, una figura muy común en la historia católica, siendo el primero y más conocido de todos, Juan El Bautista. No tiene relación con los hechos, pero precursor es simplemente el que va antes que alguien.

           Tras la renuncia de Benedicto XVI, nadie se acordó, ni tuvo en cuenta, si quiera como referencia, el caso de Monseñor Buxarrais, que renunció al episcopado malacitano por parecidos motivos, aunque a una edad mucho más temprana. Le abandonaron las fuerzas físicas y espirituales para dirigir la Diócesis malagueña, del mismo modo en que Benedicto XVI, se declaró impotente para seguir al frente de “la nave petrina”, según su propia expresión. ¿Por qué abandona un pastor?, ¿es posible bajarse de la cruz?, son algunas de las preguntas que se han formulado muchos creyentes tras la conmoción de ver renunciar a un Papa.

          Podemos responder a estas cuestiones, desde la posición del que está fuera del magisterio de La Iglesia, hablando con alguien que estuvo muy dentro, ocupando un cargo episcopal, y que sigue dentro de ella, ocupando desde la lejana fecha de 1991, el cargo de capellán del Centro Asistencial de Melilla.

         Son muchas  y diversas las sensaciones que se tienen al sentarse frente a frente con un obispo, aunque sea emérito (equivale a retirado en la terminología de La Iglesia de Roma), de indudable y sólida formación teológica. No es solo lo que él diga, sino también tratar de darle un nuevo enfoque. Se trata de buscar algo nuevo y mostrar cosas distintas, que no estén en los manuales de teología, ni en las biografías oficiales, cuajadas de documentos pastorales y textos de gran solidez teológica y argumental, pero que resultan demasiado espesos al común de los lectores y lectoras.

        Nota: el libro puede encontrarse en todas las parroquias melillenses, y se vende a precio de coste editorial. El prólogo es del padre Francisco Sierra, capellán de La Capilla Castrense de Melilla.

La imagen perdida de San Fernando


   La talla perdida del escultor Vicente Rodilla en Melilla

         Hoy es el día de San Fernando, el rey conquistador de Sevilla y Córdoba, las joyas del califato. Como tal, es patrono de los ingenieros militares. Se dice que dio órdenes estrictas a su ejército para que la mezquita de Córdoba no sufriera daño alguno. No es esta la historia que queremos contar.

         Vicente Rodilla fue un insigne escultor valenciano que realizó el servicio militar en nuestra ciudad, en la década de 1920. Ya licenciado, fue profesor de la Escuela de Artes y Oficios entre 1923 y 1929. Se casó en Melilla con Concepción Garrido Baena. No hay recuerdo alguno en la ciudad sobre su paso por ella. Era un simple soldado y  eso no es algo que aquí se valore mucho. En medio de tanto heroísmo, un simple profesor no destaca demasiado, aunque fuese un escultor afamado.

          En la época en que estuvo en Melilla, la Iglesia Castrense ya estaba construida y era un de los lugares de culto más importantes de la ciudad, dada la importancia y el peso que El Ejército siempre ha tenido sobre la ciudad.  No sabemos si por propia voluntad o por encargo, realizó una escultura en madera de San Fernando. Vicente Rodilla es el primero por la izquierda. Su primorosa talla del Rey santo, ocupa el centro de la fotografía, realizada en la capilla castrense. Otro soldado y amigo suyo, se encargó de la policromía de la imagen. Es todo lo que queda de él, de su recuerdo y de su talla.

                             La iconoclastia en Melilla 

             La iconoclasia o iconoclastia, es un movimiento que se opone a la veneración de imágenes religiosas, y suele estar motivada por razones religiosas o políticas. En Melilla solo se desató este movimiento a partir de 1974 y concluyó en 1989. Se inició con la desaparición de la Semana Santa en la ciudad, y terminó con la eliminación del busto del Cristo de Limpias en la parroquia del Real. A lo largo de esos quince años se liquidaron imágenes, se eliminaron capillas, altares, exornos, vestimentas, exvotos, que los melillenses habían ido donando a sus iglesias a lo largo de décadas. El paroxismo iconoclasta se alcanzó en dos parroquias. En la de San Agustín del Real se llegaron a vender todos los pasos procesionales, e incluso las imágenes, a la capital almeriense. La otra iglesia en donde se registró un cenit iconoclasta fue en la parroquia de Batería Jota o de la Medalla Milagrosa, en donde la leyenda hable del célebre pozo que fue colmatado con parte de las imágenes que componían los pasos, y con ropajes y atavíos semanosanteros.

             Por toda la ciudad cayeron alteres, púlpitos, lámparas, cuadros, candelabros, e incluso sagrarios e imaginaría de todo tipo. Dicen que a río revuelto ganancia de pescadores, y la devastación iconoclasta, imposible de calcular, fue aprovecha por algunos, para tener arte gratis en casa, como esta talla de San Fernando de Vicente Rodilla, desaparecida desde 1980. Un colaborador me proporcionó una imagen de la capilla castrense, con sus antiguos altares desaparecidos.

           PD: Gran parte de estas historias las escribí en prensa, en la época anterior a internet, y también en el foro infausto de Infomelilla, en donde desaparecieron, junto a la de otras muchas personas que colaboraron  en el.

               Nota: (1) http://personajescelebresdemelilla.blogspot.com.es/2010/02/escultor-vicente-rodilla-en-melilla-1.html

(2) http://fotografiasdemelilla.blogspot.com.es/2011/11/melilla-las-victimas-de-1921.html