Archivo de la etiqueta: El Rastro de Melilla

Sin rastro de solución


     Un rastreador es aquel que sigue la pista de animales o personas por el rastro que dejan, ya sean pisadas, cenizas, olores, sonidos, deposiciones. El Rastro de Melilla tiene rastro. El primero y principal es el enorme ruido que produce, y el segundo es el olor de la venta del pescado en la calle. Sin ser un rastreador cualquier melillense sabe reconocer que se está acercando al Rastro.

      La pista del Rastro se atenúa en invierno, pero con la llegada de mayo y del calor el barrio huele desde larga distancia. Las garcillas y gaviotas lo saben desde hace mucho y acuden allí a proveerse de un pescando tan fresco como el de  “Ordenalfabetix” en el poblado de Las Galias. ¿Es la oferta la que atrae la demanda o ésta última es la causa de la primera?. Si a lo habitual se une una rotura de conducciones de aguas fecales, entonces la zona se convierte en un pozo.

       La realidad dice que la oferta de pescado y fruta fresca existen porque no hay intención ni capacidad de acabar con semejante práctica, impropia de una ciudad moderna, ya sea africana o europea. Da igual. Esto no es propio ni aceptable en el siglo XXI. Ocurre porque no hay gobierno ni gestión, con lo cual la ciudad se ordena a su propia manera. Hay ineficacia y desidia.

         Hace unos años, cuando todo el comercio estaba en manos de cuatro, podía existir una excusa. La realidad es que hoy las fruterías proliferan como hongos y justo al lado de donde se comercia  en la calle, hay una pescadería con precios más baratos que los del Mercado Central. Con las panaderías sucede otro tanto. Hay muchos despachos de pan, y ya no hay necesidad de comprarlo en el suelo. Las tortas de “pan moruno” o techni ya es una realidad consumible en las panaderías de la ciudad.

             Hemos denunciado esto muchas veces, ahora ya solo lo comentamos. Es imposible que el Rastro remonte. No hay plan urbanístico. Es un caos de tráfico permanente sin escapatoria posible. Una vez rebasada la línea de la calle comisario Valero, ya no hay posibilidad de escapar. Las calles de Margallo y Gran Capitán solo conducen hacia el centro del barrio y a la carretera del Tiro Nacional.

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Acción Poética en el Rastro


 La cultura en los barrios marginales

         Acción poética es una iniciativa mundial nacida en 1996 que busca plasmar expresiones poéticas, generalmente optimistas,  en los muros de las ciudades. En Melilla existirán una docena de esas frases., firmadas siempre con el nombre del colectivo, presente en países de habla hispana. Desde el Instituto de Las Culturas de Melilla, en su etapa inicial (actualmente ha sido reorientado), se buscó llevar la cultura y la pintura a los barrios marginales, enfocándose su acción principalmente sobre el conocido barrio del Rastro. Hubo una iniciativa, denominada proyecto Kahinarte, que dibujaba y pintaba trampantojos, definidos así por la Real Academia de la Lengua: Trampa o ilusión con que se engaña a alguien, haciéndole ver lo que no es. Eso es exactamente, ver lo que no es, casi como la propaganda.

         Una pequeña ilusión, una estampa fugaz, sobre barrios abandonados durante décadas, a escasos metros del centro de la ciudad. Hay una Acción Poética dirigida u orientada desde el Poder público, y otra surgida del propio barrio. El contraste entre la frase promovida desde la cultura oficial y la surgida de la expresión espontánea no puede ser más grande. Incluso la presencia de la garcilla sobre la demoledora frase no puede resultar más reveladora, de la distancia real entre verdad oficial y realidad urbana. Hay proyectos e iniciativas para desarrollar el Rastro, pero si no calan en el espíritu del barrio y no profundizan en su realidad social, no serán más que proyectos cosméticos. Se actúa, o se piensa en actuar, con una década o más de retraso.

          Al entrar en uno de esos espacios interiores, ocultos a la vista, preguntaba a los allí presentes: ¿Qué es esto, una casa o un almacén?. Con toda naturalidad y amabilidad me respondieron : pues ni una cosa ni otra. Exacto. Espacios abandonados, indefinidos, que no son nada.

             Nota:http://www.accionpoetica.com/

Venta ambulante frente a La Mezquita


Venta ambulante en La Mezquita

                   La venta ilegal de pescado, o venta ambulante,  inunda el Rastro de Melilla. Hasta ahora se situaban de una forma “discreta”, pero a la vista de todo el mundo, en las calles transversales. Sin embargo, desde la semana pasada el descontrol es ya absoluto y la venta ilegal de pescado se realiza en el mismo límite de la Mezquita Central, en la calle García Cabrelles, y frente a la fuente del Bombillo. Es una situación de insalubridad total, propia del Tercer Mundo. La Consejería de Seguridad Ciudadana y la de Sanidad ya no existen fuera de sus despachos. La Policía Local hace lo que puede en una ciudad sin rumbo y a la deriva.

                Según el Reglamento de Convivencia aprobado por la Consejería de Seguridad Ciudadana, es más fácil ser multado por comer pipas en el Paseo Marítimo, que por vender pescado de manera ilegal, frente a uno de los escaparates turísticos más representativos de la ciudad. Esta es la realidad cotidiana, frente a una propaganda en la que ya nadie cree.

                     Los comerciantes de la zona, los fieles musulmanes que acuden a la mezquita para sus rezos diarios, el puesto de libros religiosos musulmanes, los usuarios de la fuente, los miembros del Consejo Religioso, están hartos de denunciar la situación.

El jardín asolado


 

               Asolado es destruido o arrasado. Desolado es triste inhóspito o desierto. Me ha resultado difícil el decidirme por un adjetivo u otro para describir este supuesto y fantasmal jardín y titular esta entrada. Se encuentra en la parte alta de las escaleras que comunican la calle Capitán Cossio con la calle Río Tajo, también llamado Monte de María Cristina, aunque en su parte más baja, la que da acceso al Rastro. Las palmeras se han doblado y achicharrado bajo el Sol y una desatención máxima. Es verdad que no se puede tener una ciudad en estado óptimo en toda su superficie, pero también es difícil encontrar cosas en mal estado en cualquier parte de la misma, aunque sea el mismo centro de la urbe.

         El barrio de los ríos es totalmente inaccesible, con potentes escaleras tanto aquí, como en el acceso desde Mariscal Sherlock. Escombros, basuras, farolas rotas, degradación, abandono., a poco menos de 200 metros de una de las “supuestas áreas turísticas”  de Melilla.  Todo son lemas, propaganda. La realidad es esta.

¡Corre, que viene la policía!


 

         El Rastro: la pescadería de Ordenalfabetix y Yelosumarine

     Sucede todos los días, pero no por eso deja de producir perplejidad. Todos los días, a partir de las diez de la mañana comienza la venta ilegal e insalubre de pescado,  en las calles del barrio del Rastro en Melilla. Todas las mañana a partir de las once, la Policía Local comienza sus rondas por la zona.

     Cuando se ve llegar el furgón policial, invariablemente, los vendedores de pescado recogen su mercancía e inician un simulacro de carrera. Los policías locales se bajan del furgón, deambulan por la zona y al no “pescar” a ningún pescadero ambulante, vuelven a irse.  Pasado el “peligro”, los vendedores atípicos vuelven a colocar su mercancía en el suelo y la noria vuelve a girar. Así hasta tres o cuatro veces al día.

      La verdad es que no parece haber remedio contra este tipo de comercio, que ensucia la zona y la convierte en un lugar apestoso, casi tanto como la pescadería de Ordenalfabetix, el pescadero del pueblo de Obelix y Asterix.  Sobre todo, no parece haber remedio porque si se ofrece mercancía es porque hay clientes. Cualquiera ha visto como coches de cualquier gama, se paran al lado de los puestos callejeros de pescado, miran la mercancía  del día e introducen la compra por la ventana.

        ¿De dónde sale este pescado?. Esta es la fuente de la que mana el problema. No puede saberse si se trata de pescado del día. Algunas fuentes no han comentado que es pescado del día anterior, que sale de las cámaras de refrigeración y que ya no puede ser vendido como pescado del día, que sí pasa control veterinario. Hasta la fecha, no parecen haber funcionado ninguno de los intentos de acabar con este tipo de venta, en ninguno de los mercados de la ciudad. Ni en los intentos de en serio, ni en éste momento, que más parece el juego de “la gallinita ciega”.

El Rastro is different


Una sucursal de pan, y la oferta  económica del año

   El Rastro de Melilla es algo diferente a lo que podría indicar su nombre, es diferente a lo que uno evoca con esa palabra.  El Rastro de Melilla es lo más parecido a un zoco, de hecho,  sigue la tradición de los mercados de la zona, con la diferencia de que en vez de un día a la semana, ofrece sus productos y diferencias a diario. en el Rastro de Melilla se puede encontrar cualquier estampa inimaginable en otras partes del mundo, o similar a muchas otras partes de ese mismo mundo. Ropa, productos perecederos, tiendas de cualquier cosa de 2ª mano, productos rescatados prácticamente del desguace o incluso algo que nosotros desechamos, puede volver a encontrarse, cualquier día en El Rastro.

    Sin embargo, en esta ocasión es una sucursal de pan la que ha causado la sensación comercial de la ciudad. Ofrece 10 bollos de pan, por solo 1€. De la oferta se habla en cualquier parte de Melilla. Muchos la conocen y se desplazan desde otros barrios a por ella. Había oído hablar acerca de esta oferta, pero fue hablando con una familia cuyo presupuesto es de 3€ al día para comida,  cuando me ofrecieron la imagen más nítida de esta sorprendente y exitosa oferta.

    Han pasado los tiempos de la ganancia desaforada, del querer amortizar cualquier negocio en el primer año de funcionamiento, de ofrecer los productos por encima de su valor real. Una oferta que sirve para aumentar las ventas y además hace una función social. Es la revolución del pan, en El Rastro.

La marisma del Rastro


                                    En busca del pescado

              Melilla nunca deja de ofrecer imagenes sorprendentes. En una mañana de trabajo como otro cualquiera,  bajo un  plomizo levante, el Rastro aparecía lleno de garcillas que deambulaban confiadas entre coches y transeuntes. la solución al enigma se produjo de modo instantáneo, pues las garcillas (que son abundantes), merodean en los alrededores de los vendedores de pescado, que eso sí, se veían en una cantidad menor que hace un mes. Los vecinos del Rastro llevan meses denunciando la alta presencia de gaviotas en sus inmediaciones y quizá la explicación se encuentre aquí.  La venta de pescado en las calles provoca un fuerte olor que pudiera hacer  de poderoso atractivo para las aves, que creen encontrarse en una particular marisma, en “el dorado”, o en el buffet libre de un hotel de sol y playa.

     La escasez de pescado en la bahía de Melilla, la falta de caudal en el Río de Oro, en donde la lagunilla de Mari Guari lleva seca prácticamente todo el año debido a la sequía, hace que estas aves, asentadas en nuestro entorno  desde hace unos años, busquen nuevos lugares en donde estar frescas y en donde alimentarse. El Rastro está lleno de pescado fresco y no lo decimos como crítica, sino como explicación a la presencia de aves en sus calles, que ni siquiera se molestan en alzar el vuelo. Están y viven confiadas, esquivan los coches y a los peatones, en busca de un boqueroncito o de un jurel.

             Aunque disminuida, parece imposible erradicar la venta de pescado en la calle, entre otras cosas por la existencia de una fuerte demanda. La única solución pasaría por limpiar la zona con productos desinfectantes que eliminen el olor a pescado y evitar así  un efecto,  que parece provocar  la concentración de gaviotas y garcillas en busca de alimento. De momento las garcillas tienen pescado fresco y charquitos formados por  los baldeos, para beber y refrescarse.