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Lo que desaparece con el año


El fin de la vieja estación marítima de Melilla

  Hace apenas unos días dí por finalizado cualquier comentario sobre la desaparición de la antigua estación marítima, esa que se empeñaron en tirar abajo y que al final han lo han llevado a cabo. Es absolutamente cierto que no podemos pretender nunca decir la última palabra de algo, porque siempre hay o encontraremos una imagen más, o podremos ofrecer una explicación nueva, desde una posición o punto de vista distinto. Eso ha sucedido esta mañana, cuando a bordo del barco he podido ver los instantes finales del que fuera uno de los edificios emblemáticos de Melilla. Nadie avisó del inicio de la demolición, no se han ofrecido alternativas. Hemos tenido que estar pendientes de casa movimiento. La imagen “Puerto de Melilla” desaparecerá para siempre. Cuando acabe el año ya no quedará nada. Tenemos las imágenes anteriores y las actuales, las últimas, las de lo ya irremediable. Al menos hemos sido testigos de todo. La mañana se abrió nítida y transparente. La luz era espléndida.

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Melilla se cae y la tiran


 

          Se inicia el derribo de la antigua estación marítima

Están acabando con cualquier referencia anterior de la ciudad de Melilla. El pasado anterior a ellos les molesta. Este gobierno local empieza a parecerse a una plaga bíblica, o a los caballos de Atila, que por donde pasaban no volvía a crecer la hierba.  Les da lo mismo que se trate del mercado de Cabrerizas, que una estación marítima con apenas 40 años de antigüedad,  o un edificio de Enrique Nieto en el Barrio del Real, del que ya hemos hablado. Acaban con todo como las termitas. La desfiguración de la ciudad que hemos conocido es absoluta.

La antigua estación marítima de Melilla, situada en el muelle de Villanueva, era un edificio de 1670 m² de planta y constaba de dos pisos, que fue inaugurado en 1970. El interior constaba de mosaicos murales de los que ignoramos el paradero o su destino final. Da igual todo, pues según nos han comentado fuentes autorizadas, el forjado estaba en perfectas condiciones. Simplemente sale más barato tirar que conservar o rehabilitar para otros fines. Una vez más dejamos constancia de que las entidades y personas que deberían decir algo en estas cuestiones, siguen manteniendo un silencio cómplice en todas estas demoliciones. La política de hechos consumados se impone una vez más.

En el barrio del Real, en la calle Valencia, existe un edificio con firma de Enrique Nieto que también está próximo a desaparecer. Hace ya tiempo que se retiró el cableado y se cerraron las llaves de paso de las conducciones de agua. En los primeros días de esta semana se ha iniciado el proceso de retirada de marcos de puertas interiores y exteriores, así como de los elementos de forjado. Cualquier día llegará la excavadora y procederá a la demolición del edificio, uno de los últimos representantes del modernismo obrero del Barrio del Real.  La diferencia estriba en que en este caso, en la fachada principal, está colocado el sello con la firma de Enrique Nieto, pero ya sabemos, que esto ya no preserva de nada. Es más bien un estorbo y más si se trata de barrios periféricos, en donde nadie ve nada.

PD: Si comparan con el enlace de junio, se aprecia como se ha intentado borrar,  de modo grosero la firma de Enrique Nieto.

Nota: ya habíamos escrito sobre esto, en el mes de junio.  

(1)      https://elalminardemelilla.com/2013/06/05/el-modernismo-en-el-barrio-del-real/

(2) https://elalminardemelilla.com/2013/07/16/la-antigua-estacion-maritima-de-melilla/

Dos barcos y un solo puerto


Tenemos la Estación Marítima más moderna de todo el Mediterráneo. Hoy ha llegado un “presunto crucero” y ya nadie le ha hecho caso. Estamos tan enfrascados con las diversas actuaciones  judiciales que ya a nadie le importa que venga a vernos un crucero más. Hoy había temporal de poniente y los barcos deben atracar en la zona de carga, en la parte trasera del puerto, en donde atraca el barco que llena nuestra ciudad de contenedores de mercancías.

Tenemos dos estaciones marítimas, una vieja que quieren tirar abajo porque dicen que está desvencijada, y otra nueva que costó lo que tres, pero que solo puede albergar un barco cada vez. El asunto es que cuando llega un barco distinto a los habituales, y Acciona tiene preferencia en la Estación Marítima, que no tiene nombre, debe atracar en un muelle que ni siquiera tiene pasarela para pasajeros, aunque van a construir una que va a costar mucho dinero y que no sabemos a dónde llegará, porque el edificio antiguo va a ser demolido para que quepan más contenedores. En días pasados se anunció la suspensión de la visita de otro crucero y tampoco le importó a nadie. Ya no recordamos ni el nombre.

Cuando hay “fuerte temporal de poniente”, que no tienen un nombre tan bélico como “el fuerte viento de levante”, los barcos deben atracar en el muelle de carga, que tiene mayor calado y protege mejor de las corrientes.

Es solo una imagen y un comentario, de un crucero completamente ignorado. El ciudadano de Melilla ya vive sobresaltado. El lunes había muchos coches oficiales en la puerta del Ayuntamiento y ya nadie pensaba que podía tratarse de una visita protocolaria. Todo el que pasaba por allí tenía la sensación de que iban a llevarse a alguien detenido.

Historias de la Estación Marítima de Melilla


En la Estación Marítima suceden cosas extrañas, porque hay cosas que desaparecen y aparecen sin mayor explicación. Es ya difícil fijarse en todo, porque no se da a basto. Son demasiadas cosas y también cansa estar pendiente de todo. Melilla vive en la anarquía, en el sálvese quien pueda, y solo se mueve al ritmo de la inercia. La Estación Marítima es un auténtico caos, con todo a medio hacer y envuelta en la gestión más ineficaz de la historia de la ciudad. Por su propia definición, una estación de transporte es solo eso, un lugar de paso. Para convertirla en algo más, un lugar de ocio, hace falta gestionar y estar atento a todo, y aun así es muy difícil, porque estamos envueltos en medio de una crisis profunda. La estación María Zambrano de Málaga, es además un centro comercial y de ocio, pero también empiezan a verse ya locales cerrados, y mucha menos gente que hace unos años transitando por sus inmediaciones. Eso sí, la zona de embarque a los trenes está completamente aislada y no se puede acceder a ella. La estación marítima de Melilla tiene un parque infantil, que es lo único que le da vida, dividida por la zona de tránsito del pasaje, lo cual resulta cuando menos paradójico. Muchos días no hay luz hasta las ocho de la tarde en la zona infantil, otros no funciona el aire acondicionado o las escaleras mecánicas. Todo esto lo hemos contado ya.

No resulta tampoco lógico que no haya zonas de descanso, o asientos, en la parte baja, en donde se sacan los billetes de las distintas navieras. La gente no tiene más remedio que tirarse en el suelo a descansar, y eso no es atractivo ni cómodo. Parece que molesta que la gente se sienta cómoda en los sitios, y cada vez son menos los lugares que tienen sitios en los que sentarse. En los centros comerciales, en las franquicias, en los supermercados, no hay un solo banco disponible. La única opción es estar de pie y marcharse de allí cuento antes. Solo quieren al consumidor para que compre, se deje el dinero y se marche lo más rápido posible.

                                                          El rezo islámico.

Sabida y conocida es la obligación musulmana de rezar cinco veces al día, en cualquier lugar, sin que necesariamente este sea un tempo, oratorio o mezquita. Tan eficaz es la oración en un lugar como en otro. No sé si existe algún tipo de eximente, a la práctica de la oración, según se esté de viaje, o en medio de una plaza pública. La discreción y la privacidad debe imperar en un acto así. Realizarlo a la vista de todo el mundo, de cualquier manera, debe resultar “un poco incómodo”.

Por este motivo, días atrás, puede fotografiar en la incómoda estación marítima de Melilla, un improvisado oratorio para musulmanes, y en principio me pareció una buena idea, pues estaba en una zona alejada del tránsito. En Almería existe una pequeña sala de oración, colocada en un lugar poco llamativo. En el caso de los cristianos, como no existe la obligación de rezar en determinadas circunstancias y horas, no resulta necesario que se instalen capilla o imágenes sagradas en los aeropuertos o en las estaciones de tren, autobús, o barco.

No sé si en los países musulmanes existen estas salsas de rezo en todos los lugares públicos, para los muy religiosos o los cumplidores rigurosos de los preceptos islámicos. Quizá en Melilla, en Almería, o en otras ciudades frontera como Ceuta o Algeciras, existan oratorios de este tipo. El caso es que lo que un día pude fotografiar y me pareció bien, ya no estaba al siguiente, y la gente volvió a rezar en el suelo o de cualquier manera.

La antigua Estación Marítima de Melilla


Acción contra el derribo de la antigua Estación Marítima


La antigua Estación Marítima de Melilla ha sido santo y seña de la ciudad durante décadas. Ahora, desde hace un año, la quieren derribar porque sí. No hay otro objeto que el de apilar contenedores de mercancías. ¿Se puede permitir cualquier cosa en una ciudad, por personajes ajenos a la misma, incluso de ella, que no entienden la historia de la ciudad, y que la abandonarán, probablemente, en cuanto acaben aquí su vida laboral?. Se ha permitido el derribo de casi todo. La ciudad está despersonalizada y sin referentes. Todo es ladrillo nuevo y cemento. Este edificio siguen siendo útil, entre otras cosas porque la nueva, flamante y mil millonaria Estación Marítima de nuevo cuño, solo permite el atraque de una barco de mediano calado. Las dependencias de la estación marítima que se quiere derribar, sigue alojando servicios portuarios y podría tener un nuevo eso, o servir para otros menesteres. como zona de ocio, o comercial. Melilla no puede quedarse sin su emblemática torre del reloj, que ha visto tantos y tantos desembarcos, solo porque alguien quiera apilar allí contenedores.
Una de dos, o el pueblo de Melilla no tiene ya carácter, o se lo han ido arrancando poco a poco. No puedo entender tanta indolencia y desentendimiento acerca de lo que ocurre y están haciendo con esta ciudad.
En El Alminar tendremos la oriflama de la libertad levantada, hasta que acaben con ella. El asalto ya ha empezado.

El gimnasio fantasmal


         

              El presidente portuario de Melilla, el singular D. Arturo, concede una entrevista a la cadena SER en diciembre de 2011 y dice: ” Melilla vive de espaldas a su estación marítima, aquí hay una magnífica cafetería/restaurante, al qe se puede venir y disfrutar a la vez de unas vistas maravillosas”. Cuatro meses después cierran la cafetería/restaurante y abren un gimnasio. No tiene lógica alguna. No creo que en ninguna estación marítima, de ferrocarril  o aeropuerto de toda Europa, exista un sólo gimnasio. No se entiende qué función puede tener un establecimiento de este tipo, en un edificio de tránsito de pasajeros. Tampoco ayuda el que la zona colindante al gimnasio esté semi abandonada, con las paredes sin enfoscar, y con el aspecto de ser un cuarto de los trastos portuarios.

        Los aeropuertos, las estaciones de ferrocarril, o los puertos, se utilizan para transportar viajeros. Las cosas que debe haber en estos edificios y que de hecho hay, son muy determinadas: Zonas de ocio, cafeterías, tiendas, o incluso centros comerciales. En Melilla han decidido, los responsables de esto, que tenemos que marchar con el paso cambiado y al revés del mundo. Un pasajero de la Estación Marítima de Melilla ya no tiene lugar en dónde sentarse, en donde cenar, desayunar o almorzar, o simplemente esperar el horario de salida de su barco. No hay tiendas, la mini cafetería tiene un horario muy limitado, no hay ni siquiera un cajero automático. No hay nada.

        El pasajero que sale o llega a Meilla por la noche se encuentra con que no dispone de un lugar para tomar un café. Si el barco sale en un horario nocturno o incluso de madrugada, solo ve el ambiente fantasmal del gimnasio. Es una visión irreal. La propaganda lo presentó como lo más sofisticado del planeta y la verdad es que resulta bastante normalito, tiene el aspecto de ser un gimnasio. La pregunta principal es qué modelo de Estación Marítima están buscando, si es que tienen alguno en mente.

       Dentro de poco, la operación Paso del Estrecho pondrá a prueba nuestra a la Estación Marítima Master del Universo, y la verdad es que no hay nada que ofrecer al viajero. Ningún área de descanso, ningún establecimiento comercial, ningún restaurante. Es una visión fantasmal. Una Estación Marítima es por definición un lugar de tránsito. La impresión que da la nuestra es que se quiere que salgamos de ella disparados, como almas que lleva el diablo.

Estación Marítima de Melilla


           

   Sin modelo de explotación en la Estación Marítima

  El pasado mes de diciembre, en una entrevista en la Cadena Ser, el presidente de la Autoridad Portuaria, Arturo Esteban, hablaba de como los melillenses “dábamos la espalda a la Estación Marítima” y explicaba las supuestas bondades de tomarse allí un desayuno, disfrutando de las excelentes vistas que se ofrecen desde  la Estación. Un mes después, la cafetería y el restaurante de la planta alta ya no existen.

   Hace apenas dos semanas, con gran aparataje de medios de propaganda, acudieron todas las autoridades marítimas de la zona de Melilla, a inaugurar la nueva cafetería. Inauguraban la nueva porque habían cerrado la anterior, sin dar mayor explicación, para sustituirla por un macro gimnasio, en una prueba más de ausencia absoluta de modelo de explotación.

        La realidad es que 5 años después de ser inaugurada, un fin de semana como este, repleto de lluvias y parques mojados, la nueva Estación Marítima no ofrece nada al ciudadano melillense, porque está todo cerrado. Realmente, e invirtiendo la frase de Don Arturo Estaban, quien da la espalda al ciudadano de Melilla, es la propia Estación Marítima.  En la planta 1ª no hay ni una sola concesión comercial, en la baja, solo “la nueva micro cafetería escondida”, dos ventanillas de coches de alquiler y una tienda de chucherías cerrada.

  En la planta alta o 2ª, no hay nada, salvo la zona de embarque y la promesa de un futuro gimnasio, que nadie entiende muy bien que va a hacer allí, ni a que sector de la población pretende dirigirse. Aparte estarían las obras de acondicionamiento del local, instalación de duchas, lavabos, zona  de taquillas y vestuarios.

   Soñar no cuesta nada, y eso es lo que hicieron en días pasados al presentar e inaugurar la nueva cafetería, cuyo aspecto es bastante decepcionante. uno les oye hablar y se imagina que aquello ya es “una zona comercial” a la altura de los grandes aeropuertos y “estaciones intermodales”. Luego se acerca el ciudadano a la supuesta nueva zona de ocio  y resulta que no hay nada, que todo es propaganda, incluidos esos premios grandilocuentes de “excelencia” que conceden no se sabe qué revistas.

         El ejemplo de la Estación Marítima es paradigmático, porque aquí no hay posibilidad de echarle la culpa a un supuesto gobierno anterior. El modelo de gestión, desde que se pusieron los cimientos hasta el día de hoy, corresponde exclusivamente,  al 100%, al mismo gestor, la Autoridad Portuaria de Melilla, que en estos 10 últimos años ha estado gestionada, por alguien designado por el PP de Melilla.

                             La realidad es esta. Nada. Salvo que se utilice para entrar o salir de Melilla. Bonita, eso sí, con vistas excepcionales, pero vacía, hueca, como una cáscara de nuez, pero  al precio de tres.