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En recuerdo de Mauricio Benain Belilty


Llegué a Melilla en 1979 procedente de Segovia, un lugar en donde los judíos habían sido expulsados en 1492 (el mayor error de la historia de España) y los últimos moriscos en 1614 (el 2º mayor error de nuestra historia). Cuando me incorporé al Instituto Leopoldo Queipo disfruté desde el primer día de una mezcla étnica deslumbrante, y también de la compañía de mujeres. En el medievo castellano, mi instituto era solo masculino, el Andrés Laguna. La luminosidad de Melilla me pareció otro mundo. Maanan, Elías, Mauricio, Esther, Pedro, Carlos, Rosario, y tantos otros compañeros y compañeras, cambiaron mi modo de ver las cosas. El mundo no era solo Uno y Trino, sino algo más, que en aquella época solo tenían Melilla y Ceuta. Poco a poco me fui convirtiendo en un cosmopolita. Cuando volví a ver a mis amigos y compañeros en Segovia, me sentía como alguien que había viajado en el tiempo.

Claro que no todo fueron luces, pues un año después, por aquellas obligaciones del servicio militar, conocí al Ejercito de Franco, que se resistía a desaparecer, y eso sí que era caverna, y no la de Platón. Así pues, aquella primera imagen se retiró a la zona en donde los recuerdos se embellecen. Sin embargo la semilla de la convivencia estaba allí. Solo necesitaba ser fomentada en la dirección correcta.

Melilla: Comunidad de comunidades

Musulmana, cristiana y judía, dice nuestro himno, compuesto por Aña Riaño, que por cierto, tiene calle dedicada en nuestra ciudad. Se escribió en ese orden por razones rítmicas y musicales, dejando fuera la comunidad hindú, por los mismos motivos. Incluso esto creó polémica en su momento.

Hace unos años, recuperé el contacto con Mauricio Benain, que por entonces trabajaba en la Farmacia del barrio de La Constitución, y me recordó nuestras clases de Ética en el Instituto, a las que acudíamos, cristianos no tridentinos, hebreos y rifeños. Eran clases con contenido formativo, evaluables, y en donde todo se debatía y ponía en cuestión, desde diferentes perspectivas. Mucho más tarde, la visión religiosa se adueñaría de todo, y hoy solo se puede escoger el tipo de enseñanza religiosa que se desea.

Las celebraciones religiosas, como bodas, comuniones, bautizos o el Brit Milá, se reanudaron tras la finalización del confinamiento, y seguían permitidas durante el presente “estado de alarma”, eso sí, con las debidas garantías sanitarias, el respeto a los aforos y las medidas individuales. Sin embargo, y como ocurre siempre, el azar o el destino, juegan con sus propios dados. Los sucedido en la Comunidad Israelita de Melilla es una gran tragedia, que concierne a la ciudad entera.

Solo el Colegio de Farmacéuticos, iban insertando sus esquelas en el diario Melilla Hoy, sin que la noticia del suceso, tomaras cuerpo en la ciudad. El día 11 de diciembre, con ocasión del encendido de las Luces de las Culturas en la plaza de Menéndez Pelayo, pude hablar, con Mauricio. Le comenté algunos proyectos para El Alminar, y quedamos en vernos para después de las navidades y Januká. Intenté fotografiar a su grupo, pero se excusaron por tratarse del viernes. Ese día eran los encargados de encender la Menorá. Luego llegó el silencio, cada unos a sus ocupaciones, y finalmente la tragedia.

El día 12 de enero falleció Reina Belilty Aserraf. El 13, David Benain Truzman, y en el día de ayer, 16 de enero, Mauricio Benain Belilty. Que Yahveh, Yo Soy, el Dios Único, Padre de todo lo creado, Padre Nuestro, Abba, les acoja y resguarde en su Reino, en su insondable Majestad, más allá de la muerte.

Brote de Covid en la comunidad hebrea melillense


La noticia circula por las redes de segunda o incluso tercera línea, sin llegar a hacerse pública, pero la conmoción es muy grande. El brote de infección por Covid en la comunidad hebrea ha sido muy extenso, y ha causado ya dos muertes, en una comunidad que hasta ahora se había mantenido alejada de la pandemia, salvo en la incidencia normal y en los márgenes estadísticos del resto de la población.

Al parecer, el brote surgió en un celebración familiar, cuyo motivo no ha trascendido, pero que podría situarse en el ámbito posterior a las fiestas de Januká. Los fallecidos son un matrimonio de avanzada edad, padres del conocido farmacéutico Mauricio Benain Belilty, cuyas esquelas fueron publicadas por el Colegio de Farmacéuticos de Melilla. El extenso brote, de un centenar de casos, ha llenado de temor no solo a la ciudad, sino también al resto de la población, pues se trata de personas muy conocidas y con gran presencia social. Entre los muchos afectados por este virulento brote, hay al parecer un rabino, un médico del Hospital Comarcal y el propietario de un comercio emblemático de la ciudad.

El repentino aumento de los contagios en los últimos días, con aumentos de casi 50 en 50 casos diarios, están localizados en la comunidad hebrea, y también en la comunidad cristiana ortodoxa neocatecumenal de la parroquia de san Francisco Javier, aunque con consecuencias menos graves. La labor de rastreo ha sido muy intensa y eficaz, para aislar y poner coto a estos dos focos de contagio, que ha tenido estas fatales consecuencias. El resto de la población parece mantenerse alejada de estos brotes, aunque la alarma y el temor se han acrecentado.

El efecto Navidad debería haber aparecido ya, y esto parece ofrecer un síntoma de esperanza, pues indicaría que la mayor parte de la población melillense, acató las restricciones impuestas por Sanidad durante las fiestas navideñas y el Fin de Año. Los expertos estiman que la temida tercera ola podría no ser tan dramática en Melilla como la segunda, que alcanzó los 1200 contagios y la trágica cifra de 40 fallecidos.

Estos datos, comprobados a lo largo de la semana por El Alminar, dan una idea de las terribles consecuencias de bajar la guardia frente a la pandemia del Covid. Las visitas a las sinagogas estaban drásticamente reducidas, y se limitaban a los viernes y solo a las que correspondiesen según la zona de residencia. Estos serían pues los dos primeros fallecidos en la Comunidad Hebrea de Melilla, con la que compartimos su pesar, y a la que ofrecemos nuestras condolencias.

Las luces de Las Culturas


Es Navidad, es cierto, pero también es Januká, porque por causa del mismo Cristo, que era judío (este es un hecho que tiende a obviarse) el calendario litúrgico cristiano coincidirá, ad aeternum, con las celebraciones hebreas. Además, resulta que el Yahvé bíblico, es el padre de Cristo, Jeshúa de Nazaret. Hace pocas fechas también fue el Diwali o festividad hindú de las luces. La tradición musulmana también encienden velas, y quien no lo sepa nada más tiene que acercarse a Mulay Idriss, la ciudad santa de Marruecos, para comprobarlo. El árbol o abeto navideño, representa a la Europa protestante, o evangélica, cultura y creencia a la que pertenece casi mayoritariamente, la comunidad gitana de Melilla.

Todas las culturas tienen su propia luz, podríamos extendernos todo lo que quisiéramos sobre este hecho, pero la realidad es que, la suma de todas las luces de las todas culturas, producen algo diferente, más intenso y con mayor gama de colores. Hasta la proclamación de La Constitución en 1978, no se permitía ninguna otra manifestación religiosa o cultural, que no fuese la cristiana católica, ni siquiera la protestante o la ortodoxa. Lo que no se está acostumbrado es a observar y participar de todas esas expresiones (culturales o religiosas) en el mismo parámetro de igualdad.

Asombra ver como, específicos y beligerantes segmentos sociales, imaginan agravios a la religión católica en donde no existen. La suma de los elementos que definen a las culturas melillenses en la plaza de Menéndez Pelayo es una idea novedosa, con la que se puede o no estar de acuerdo, pero no calificarla de agravio. Eso es mala fe, como decía Sartre, y esa actitud correo la convivencia, que es lo especifico de Melilla, y lo que nos define como algo diferente, que necesita estímulos, aportaciones e ideas, y no palos en la rueda del carro, que por cierto es el símbolo de la comunidad gitana.

Quienes se proclaman afectados por el agravio, no pisan una sola iglesia en todas las navidades, para conmemorar el Adviento, que es lo que se celebra. Ni siquiera podrán excusarse diciendo que están cerrados los templos, porque el que quiere, tiene horario para ir. El símbolo de la Navidad es la estrella de Belén (está presente en la plaza) y no la cruz. Algunos desconocen incluso lo que defienden.

Melilla, la ciudad de Las Culturas

Muchas ciudades españolas muestran orgullosas sus juderías, aljamas y alcazabas, restos de un pasado común, pero el el que faltan sus integrantes. Son monumentos vacíos, no hay comunidades que les den soporte. Los judíos fueron expulsados de España en 1492 (el mayor error de la historia española) y los moriscos en 1614 (el segundo mayor error histórico). Mientras tanto, la historia de Melilla es inversa, pues tanto rifeños como judíos fueron llegando a la ciudad en la 2ª mitad del siglo XIX, cuando fueron expulsados de Marruecos en el primer caso, y tras los Acuerdos de Wad el Rass, en el segundo. Nuestra ciudad se convirtió en tierra de acogida y no de expulsión. Este sería el camino y la senda a seguir. No hay otra posible. Eso es lo diferente de esta ciudad, que muchos, desde distintos sectores, se empeñan en desbaratar.

La idea de “las luces de las culturas” es buena, pero falta algo más de contenido y vistosidad. Aun así, en un tiempo en el que no se puede congregar a la gente, ni invitar a los actos públicos, la idea sirve, pero resulta escasa. La plaza diseñada por el artista melillense Carlos Baeza, puede convertirse en uno de los centros de la ciudad común, en un escaparate de aquello que queremos. Casi ninguna ciudad española tiene mezquitas y sinagogas activas, junto a las iglesias católicas y las evangélicas. Melilla sí.

Hay que exigirles algo más, a los jefes de prensa y a los “altos cargos” que se encargan de estas cuestiones. También al iluminador (que falla todos los años) y que éste se ha olvidado del “Feliz Navidad”.