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El viento y la suerte


                     Es una suerte  que no haya habido ninguna víctima en el derrumbe de este edificio, que ha colapsado por causa que se tendrán que investigar. Suerte que los daños sean solo materiales y escasos, porque los propietarios de la finca podrán hacer frente a ellos sin ningún tipo de problemas. Es una suerte que se haya caído solo, porque ahora será demolido un edificio histórico, sin necesidad de tener que esperar a la tramitación del expediente de ruina. Suerte también porque un edificio ruinoso queda convertido, por un golpe de viento, en un solar dorado.

                     Suerte para Melilla, la ciudad abandonada, con decenas de edificios como este, que pueden colapsar y caerse en cualquier instante. Edificios en situados en barrios y calles muy concurridos, que esperan solo el derrumbe. Lo hemos escrito 70 veces 7 veces y podríamos escribirlo otras tantas. En Melilla lo que no se cae, lo tiran. No se comprende lo que sucede en esta ciudad, o quizá sí. En otra ocasión escribimos sobre un inmueble histórico en la calle Polavieja en situación de desplome, que al final hubo que derribar y en el que murió un trabajador de los servicios de demolición.

                      Hay algo que protege a los/as ciudadanos/as melillenses de los infortunios, pero no es la Administración Local, ni sus Consejerías. Nos encontramos ante la peor gestión de la historia de la ciudad. Existen un centenar de edificios como el que se ha caído, con la ayuda de Eolo, en situación peligrosa, pero importa más inaugurar una fuente en el río, o iniciar una campaña enloquecida de obras, que tiene a la ciudad en un estado de tensión y estrés insoportable.

                     Ha sido también una suerte que el derrumbe se haya producido en la noche, porque justo en esa esquina se colocan personas que se dedican a la compra-venta de muebles y electrodomésticos de segunda mano. Es un derrumbe, un colapso de un edificio que lleva abandonado 10 años, la década fatal de Melilla. El solar colindante ha sufrido dos o tres incendios y en el interior del edificio ha habido ocupaciones clandestinas hasta hace no mucho.

                        Ahora se derribará todo y desaparecerá más historia de Melilla, la de la Feria Hispano-Marroquí, la del convento de Adoratrices, la de la primera iglesia de Santa Mª Micaela. En esto Melilla no tiene suerte, porque no le importa a casi nadie.

Notas:https://elalminardemelilla.com/2011/06/19/la-iglesia-fantasma/; https://elalminardemelilla.com/2012/10/09/una-tragedia-con-responsabilidades/

¿Derribo o rehabilitación?


        Hemos escrito constantemente acerca de derribos y demoliciones de edificios en Melilla.  Sobre este edificio de la calle Gral Marina/Gral. Pareja ya hemos escrito, aunque no de modo individual. Yo lo dí por candidato a la demolición en una entradas sobre edificios en ruinas, y fue Uno de Melilla el que sembró la duda sobre si iba a ser rehabilitado o no, pues él no encontró el expediente de ruina. Desde entonces lo he seguido con más atención y aunque la apariencia todavía engaña, lo sigo dando como candidato a la demolición. Este sistema de hacer caer el edificio sobre sí mismo y poco a poco, es la demolición de termita. Primero se apuntala toda la estructura para evitar su desplome y luego se empieza a derribar desde la azotea hasta el suelo. Es un sistema poco aparatoso, casi camuflado y así el edificio desaparece de modo paulatino, con lo que el impacto visual es menor. Cuando el edificio llega al suelo, parece que siempre fue un solar y ya nadie  recuerda que allí hubo un edificio.

     Yo creo que es derribo, aunque se admitirán todo tipo de opiniones. A favor del derribo juega el que se retiran marcos de puertas y de ventanas, rejas de balcones y cristales. Tampoco se ha apuntalado la fachada, por lo que no parece como candidata a ser salvada. Si la demolición prosigue, se irá haciendo caer lentamente, hacia el interior. Ya ha desaparecido todo el suelo de la azotea y la última planta está ya a cielo abierto. No hay elemento alguno que apunte hacia la rehabilitación. El último edificio derribado por el sistema de la termita, es el de la calle Santiago, en el barrio del Mantelete. Todo señala en esa dirección. Este es el sistema de derribo menos perjudicial para los edificios colindantes.

    Nota: https://elalminardemelilla.com/2013/02/19/todos-al-suelo/https://elalminardemelilla.com/2013/05/07/la-gestion-de-las-ruinas/

¿El siguiente en caer?


 

             La propaganda dice que somos una ciudad modernista, que existe un triángulo de oro de edificios modernistas, protegido por al menos dos “Reales Decretos”. La realidad es que se deteriora y cae todo, en cualquier punto de la ciudad, da igual que pertenezca al triángulo, al cuadrado o al círculo sin retorno.

               El nuevo Plan General de Ordenación Urbana está al caer, sobre la ciudad, con su oleada de recalificaciones, de ensanches, de nuevas zonas habitables, de aumentos de edificabilidad. en definitiva; negocios, especulación y multiplicación del valor.

                  Este edificio de la calle Aizpuru parece el siguiente destinado a caer, o ser derribado. Los balcones tienen profundas grietas, incluso la línea de la verticalidad está perdida. El empuje hacia afuera de los balcones,  es muy evidente. La estructura parece totalmente perdida y arruinada. Caerá como casi todo. La Administración sigue llegando tarde a este tipo de casos.

          Nota: Hace casi dos años que nos llevamos ocupando de ruina de los edificios en Melilla, de mostrarla.

   https://elalminardemelilla.com/2011/06/29/diferentes-grados-de-ruina-de-un-edificio-en-melilla/

Paseando entre ruinas modernistas


            Pasada una semana, cualquier noticia en Melilla es pasto de hemerotecas. Nada produce el más mínimo debate. Nuestro modernismo está ya más cerca de Pompeya o Herculano, que de Barcelona. Son muchos años de dejación, de no hacer nada, de no obligar a los propietarios a nada, aunque también es cierto que  muchos edificios están ya en ruina económica. Ha existido una dejación absoluta, o una falta de un verdadero plan de conservación del centro de la ciudad, el llamado modernista. Todo se cae, menos la estatua de Franco y la suela de zapato del monumento de la plaza Héroes de España.

            Encontrar edificios en ruina evidente para el ciudadano, excepto para la administración es algo que resulta cansino. Es una evidencia que ni los responsables de cada área, ni nadie relacionado con las mismas pasea por la ciudad, porque si no verían lo que vemos todos.  Sobra el dinero para pagar 120.000€  en la obra más absurda del mundo, la demolición del muro del campo de fútbol del Tesorillo y cambiarlo por uno transparente, pero no para pagar servicios básicos de los que carecemos en Melilla. No hay marquesinas de autobuses dignas de ese nombre, todo está en un estado pésimo de mantenimiento, las aceras están en un estado que provocan más caídas que el que sería su servicio original, el de transitar por ellas. Tal es el aspecto de la ciudad, que hoy un nuevo comentarista lo describía como decadente, y creo que es el adjetivo que mejor se le ajusta.

     ¿Dónde debe mirar el ciudadano de Melilla al andar, al suelo para no tropezar y escalabrarse, o al cielo para evitar la caída de un cascote o de un balcón entero?. ¿Cómo puede estar un edificio en este estado, en el mismo centro de la ciudad y no ser advertido?. ¿Tiene esto ya algún sentido?, ¿para qué escribir de nada?, y la gran pregunta, la que siempre aparece al final ¿Tiene Melilla salvación y luchamos por conseguirlo?, o ¿abandonamos y dejamos que todo caiga?.

      Nota:  En días pasados, técnicos inspeccionaban el edificio en donde murió un trabajador.

La avenida, en ruinas, de Castelar


     

             Paseando entre las ruinas de una avenida

     El aspecto de la avenida de Castelar es desolador y eso que se trata de una de las avenidas  emblemáticas del centro de Melilla. Hay edificios modernistas importantes, algún comercio y sobre todo, es una calle emblemática de “la ruta melillense  de las tapas”. Esto quiere decir que cualquier hipotético turista que se acerque a Melilla, puede de una manera u otra acabar en esta calle. No solo los turistas, si un familiar viene a la ciudad y se le quiere invitar a disfrutar de nuestra gastronomía tradicional, hay que hacer una visita casi obligada a esta avenida.

            Hay comercios y establecimientos nuevos que se han establecido allí, pero el entorno ruinoso no ayuda mucho. El aspecto general de esta calle emblemática, que en el pasado tuvo fiestas propias, no invita a detenerse en ella mucho tiempo. Hay algunos callejones laterales, que suben hacia Ataque Seco, cuyo aspecto es más propio de un acceso al averno, que el de una calle del centro de la ciudad. En cualquier momento uno espera la aparición en ellos del can cerbero, el guardián de los abismos infernales.

         Edificios cerrados de los que no se sabe qué suerte esperan, si el derribo o la rehabilitación. Solares absolutamente cochambrosos y en estado vergonzante. Ruinas que se mantienen en pie y que anteriormente fueron edificios, ofrecen tanto al ciudadano como al posible visitante, una apariencia de desidia absoluta y de total falta de gestión.

     Se pueden argüir todas las disculpas que se quieran, tales como la obligatoriedad de respetar los plazos legales, la dificultad de los procesos sancionadores, la complejidad de señalar a los propietarios de los inmuebles, o incluso la renuencia de éstos a acometer cualquier reparación o reforma. Todo es admisible y comprensible, menos el estado general que ofrece esta avenida, a cualquiera que pasee por ella. Las imágenes, que son una selección, muestran años de una gestión ineficaz, o que no ha dado los frutos que se pretendían.

    Hasta la Virgen de La Soledad, que descendía en el pasado por uno de esos callejones, dejó de hacerlo hace unos años, por la inseguridad creciente del lugar.