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125 aniversario de la muerte de Sor Patrocinio


        El 27 de enero de 1891, fallecía en Guadalajara, a los 80 años de edad, Sor Mª de los Dolores y Patrocinio, conocida en su tiempo como la monja de Las Llagas. En la muerte alcanzaba al fin el reposo que nadie le había concedido en vida. Ha pasado ya mucho tiempo, demasiado para poder acercarnos ya a su época, pero sí a las personas que la conocieron en vida, y que dejaron testimonios escritos sobre ella, o incluso muy próximos al tiempo de su fallecimiento, cuando su recuerdo estaba todavía sin apagar.

            Hay fechas que se repiten de modo enigmático en una vida. Nació y murió un día 27. Murió en enero, en el mismo mes que nació a la vida en Cristo, o sea, que ingresó como novicia, en la comunidad del Caballero de Gracia. Nació en 1811, y murió en 1891. Ambas cifras empiezan y acaban en 1.

                           Nacimiento de la futura madre Patrocinio

             María Josefa Dolores Anastasia de Quiroga Capopardo, nació el 27 de abril de 1811 en el pinar de San Clemente de La Mancha, siendo abandonada por su madre inmediatamente. Los padres huían por separado de la invasión francesa.  La niña sobrevivió de modo milagroso, y a los tres días pasó por el lugar su propio padre, Diego de Quiroga, no sabemos si en su busca o de modo casual, como explica la cronista y secretaria personal, Sor María Isabel de Jesús. El caso es que unos llantos infantiles permitieron al padre encontrar a su hija recién nacida, que puso al cuidado de su abuela, Romana del Castillo. Este hecho tiene una difícil explicación, y sentará las bases de una tormentosa relación entre madre e hija. La pequeña Lolita, o Dolores, será la cenicienta de la familia, y su madre se convertirá en la malvada madrastra, que la atormentará hasta el final, aunque en su momento postrero, solicitará el perdón de su hija.

                     Ingreso en el convento y persecución de Olózaga

              Tras la reposición en el Trono de España de Fernando VII, Diego de Quiroga, padre de “Dolores”, recuperará su cargo de funcionario de Palacio, pero una muerte repentina  dejó en desprotección casi total a la familia. Para una joven viuda con cinco hijos, la existencia se tornaba muy dura. La única posibilidad de mantener la posición social era un nuevo matrimonio o el de una de las hijas. Según las crónicas y fotos disponibles, Dolores era una mujer muy bien parecida y de mirada profunda y cautivadora por lo que la madre concibió para ella unas expectativas muy diferentes, de las que la propia niña manifestaba para sí misma.

                    Con tan solo 17 años, un 19 de enero de 1929, Dolores, apadrinada por la duquesa de Benavente, ingresó en el convento del Caballero de Gracia de Madrid, para profesar como novicia, con el nombre de María de los Dolores y Patrocinio. Dotada de una vida espiritual intensa y de gran inteligencia social y política, alcanzó pronto gran fama, tanto por la aparición de “llagas” en su cuerpo, en los mismos lugares que las de Cristo, como por lo atinado de sus profecías y consejos.

       Con la notoriedad pública llegó la atención de la gente, con ella la de la Regente María Cristina y su hija Isabel, y con ellos, justo detrás, la obsesión del diablo, en este caso Salustiano de Olózaga, solo seis años mayor que ella. Era un hombre acostumbrado a conseguir todo, incluso por la fuerza. Se obsesionó con ella de manera enfermiza. Hombre de Estado, diputado, gobernador civil de Madrid, Liberal, intrigante, Presidente del Consejo de Ministros, implicado en uno de los sucesos más escabrosos de la política española, y del que los historiadores pasan de puntillas. No dudó en utilizar los poderes del Estado en su contra, en contra de una mujer a la que se acusó de absolutamente todo, incluso del intento de asesinato de Isabel II, a manos del sacerdote demente conocido como “el cura Merino“.

       Hemos encontrado testimonios sobre su vida, libros y artículos de prensa. Testimonios poco conocidos, e incluso su propia obra, unos ejercicios espirituales a la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordia, de más de 600 páginas, en una edición personal pagada por la propia Reina Isabel (Reina y súbdita, amiga y confidente). Dos mujeres zarandeadas por el violento mundo de los hombres.

                Si Salustiano Olózaga, político indigno donde los haya fue su particular demonio (empleamos los términos de la época), su hermano Juan Antonio Quiroga será su personal ángel de la guarda, que la defenderá en el Congreso de los Diputados, aunque nadie tendrá la capacidad de evitarle destierros y sufrimientos, ni siquiera la propia Reina, en un país y época dominada por los espadones: Espartero, Narváez y otros muchos. La propia hermana de la Reina Isabel II, Luisa Fernanda se convertirá en una de sus  peores enemigas, junto con su marido, Antonio de Orleans, duques de Montepensier, instalados en Sevilla, ciudad a la que convirtieron en capital de la intriga política. Su vida y los acontecimientos que la rodearon, son un ejemplo de cómo se ha hecho la política en España.

             Su nombre salió a la luz pública en 1835, cuando por orden del gobernador civil de Madrid, Salustiano Olózaga, y con el permiso del Ministro de  Gracia y Justicia, la fuerza pública entró en su convento para arrestarla, bajo la supervisión del juez Modesto Alcazar. La orden era “curar a la fuerza” sus llagas en manos y pies y examinarlas. La prensa de la época se llenó de opiniones e interpretaciones del suceso. Hasta ese momento, su vida como monja solo era conocida en el ámbito eclesiástico y popular. A partir de ese momento todo fue de dominio público, en un país acostumbrado a usar la religión, ya sea a favor o en contra, como ariete político. Fue uno de los más grandes ejemplos de prevaricación administrativa y abuso de autoridad, por aprte del Estado,  aunque ninguno de esos  delitos no estaban contemplados entonces, por ser moneda común en el ejercicio político de aquellos tiempos.

          Desde 1835 hasta su exilio en Francia en 1868, tras “La Revolución” (auspiciada entre otros por el propio Olózaga), y deposición del trono de Isabel II, su vida será un torbellino de destierros en el propio país, y bajo acusaciones de todo tipo. Unos la acusaban de nombrar ministros y otros querían usar su supuesta influencia sobre la Reina Isabel, que la propia monarca  desmentirá en una carta fechada en 1904, unos meses antes de su muerte. En España, de muy poco sirve decir la verdad. Entre 1868 y 1877 permanecerá exiliada en Francia, en donde ya había estado desterrada entre e 1825 y 1853.

            A Sor Mª de los Dolores y Patrocinio se la permitirá regresar en 1877, y ya permanecerá en el convento de Guadalajara hasta su fallecimiento en 1891. La Restauración Borbónica de 1875 aflojará la tensión en torno a La monja de las llagas, pero no con respecto a Isabell II que morirá en París. Sus influencia y vida religiosa desaparecerá del espacio público y sobre su nombre empezará a cubrirse con el manto del olvido.

                   En 1925, tras la muerte de la que fuera su secretaria personal, Sor Isabel de Jesús (la francesita), su recuerdo volverá a cobrar actualidad, al iniciarse su causa de beatificación, promovida desde la Diócesis Primada de España, la de Toledo. Un escritor laico, Benjamín Jarnés, realizará una excelente biografía en ese mismo año. El texto de Jarnés pretende ser una visión científica, leteraria y equilibrada sobre la persona de Sor Patrocinio, pero acabará cautivado por la potencia de su ejemplo y sobre todo, por la virulencia de las fuerzas que se aliaron en su contra.

      La madre Isabel de Jesús lo escribió todo de modo claro y preciso, en una visión hagiográfica, pero de la que se extraen con facilidad la realidad de los hechos. Los biógrafos externos, como Jarnés,  quedaron atemorizados y sorprendidos ante la revelación de algunos hechos, que llegan hasta uno de los asuntos más sórdidos y tenebrosos de la historia de España, el ya mencionado “incidente Olózaga”.

        Hay mucho más que contar y escribir, pero debe hacerse de modo ordenado. La puerta está ya abierta. El eco de lo sucedido está preservados por las silenciosas piedras del convento de Guadalajara, el de las Concepcionistas Franciscanas en el que reposa, y por otros sumidos en el silencio, como el del Real Sitio de San Ildefonso en Segovia.

      Todo se ha mantenido a salvo, aguardando el tiempo de ser contado sin apasionamientos, sin prejuicios, retirando la hojarasca y la maleza con la que se ha cubierto su nombre y su vida, que se desarrolló en un siglo feroz. Aun así, hay que conducirse con cuidado, porque las fuerzas que la acecharon, tanto a favor como en su contra, permanecen aletargadas esperando el momento de volver a entrar en conflicto.

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El convento olvidado del Real Sitio de San Ildefonso


               

               El Convento del Triunfo de la Inmaculada Concepción

 Enrique Delgado

     Algunas piedras guardan un mensaje, pero no siempre es posible interpretarlo o entenderlo. Las piedras no tienen prisa y pueden guardar su secreto durante años o siglos. Las ruinas de esta Iglesia conventual en el Real Sitio de San Ildefonso o La Granja, en Segovia, llevan más de 6 décadas en estado de abandono. Las impresionantes celosías de madera ocultan una historia a punto de perderse, incluso una de ellas se está hundiendo.  La enorme mole del convento, hecho con piedra de granito de Guadarrama, se mantiene incólume, pese a no haber recibido ninguna atención en los últimos 60 años. El altísimo campanario sigue vigilando y guardando celosamente los secretos de su historia y de su fundación. Lo más que aciertan a decir los habitantes del Real segoviano es que se trata de un convento, sin mayor detalle o especificación. Pese a todo, son una ruinas especialmente atractivas, casi orgullosas, en la esbeltez de las líneas que lo forman.

           Muchas cosas resultan  llamativas en esta historia, que nos persigue desde el año 2013, en el que por primera vez escribimos sobre ella. También es curiosa  la advocación de Nuestra Señora del Olvido, la virgen rectora de la Orden de la Inmaculada Concepción de María Santísima, fundada por la madre María de los Dolores y Patrocinio. Esta es la narración de una historia que hemos ido componiendo a lo largo de varios años, en la que un paso ha llegado solo después de otro, sin que haya sido posible saltarse nada. El olvido,  el del manto de Nuestra Señora del mismo nombre, ha cubierto y protegido estas ruinas a lo largo de años, localizadas en el Real Sitio de San Ildefonso. Ahora ha levantado su manto para que sea conocido  y no todo se pierda.

          Solo la aparición de un libro olvidado, editado en 1925, el de Sor María Isabel de Jesús,  ha permitido que conozcamos la historia completa de estas ruinas. Sor María Isabel, la francesilla, como la llamaba su venerada madre, compuso en sus últimos años una biografía completa de Sor María de los Dolores y Patrocinio. La riqueza de los datos recogidos da para muchos artículos, pero ahora solo nos centraremos en el convento.

                   Los conventos de la Madre Patrocinio

         Sor María de los Dolores y Patrocinio fue una reformadora de la Orden de las Concepcionistas, y en algunos textos se la compara con la labor de Santa Teresa, de hecho en ambientes canónicos se la llama la Santa Teresa del siglo XIX. Fue objeto de persecuciones por el Poder público, siendo desterrada varias veces en el interior de España (Talavera, Úbeda, Badajoz), y también enviada al exilio en Francia durante una década. Así mismo, fue objeto de martirio físico (golpes y palizas) para que se retractara de sus visiones, y de escarnio social con viñetas e historias difamatorias.

             Pese a todas estas trabas y reveses, no cesó en ningún momento en sus reformas y fundaciones: Torrelaguna en 1856, Aranjuez en 1557, San Ildefonso y El Pardo en 1559, 1561 en San Lorenzo de El Escorial y en Lozoya, en 1864 funda un convento en Manzanares, en San Sebastián en 1866. El fundado en Guadalajara en 1867 se convertirá en su sede permanente, en donde morirá el 27 de enero de 1891. Antes en 1868, tras el derrocamiento de Isabel II será exiliada a Francia al instaurarse la I República española tras un pronunciamiento militar. Las dos siguientes fundaciones e llevarán a cabo en Francia, Seine et Oise  en 1869, y en Beloc en 1871. Tras su regreso de Francia en 1877 reformará varios conventos; el convento de Las Puras en Almería, la del convento de San José en Madrid en 1877, y la de Corral de Almaguer en 1880. Fundará un convento en 1882 en Alcazar de San Juan en 1882, reformará el de Puebla de Alcazar en Badajoz en 1882 y el de Almonacid de Zorita en 1883. Las dos últimas reformas serán las de 1884 en Cabeza de Buey de Badajoz, y el del Santísimo en Granada.

                     8 de octubre de 1859 en La Granja de San Ildefonso

          Una Real Orden de 3 de agosto de 1859 dio el placet, a través del ministro de Gracia y Justicia,   a la  madre Patrocinio para fundar y poner en marcha el convento del Real Sitio de San Ildefonso, con la finalidad de mejorar la educación y conocimientos de la clase  menesterosa. será el siguiente en ser fundado tras el del Aranjuez, en un plan Real de fundaciones en los Reales Sitios.

               Sor María de los Dolores y Patrocinio llegó a La Granja de San Ildefonso el día 3 de octubre de 1859. Al día siguiente, 4 de octubre, se celebrará la primera misa en la iglesia del Convento del Triunfo de la Inmaculada Concepción, en honor de San Francisco de Asís, a la que asistieron todas la autoridades de la zona. El convento fue inaugurado solemnemente el día 8 de octubre, en presencia de la Reina de España Isabel II. Este que reproducimos a continuación, es el discurso inaugural de la madre Patrocinio y su opinión sobre el nuevo convento fundado, tras los agradecimientos protocolarios: El Convento  es muy bueno, con mucho mayor local que el de Aranjuez; la huerta no tan grande, pero tiene mucha fruta. Hay iglesia pequeña, algo más grande, como vez y media que la capilla. El coro bajo es anchísimo, de largo como el de Torrelaguna, ancho el doble por doble. Estas gentes son muy buenas y a todas nos ha probado bien. El día 10 tendremos la función de inauguración y establecimiento de la comunidad, a la que asistirán todas las autoridades, como el día de nuestro Padre San Francisco, y por la tarde tomarán el hábito dos o tres religiosas. Lo más esencial quedará concluido pronto, de modo que pienso dejar todo arreglado en debida forma, para marchar a primeros de noviembre. Los artistas y todos, por lo que se observa, trabajan aquí más con el corazón que con las manos, y tienen un respeto todos, grandes y pequeños, que no se observa en esa (Aranjuez). El administrador se porta admirablemente. Hemos encontrado muchas camas, mantas, vidriado y toda clase de muebles.

                                         El abrupto final

           Como puede comprobarse quedó muy satisfecha con el convento de San Ildefonso, que además contaba con unas dependencias conventuales. Los finales casi siempre suelen ser muy abruptos. Apenas 9 años después triunfaría la revolución y asonada militar que concluyó con el derrocamiento de Isabel II, su amiga y protectora. Apenas tuvo tiempo Sor Patrocinio de cruzar la frontera en dirección a Francia. Con la desamortización de Mendizabal en 1870, las monjas Concepcionistas franciscanas perderían la propiedad del convento para siempre. Las dependencias conventuales quedarán cerradas, y solo se usarán con posterioridad como hostal. La iglesia sin culto desde entonces, salvo por un breve espacio de tiempo en el que habitó una comunidad franciscana. Desde 1943 la iglesia es propiedad privada*.

             El artesonado de madera del techo, las decoraciones de los muros y otros elementos artísticos están en buen estado, solo presentan problemas las cubiertas. Todo permanece como testigo mudo de un tiempo ya pasado y casi olvidado.

Isabel II y Sor Patrocinio


            Mujeres en un mundo de hombres

       La sociedad patriarcal ofrece pocos resquicios en un duro muro de dominio. Las mujeres son las principales víctimas, la gran revolución pendiente,  aunque los hombres tampoco escapan a la construcción de modelos y patrones diseñados para todos y de los que es difícil escapar.

             El 10 de noviembre de 1843 una niña de 13 años, Isabel de Borbón, a la que el Parlamento español, compuesto íntegramente por hombres,  jura el cargo como Isabel II, como Reina de una monarquía absolutista. Su educación fue deficiente y muy escasa en cualquier aspecto. Tres años después la obligarán a casarse, por decisión parlamentaria, con su primo Francisco de Asís, al que despreciaba, en el mismo día en que cumplía los 16 años, el 10 de octubre de 1846. “Pónganse ustedes en mi caso. Este me aconsejaba una cosa, aquel otra, y luego venía un tercero y me decía: ni esto ni aquello debes hacer, sino lo de más allá”, le confesará a Galdós, en una citas rescatadas por el libro de Isabel Burdiel sobre la vida de esta ultrajada mujer, un juguete en manos de los más oscuros intereses de la época. “Diecinueve años y metida en un laberinto en el cual tenía que andar palpando las paredes pues no había luz que me guiara. Si alguno me encedía una luz, venía otro y me la apagaba”. Isabel II abdicará en 1868, tras el triunfo de la Revolución conocida como La Gloriosa. Dice la autora de la biografía que no es posible ponerse en su lugar y yo creo que sí.

         Mª  Josefa Dolores Anastasia de Quiroga y Capopardo

    Este aparentemente complicado nombre se resumiría muy pronto y cobrará toda su dimensión si la mencionamos por su apodo religioso, Sor Patrocinio, a la que algunos quisieron comparar con la versión española de Rasputín, el monje negro que ejerció una nefasta y perversa influencia sobre la zarina Alejandra.  Mª Josefa Dolores nació un 27 de abril de 1811. Las biografías de la Reina Isabel II y de la monja coincidirán desde los primeros años de su reinado y la biografía de la primera mujer  no puede entenderse sin la de la segunda.

       Fue la época de los espadones, Espartero, Narvaez, O Donnell, Olózaga, su propia madre la regente Mª Cristina y la de tantos hombres a los que describe de esta manera el mejor biógrafo de Sor Patrocinio,  Benjamín Jarnés: “Y más si el espíritu se debate en un mundo grosero, entre hombres rectilíneos o de torpe sinuosidad, como lo fueron casi todos los hombres que nutrieron el ejercicio político de España, durante el siglo XIX”.

           El 2 de febrero de febrero de 1852, el sacerdote demente conocido como el cura Merino, intentó asesinar a la Reina en la madrileña calle de Atocha. Sor Patrocinio sufrió también otros dos intentos de atentado en el refectorio,  por parte de intereses tan oscuros, que jamás se llegó a averiguar los motivos o la autoría. A lo largo del reinado de Isabel II, sor Patrocinio sufrió diversos destierros en suelo español, e incluso uno entre 1868 y 1877, que finalizó tras la Restauración de la monarquía en la cabeza de Alfonso XII, hijo de Isabel, a la que jamás se permitió regresar a España.

         La dignidad de ambas mujeres fue atropellada en lascivos panfletos que las representaban en un burdel, caso de Sor Patrocinio, o de prácticas lujuriosas y desenfrenadas, caso de la Reina. Curiosamente, los panfletos se editaron el las imprentas de los hermanos Becquer, y dicen que con el patrocinio (sin doble sentido), del espadón Narváez, que a su vez se hacía pasar por uno de los grandes valedores de Isabel II. El camino para dñar la imagen de una mujer es siempre el mismo. El imaginario machista es cerril y siempre sigue la misma senda, como la de las yuntas de  bueyes.

               La historia del convento abandonado de San Ildefonso

          Jamás pude pensar, que ese fantasmal edificio de granito de la sierra de Guadarrama, cercano a la casa de mi madre, pudiese albergar tantos secretos en sus ya enmudecidas piedras y celosías. El edificio hipnotiza. El eco de los sucesos vividos allí dentro tarda en apagarse, diría que no se ha extinguido aún. Las piedras hablan y a veces llaman, pero hay que estar atentos y saber escucharlas, y también a personas. Hay que buscar las voces de aquellos que conocieron las cosas antes que nosotros. Lo que no se escribe desaparece en la tiniebla del olvido.

             San Ildefonso, o La Granja, fue durante 25 años la capital espiritual del reinado isabelino. Por allí pasaron Sor Patrocinio o monja de las llagas, y el padre Claret. En 1858 Sor Patrocinio fundo 4 conventos entre El Pardo, La Granja, El Escorial y Lozoya, lugares a los que Jarnés llama “los parques reales”. Tan solo 10 años después todo estará quemado y destruido.

              Todos los años me acerco allí, y entre sus rendijas intento captar la presencia de algún eco del pasado, de algún fantasma, o de alguna voz no oída de las piedras, en las que todavía hay algo que sigue llamando.

           PD: La importancia del reinado de Isabel II para Melilla es absoluta, pues durante el mismo se firmaron los tratados de ampliación del territorio melillense en 1860. En sus manos se puso el Decreto de la demolición y tala de la mezquita, morabito e higuera santa del cerro de Santiago, el secreto mejor guardado de la historia de Melilla,  hasta que lo desvelamos. Fue la época en la que los espadones españoles camparon a sus anchas por el territorio marroquí.

 (1) http://elfarodigital.es/enrique-delgado/28099-la-mezquita-de-la-higera-147-anos-de-su-demolicion.html#

El convento fantasma de San Ildefonso


La Granja de San Ildefonso, retiro de Reyes y Jefes de Estado
Entrada nº 1000

En el centro de La Granja de San Ildefonso, se encuentra esta iglesia desacralizada y que también fuera antiguo convento. La Granja no solo ha sido un tradicional retiro de Reyes y Jefes de Estado españoles. sino también y durante un tiempo, fue la capital del “clericalismo católico español”. Los dos máximos ejemplos de este movimiento católico ultraconservador fueron Sor Patrocinio, más conocida como la monja de “las llagas”, y el sacerdote y santo Antonio Mª Claret, fundador de la Orden religiosa de los Misioneros Claretianos. La primera religiosa fue la consejera espiritual de la regente Mª Cristina, y posteriormente de su hija Isabel II y de su esposo Francisco de Asís. En una segunda etapa llegó a la Corte el sacerdote Antonio Mª Claret, autor de una guía espiritual titulada: Camino recto y seguro para llegar al cielo.
Isabel II, mujer y Reina
Si en algún momento de la Historia de España se conciliaron todas las fuerzas posibles y los poderes fácticos (espadones militares, clericalismo, oscurantismo, conservadores, moderados), sobre una sola persona, para manejar el País, y seguir manteniendo los privilegios y los intereses dominantes, fue durante el reinado de la Reina Isabel II, llevada al trono con 14 años, y casada a la fuerza con su primo Francisco de Asís en 1846. Ella fue la reina, pero solo nominalmente, en realidad la volvieron loca y la descentraron como persona, desde intereses completamente opuestos, divergentes, afines, y hasta falsos. Todos la aconsejaron, pero solo desde el propio interés, y no desde los del Estado y los de la propia Reina.
Hay dos cosas que me hicieron fijar la atención sobre este Reina y mujer. La primera fue la excelente biografía de Isabel Burdiel, en la que retrata y enumera todas esas oscuras influencias que dislocaron a una niña ascendida al trono en plena adolescencia. Lo pecados y errores que supuestamente orlan la gestión de los hombres en el Poder, resultan imperdonables en una mujer, y ese parece ser el caso de esta Reina. El segundo de esos hechos, se produjo cuando leí una investigación histórica, en la que se contaba como las hijas de Isabel II, infantas de España, atendieron personalmente a los republicanos españoles concentrados en los campos de refugiados de Francia, algo completamente oscurecido por la historiografía oficial, y que sin embargo, las honra en grado máximo.
El convento fantasma
En 1859 y bajo la influencia de la Reina Isabel, se fundó el convento de la Orden de Religiosas Franciscanas de Nuestra Señora del Triunfo, bajo el auspicio de Sor Patrocino (la monja de las llagas). Un poco más abajo de este lugar, en la Iglesia del Rosario, el padre Claret realizó un portentoso milagro del que daremos cuenta algún día. La Granja de San Ildefonso fue la capital del catolicismo español más conservador. Como convento sufrió La Desamortización de Mendizábal en 1870, recuperado por las monjas posteriormente, y finalmente vendido a manos privadas en 1943. A partir de ese momento fue una hospedería, hasta quedar finalmente abandonado en la década de 1980.
De todo el conjunto queda solo el imponente edificio de la iglesia, hecho con piedra de granito de la Sierra de Guadarrama, y las celosías del antiguo convento, desde el que las monjas de clausura de Sor Patrocinio veían las vida, sin ser vistas. Hoy de todo eso, queda solo como testigo mudo, esta iglesia abandonada, y el recuerdo de muy pocos, de lo que albergó en su interior algún día.
A veces, por la noches, se oyen las campanas de las iglesias cercanas y de sus relojes, y en algún momento parece que esas campanas, provienen del interior del convento y de sus vacías estancias. Es solo un efecto sonoro.
PD: La Granja de San Ildefonso, obra de Mª Jesús Callejo Delgado (2004)
Nota: http://www.sorpatrocinio.org/