



Otra vez esto, otra tragedia ferroviaria, como si no hubiese sucedido nada, como si no se hubiese aprendido nada, después de lo sucedido en Adamuz tan solo hace 9 meses. «Es inasumible» ha dicho el Presidente del Gobierno, es inadmisible, decimos desde este blog, igual que lo dijimos el 18 de enero de este mismo año. Hoy lo repetimos, a día 27 de octubre. Esto tiene, y va a tener consecuencias. El presidente Pedro Sánchez contenía su emoción, y probablemente también su disgusto, o incluso su enfado. No se puede asumir algo así, en esta época y momento, en un país como España.
Escribimos en caliente, pero con todo muy pensado y meditado. No vamos a defender a nadie, salvo a las víctimas, que son las únicas que nos preocupan. Lamentar el alto número de fallecidos, 68 hasta el momento, y mostrar nuestra empatía con los heridos, muchos de los cuales arrastrarán secuelas de por vida, como en Adamuz. No vamos a contribuir en nada a la ola de ira que se desata en las redes. No nos vamos a salir de los raíles que marcan esta nueva tragedia, demasiado cercana en tiempo y espacio a Adamuz.
El tren de Alta Velocidad es un medio de transporte absolutamente seguro, pero es una infraestructura muy exigente que no permite ningún fallo en su mantenimiento, en su cuidado, y en su atención diaria. Los gestores son los responsables en todo momento de lo que ocurre sobre ella. Eso sí, responsabilidad no equivale a culpabilidad. Adamuz debería haber enseñado que no se puede tolerar ni pasar por alto el más mínimo fallo. Son trenes que por su altísima velocidad no pueden circular, marchar. sin guía electrónica e informática. Si el sistema informático se «había caído», lo lógico hubiese sido no reanudar la circulación, porque el hecho cierto, es que no sabían la posición, ni la situación del tren Iryo El AVE de Renfe reanudó su marcha sin conocer, y sin que se le advirtiera de la incidencia del tren que le precedía, a unos 25 kilómetros de distancia del punto de impacto. En los AVE se oye la voz del maquinista cuando dice: «Iniciando procedimiento«. A partir de procedimiento completado, el tren circula a 200km/h, lo que quiere decir que recorre un kilómetro cada 18 segundos. Cuando el AVE alcanzó su velocidad de servicio, completo ese espacio en apenas 8 minutos, quizá 10′, si consideramos el tiempo en alcanzar su aceleración de servicio. Un tiempo demasiado corto, en el que no caben errores. La primera causa del accidente fue la caída del sistema informático, el resto vino después, y llegó solo, sin que ya nadie pudiese intervenir. Si el maquinista del AVE vio al tren de Iryo parado sobre las vías, a dos o o tres kilómetros, quiere decir que recorrió ese espacio en menos de un minuto. Activó el frenado del sistema pero sin espacio físico suficiente. La tragedia ya estaba armada, sin posibilidad de evitarse. Si el controlador de Atocha, o de donde sea, ordenó reanudar la marcha, lo hizo completamente a ciegas, porque el sistema informático de seguridad estaba suspendido. No es solo un error humano. Es una decisión errónea, tomada sobre el vacío, algo que no puede ocurrir con este tipo de trenes. La decisión de reanudar, no la tomó solo el controlador. Es la 2ª vez que pierden un tren. En Adamuz no supieron donde estaba el Alvia, hasta pasada una hora.
Ya no hay manera de salvar algunas carreras políticas, en concreto la del Ministro de Fomento y Transportes. Dos accidentes en un año, con un elevado número de víctimas mortales, es inasumible, e inadmisible, en la infraestructura estrella y emblemática de España, el AVE. Y volvemos a escribir repetir que culpa y responsabilidad no son la misma cosa. La estremecedora broma sobre Renfe, en un programa de divertimento la semana pasada, le perseguirá a donde vaya, y para el resto de su casi acabada carrera política. Esto no se puede superar. Explicar sí, justificar no. No es inverosímil. Estremece eso sí, la impiedad de VOX.
Sobre Adamuz dijimos que no había llegado a tiempo de reparar una gestión precedente, que calificamos de obscena. Sobre el accidente trágico de Urda-Los Yébenes, a los 9 meses del de Adamuz, ya decimos que la responsabilidad, que no culpa, es enteramente suya. Le corresponde por entero. No puede eludirla. Esta campaña electoral, iniciada tan pronto, está completamente acabada. Que cada cual obre y vote como quiera, y que el Eterno nos ampare a todos.
Y como en Adamuz y sus 46 víctimas, y ahora en Urda-Los Yébenes, y su 68 fallecidos, oraciones y nuestro permanente recuerdo y afecto. Con los cientos de heridos de ambos accidentes, nuestro cariño y apoyo completo, nunc et semper (ahora y siempre).