Ubaldina García Díaz, maestra de La República


Enrique Delgado

         Mis recuerdos infantiles de la casa de mis tías en Madrid son siempre los mismos. En la salita, encima del sillón en el que siempre se sentaba mi abuelo paterno Esteban, Delegado de Estadística en Madríd, existía un gran retrato de mi abuela Ubaldina. Yo siempre preguntaba: ¿de qué murió la abuela?. La respuesta de mi abuelo Esteban era invariable, de leucemia.

          Nunca nadie olvidó a la abuela Ubaldina en su familia, su recuerdo estaba siempre presente. Había retratos de ella en toda la casa. Con el tiempo, un  día, mi tía Mª Luisa, que era la que sabía, cambió la información existente: la abuela era maestra en Palencia, directora de su grupo escolar y la habían matado en la guerra. Recuerdo que fue una conmoción para mí y para mi hermano Fernando. No nos dijeron más porque nadie sabía nada, al menos los dos hijos pequeños de Ubaldina, mi padre Fernando y mi tía Mercedes.

       Quien sabia era mi tía Carmen, maestra al igual que su madre, pero jamás contó nada. La otra que sabía era mi tía Luisa, pero llegaba un momento en que ya no podía contar nada más. Su mente estaba traumatizada y bloqueada, porque ella fue la que acompañó a su madre el día del inicio del curso escolar en 1936, el día en que la detuvieron, el día en que la arrancaron del brazo de su madre, el día en que no volvió a verla nunca más.

                     Ubaldina García Díaz, detención y muerte

           Ubaldina García era maestra de la escuela Modesto La Fuente de Palencia. Allí trabajaban la también maestra Sofía Polo y su marido Arturo Sanmartín, inspector de enseñanza primaria y socialista. Desde que estalla la sublevación contra La República el día 18 de julio, Arturo Sanmartín se esconde en los sótanos del colegio. Mi abuela Ubaldina no permite registros en el colegio ni identifica su paradero. Por la noche, según contaba mi tía Luisa, los falangistas disparaban sobre el grupo escolar. Mi otra tía, Carmen, era la única que se atrevía a bajarle comida al sótano. Contaba solo con 18 años.

                  En los primeros días de septiembre, los asesinos  de Falange secuestran a Sofía Polo, la violan y su cadáver aparece desnudo y ultrajado en un parque de Palencia, el día 14 de agosto de 1936. La bestialidad del asesinato conmociona a la capital, pero no doblega el ánimo de mi abuela, que mantiene a su compañero en el recinto del Colegio.

                     El curso se inicia en los primeros días de septiembre y Ubaldina García se hace acompañar por su hija Mª Luisa a la misa de acción de gracias. En la misma calle los falangistas la separan violentamente de su hija y se la llevan al Gobierno Civil de Palencia. Este era el punto en el que mi tía Luisa ya no podía contar nada más. De las gestiones para su “liberación” se encargan el Delegado de Estadística de Palencia, Ciriaco Jurro, mi abuelo Esteban y su hija mayor Carmen.

                  Beato Manuel González, obispo de Palencia

                     Los tres acuden al obispado de Palencia para que el obispo Manuel González interceda por la suerte de Ubaldina García y de otra compañera detenida. Pese a que el Delegado del INE es presidente de la Adoración Nocturna, la reunión es violentísima, y el obispo, fuera de sí, afirma que no hará nada por salvar a ninguna mujer roja, sic. Mis tías siempre recordaron a este obispo como un hombre lleno de odio e ira. Un día en el que se habló sobre este hombre, declarado beato por La Iglesia, mi tía Mercedes le dijo a su hermana mayor, una mujer de extrema religiosidad: acuérdate de lo que este hombre dijo de mamá. Lo que fuese tampoco lo contaron nunca. Ubaldina García Díaz fue paseada por las calles de la capital palentina en una furgoneta de Falange, como si se tratase de un trofeo de caza.

             El día 6 de septiembre de 1936, un camión traslada a algunas presas y presos desde la cárcel de Palencia a la de Burgos. El camión se detiene en las inmediaciones de Quintana del Puente y allí los fusilan a todos, junto a las tapias del cementerio. Desde entonces, mi abuela reposa en una fosa común.

              Visto lo sucedido con su esposa y con su compañera, Arturo Sanmartín ya sabe lo que le espera, realmente lo sabía desde el primer día. El día 13 de septiembre los falangistas debieron entrar en el colegio o él  intentó escaparse, pero lo cazaron de igual manera.  Le dieron el correspondiente paseo en la furgoneta y lo mataron esa misma tarde noche. Esa era la incontenible represión de Franco.

                         La acción de Esteban Delgado

              Esteban Delgado Cidón, ya viudo, se dirige al Registro Civil de Palencia, junto con otros testigos, y obliga, en febrero de 1937, a las autoridades franquistas a reconocer que su esposa fue fusilada, lo que consigue el 6 de febrero de 1937, con su correspondiente inscripción en el Registro Civil. Posteriormente sería trasladado de manera forzosa  a la Delegación del INE en Toledo, de la que se haría cargo  como delegado.

            PD: con mi especial agradecimiento al médico palentino Albano de Juan, que fue el primero en contarme todo.

          Nota: http://maestrasrepublicafeteugt.blogspot.com.es/2011_06_17_archive.html