El farallón de Tres Forcas


                Los textos de los antiguos geógrafos griegos y romanos escribían el nombre de “Promontorium Russadir”, sin que haya quedado muy claro nunca su emplazamiento. No sabemos quién citaba al anterior o quién lo vio con sus propios ojos y a qué se refería. Dentro del gran macizo del cabo, el peñón calcáreo sobre el que se asiente Melilla La Vieja resulta poco visible. El gran accidente geográfico del Cabo Tres Forcas resulta claramente llamativo desde muchas millas de distancia. En la navegación costera o de cabotaje que se practicaba en la época era lógico que su enorme mole llamase la atención de los navegantes fenicios, que nunca escribían el emplazamiento de sus puntos de atraque o de costa en el que intercambiaban sus mercaderías.   El cabo Tres Forcas está lleno de leyendas, de nombres históricos, de morabitos, de lugares sagrados, de historia en definitiva.

               El farrallón es una roca alta y lajada que sobresale sobre el agua, y es muy común en costas de origen volcánico, como la del Cabo de Gata, como la del macizo de Tres Forcas. Sus laderas son muy abruptas y sus calas son de difícil acceso a pie. Este tipo de rocas ha jugados muy malas pasadas a los marinos y navegantes a lo largo de la historia. En Punta Negri hay un barco griego embarrancado desde hace más de 15 años.

               El barco de la naviera Armas pasa en su ruta hacia la población granadina de Motril, algo más cerca que los de la otra naviera, Acciona. Al hacer los trayectos en horarios diurnos y si se cuenta con la visibilidad de un buen día de poniente, se pueden ver los perfiles del Cabo. Resulta siempre muy atractivo y subyugante contemplarlo y verlo disminuir o agrandarse según el trayecto que se esté haciendo.

               La actividad volcánica del macizo montañoso del Gurugú debió ser muy lejana en el tiempo. Tanta, que no ha quedado noticia o constancia alguna de ella. Lo que menos se conoce del mítico monte, es que haya sido un antiguo volcán.

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Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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