Regreso al hogar melillense


 La oleada de las medusas

      Hasta bien entrado en mes de junio, o incluso los primeros días de julio, las playas melillenses distaron mucho de estar en estado óptimo. Antes de marcharme de vacaciones pudo vivir un día de banderas rojas. En todas la ciudades y pueblos de costa hay problemas de gestión. En Melilla lo que no hay es gestión. Muchos melillenses no pueden salir de la ciudad y solo tienen las playas. Si pudiesen salir y comparar, simplemente con las de ciudades y pueblos pequeños, podrían ver que lo que se nos ofrece a los melillenses es casi nada, pese a las ingentes y desmesuradas cantidades presupuestarias que maneja nuestro Ayuntamiento/Ciudad Autónoma.

     Tras la primera toma de contacto con nuestras turísticas y publicitadas playas, la sensación es desoladora, aunque se vuelva con el ánimo sereno y dispuesto a reconciliarse con nuestra ciudad. La comparación resulta lamentable y siempre en nuestra contra. El mobiliario urbano playero lleva sin renovarse demasiados años. La arena de la playa está cada vez más sucia, llena de anzuelos y todo presenta un aspecto muy deteriorado.

        Por si fuera poco, los problemas para aparcar en la zona de La Hípica (la playa estrella), son tercermundistas, a lo que debe añadirse las obras de saneamiento, que solo podían realizarse en la temporada de baños, para dar mayor  sensación de abandono y falta de gestión ordenada.

        En el agua, que varía según la franja de la playa y las horas, hay zonas de espeluznante suciedad, con el agua muy próxima al estado  de chapaote. Por si faltaba algo en el regreso, llegaron las medusas en oleadas. Las controladoras de playa cumplían con su misión, que es ninguna. No es culpa de los trabajadores.

         Nuestro gobierno, diputado y senadores, regresan poco a poco y ofrecen ruedas de prensa. Por el aspecto broncíneo  y uniforme de su moreno, se nota que ninguno ha pasado en Melilla sus vacaciones, al menos en nuestras playas.