En la pista de carros


           La pista de carros pertenece a las leyendas de Melilla,  a la época legendaria de los tanques, o carros de combate. Los primeros que usaron «carros» como arma fueron los persas, y sus temibles carros falcados. Todavía quedan restos de trincheras, búnkeres del año de «la crisis de los tanques», cuando un Comandante General  temió un asalto directo a la ciudad por parte de Marruecos. Una ciudad también es sus leyendas. Durante muchos años,  la conocida pista de carros era un lugar prohibido, en donde solo podía circular vehículos militares. Hoy se piensa hasta realizar un sendero verde en parte de su trazado.

        Este sendero, parte esencial de la pista de carros, es una importante comunicación entre La Cañada de Hidúm  y la carretera de Farhana. Esta zona era de antiguas huertas. Hoy existe una instalación deportiva, (dentro del plan de desarrollo de los Distritos IV y V, una cementera, el vivero de Guelaya  y las instalaciones de las empresas de asfaltado de Melilla. La carretera de circunvalación no queda cerca y obliga a realizar un gran rodeo. Mucha gente corta camino por aquí, ya sea andando o en coche. Sin embargo, el estado de este sendero es un de los peores de toda la ciudad.

             Vemos como se construyen puentes en lugares de escaso tránsito y sin embargo, en donde parece ser una necesidad imperiosa, no se lleva a cabo nada. Hace dos décadas se justificaba todo por el paso de los carros de combate, que solo podían transitar por el terreno puro y duro. Hoy el paso de los vehículos militares es esporádico y sin embargo, el estado de esta vía de comunicación es la que se ve.

          El vado por el que pasa el río de Oro debería tener un puente, porque cuando el río viene con caudal, la comunicación queda cortada. Cuando llueve, todo se complica más.

El misterio de Puente Nuevo


             Un puente sirve para comunicar o pasar cosas de un lugar a otro. En Melilla sorprende la cantidad de dinero que el Ministerio de Fomento destina a la ciudad bajo el epígrafe de carreteras, sin que tengamos espacios para las mismas. Este puente, por encima del arroyo de Mezquita, conecta la nada con el caos, o sea, la carretera de circunvalación o perimetral,  con el caótico polígono industrial. Por tener tiene de todo; su imprescindible rotonda,  las bandas reductoras de velocidad de tipo «lomo de asno», señalización vial y bonitas vistas al otrora temido «Barranco del Lobo». Lo que no tiene es circulación, pero probablemente ese no era el objetivo del puente. Estas obras dejan mucho dinero en manos del contratista y solo crean un escaso empleo en un periodo de tiempo corto.

                   No tiene circulación, o muy escaso porque no comunica nada. Nadie va a venir hasta este lugar para ir hacia la carretera de Hardú o barrio chino. Girar  hacia la frontera de Beni Enzar es meterse en una ratonera, y si se utiliza para acceder hacia el polígono industrial sin industrias, supone salir del trueno para dar con el relámpago. Ademas nos hemos fijado en que la salida hacia el Paseo de Las Rosas, ni siquiera tiene carril señalizado. Salir del puente por esta salida, es adentrarse en el caos más absoluto.  Un futuro centro comercial en este zona, debería resolver antes muchos problemas de acceso y circulación para el tráfico.

                     Este en un puente sobre la nada, de momento.

  Nota: https://elalminardemelilla.com/2014/07/16/el-puente-magno-de-mezquita/

Frente al mar azul


 

 

El mar de Melilla

El mar de Melilla

                A lo lago de cuatro siglos, en la larga noche de los 400 años, Melilla solo tuvo esta perspectiva como toda esperanza. Por la punta del promontorio de Tres Forcas llegaban los suministros, los barcos de socorro o incluso el relevo de la guarnición. El mar es inmenso, su intenso tono azul es hermoso, pero siempre hay algo de amenazante en el agua. De  los cuatro elementos de la naturaleza, el agua es siempre y será el más temido, el más difícil de dominar. La vida surgió del agua, pero es un elemento hostil a la vida humana.  No se puede vivir sobre el agua.

                           El año cuarto  en El Alminar

             Todavía quedan casi dos meses para acabar el año, pero ese es solo un final convencional. Un año puede acabar o empezar en diferentes momentos. El año de Alminar está ya cumplido, aunque todavía resten muchas cosas por  por ver que y por escribir. Desde su origen en 2011, El Alminar ha incrementando de modo constante su número de visitas, hasta aproximarse en torno al límite de las 250.000 visitas anuales. Este año ese límite no solo está cerca en el presente año, sino que por primera vez será rebasado. Un comentarista escribía días atrás que «el excesivo» número de entradas podía influir negativamente sobre el número de comentarios, que es la otra parte imprescindible del blog.

                A día de hoy, no creo que el número de entradas influya sobre los comentaristas. Creo que el que exista un  mayor diversidad de temas y de propuestas sobre las que escoger, es el único modo posible de estimular la participación.  Si no hay movimiento no hay opciones, seguirá habiendo visitas, porque un blog está permanentemente expuesto, pero no generará comentarios. Aun así, el comentarista se rige por otras leyes y motivaciones. Las entradas se mantienen de modo constante en El Alminar, las visitas también, pero la participación externa es otra cosa, depende de factores que no están a nuestro alcance conocer, aunque sí intuir.

                 Melilla aguantó frente a ese mar azul y en un entorno hostil durante 400 años. En El Alminar seguiremos esa senda, mirando siempre hacia el norte. Si seguimos existiendo, podremos seguir contado cosas. A lo largo de este tiempo hemos escrito cosas, que de otro modo estarían ya irremisiblemente perdidas. Es otro modo de ver las cosas, pero es el nuestro. Toda luz, por muy pequeña que sea, detiene la oscuridad en torno suyo.

El revienta bancos


           Hay toda una larga lista de categorías para  los destructores del mobiliario urbano: liquidadores de papeleras, reventadores de bancos, picabolos, destructores de farolas, arrasadores de edificios, embadurnadores de paredes, podadores de estatuas. Todos pueden agruparse bajo el colectivo de «las termitas». Cada uno de los integrantes de esta lista de categorías, que dista mucho de ser exhaustiva, hace su labor de manera concienzuda.  Lo que no se entiende es que los gestores una ciudad, su gobierno municipal, no realice la suya, que es la de velar por evitar que todo eso se lleve a cabo. La ecuación de la gestión en Melilla es:  invertir, inaugurar y abandonar.

                    Para partir ese banco hace falta un golpe de gran magnitud. Lo más grave del caso es que esta zona es de acceso limitado. Solo se puede entrar a determinadas horas del día y por la noche es un recinto sin acceso. Estos bancos llevan así todo el verano. Quizá ni se arreglen, ¿para qué hacerlo?. ¿Para qué denunciar nada?. Esto es la Plaza de Armas de Melilla. Casi nadie viene hasta aquí.

Del paso seco al mojado


 

 

                     Melilla, ciudad de peatones

       Si Melilla desapareciese mañana, podríamos reproducirla de modo exacto gracias a los miles de fotografías existentes y almacenadas durante estos últimos años, no solo en los archivos del Alminar, sino también en el de otros blogs como el de La Otra Melilla. Gracias a esta labor, nunca reconocida, podemos mostrar la diferencia de las cosas, entre un asfixiante día de calor u otro de lluvia, como el de hoy.  Este es el paso de cebra de la calle Seijas Lozano, junto al Conservatorio de Música, ya de difícil tránsito en un día seco, pero intransitable en un día lluvioso. Los baches, hoyos y oquedades que nos pueden hacer caer en condiciones normales, son lagos infranqueables con la lluvia. El paso no se puede atravesar , y hay que dar saltos forzados, como los canguros.

         Los pasos de peatones son vitales, como su nombre indica, para los transeúntes, muchos de los cuales se mueven con dificultades o son personas mayores. Si están en este estado, la labor de caminar sin caer se torna muy dificultosa. En nuestro apartado: Melilla ciudad de peatones, vamos a mostrar todos aquellos obstáculos, trampas y dificultades, con las que se puede topar un peatón en nuestra ciudad.

      Nuestro consejo es siempre el mismo: ante cualquier caída provocada por el deficiente estado de las aceras, firme o calzadas, reclamar siempre los daños corporales al Ayuntamiento.

El río negro


              La ciudad está reventando por todos lados. Pocos lugares debe haber en el mundo en donde el camión para desatorar arquetas tenga más trabajo que en Melilla. Algo ocurre y no podemos saber qué es. Ayer mismo, junto al cementerio y procedente del Monte de Mª Cristina, un caudal de aguas negras seguía su curso natural hacia la avenida de Castelar. Las autoridades melillenses acudieron al lugar para rendir homenaje a fallecidos ilustres y que no deben ser olvidados, así pues debieron ser conscientes de la situación.  El asunto no merece mayores comentarios, solo que la casualidad no pude ser más inoportuna en un sentido y oportuna en otro. Si al menos vieron lo que sucedía, nos podemos dar por satisfechos, porque así procederán con más rapidez a su arreglo.

              Todos los días suceden cosas. No es que queramos dar una imagen apocalíptica, simplemente nos damos de bruces con la realidad.

El Mausoleo del General Margallo


            Nunca había entrado en el interior de este lugar, el Mausoleo del General Margallo, personaje del que existe numerosas hagiografías y que ha sido ensalzado hasta el paroxismo en Melilla. No es hora ya de preguntarse sobre el por qué de la absurda Guerra de Margallo en 1893, que culminó con la destrucción del santuario de Sidi Ouariach, o sobre las circunstancias de su muerte, sin que quepa explicación posible a que un General pudiera exponerse al fuego de los rifeños de una manera tan abierta. En todo importa siempre el final, porque el del General Margallo tapó para siempre cualquier error cometido durante su mando.

                 Los que recibieron honores en vida, o tras su muerte no son objeto de nuestra atención, porque ya tuvieron o gozan de esos honores. Los que nos ocupan serán siempre «los forzados héroes anónimos» de todas esas guerras. Todo aquellos que murieron (a la fuerza en su mayoría),  al igual que los renombrados y nunca olvidados héroes. De estos últimos ya se ocupan libros, fotografías y placas honoríficas; mientras que  los primeros, reciben como máximo una losa colectiva bajo el epígrafe de anónimos.

                 Esto es lo que hemos encontrado en el Mausoleo de la Guerra de Margallo, la lápida de «los héroes anónimos del Barranco del Lobo», el terrible  nombre que sacudió a La Nación, y que nunca más fue olvidado.

Nota: http://fotografiasdemelilla.blogspot.com.es/2012/09/panteon-general-margallo-cementerio.html