Archivo diario: 4 enero, 2015

La mendiga de Orsay


             “Siempre habrá pobres entre vosotros”, dijeron hace mucho; pero nunca imaginamos que acabaría habiendo tantos, cada vez en mayor número  y cada vez más pobres y más desprotegidos. Estas son las excelencias del sistema capitalista, el más dañino de todos, y que todavía algunos se atreven a loar. La realidad es que el sistema capitalista y su ahijado político el neoliberalismo, precisan de la pobreza, países pobres a los que esquilmar y de otros a los que empobrecer.

                    París es una ciudad de muchas cosas, y también de pobres, como inmortalizara Victor Hugo en dos grandes novelas: Nuestra Señora de París y Los Miserables. La profunda carga del retrato de Hugo precisó de la edulcoración de Disney, y de los musicales de Hollywood, en los que casi da alegría ser pobre, pertenecer a La corte de Los Milagros, o ser el príncipe de los locos.

              Cuando vi a esta mendiga, de aspecto medieval y en posición antinatural, pensé de inmediato en las novelas mencionadas. Varios siglos después, la pobreza no solo no se ha erradicado, sino que se ha aumentado. París, al igual que muchas otras ciudades, están llenas de mendigos y de gentes apartadas del sistema. No se trataba de los clásicos figurantes o de mimos que se ganan la vida fingiendo ser estatuas. Es una mujer pobre real, sin nombre y ya sin pasado. Los ricos cuando hacen donaciones, de lo que les sobra, concentran todas las portadas de la prensa y todos los comentarios y parabienes de la sociedad, a la que probablemente han esquilmado.

          El primer día me sorprendió la dura imagen, el segundo ya estaba preparado y llevaba “la limosna” en el bolsillo, porque ella seguía en el mismo lugar. Escribe Víctor Hugo en Los Miserables: nadie conoce el partido que ciertos seres débiles, que han envejecido en la miseria y en la honradez saben sacar de un cuarto. Llega esto hasta ser un talento.

                 Esta es la imagen de la mendiga de Orsay (Museo del Impresionismo y antigua estación de ferrocarril). Nadie suele contar estas cosas de sus visitas, pero El Alminar está para esto, para sacudir las conciencias y removerlas. El señor Magdalena, Jean Valjean, Fantina, siguen conviviendo entre nosotros. Gracias a la mendiga de Orsay, he vuelto a releer la novela de Víctor Hugo, el primero que convirtió a los miserables y sus vidas en sus personajes centrales. Es bueno recordar estas cosas en Navidad.

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