La realidad escondida de Melilla


 La calle San Juan de La Cruz

         Una decena de calles  de la ciudad reciben toda la carga de inversión y remodelaciones. En algunos barrios todo se limita a la calle central, que es lo que se presenta en las fotografías propagandísticas. Gastar una media de un millón de euros en tres calles distintas, es un tipo de gestión que apenas crea empleo  máximo 30 personas) y un gran beneficio para la empresa contratista. Las obras se llevan a cabo en un plazo corto, en los meses inmediatos a las elecciones, y el resto de la legislatura, los ciudadanos se enfrentan a una realidad dura, sin cambios y con un deterioro constante de las infraestructuras que utiliza de manera cotidiana. En Melilla todo está cerca, de manera que en un corto trayecto, se pasa de una zona con infraestructuras,  o otra en la que se carece de lo más básico.

          La calle San Juan de La Cruz está en la parte alta de La Cuesta de La Viña, las barracas de San Francisco y entre la Carretera de Cabrerizas y San Antonio de Padua. Cuesta creer que en la Melilla del siglo XXI, con los presupuestos que se han manejado en los últimos 14 años, existan barrios en este estado,  y con este clase de viviendas. A pocos metros de aquí se encuentra en El Rastro, en donde la ruinosa y mal gestionada  Emvismesa (Empresa Municipal de Vivienda), construyó varios bloques de viviendas, la mayoría de las cuales sigue vacía. Se edificó sobre solares muy pequeños y se pagaron a un precio muy elevado, lo que hizo que las viviendas construidas resultaran onerosas para la capa de la población a la que iban dirigidas.

        Se ha derrochado mucho dinero, y se sigue haciendo, en obras suntuarias que no transforman nada, en determinadas calles principales,mientras que se siguen manteniendo en el mismo estado desde principios del siglo XX, a determinadas zonas de la ciudad, difícilmente habitables. En Melilla las realidades de la  excelencia y la de lo inhabitable siguen estando demasiado cerca, pero también, cada vez más separadas. Esa no es de las peores calles, pero sí de las más inaccesibles. La calle San Francisco de Asís sigue siendo demoledora.  La ciudad sigue sin un plan global y de desarrollo conjunto.

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Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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