Archivo diario: 6 febrero, 2016

Las Minas del Rif


              Si una política de exportación monopolística tiene que ser llevada a extremos de expansión violenta, es necesario imponerse a todos los estratos de la población, al menos hasta el punto en que están preparados  a sostener la guerra, pero los intereses reales del monopolio de exportación como tal, se limitan a los empresarios y a su aliado la alta finanza. J. A, Schumpeter

                      Guerra impopulares, beneficios particulares

   Un vizcaíno, Pablo Díaz Morlán, doctor en Historia por la Universidad del País Vasco, desnuda en apenas 200 páginas, toda la pretensión romántica, altruista o benéfica de la acción española en el Protectorado de Marruecos, según la visión del historicismo melillense. Se trata del libro “Empresarios, militares y políticos”, publicado por Marcial Pons Historia. Los intereses empresariales empujaron la acción militar y política de España en el Rif, en un entramado de intereses que en ocasiones se entrecruzaron, justificándose mútuamente, pero siempre bajo la visión reflejada en la tremenda cita, que abre el capítulo que da título al cuerpo de esta entrada.

      El Gobierno de España puso el dinero y mucho (5600 millones de pesetas, entre 1909 y 1931, el pueblo español los muertos (21.000), llenando las tierras del norte de Marruecos de héroes a la fuerza, y solo un puñado de empresarios, entre los que destacaban Romanones, Güel y  Zubiría, que jamás pisaron el territorio normarroquí, recogieron los beneficios mil millonarios, casi de modo íntegro (2100 millones de pesetas en seis décadas de existencia). Este es el tipo de libros y de historia que jamás serán presentados en Melilla.

     Las Guerras de Marruecos alteraron toda la política española del siglo XX, hasta el punto de provocar la Semana Trágica de Barcelona (1909), o dar origen y justificación  a la Dictadura de Primo de Rivera en 1923, para evitar las responsabilidades militares tras la hecatombe de Annual.

      El historiador bilbaino muestra su extrañeza por el hecho de que pese a la importancia de la Compañía Española de Minas del Rif (CEMR), solo un historiador y un único libro, se hayan ocupado de esta compañía minera, que condicionó, auspició y empujó casi toda la política española de penetración militar en el norte de Marruecos. Se refiere a Vicente Moga y a su libro Un siglo de historia de las minas del Rif.

     La interpretación y análisis marxista de la historia es irrebatible: La transformación de los medios de producción  y de cambio, el desarrollo de la sociedad y la lucha de clases, es la fuerza propulsora de todos los acontecimientos históricos importantes.  A esta visión se le pueden añadir toda las variables que se quiera, pero nunca alterarán el concepto básico.

     La necesidad de la explotación minera del Rif, la lucha entre los diversos intereses económicos, creó la necesidad política de la acción colonial, y luego la posterior justificación ideológica, cultural y doctrinal.

      La CEMR creó dos ciudades, San Juan de Las Minas y Uixan, y estructuró el paisaje melillense, condicionándolo a la necesidad de la exportación del mineral. Las vías de tren, el cargadero del mineral o los puentes, son todavía cicatrices visibles de aquella política económica. Todo el espacio existente se adoptó a la necesidad de sacar del Rif el millón de toneladas anuales de mineral de hierro. La CEMR era una compañía que lo controlaba absolutamente todo, y a la que únicamente hicieron frente  los franciscanos en la primera época, y luego los sindicatos en la etapa Republicana. Las condiciones de trabajo eran cuasi esclavistas, provocando muchos y duros  conflictos.

         Siguiendo el modelo económico de explotación económica colonial que el autor cita, como Rio Tinto en Huelva o La Arboleda en Vizcaya, la explotación del yacimiento no redundó en beneficios económicos y desarrollos sociales a para la zona, pues los beneficios y dividendos iban íntegros a manos de los accionistas y propietarios de la CEMR. También es el caso de Rodalquilar en Almería, muy bien retratado por Juan Goytisolo en Campos de Nijar. Desaparecida la explotación minera, la miseria seguía siendo la dueña de la zona.

         La pretendida magia y la visión romántica del Protectorado español en Marruecos, queda destruida como un cristal tras una pedrada, en un análisis corto, pero fulminante.

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