El edificio derrumbado


 

    Antes del origen del Alminar este edificio ya se encontraba en situación de ruina. En mayo de 2010, en el diario el Faro, en una pequeña sección de foto denuncias, publicaba que además estaba en venta, con los teléfonos de contacto escritos en la fachada. Ya entonces carecía de techos y el interior se encontraba derrumbado. Un año después, con el Alminar ya existente, se le dedicaba una entrada específica (*). Las fotos comparadas con las realizadas hoy muestran un grado de ruina imposible de rebasar, salvo que se espere su caída completa, a ser posible encima de la gente.

      La crisis sísmica iniciada el 21 de enero, con más de 40 terremotos significativos, y un millar y medio de seísmos, ha puesto en solfa una gestión de estrambote, de acontecimientos y de permanente estado de festejos  y de conmemoraciones. Decenas de millones de euros malgastados en humo propagandístico, pero que no han consolidado un modelo de ciudad. Este edificio, el emblema de un modelo de gestión, lleva arruinándose más de 6 años. Al menos de los seis últimos tenemos constancia. Desidia, dejadez, mirar hacia otro lado, huida hacia adelante, y un deterioro constante de la ciudad. ¿Por qué no se ha expropiado este edificio?, ¿por qué no se ha demolido?, ¿en manos de quién esta la ciudad?. ¿Si se desploma de quién será la responsabilidad?. En la dictadura imperante, nadie se hace preguntas en Melilla. Ya hay incluso indicios de haberse convertido en un área homeless.

     Este modelo de gestión del acontecimiento magno, de arrojar el dinero por las ventanas, y también de enriquecimiento y afán de lucro personal, pero que a la larga no deja nada en las ciudades, ni para los ciudadanos, no ha sido solo propio de nuestra ciudad, sino también de otras muchas, mayoritariamente gobernadas por la derecha popular. Lo que la gente se pregunta es hasta dónde llegará el parapeto o la aparente inmunidad judicial en Melilla. Ha caído el modelo de Valencia, el de Madrid, el de tantos otros similares y cortados por el mismo patrón. No hay políticos intocables en ninguna ciudad o Autonomía (Rato; Rita Barberá, Jordi Pujol, Hernández Moltó, Manolo Chaves y Jose Antonio Griñan), salvo en la nuestra. Cayó hasta el cacique Baltar en Ourense. El siguiente turno tiene que ser el nuestro.

    Nota:https://elalminardemelilla.com/2011/06/29/diferentes-grados-de-ruina-de-un-edificio-en-melilla/

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9 Respuestas a “El edificio derrumbado

  1. El estado de la gestión lo ven todos, menos ellos, los responsables. Intolerable la situación de este edificio.

  2. Seis años, desde que tenemos constancia, desde que hay observador, en ese estado. Esta es la gestión que padecemos, y que ha puesto en evidencia el grupo de terremotos de Melilla.

  3. El estado de la gestión lo ven todos, y lo sufren. La gente se pregunta hasta dónde llegará la aparente inmunidad judicial. Y yo me pregunto, hasta cuándo continuarán votándoles, qué tiene que ocurrir para que dejen de hacerlo. No solo en Melilla, cuidado.

  4. El manual revolucionario dice que la gente es capaz de votar cualquier cosa. Ya lo vimos en 1999 cuando la gente de Melilla votó al GIl en masa. No puede fiarse todo a la carta de la votación popular. Seguimos padeciendo el error de noviembre de 2011, votando a un gobierno al que no hay manera de sacarse de encima.

  5. Supongo que el manual tiene en cuenta que las personas somos responsables, que podemos equivocarnos una vez, dos, pero seguir repitiendo el mismo error nos convierte en culpables junto a los gestores.
    Podías darnos un cursillo de manual sobre las directrices a seguir para echarlos del poder, en vista de que los votos no dan resultado. Lo digo en serio, sin ironía.

  6. La gente está dormida. Cien Trompetas de Jericó que viniesen no los despertarían, solo conseguirían que quedarán todos sepultados bajo los escombros sin enterarse de qué había pasado.

  7. Falta cultura, tenemos una democracia aplastada por el poder económico. Franco lo dejó todo atado y bien atado, pero hay salida.

  8. La gente está expectante en Melilla. A un muro podrido se le pega una patada y cae.

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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