Reflexiones de Semana Santa


                                     Una semana de imágenes

      Siempre hemos escrito sobre la semana santa. El rito es tan necesario como el argumento a una novela, o la espina dorsal al esqueleto, como los raíles para las vías del tren. El rito unifica y mantiene. Hay rituales en cualquier acontecimiento del mundo que se escoja y al que se mire, pero el rito debe tener contenido.

         Esta imagen de la Soledad pertenece a la parroquia de Santiago en Almería, un templo reconstruido en la década de 1940, tras su incendio. Es una procesión muy sobria. No lleva acompañamiento musical, ni palio, solo un sencillo trono de plata, iluminado por  grandes velones. La imagen de la Soledad de Santiago no busca efecto adicional alguno, salvo la devoción, el rezo del rosario y el dulce y embriagante aroma del incienso. Hay otras imágenes y pasos que buscan más efectismo, van más recargadas y las acompañan bandas musicales. Tanto en un caso, como en el otro, es demasiada la sensación de estar frente a tronos o pasos muy desasistidos. Solo en las grandes capitales, de población populosa, se obtiene la sensación de un masivo seguimiento. La impresión que yace bajo toda esta apariencia es que el porcentaje de personas que vive o lleva a cabo estas conmemoraciones, las de semana santa es reducido, en número estable en el mejor de los casos, o con tendencia a reducirse, aunque lentamente.

      ¿Estamos frente a un mundo que agoniza, pervivirán estas imágenes en el futuro, podrán seguir amparando las creencias de las personas frente a toda la incertidumbre que las rodea?. Es imposible decirlo, aunque alguna intuición si podemos tener. Todo pervivirá, en un modo u otro, mientras exista esa intención, pero habrá que transformar todo y haya voluntad de hacerlo. Son imágenes y un modo de religiosidad que ha atravesado los siglos, pero que es parte del pasado. El mundo que viene necesita algo nuevo y muy renovado. Hay que atreverse a hacer “un gran salto adelante” y a transformar todo. Los ejemplos que se ven a diario, y que rodean todo este mundo de las imágenes, de las cofradías, y de la propia Iglesia, no invitan precisamente a la creencia, sino a todo lo contrario. La Iglesia jerárquica, masculina, sin democracia, sin participación de mujeres en sus estructuras orgánicas, no ofrece una alternativa a estos tiempos. El gran paso es la incorporación de mujeres al sacerdocio. Muchas procesiones se están salvando por la presencia de mujeres como nazarenos, como portaestandartes, o incluso como costaleras (que son las menos). En Almería ya hay una mujer como presidenta de la Agrupación de Cofradías. Pese a ello, es un mundo de escasa renovación, demasiado inmovilista. Hay más mujeres, pero en aspectos ceremoniales y poco representativos.

     Compórtate como si tuvieses fe, y tendrás fe. El viento parece siempre soplar en contra, y las pendientes parecen solo ascender. En esta semana santa, como otras, todo parece estar lleno, pero tras sus pasos, los templos permanecerán vacíos el resto del año. La semana santa deja muchas imágenes. Hay mucho esfuerzo, pero poco fruto. El rito unifica, pero solo es rito y tampoco puede sustituir a la creencia. Esto también vale para todo. No deja de ser un símbolo que la imagen de la Soledad cierre la semana santa.

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Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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