Archivo diario: 6 marzo, 2016

La santificación de Manuel Gonzalez, obispo de Palencia


               

Manuel González, el obispo sin misericordia  

      Manuel González García, nacido en Sevilla,  fue nombrado obispo auxiliar de Málaga el 16 de enero de 1916, o lo que es lo mismo, obispo de Olimpo. Como obispo de Olimpo fue nombrado senador por el arzobispado de Granada para la Legislatura de 1918/19. En 1920 fue ya nombrado obispo residente de Málaga, cargo que ocuparía hasta su expulsión de la ciudad en 1931, tras los desórdenes populares de mayo, que acabarían con el incendio del Palacio Episcopal y prácticamente de todas las iglesias de la ciudad.

       El obispo Manuel González  se refugió primero en Ronda, luego en Gibraltar y finalmente en Madrid, desde donde dirigiría la diócesis de Málaga hasta su nombramiento como obispo de Palencia en 1935. ¿Por qué ocurrió todo aquello en Málaga, por qué el Vaticano o la Santa Sede nunca autorizó su regreso a la ciudad?. Pese a los varios y buenos libros leídos sobre la incendiaria primavera de Málaga en 1931, no he encontrado una respuesta satisfactoria sobre estos sucesos, ni sobre ese supuesto peligro para la vida del obispo, que hizo que la Santa Sede le impidiera el retorno a la capital malacitana.

           Para estos dos preguntas no hay respuesta, pero probablemente sería durante este “exilio” de 4 años, en el que engendraría el rencor que luego mostraría en la ciudad de Palencia, y que le llevarían a señalar con el dedo a mi abuela Ubaldina García Díaz, y a otras mujeres maestras, que a los pocos días de la apertura del curso escolar,  acabaron sus días en la carretera de Palencia a Burgos, asesinadas en la finca de Campo Ramírez, en donde todavía hoy permanecen enterradas y sin localizar. Era una información que guardaba, para el día en que La Iglesia decidiera hacer santo a este hombre.

                              La imborrable huella del obispo de Palencia

          Los 4 años de exilio diocesano en Madrid le llevaron, casi con toda probabilidad, a alguna forma de compromiso con la conspiración contra La República, ya fuese de manera personal o espiritual. Durante todo ese tiempo se llenó de un sentimiento de rencor que plasmaría en sus cartas pastorales, tras el intento de golpe de Estado del 18 de Julio. Si no llegó más lejos, es porque la muerte lo abatió de manera fulminante en 1940. Sin embargo, en los primeros meses de la sublevación militar, sus acciones y declaraciones públicas, hicieron que maestras y maestros palentinos fueran objeto de las acciones criminales de Falange. No todos los obispos y sacerdotes españoles se comportaron de esta manera, de igual modo que no se puede achacar a La República todos los crímenes e incendios cometidos por masas incontroladas, fundamentalmente del campo anarquista.

    Hubo muchos religiosos/as y obispos asesinados y perseguidos (como los obipos de Guadix y Almería), pero no es el caso del futuro santo Manuel González, que en ningún momento, ni siquiera en Málaga, fue objeto de persecución personal. Lo sucedido en la capital malagueña no tiene todavía explicación, y debe buscársela.

    La asociación para La Recuperación de la Memoria Histórica de Palencia ha editado ya tres libros sobre la feroz represión ejercida en la ciudad, y especialmente sobre el magisterio de la provincia. En uno de ellos (1), no quedan dudas sobre la implicación personal del obispo Manuel González, quien emitió una circular a los sacerdotes palentinos, para que realizaran los preceptivos informes personales para los Comités de Depuración de Responsabilidades Políticas, es más, exigió que se enviaran primero al obispado para centralizarlos y poder asegurarse de que se llevaban a cabo.  En el libro de Eufemio Lorenzo Sanz: Represión y depuración de los maestros en Palencia, queda claro que muchos sacerdotes fueron reticentes a obedercele, y que el próximo santo les exigía una y otra vez la obligatoriedad de remitirle los escritos.

                  Apertura del curso en Palencia, 1936. Ubaldina García frente al obispo

          El 1 de septiembre de 1936 se inicia el curso escolar en Palencia, ciudad que ya estaba encuadrada en el nuevo Estado nacional Católico franquista. El obispo Manuel González ya no necesita fingir más y da rienda suelta a su rencor. El curso se reinicia bajo el lema de “la restauración del crucifijo”. Ubaldina García, como directora de la escuela Modesto Lafuente,  acude al acto acompañada de su hija, Mª Luisa, mi tía. Delante de todos, el obispo Manuel González la acusa, y así lo recoge la prensa, de haber retirado los crucifijos y de obligar a entrar a los niños en la clase con el saludo de “no hay dios”. También sería asesinada salvajemente la maestra Sofia Polo.

       Las afirmaciones del obispo son falsas y mendaces, pero hace que la muchedumbre increpe e insulte a mi abuela y a su hija. Ambas son llevadas al Gobierno Civil de Palencia. Me consta que se produce una reunión en su interior en los días posteriores, a la que acuden mi abuelo Esteban, el delegado del Instituto de Estadística de Palencia, la hija mayor de  Ubaldina, mi tía Carmen, y otras autoridades. Sé, por los testimonios familiares, que la reunión fue violentísima, y que destacó por su feroz rencor, el obispo Manuel González. En homilías posteriores y en otros escritos, el obispo dejó muy clara su afinidad política con el Estado nacional católico, su falta de misericordia y su rencor hacia las republicanas.

          El 7 de septiembre, un grupo de personas entre las que se encuentran Ubaldina García Isabel Estaban Nieto, maestra de Brañosera, son trasladadas hacia Burgos. La camioneta se detiene en quintana del Puente. Allí, al atardecer, son todas asesinadas. La fosa sigue sin ser localizada.

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