Las ventanas de La Alafía


          La Alafía, o baluarte de las cinco palabras, es una de los zonas más descuidadas y peor mantenidas de toda Melilla La Vieja. Restaurada y derruida, convertida en “alojamiento de los sin techo”, y con un túnel o pasadizo completamente cerrado. La reja de acceso debería haberse situado apenas dos metros más adelante y cubrir el acceso a la parte baja. Si algo no se hace bien desde el principio, su siguiente estado es el de deterioro o abandono. La destrucción de la parte exterior puede achacarse a la actividad de los maleantes o de los que deterioran el entorno urbano. Pero en la parte interior y vigilada no tiene justificación posible, salvo el de un pésimo mantenimiento, o el de una ineficacia absoluta.

    Las ventanas de La Alafía son los ojos por los que Melilla se asomaba al mundo, desde su fundación por los Omeyas en el siglo X. Luego, tras la conquista castellana siguió cumpliendo la misma función. Desde que los recintos fortificados dejaron de tener ese uso, y convertirse en un balcón turístico, el único trabajo que hay que hacer allí es el de conservación y de mantenimiento.

     Las ventanas de La Alafía tuvieron en un principio marcos y contra ventanas de madera. Luego desapareció todo y tuvo que ser repuesto. Ahora se han arrancado hasta los marcos y las contra ventanas habrán sido utilizadas como material combustible en el hotel homeless de la planta inferior.

          Nota:https://elalminardemelilla.com/2013/12/15/hotel-puerta-alafia/

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2 Respuestas a “Las ventanas de La Alafía

  1. Qué penoso es todo esto. Qué triste la entrada anterior. Qué desalentador comprobar que en lugar de alguna solución o al menos paliativo no se ven más que retrocesos se mire a donde se mire. Y sin embargo ahí estás tú cada día, con un trabajo reservado para los que están hechos de una madera especial. Sigue siendo así.

  2. Trabajo y también pesada carga. Tan mortal como cualquier otro. Gracias Isa.

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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