Archivo diario: 18 julio, 2016

El origen del Mal


             ¿Cuándo empezó el Mal que actualmente conocemos?, ¿cómo acceder a información sin contaminar?, ¿es lo mismo el Estado Islámico que Al Qaeda o el Daesh?. Para poder empezar a explicar algo, hay que poner una fecha al  origen, un instante de inicio?. ¿Quién se acuerda ya de “los señores de la guerra afganos”?. ¿Significan algo ya en estos tiempos los nombres de Gulbuddin Hekmatyar, Abdul Rashid Dostum,  Burhanuddin Rabbani, o el mítico Mohammad Omar, más conocido como el Mulá Omar, célebre por huir de los helicópteros soviéticos en un ciclomotor, tras derribarlos con sus lanzacohetes (tipo rpg de fabricación norteamiericana) de un solo disparo, el Mulá Baradar, o el túnel de Salang?.

             Todo esto comenzó en diciembre de 1979, cuando el ejército de la Unión Soviética entró en Afganistán, con la excusa de sostener a los partidarios del presidente  de la República Popular de Afganistán, Mohammad Taraki, depuesto tras un golpe de Estado, en un territorio ya amenazado por el incipiente movimiento talibán, fundado en la frontera paquistaní.

                  El ejército de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), se metió en un avispero del que salió muy mal parado en 1989. Otras de las intenciones de aquella invasión, fue evitar la influencia del incipiente islamismo, en las entonces repúblicas socialistas de Asía. Nada se evitó, porque la URSS se desintegró en 1990, y las repúblicas asiáticas formaron Estados independientes. Sin embargo, aquella invasión lejana, fue aprovechada por Estados Unidos, para socavar el régimen socialista soviético, imponer nuevas de sus dañinas sanciones económicas, y provocar el colapso económico de su antagonista político, cosa que sí consiguieron.

      Los Estados Unidos proveyeron de abundante material militar, asesores militares norteamericanos, y de una lluvia de millones de dólares, a todos los grupos islamistas  que combatían a los soviéticos, agrupados bajo las denominaciones genéricas de Alianza del Norte o movimiento Talibán, y entre cuyos nombres más destacados figuraba ya el de Osama Bin Laden, convertido luego en terrorista internacional y fundador de la organización criminal Al Qaeda. Una vez conseguida la marcha de los soviéticos, Afganistán se convirtió en la universidad del islamismo radical, en una república presidida por  el pastor y clérigo, mundialmente conocido como el Mulá Omar.

             Tras el repliegue ruso en 1989, la República Popular de Afganistán vivió una lenta agonía, con cada vez más territorio conquistado por los talibanes, que entraron en kabul en 1996, ejecutando de modo salvaje al último presidente Mohammad Najibulá. Ya hemos establecido el origen de dos movimientos que siguen presentes en la región, de la que los estadounidenses se olvidaron, hasta la brutal reaparición de Al Qaeda en el atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York, del que se cumplirán 15 años en próximo 11 de septiembre, y 20 desde la caída de Kabul en manos de los talibanes, en el mismo mes. Nada se ha resuelto desde entonces.

               Hoy es un hecho claro y asumido, que tras la primera Guerra del Golfo en 1991, Iraq quedó sin capacidad armamentística para atacar a nadie. La segunda Guerra del Golfo en 2003, no solo supuso en error estratégico y político de la coalición liderada por Estados Unidos, sino que además, se basó en un mentira (la existencia de armas de destrucción masiva en manos de Saddam Husein. Tras la descomposición del Estado iraquí, amplias zonas quedaron sin control, y en ellas se ha establecido lo que conocemos como Estado Islámico, el acrónimo DAESH, o el califato del Levante, en realidad un nuevo estado en formación; dentro de un territorio, en el que está reorganizándose un nuevo mapa político de la zona. Esta es la tesis del reciente libro La trampa DAESH, del francés Pierre-Jean Luizard.

              Por primera vez, hay Estados lo suficientemente poderosos, con oscuros grupos económicos de incalculable poder de presión detrás de ellos y de sus acciones, capaces de alterar el mundo conocido. Puede descomponer naciones o establecer otras nuevas. Siria, Iraq, Libia,  no volverán a existir nunca como las hemos conocido.

           El problema, y eso es lo que estamos, están pagando con sus vidas los ciudadanos de a pie, es que los cálculos que realizan en sus mesas geoestratégicas, generalmente no les suelen salir como esperaban.

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