El negocio de las ruinas


La desaparición de patrimonio en Melilla

    Las grúas y las excavadoras se imponen en la ciudad. Después del suelo, el segundo negocio de la ciudad son las ruinas, no las económicas porque resultaría una antítesis, sino la de los edificios. Si cuando un edificio empieza a deteriorarse por el paso del tiempo, ninguna institución obliga al propietario a su reparación o mantenimiento, el estado de abandono avanzará hasta el de ruina técnica, económica o absoluta, grado ansiado por todo propietario de edificio o inmueble.

        En junio de 2011 escribimos un artículo ya emblemático, el de las ruinas y sus grados, conceptos que desconocíamos en aquel momento, en un Alminar incipiente. Desde entonces, hace ya casi 6 años, hemos contemplado como se demolía una parte considerable del patrimonio arquitectónico de Melilla, incluido algún edificio del afamado Enrique Nieto en el barrio del Real. Las reconstrucciones posteriores no han sido demasiado afortunadas, en el sentido de que ni siquiera intentaban ser un pálido reflejo de lo demolido. Sin embargo todas esas nuevas edificaciones han supuesto un buen negocio para el edificador. Sin embargo algunas, como la del  último edificio de la calle Polavieja, siguen siendo años después un solar, o edificios vacíos, sin demasiado interés en que se vendan los pisos rehabilitados o de nueva construcción, como el de la Avenida de La Democracia, que sigue en estado fantasmal. Solo parte del bajo tiene uso como un local de restauración.

        Una tercera parte de la ciudad originaria espera el estado de ruina, sin que nada ni nadie pueda evitarlo o detenerlo, como el barrio del Carmen, algunos inmuebles del Tesorillo, y 1/3 del barrio del Real. En otro muchos solo hay solares esperando una futura edificación. La aprobación definitiva del Plan General de Ordenación Urbana tiene mucho que ver en ese estado de solar permanente.

         Hay muchos edificios históricos camino del colapso. Uno firmado por Enrique Nieto en la avenida de la Duquesa de la Victoria y otro en la calle Jiménez e Iglesias del barrio del Real. Mientras tanto, las grúas y las excavadoras imponen su pesada e inexorable ley, la del derribo. Son dos ejemplos, pero podrían ser cientos.

     Notas:(1)https://elalminardemelilla.com/2011/06/29/diferentes-grados-de-ruina-de-un-edificio-en-melilla/; (2)https://elalminardemelilla.com/2011/10/09/el-edificio-fantasma-de-melilla/; (3)https://elalminardemelilla.com/2012/10/09/una-tragedia-con-responsabilidades/

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5 Respuestas a “El negocio de las ruinas

  1. Solamente hay que ver como ha quedado El Pueblo, donde habían calles y vida solo quedan solares. Una desgracia el no conservar como se ha hecho en otros lugares (Argel, Túnez etc..) el origen de la ciudad.

  2. ¡ AY DE MI MELILLA !

    Melilla la adelantada
    de los vencedores

    Melilla la olvidadiza
    que no trata igual
    a todos sus hijos.

    Melilla donde grúas
    y excavadoras son
    las sultanas de calles
    y plazas imponiendo
    la Ley del Derribo.

    Melilla la perla del
    Norte de África

    Melilla la modernista
    que no rehabilita
    su rico patrimonio
    arquitectónico uno
    de ellos un edificio
    de Enrique Nieto.

    Melilla porque miras
    hacia otro lado
    Impide que las ruinas
    se conviertan en negocio.

    ¡AY MELILLA ! Podías
    ser el espejo donde
    todas las ciudades
    se mirasen por la
    defensa de tu rica
    historia y por la
    conservación de tus
    bellísimos edificios.

    Melilla aún estás
    a tiempo y rectificar
    dicen que es de sabios
    será capaz de dar
    ese paso valiente
    Todos los melillenses
    sensibles que los hay
    te lo agradecerán
    siempre………………

  3. Gracias Nadorense, bienvenidos son siempre tus poema. En tiempos difíciles son necesarios.

    • Gracias buen amigo Hospitalario. Aunque lejos estoy contigo y con El Alminar. Un gran abrazo para tí y todos los compañeros.

Lo que se ha podado retoña; lo ahuyentado vuelve, lo extinguido se enciende; lo adormecido despierta otra vez. Poco es , pues, podar una sola vez; es necesario podar muchas veces, continuamente, si es posible.

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