El punto de retorno


 

            En algún momento debemos regresar al punto en el que nos encontrábamos, tras estos ya largos tres meses de confinamiento, y antes de que empezara todo. Hay algunas cosas en las que no hemos secundado desde El Alminar, al pensamiento imperante. Una de ellas es no haber aceptado el término de “nueva normalidad”, de claros rasgos masónicos, para describir la situación post pandémica a la que debemos enfrentarnos.

             Tampoco podemos describir los cambios que se producirán, tanto en la sociedad como individualmente, en el sentido de si seremos mejores o no, o de si hemos alcanzado una mayor conciencia colectiva. Se abre un tiempo de incertidumbre, en el que “el confinamiento mundial” ha servido como base de datos y experimento universal para los rectores económicos del mundo. Pero sí estamos seguros de que reformas y transformaciones económicas largo tiempo aplazadas, aunque previstas, se impondrán ahora. Es la noción del “capitalismo del desastre” de la que sí hemos escrito hace no muchos días.

                                    La epidemia que nadie esperaba

           Es absolutamente cierto de que nadie contaba con una situación así, por mucho que ahora se pretenda instrumentalizar a la Justicia para que descubra la cuadratura del círculo. Bastaría con solicitar un ejemplar de los periódicos del 8 de marzo, para comprobar que ese domingo nadie pensaba que estuviésemos a solo una semana de la declaración del Estado de Alarma.

          Una de las consecuencias de esa declaración, ha sido la desaparición definitiva de la prensa escrita del Estado español en nuestra ciudad. En noviembre de 2012 se fue para siempre el diario ABC, y luego le siguieron La Razón, toda la prensa deportiva con los diarios, Mundo Deportivo, As, para finalizar con El Mundo, unos meses antes de la Covid-19. Solo se mantuvieron El País y Marca, pero no han podido resistir el cierre aéreo.

                                        El pretérito perfecto

            El pretérito perfecto es un tiempo verbal que indica una acción ya terminada en el pasado, pero cuyos efectos llegan hasta el momento presente. En Melilla esta noción gramatical, llamada también pretérito perfecto absoluto, se manifiesta en las calles, pues si regresamos a un lugar determinado varios años después, todo se mantiene en el mismo lugar. La única diferencia es que la oxidación se ha hecho presente, y también nos ayuda como herramienta para comprobar que el tiempo ha transcurrido de un modo efectivo, y que no nos inventamos nada. En el año 2017 encontramos una pequeña acumulación de latas de cerveza, que tres años después siguen en el mismo lugar, aunque oxidadas. El tiempo ya cerrado de la desidia, nos sigue alcanzando con su recuerdo.

             Siempre hay que retornar a un lugar o punto espacio-temporal, que nos permita el regreso. A veces algo bloquea el camino, o nuestra marcha se detiene sin causa aparente, y seguir avanzando se nos antoja imposible, es cuando sin darnos cuenta llegamos a la pregunta de ¿para qué? Es una pregunta sin respuesta que paraliza como un veneno. Lo que siempre hemos hecho es esperar el tiempo necesario, encontrar un lugar anterior y regresar. En este caso estaba junto al río de Oro, debajo del depósito de agua, en el que parece existir una filtración. También se observan grietas en uno de los pilares que sostienen la parte superior del depósito.

              PD: Quien no regresará ya nunca es el cantante Pau Donés, que estuvo por última vez en Melilla en julio de 2017. Que descanse en paz.

 

4 Respuestas a “El punto de retorno

  1. “Una de ellas es no haber aceptado el término de nueva normalidad”. Ya es demasiado tarde hospitalario; la gente ya ha sucumbido al mundo que nos están preparando.

  2. Nos arrojarán a ese mundo que nos han preparado, pero aun así y mientras podamos, mantendremos encendida esta lámpara, Miguel.

    • Admiro a Suecia, Noruega, Holanda y otros países de escandinavia o de África del Sur. Ellos no han sacrificado la economía ni han vendido su alma al diablo.

  3. la gente está más cómoda desde un medido desconocimiento de lo que debería interesarle y dice que no para evitar los pasos que nos conduzcan a aquello que queremos.
    Es más cómodo en el club de vagos “que me entren”. Así se puede quejar uno mejor en facebook que remangarse.

Acostúmbrate a sufrir con paciencia las contrariedades, a escuchar en silencio lo que desagrada, a estar sosegado entre los turbulentos y a permanecer tranquilo entre el estrépito del mundo.

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