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Reflexión en la pandemia


Hay un tiempo para cada cosa y una cosa para cada tiempo. Lo importante es darle la cara a los acontecimientos y estar a la altura de lo que se requiere. En el peor momento posible y ante la mayor amenaza que haya tenido jamás el mundo, el Reino Unido de la Gran Bretaña tuvo al mejor dirigente posible, eso se salvaron.

Existe días que no queremos que sean olvidados, y uno de ellos es hoy, 6 de octubre de 2020. Hemos escrito hasta el cansancio, que se estaba dejando la línea de choque frente a “la pandemia de los murciélagos o de Wuhan” en manos del azar, que resulta un aliado cuando se hace todo lo que se debe, o como decía Wittgenstein: “hay que dejar las menos cosas posibles en manos del azar”, si se puede, ninguna, porque el azar el algo que puede volver la cara en cualquier momento, como está sucediendo en Melilla, entre el final del verano y el principio del otoño. En junio no se tiraron cohetes porque lo impedía “el estado de alarma” o las fases del confinamiento.

Hoy, 6 de octubre, hemos registrado el primer sanitario fallecido por Covid, el coordinador médico del SUAP (Servicio de Urgencias de Atención Primaria) José Manuel Galindo Gómez, y hemos iniciado la lista de políticos contagiados, que casualmente es otro sanitario, Mustafa Aberchán. Esto ya es muy grave, porque los sanitarios son la última línea de defensa, aquella retaguardia a la que aplaudíamos en los meses de marzo y abril. Porque hay que ser conscientes de que después de los sanitarios, ya no hay nada más.

Comunidad Sanitaria, Medalla de Oro de Melilla

El pasado 25 de septiembre, en el acto aplazado de la entregas de las Medallas de Oro de la Ciudad, se encendió un pebetero que homenajeaba tanto a los sanitarios, como a todas las víctimas mortales del Covid. Una representación de todos los estamentos de la Comunidad Sanitaria, y de la sociedad melillense depositaron uno a uno, una rosa blanca en homenaje y recuerdo hacia todos los que han perdido la vida, y en consideración y ánimo para los que luchan contra la pandemia, en situación de estrés, de agotamiento, y de claro riesgo para su vida.

Esto es una cadena de responsabilidades, y el que se resiste a usar el cubrebocas (mascarilla) en el Paseo Marítimo, en el bar, en la cafetería, en la calle, o que no guarda las medidas sanitarias de rigor, debe saber, que su irresponsabilidad acaba justo en la línea sanitaria, con los efectos que ya empezamos a ver. Esa irresponsabilidad es responsable de muertes, aunque no quieran ser conscientes de ello, porque el que está contagiado, contagia al que no lo estaba, a veces con resultados fatales.

Sirvan estas líneas como recuerdo eterno a José Manuel Galindo Gómez, y como agradecimiento a toda la Comunidad Sanitaria de Melilla. También como deseo del pronto restablecimiento del cirujano del Hospital Comarcal, Mustafa Aberchán.

Fotos: Javier Bernardo

Pestis magna


La puerta de la pandemia

Peste, palabra latina de la 3ª declinación, que alude a una epidemia o enfermedad contagiosa de extraordinaria velocidad de propagación, y de gran mortalidad y alcance geográfico. Hay enfermedades y hay pestes, y la presente, la que azota al mundo entero, todavía no tiene un nombre que la defina y le de categoría, como la de la Peste Negra (1346-1353), pese a estar nombrada como Covid-19. Por su origen geográfico debería ser conocida como “pandemia de Wuhan” o “peste de los murciélagos“, animalitos que parecen ser considerados como el origen de la pandemia.

La peste negra tuvo como origen a las ratas negras y de ellas, tras una complicada cadena de trasmisión, a los humanos, en la que ayudaron las pulgas y los piojos. Sin embargo, esto solo pude ser comprendido a partir del siglo XIX, cuando el virólogo Alexandre Yersin, consiguió aislar el vacilo que la provocaba en 1894, en la ciudad de Hong-Kong. Esto quiere decir que la Peste Negra ha sido una realidad hasta finalizado el siglo XX. Una vez asentada en la población, también se producía la transmisión cruzada entre humanos.

Sin embargo, al tratarse de una enfermedad bacteriana, la transmisión debía realizarse de modo directo, a través de las pulgas de las ratas infectadas, y esto era así porque las bacterias son de mayor tamaño que los virus, lo que hacía casi imposible la transmisión mediante la saliva o las célebres gotitas de Flügge, ya que al ser más grandes y pesadas, la carga infectiva de la saliva era mucho menor. No sucede así con la presente pandemia en la que la trasmisión a través de la saliva juega un papel fundamental. Los virus son infinitesimales y encuentran un vehículo rápido e ideal de transmisión en las gotitas de Flügge, que se producen al hablar, toser, estornudar, cantar, dar gritos o escupir en la calle.

No solo hay una transmisión directa, sino también mediante el depósito de la carga infectiva sobre superficies, que tocamos con las manos y que podemos trasmitir a otros o a nosotros mismos. De aquí la importancia del uso de la mascarilla o cubrebocas, del lavado de manos, de la higienización de superficies, y de no tocarnos a nosotros mismos hasta no habernos lavado o desinfectado las manos. ¿Son estas obligaciones compatibles con la actividad humana? Con algunas claramente no, salvo que se respete con rigor la distancia social y la ventilación constante de lugares cerrados, y aun así, seguiremos dependiendo en gran parte del azar. Ocurra lo que ocurra, no abandonen nunca su mascarilla.

Hablamos de enfermedades respiratorias como el virus de la influeza, el rinovirus, el enterovirus y todos los coronavirus, como el SARS o neumonía, surgida también en China.

Pronto, lejos, tarde

Toda epidemia debe tener un foco, esta es una de las conclusiones del Ole J. Benedictow en su libro La Peste Negra, porque allí permanece y allí debe ser extinguida. En el primer caso parece que el origen primitivo fue el Yemen, y en el caso actual es Wuhan. En la actual situación seguimos desconociendo casi todo, pero el impacto que tendrá sobre la historia y economía mundial será equivalente al de una revolución. Al igual que en el siglo XIV, condicionará la agenda histórica de las próximas décadas y definirá al siglo XXI.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) indica que a día de hoy, el virus ha alcanzado a 24.854.140 personas, provocando 838.924 muertes. El continente más afectado es América y el que menos África. El libro sobre el que basamos el presente artículo ofrece similitudes en las reacciones entre los siglos XIV y XXI. Algunos dirigentes mundiales están más en sintonía con los gobernantes del año 1348.

Cuestiones finales

Ya ha pasado medio año desde su inicio y no parece que hayamos alcanzado el ecuador pandémico. Entonces como ahora, las clases dominantes no perdieron su poder e influencias, mientras que las populares afrontaron el choque de la pestilencia en toda su crudeza. Las autoridades medievales actuaron siempre tarde, mientras que la epidemia no perdió un solo día. Cuand o asomaba su faz y se distinguía de otras enfermedades, la epidemia llevaba ya un mes y medio infectando todo sin contención alguna. No parecen existir, en el presente, diferencias significativas entre hemisferios o entre habérsela encontrado en invierno o en verano. En 1348 todo era hemisferio norte. No se puede pasar por alto el dato de recluir sin más, a toda la población mundial durante 3 meses. El siguiente asalto será la vacuna, pero antes está la campaña de la gripe, en la que Melilla siempre está a la cola en cuanto a número de vacunaciones. Hay mucho que seguir contando.

Nota:https://www.who.int/es

Un ballo in maschera


             Último día de estado de alarma y de confinamiento duro. Han pasado 100 días desde el 13 de marzo de 2020, el año en el que cualquier tradición popular y milenaria quedó quebrada. No hay nada ancestral que no haya dejado de celebrarse. Si buscamos las señales que sucedieron en el año anterior, encontramos decenas de detalles que precisaban interpretación, pero que no hubo modo de desentrañar. Sin embargo los signos sí fueron advertidos y observados. 

             Sin haber llegado al final, nos vemos obligados a volver al principio, al momento en el que abandonamos las calles y las plazas por una amenaza invisible. Hoy, 20 de junio, último del estado de alarma, el primer mes en el que no se celebrará San Juan desde hace al menos mil años, se ha inaugurado la temporada oficial de baños en la playa. El lugar escogido ha sido la playa de Los Cárabos, uno de los nombres con más significado de Melilla.

            El presidente de Melilla Eduardo de Castro, junto a otros integrantes del gobierno, abrieron de modo oficial la temporada de un verano distinto, en el que existirán muy pocas posibilidades de salir de la ciudad. Un nutrido grupo de auxiliares de información de playa, con camisetas azul celeste, contarán con dos drones para vigilar el perímetro de las playas, junto a los socorristas, que ya llevan una semana desplegados en sus puestos de vigilancia.

             Hay que regresar al mundo que conocíamos, pero en una normalidad adaptada a las nuevas circunstancias y en permanente estado de alerta. Hay muchos interrogantes sobre la pandemia que todavía no se han resuelto. La covid-19 sigue ahí fuera y la precaución sigue siendo la misma: Evitar el contagio bajo cualquier circunstancia. Seguimos encerrados. Melilla es un fortín del que nadie escapa.

               Como extraña coincidencia histórica, el encierro de 2020 se inició apenas unos días antes que la conmemoración del Sitio de Melilla de 1775. El confinamiento empezó el 14 de marzo del presente año, y aquel asedio acabó el día 19 del mismo mes. La duración es idéntica, 100 días.

 

El punto de retorno


 

            En algún momento debemos regresar al punto en el que nos encontrábamos, tras estos ya largos tres meses de confinamiento, y antes de que empezara todo. Hay algunas cosas en las que no hemos secundado desde El Alminar, al pensamiento imperante. Una de ellas es no haber aceptado el término de “nueva normalidad”, de claros rasgos masónicos, para describir la situación post pandémica a la que debemos enfrentarnos.

             Tampoco podemos describir los cambios que se producirán, tanto en la sociedad como individualmente, en el sentido de si seremos mejores o no, o de si hemos alcanzado una mayor conciencia colectiva. Se abre un tiempo de incertidumbre, en el que “el confinamiento mundial” ha servido como base de datos y experimento universal para los rectores económicos del mundo. Pero sí estamos seguros de que reformas y transformaciones económicas largo tiempo aplazadas, aunque previstas, se impondrán ahora. Es la noción del “capitalismo del desastre” de la que sí hemos escrito hace no muchos días.

                                    La epidemia que nadie esperaba

           Es absolutamente cierto de que nadie contaba con una situación así, por mucho que ahora se pretenda instrumentalizar a la Justicia para que descubra la cuadratura del círculo. Bastaría con solicitar un ejemplar de los periódicos del 8 de marzo, para comprobar que ese domingo nadie pensaba que estuviésemos a solo una semana de la declaración del Estado de Alarma.

          Una de las consecuencias de esa declaración, ha sido la desaparición definitiva de la prensa escrita del Estado español en nuestra ciudad. En noviembre de 2012 se fue para siempre el diario ABC, y luego le siguieron La Razón, toda la prensa deportiva con los diarios, Mundo Deportivo, As, para finalizar con El Mundo, unos meses antes de la Covid-19. Solo se mantuvieron El País y Marca, pero no han podido resistir el cierre aéreo.

                                        El pretérito perfecto

            El pretérito perfecto es un tiempo verbal que indica una acción ya terminada en el pasado, pero cuyos efectos llegan hasta el momento presente. En Melilla esta noción gramatical, llamada también pretérito perfecto absoluto, se manifiesta en las calles, pues si regresamos a un lugar determinado varios años después, todo se mantiene en el mismo lugar. La única diferencia es que la oxidación se ha hecho presente, y también nos ayuda como herramienta para comprobar que el tiempo ha transcurrido de un modo efectivo, y que no nos inventamos nada. En el año 2017 encontramos una pequeña acumulación de latas de cerveza, que tres años después siguen en el mismo lugar, aunque oxidadas. El tiempo ya cerrado de la desidia, nos sigue alcanzando con su recuerdo.

             Siempre hay que retornar a un lugar o punto espacio-temporal, que nos permita el regreso. A veces algo bloquea el camino, o nuestra marcha se detiene sin causa aparente, y seguir avanzando se nos antoja imposible, es cuando sin darnos cuenta llegamos a la pregunta de ¿para qué? Es una pregunta sin respuesta que paraliza como un veneno. Lo que siempre hemos hecho es esperar el tiempo necesario, encontrar un lugar anterior y regresar. En este caso estaba junto al río de Oro, debajo del depósito de agua, en el que parece existir una filtración. También se observan grietas en uno de los pilares que sostienen la parte superior del depósito.

              PD: Quien no regresará ya nunca es el cantante Pau Donés, que estuvo por última vez en Melilla en julio de 2017. Que descanse en paz.

 

Regreso a la ciudad abandonada


El capitalismo del desastre

         El pasado 13 de marzo (viernes) se inició el confinamiento en Melilla y dos días después se decretó el “estado de alarma”. Hemos estado encerrados en las casas por espacio de 66 días, hasta el inicio de la fase 2 de desconfinamiento.

          Ahora, muy poco a poco, vamos regresando a la ciudad que abandonamos y todo se percibe de una manera diferente. Tenemos imágenes de la ciudad despoblada, en lugares en los que parecía imposible. Se cerró absolutamente todo, incluidos los templos de todas las confesiones religiosas de la ciudad. Nuestro primer pensamiento es para todas las personas que han fallecido en esta pandemia (27.118 en España) de las que 2 corresponde a Melilla.

         Volvemos al mismo lugar pero tras casi tres meses de cuasi abandono, el estado de la ciudad aparenta un mayor deterioro. Son muchas veces las que hemos observado lo que llamábamos “edificios fantasmas”, porque están en una situación de aparente abandono, pero en realidad están habitados de manera oculta. En la zona del Rastro y Polígono, hay muchas viviendas “aparentemente desocupadas”. Uno de esos inmuebles está en la calle General Margallo, junto a la plaza de Martínez Campos, y durante el confinamiento ha mudado su situación de abandonado a incendiado. El suceso no ha tenido trascendencia, porque en la pandemia también desaparecieron las noticias.

        La periodista Naomi Klein en La doctrina del Shock, desarrolla un concepto al que denomina como “capitalismo del desastre”. Según esta teoría, bien fundamentada, el capitalismo mundial aprovecha cualquier situación anómala, catástrofes naturales como la del Katrina, atentados descomunales como el del 11S, o incluso las guerras, para provocar transformaciones profundas en la sociedad y en los modos de producción, que de otro modo llevarían años y encontrarían gran resistencia ciudadana.

             En estos 66 días en los que prácticamente la totalidad de la población del planeta ha estado confinada en su casas, algo inimaginable por profetas y analistas de cualquier condición y tiempo, se han acelerado reformas y analizado vías económicas y políticas, de las que ahora mismo no somos conscientes, pero que saldrán a la luz más tarde que temprano. La pandemia del Covid-19 ha servido en bandeja lo que puede pasar a ser conocido como el mayor “experimento universal”.

              El dinero en masa, el  capital, el dinero de verdad, el que puede alterar la economía de países con apenas unos cuantos movimientos, está concentrado en apenas unos cuantos centenares de corporaciones e individuos. A partir de la que esperamos próxima finalización de la pandemia, se empezarán a producir movimientos económicos de alcance universal. Si algo ha quedado claro en esta catástrofe, es que ya no hay nada a salvo en parte alguna del planeta.

                  En Melilla será esencial el control del territorio. Son solo 12 kms² y aunque mucho esté en barbecho o sean zonas áridas, no debe suponer ningún problema ni causar miedo. Eso sí, hace falta dedicarse las 24 horas al territorio, a pisar el suelo y el polvo. Vamos a hacer una predicción: Lo que más se transformará en Melilla en las dos próximas décadas será toda la zona del polígono y Rastro, eso sí, en un sentido muy alejado de las ensoñaciones  del tipo Albert Speer y su Berlín imposible. Suerte en el regreso a todas y a todos.

 

Mongolia


            La República de Mongolia, capital Ulan Bator. Esto es casi todo lo que sabemos de este país de las estepas, situado entre China y Rusia, y muy cercano en su frontera norte al lago Baikal. En el décimo año de existencia del Alminar, solo se han producido 7 visitas desde allí hasta este blog, en el que en alguna ocasión, ya han entrado casi todos los países del mundo.

            Es un país de clima frío extremo, poblado solo por 3 millones de personas, aunque su territorio se encuentra el desierto del Gobi. Mongolia proporcionó un nombre al mundo, pero imborrable, el del Gran Gengis Kan, que extendió su imperio desde la estepas de Asia oriental, hasta las mismas puerta de Europa, en Hungría. Fundó un imperio similar en extensión al de Alejandro Magno o el mismísimo Imperio Romano.

                 La creencia religiosa mayoritaria es el budismo, que profesa algo más del 50% de la población, mientras que el siguiente grupo lo constituye la “irreligión” o ausencia total de cualquier creencia, y que engloba al 38% de sus habitantes. El islam y el cristianismo son casi irrelevantes, sumando apenas un 5% entre ambas creencias.

                  Mongolia está hoy en el mapa mundial del coronavirus por una razón, tiene solo 16 + casos y ningún fallecido, de los cuales solo 12 son activos. Pasados ya dos meses de la expansión de la epidemia, se puede observar como en los países asiáticos tiene una incidencia muy baja de infección por covid-19. Incluso en los países en donde más ha azotado la epidemia, como Irán, la cifra de víctimas mortales (4357) está muy alejada de las de los países europeos como Italia, España o Francia.  Turkmenistán y Tajikistán, no tienen ningún caso confirmado. La expansión e incidencia es más lenta en los países de Europa oriental. El arrasado Yemen, tiene un solo caso confirmado.

            La epidemia de Peste Negra del siglo XIV (1346), vino a lomos de los jinetes mongoles, desde las lejanas estepas da Asia, durante el asedio a la ciudad bizantina de Caffa.

                Escribimos anteriormente y lo volvemos a hacer, diciendo que la expansión de la pandemia, que dista mucho de estar concluida, aportará muchos datos sobre la desigual incidencia, tanto en países próximos al foco, como en los más alejados. Hay hechos que ahora mismo son muy difíciles de explicar. El Covid-19 parece haber saltado países enteros, y estallado con especial magnitud en la franja sureuropea  occidental.

 

Reflexiones sobre una pandemia


La cultura de la higiene y el Covid-19

     Las virulentas epidemias que diezmaron la población europea a lo largo de la Edad Media tenía un elemento que actuaba como catalizador: la falta de la cultura de la higiene, esencial en el mundo romano, y desaparecida tras su caída en 476. Hay que recordar que la mortalidad neonatal y la de las mujeres parturientas se redujo de un modo drástico cuando el doctor húngaro Ignaz Semmelweis en 1847, descubrió algo tan sencillo como la obligación de “lavarse las manos”, por parte de los profesionales de la obstetricia.

      En charlas con un profesional sanitario en días pasados, comentamos esa ausencia de cultura de la higiene en la población, que todos damos por sentada y que sin embargo es una práctica que dista mucho de ser seguida por todos/as. En Melilla hay una cultura terrible y es la de toquetear todos los productos antes de comprarlos y echarlos en la bolsa. Productos alimenticios expuestos en la parte superior de los mostradores de bares o establecimientos, sin la protección adecuada. También la de vender trozos de pizzas y empanadas en los quioscos próximos a los institutos de la ciudad, con la total carencia del certificado de manipulación de alimentos. Un capítulo aparte sería el del estado de los aseos, obligatorios en los locales de restauración, en la mayoría de bares y restaurantes de la ciudad.

       Sin embargo, hay un capítulo más preocupante aún, y es la gran cantidad de población en nuestra ciudad, que ni siquiera tiene en sus casas, por ciertas especificidades del desarrollo urbano de la ciudad, esas condiciones que consideramos como higiénicas. Hay barrios de la ciudad, en la que las condiciones higiénicas permanecen ancladas en el principio del siglo XX. Lo peor, es que en las dos últimas décadas y a pesar del gran volumen de dinero que se ha manejado desde el Ayuntamiento, no se ha hecha nada por mejorar esas condiciones. Hay casas insalubres en todas las zonas de Melilla. Y aun así, hay un tercer escalón de insalubridad, el de la población mendiga o mendicante.

                                La población mendiga de Melilla

             Nadie ha hecho nada por ellos en los últimos 20 años, ni siquiera un censo. La ciudad del derroche, de Fitur y de los cruceros,  solo tiene un albergue para personas sin hogar, inaugurado en 2000,  bajo la breve presidencia de Mustafa Aberchán. Desde el Alminar hemos cifrado esa población en un millar de personas, que vive, duerme y hace sus necesidades fisiológicas en las calles, y así durante los 365 días del años. En caso de que una de esa personas necesitase asistencia sanitarias, primero precisaría de ser desinfectada, antes de poder ser atendida.

             El ácido úrico es el olor más fuerte de los que excreta el ser humano y el único que repele a los tiburones. Si alguna vez cae al mar en una zona infectada de escualos, procure orinarse encima y salvará la vida. Es un consejo de los manuales militares de supervivencia. En nuestra ciudad hay zonas, como el callejón del Tostadero (junto al Hipersol), cuyo olor a ácido úrico espanta con solo pasar por sus inmediaciones. Hay puntos de residencia de población mendicante, que deben ser desinfectados de inmediato, así como el túnel de la Puerta de la Marina y gran parte de la ciudad Vieja. Es un recomendación para la Consejería de Salud Pública, a cuya frente se encuentra el dinámico Mohamed Mohamed, que encontrará siempre apoyo en este modestísimo blog.

  Tienen que llevar a cabo un limpieza de choque en toda la ciudad. Todo suma en la cultura de la higiene. Higiene personal, higiene colectiva en establecimientos e higiene social en la ciudad y junto pondremos la mayor trinchera al Corona-virus. Estamos ante una crisis sanitaria, pero también del modelo de sociedad y ante la crisis final del modelo capitalista de consumo.