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La llegada de la catástrofe


La catástrofe, aunque no guste el término, se acercó hasta nosotros casi sin que nos diéramos cuenta. Parecía un problema lejano, del oriente asiático, origen de casi todas las epidemias anteriores. En febrero de 2020, China blindó la ciudad de Wuhan, el epicentro de la pandemia, pero el virus ya había escapado de allí y se diseminaba por el planeta de modo silencioso. Esto es lo único que explica la desigual incidencia entre China (100.000 casos y 4800 fallecidos) y el resto del mundo. Los países de Europa Oriental y Oriente Medio también tienen una incidencia muy baja. La pandemia se proyecto sobre el llamado mundo Occidental, como la piedra de una catapulta. La primera de esas piedras arrasó Italia, España y Francia, que se han mantenido desde el inicio en el grupo de los 10 países más afectados.

En la Edad Media, a la peste se la veía avanzar. Su ritmo era de 3 km diarios, pero también se producían saltos geográficos debido al desplazamiento de los barcos, bien por vías marítimas o fluviales. Llegaba primero la noticia de que una ciudad había recibido su mortal visita, luego otra, y otra más, pero a pesar de las distancias y la lentitud, nadie escapó de su abrazo. Entre 1346 y 1353 sucumbió Europa entera.

Pese a la distancia de 7 siglos entre ambas pandemias mundiales, aunque una solo afectó al mundo entonces conocido (América no estaba descubierta) las similitudes son grandes, porque la propagación es la misma, solo cambia la velocidad. Lo errores frente a su inicio son también similares a los de época medieval. El primero y fundamental es pensar que la distancia protege, cuando en realidad solo retrasa. Sin embargo, en un mundo tan comunicado, todo resulta inmediato, como en realidad fue.

Melilla en febrero de 2020

El azar dejó a nuestra ciudad fuera del primer zarpazo del virus. Cuando se cerraron las compuertas, la pandemia apenas había asomado su oscura faz, tanto a este lado como al otro de la frontera. El 24 de febrero las carrozas del Carnaval recorrieron las calles de la ciudad con total libertad y júbilo. El trasiego fronterizo continuaba en todo su apogeo. Hoy, contempladas estas imágenes, producen escalofríos. De haber estado el virus presente, esas concentraciones hubiesen resultado bombas biológicas, pero el destino estaba todavía de nuestro lado. En el artículo habitual sobre el desfile carnavalesco, descartamos esta fotografía, la del diablo y las viudas. La negra sombra ya acechaba.

Los Testigos de Jehová hacían su habitual proselitismo y sus advertencias continuas sobre el fin de los tiempos. Los humos de las laderas del Gurugú seguían ascendiendo a la atmósfera, asemejando fumarolas. El poeta Miguel Fernández y el heroico teniente legionario Francisco Jesús Aguilar, seguían recordándonos las diferentes formas de inmortalidad en la memoria común. Todo parecía en calma pero ya había inquietud.

Las dos primeras semanas de marzo ya fueron distintas. La inminencia de la catástrofe ya flotaba en el ambiente, aunque se desconocía su magnitud y duración. Se celebró la conmemoración del Cristo de Medinaceli pero ya con medidas de protección social, el Día de la Enfermería, y el de la Mujer. Pero ya nada podía evitarse. El reloj de la pandemia ya iba en contra y los dados del azar, también.

Estamos a un año del inicio de la pàndemia, la cifra de fallecidos alcanza los 2.362.735 en el mundo, 64.217 en España, 61 en Melilla.

Las cuevas de Melilla


Regreso al neolítico bajo el Faro

¿Cuál es la cifra de la población no regularizada existente en Melilla? ¿Sigue afluyendo a la ciudad más población en esta situación? ¿Existen túneles y entradas de paso bajo la frontera, al igual que ocurre en otros lugares? Las entradas con salto a la valla son las más llamativas, las que concentran la atención inmediata de los informativos nacionales. Sin embargo, parece existir otro modo de acceso a la ciudad, no localizado aún, pero del que se habla en sectores entendidos. El año pasado (2020), en pleno cierre pandémico, atravesaron la frontera terrestre de Melilla casi 200 personas. ¿Son todos saltos a la valla? La llegada de inmigrantes ha descendido pero no se ha detenido.

Los bereberes fueron siempre grandes excavadores de túneles, allá en donde estuvieron. Se cuenta que Granada, la capital nazarí, estaba atravesada por túneles, en una compleja red de defensa y comunicación. Lo mismo sucedía en otras muchas ciudades de Al-Ándalus. En Melilla, y hasta la llegada de las civilizaciones, el sistema sería el mismo. Es un hecho que la formación calcárea sobre la que se asienta la ciudad favorece este tipo de habitáculos. Hay mucha cuevas bajo las casas en casi todos los barrios. Era un buen modo de esconderse ante la llegada de piratas, y también de mantener ocultas las posesiones familiares, frente a las presiones tributarias de los caídes de la zona, o de potencias invasoras. A este tipo de túneles se les sigue llamando “cuevas moras” hasta en Guadalajara o Ibiza.

El problema está ahí. Las personas sobreviven, pero en situaciones de insalubridad completa. Ocupan las mismas cuevas que se habitaran hace más de 10 siglos. Hay muchas más, y hay túneles excavados a partir de 1860, que pueden seguir estando operativos. La ciudad oculta parece tener unas dimensiones mayores de las que pensamos.

La pandemia ha detenido un descontrol de décadas, en las que la ciudad se iba llevando de población irregular. Ahora estamos los que somos, pero cada día unos poquitos más. La población ambulante no controlada, recorre la ciudad cada día, en busca de sustento, de algo de aseo, pero no es una forma de vivir aceptable. Es una realidad que no se puede obviar, pero que está bajo la lustrosa ciudad monumental.

Brote de Covid en la comunidad hebrea melillense


La noticia circula por las redes de segunda o incluso tercera línea, sin llegar a hacerse pública, pero la conmoción es muy grande. El brote de infección por Covid en la comunidad hebrea ha sido muy extenso, y ha causado ya dos muertes, en una comunidad que hasta ahora se había mantenido alejada de la pandemia, salvo en la incidencia normal y en los márgenes estadísticos del resto de la población.

Al parecer, el brote surgió en un celebración familiar, cuyo motivo no ha trascendido, pero que podría situarse en el ámbito posterior a las fiestas de Januká. Los fallecidos son un matrimonio de avanzada edad, padres del conocido farmacéutico Mauricio Benain Belilty, cuyas esquelas fueron publicadas por el Colegio de Farmacéuticos de Melilla. El extenso brote, de un centenar de casos, ha llenado de temor no solo a la ciudad, sino también al resto de la población, pues se trata de personas muy conocidas y con gran presencia social. Entre los muchos afectados por este virulento brote, hay al parecer un rabino, un médico del Hospital Comarcal y el propietario de un comercio emblemático de la ciudad.

El repentino aumento de los contagios en los últimos días, con aumentos de casi 50 en 50 casos diarios, están localizados en la comunidad hebrea, y también en la comunidad cristiana ortodoxa neocatecumenal de la parroquia de san Francisco Javier, aunque con consecuencias menos graves. La labor de rastreo ha sido muy intensa y eficaz, para aislar y poner coto a estos dos focos de contagio, que ha tenido estas fatales consecuencias. El resto de la población parece mantenerse alejada de estos brotes, aunque la alarma y el temor se han acrecentado.

El efecto Navidad debería haber aparecido ya, y esto parece ofrecer un síntoma de esperanza, pues indicaría que la mayor parte de la población melillense, acató las restricciones impuestas por Sanidad durante las fiestas navideñas y el Fin de Año. Los expertos estiman que la temida tercera ola podría no ser tan dramática en Melilla como la segunda, que alcanzó los 1200 contagios y la trágica cifra de 40 fallecidos.

Estos datos, comprobados a lo largo de la semana por El Alminar, dan una idea de las terribles consecuencias de bajar la guardia frente a la pandemia del Covid. Las visitas a las sinagogas estaban drásticamente reducidas, y se limitaban a los viernes y solo a las que correspondiesen según la zona de residencia. Estos serían pues los dos primeros fallecidos en la Comunidad Hebrea de Melilla, con la que compartimos su pesar, y a la que ofrecemos nuestras condolencias.

Reflexión en la pandemia


Hay un tiempo para cada cosa y una cosa para cada tiempo. Lo importante es darle la cara a los acontecimientos y estar a la altura de lo que se requiere. En el peor momento posible y ante la mayor amenaza que haya tenido jamás el mundo, el Reino Unido de la Gran Bretaña tuvo al mejor dirigente posible, eso se salvaron.

Existe días que no queremos que sean olvidados, y uno de ellos es hoy, 6 de octubre de 2020. Hemos escrito hasta el cansancio, que se estaba dejando la línea de choque frente a “la pandemia de los murciélagos o de Wuhan” en manos del azar, que resulta un aliado cuando se hace todo lo que se debe, o como decía Wittgenstein: “hay que dejar las menos cosas posibles en manos del azar”, si se puede, ninguna, porque el azar el algo que puede volver la cara en cualquier momento, como está sucediendo en Melilla, entre el final del verano y el principio del otoño. En junio no se tiraron cohetes porque lo impedía “el estado de alarma” o las fases del confinamiento.

Hoy, 6 de octubre, hemos registrado el primer sanitario fallecido por Covid, el coordinador médico del SUAP (Servicio de Urgencias de Atención Primaria) José Manuel Galindo Gómez, y hemos iniciado la lista de políticos contagiados, que casualmente es otro sanitario, Mustafa Aberchán. Esto ya es muy grave, porque los sanitarios son la última línea de defensa, aquella retaguardia a la que aplaudíamos en los meses de marzo y abril. Porque hay que ser conscientes de que después de los sanitarios, ya no hay nada más.

Comunidad Sanitaria, Medalla de Oro de Melilla

El pasado 25 de septiembre, en el acto aplazado de la entregas de las Medallas de Oro de la Ciudad, se encendió un pebetero que homenajeaba tanto a los sanitarios, como a todas las víctimas mortales del Covid. Una representación de todos los estamentos de la Comunidad Sanitaria, y de la sociedad melillense depositaron uno a uno, una rosa blanca en homenaje y recuerdo hacia todos los que han perdido la vida, y en consideración y ánimo para los que luchan contra la pandemia, en situación de estrés, de agotamiento, y de claro riesgo para su vida.

Esto es una cadena de responsabilidades, y el que se resiste a usar el cubrebocas (mascarilla) en el Paseo Marítimo, en el bar, en la cafetería, en la calle, o que no guarda las medidas sanitarias de rigor, debe saber, que su irresponsabilidad acaba justo en la línea sanitaria, con los efectos que ya empezamos a ver. Esa irresponsabilidad es responsable de muertes, aunque no quieran ser conscientes de ello, porque el que está contagiado, contagia al que no lo estaba, a veces con resultados fatales.

Sirvan estas líneas como recuerdo eterno a José Manuel Galindo Gómez, y como agradecimiento a toda la Comunidad Sanitaria de Melilla. También como deseo del pronto restablecimiento del cirujano del Hospital Comarcal, Mustafa Aberchán.

Fotos: Javier Bernardo

Pestis magna


La puerta de la pandemia

Peste, palabra latina de la 3ª declinación, que alude a una epidemia o enfermedad contagiosa de extraordinaria velocidad de propagación, y de gran mortalidad y alcance geográfico. Hay enfermedades y hay pestes, y la presente, la que azota al mundo entero, todavía no tiene un nombre que la defina y le de categoría, como la de la Peste Negra (1346-1353), pese a estar nombrada como Covid-19. Por su origen geográfico debería ser conocida como “pandemia de Wuhan” o “peste de los murciélagos“, animalitos que parecen ser considerados como el origen de la pandemia.

La peste negra tuvo como origen a las ratas negras y de ellas, tras una complicada cadena de trasmisión, a los humanos, en la que ayudaron las pulgas y los piojos. Sin embargo, esto solo pude ser comprendido a partir del siglo XIX, cuando el virólogo Alexandre Yersin, consiguió aislar el vacilo que la provocaba en 1894, en la ciudad de Hong-Kong. Esto quiere decir que la Peste Negra ha sido una realidad hasta finalizado el siglo XX. Una vez asentada en la población, también se producía la transmisión cruzada entre humanos.

Sin embargo, al tratarse de una enfermedad bacteriana, la transmisión debía realizarse de modo directo, a través de las pulgas de las ratas infectadas, y esto era así porque las bacterias son de mayor tamaño que los virus, lo que hacía casi imposible la transmisión mediante la saliva o las célebres gotitas de Flügge, ya que al ser más grandes y pesadas, la carga infectiva de la saliva era mucho menor. No sucede así con la presente pandemia en la que la trasmisión a través de la saliva juega un papel fundamental. Los virus son infinitesimales y encuentran un vehículo rápido e ideal de transmisión en las gotitas de Flügge, que se producen al hablar, toser, estornudar, cantar, dar gritos o escupir en la calle.

No solo hay una transmisión directa, sino también mediante el depósito de la carga infectiva sobre superficies, que tocamos con las manos y que podemos trasmitir a otros o a nosotros mismos. De aquí la importancia del uso de la mascarilla o cubrebocas, del lavado de manos, de la higienización de superficies, y de no tocarnos a nosotros mismos hasta no habernos lavado o desinfectado las manos. ¿Son estas obligaciones compatibles con la actividad humana? Con algunas claramente no, salvo que se respete con rigor la distancia social y la ventilación constante de lugares cerrados, y aun así, seguiremos dependiendo en gran parte del azar. Ocurra lo que ocurra, no abandonen nunca su mascarilla.

Hablamos de enfermedades respiratorias como el virus de la influeza, el rinovirus, el enterovirus y todos los coronavirus, como el SARS o neumonía, surgida también en China.

Pronto, lejos, tarde

Toda epidemia debe tener un foco, esta es una de las conclusiones del Ole J. Benedictow en su libro La Peste Negra, porque allí permanece y allí debe ser extinguida. En el primer caso parece que el origen primitivo fue el Yemen, y en el caso actual es Wuhan. En la actual situación seguimos desconociendo casi todo, pero el impacto que tendrá sobre la historia y economía mundial será equivalente al de una revolución. Al igual que en el siglo XIV, condicionará la agenda histórica de las próximas décadas y definirá al siglo XXI.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) indica que a día de hoy, el virus ha alcanzado a 24.854.140 personas, provocando 838.924 muertes. El continente más afectado es América y el que menos África. El libro sobre el que basamos el presente artículo ofrece similitudes en las reacciones entre los siglos XIV y XXI. Algunos dirigentes mundiales están más en sintonía con los gobernantes del año 1348.

Cuestiones finales

Ya ha pasado medio año desde su inicio y no parece que hayamos alcanzado el ecuador pandémico. Entonces como ahora, las clases dominantes no perdieron su poder e influencias, mientras que las populares afrontaron el choque de la pestilencia en toda su crudeza. Las autoridades medievales actuaron siempre tarde, mientras que la epidemia no perdió un solo día. Cuand o asomaba su faz y se distinguía de otras enfermedades, la epidemia llevaba ya un mes y medio infectando todo sin contención alguna. No parecen existir, en el presente, diferencias significativas entre hemisferios o entre habérsela encontrado en invierno o en verano. En 1348 todo era hemisferio norte. No se puede pasar por alto el dato de recluir sin más, a toda la población mundial durante 3 meses. El siguiente asalto será la vacuna, pero antes está la campaña de la gripe, en la que Melilla siempre está a la cola en cuanto a número de vacunaciones. Hay mucho que seguir contando.

Nota:https://www.who.int/es

Un ballo in maschera


             Último día de estado de alarma y de confinamiento duro. Han pasado 100 días desde el 13 de marzo de 2020, el año en el que cualquier tradición popular y milenaria quedó quebrada. No hay nada ancestral que no haya dejado de celebrarse. Si buscamos las señales que sucedieron en el año anterior, encontramos decenas de detalles que precisaban interpretación, pero que no hubo modo de desentrañar. Sin embargo los signos sí fueron advertidos y observados. 

             Sin haber llegado al final, nos vemos obligados a volver al principio, al momento en el que abandonamos las calles y las plazas por una amenaza invisible. Hoy, 20 de junio, último del estado de alarma, el primer mes en el que no se celebrará San Juan desde hace al menos mil años, se ha inaugurado la temporada oficial de baños en la playa. El lugar escogido ha sido la playa de Los Cárabos, uno de los nombres con más significado de Melilla.

            El presidente de Melilla Eduardo de Castro, junto a otros integrantes del gobierno, abrieron de modo oficial la temporada de un verano distinto, en el que existirán muy pocas posibilidades de salir de la ciudad. Un nutrido grupo de auxiliares de información de playa, con camisetas azul celeste, contarán con dos drones para vigilar el perímetro de las playas, junto a los socorristas, que ya llevan una semana desplegados en sus puestos de vigilancia.

             Hay que regresar al mundo que conocíamos, pero en una normalidad adaptada a las nuevas circunstancias y en permanente estado de alerta. Hay muchos interrogantes sobre la pandemia que todavía no se han resuelto. La covid-19 sigue ahí fuera y la precaución sigue siendo la misma: Evitar el contagio bajo cualquier circunstancia. Seguimos encerrados. Melilla es un fortín del que nadie escapa.

               Como extraña coincidencia histórica, el encierro de 2020 se inició apenas unos días antes que la conmemoración del Sitio de Melilla de 1775. El confinamiento empezó el 14 de marzo del presente año, y aquel asedio acabó el día 19 del mismo mes. La duración es idéntica, 100 días.

 

El punto de retorno


 

            En algún momento debemos regresar al punto en el que nos encontrábamos, tras estos ya largos tres meses de confinamiento, y antes de que empezara todo. Hay algunas cosas en las que no hemos secundado desde El Alminar, al pensamiento imperante. Una de ellas es no haber aceptado el término de “nueva normalidad”, de claros rasgos masónicos, para describir la situación post pandémica a la que debemos enfrentarnos.

             Tampoco podemos describir los cambios que se producirán, tanto en la sociedad como individualmente, en el sentido de si seremos mejores o no, o de si hemos alcanzado una mayor conciencia colectiva. Se abre un tiempo de incertidumbre, en el que “el confinamiento mundial” ha servido como base de datos y experimento universal para los rectores económicos del mundo. Pero sí estamos seguros de que reformas y transformaciones económicas largo tiempo aplazadas, aunque previstas, se impondrán ahora. Es la noción del “capitalismo del desastre” de la que sí hemos escrito hace no muchos días.

                                    La epidemia que nadie esperaba

           Es absolutamente cierto de que nadie contaba con una situación así, por mucho que ahora se pretenda instrumentalizar a la Justicia para que descubra la cuadratura del círculo. Bastaría con solicitar un ejemplar de los periódicos del 8 de marzo, para comprobar que ese domingo nadie pensaba que estuviésemos a solo una semana de la declaración del Estado de Alarma.

          Una de las consecuencias de esa declaración, ha sido la desaparición definitiva de la prensa escrita del Estado español en nuestra ciudad. En noviembre de 2012 se fue para siempre el diario ABC, y luego le siguieron La Razón, toda la prensa deportiva con los diarios, Mundo Deportivo, As, para finalizar con El Mundo, unos meses antes de la Covid-19. Solo se mantuvieron El País y Marca, pero no han podido resistir el cierre aéreo.

                                        El pretérito perfecto

            El pretérito perfecto es un tiempo verbal que indica una acción ya terminada en el pasado, pero cuyos efectos llegan hasta el momento presente. En Melilla esta noción gramatical, llamada también pretérito perfecto absoluto, se manifiesta en las calles, pues si regresamos a un lugar determinado varios años después, todo se mantiene en el mismo lugar. La única diferencia es que la oxidación se ha hecho presente, y también nos ayuda como herramienta para comprobar que el tiempo ha transcurrido de un modo efectivo, y que no nos inventamos nada. En el año 2017 encontramos una pequeña acumulación de latas de cerveza, que tres años después siguen en el mismo lugar, aunque oxidadas. El tiempo ya cerrado de la desidia, nos sigue alcanzando con su recuerdo.

             Siempre hay que retornar a un lugar o punto espacio-temporal, que nos permita el regreso. A veces algo bloquea el camino, o nuestra marcha se detiene sin causa aparente, y seguir avanzando se nos antoja imposible, es cuando sin darnos cuenta llegamos a la pregunta de ¿para qué? Es una pregunta sin respuesta que paraliza como un veneno. Lo que siempre hemos hecho es esperar el tiempo necesario, encontrar un lugar anterior y regresar. En este caso estaba junto al río de Oro, debajo del depósito de agua, en el que parece existir una filtración. También se observan grietas en uno de los pilares que sostienen la parte superior del depósito.

              PD: Quien no regresará ya nunca es el cantante Pau Donés, que estuvo por última vez en Melilla en julio de 2017. Que descanse en paz.