Aparcamientos de La Hípica


                                     Zona Militar reservada

         Cuando no es temporada de playa no se evidencia esta peculiar y anacrónica cuestión. La ciudad de Melilla, su gente, es muy sensible a todo lo relacionado con La Hípica. Fueron varias décadas de aparheit social, modelo Pretoria, que dejaron una profunda huela en la sociedad melillense. Es un hecho que muchas personas inmersas en la década de los 50 años, no suelen pisar esa playa. Las personas se siguen distribuyendo en su playa, en la que frecuentaron sus padres o sus abuelos. Todos juntos pero nadie revuelto.

        Que la situación o su residuo se prolongue hasta el año 2012 no tiene explicación algunas, sobre todo despues de 32 años de Democracia y 24 de gobiernos socialistas. Los cluns o son privados o son públcios. Lo que no es admisible es un club público, en donde sólo puede entrar funcionarios públicos militares y los civiles, mediante exiguo cupo, y en una criba que solo superan determinadas y cintadas personas.

       Probablemente esto no es culpa del Ministerio de Defensa, ni de unas Fuerzas Armadas en las que los usos democráticos han entrado por todos lados y en todas las estancias. Nada queda en las Fuerzas Armadas españolas del ejército de Franco. Solo hay 4 nostálgicos que mantienen apenas 4 cosas y en lugares muy concretos.

     Lo que hoy nos ocupa es la situación de estos aparcamientos, reservados para usos militares, en la zona antigua zona militar de La Hípica. Nadie los ocupa, algunos están vallados pero en estado de abandono y otros muy pintados y cuidados, pero en igualmente en desuso. Tengo mis dudas que si un melillense, en caso de necesitar aparcamiento y ocupase la zona de acceso, pudiera ser multado o su coche retirado por la grua, como amenaza una de las señalizaciones.

       Todos sabemos que las licencias de aparcamientos o vados, deben ser revisadas anualmente, debe constar el uso y el tiempo de  exclusión (franja horaria)  y sobre todo, deben estar marcadas por señales de apoyo horizontales y verticales. No vale una única y birriosa placa de «propiedad militar» y una cadena oxidada con candado.

        Pese a toda la literatura en contra, los melillenses somos muy respetuosos y ninguno aparcamos en esa zona, cuando el deseo que se siente al ver esa señalización, es justamente el contrario, o sea, no respetar esa señalización y no tener que buscar sitio entre las piedras o de cualquier manera.

El parque que se llevó el fuego


             La zona infantil de Melilla La Vieja sigue inservible

     Hace un año o poco más (la memoria es más débil de lo que creemos), se inauguró este parque infantil, con gran ruido y pompa  mediática. Son los reyes de la propaganda, eso es algo que nadie duda. En realidad eran dos columpios y dos caballitos, ni siquiera había tobogán. Pese a todo, hizo mucha ilusión a los niños de la zona, del barrio de Medina Sidonia, porque desde la conquista española en 1497, nadie se había gastado allí un maravedí o euro. Es verdad que este gobierno fue el primero en instalar allí un parque infantil. Fueron algo rácanos, todo hay que decirlo, porque comparado con lo que se gastan en cualquier otra zona de la ciudad, en cualquier fruslería, la inversión pública realizada no era más que una limosna.  Eso sí, lo inauguraron como si aquello fuera el parque Warner o incluso Disneyland Sidonia.

          El caso es que allí no había sombra, muy necesaria en Melilla La Vieja, y sí  bancos incómodos, pero no importó, porque en apenas unos meses el parque ardió. La versión oficial atribuyó todo a los vándalos, siempre muy socorridos, aunque en las calles del barrio creen que fue un vecino, algo desequilibrado. Esto debió suceder hace un año o menos (vuelvo a repetir lo de la memoria).

           Desde entonces aquello sigue acordonado y sin reparar. No se sabe si es como un castigo por tamaña muestra de ingratitud. El abandono es abosoluto y el estado lamentable. Los vecinos se quejan y muestran el lugar a quien ellos conocen y piensan que puede ayudarles. La verdad es que el parque debería repararse, instalar al menos un tobogán, algo de sombra y algunos bancos con respaldo, que hagan la estancia más cómoda.. Hay bastantes niños en Melilla La Vieja y si el lugar estuviese bien cuidado, sería bastante agradable.

            El vandalismo y el mal trato de lo público es una mal endémico y común a todas las ciudades, por eso hay que cuidar el dinero invertido. No es tan dificil. En sus tiempos hubo un Cuerpo de Vigilantes Nocturnos» que se quiso convertir en una guardia pretoriana. Fue un despropósito que los Tribunales de Justicia anularon  y ahora hay 30 personas asignadas a labores administrativas, lejos de las funciones para las que fueron contratadas.           

        

El naufragio de un supuesto homenaje


                    El bote de la Cia de Mar, tocado y casi hundido

    El pasado 17 de junio subíamos una entrada al Alminar en la que dábamos cuenta de un «supuesto homenaje» a la Compañía de Mar de Melilla, con la instalación de un bote mixto en el arranque del Paseo Marítimo. Corona 71 nos ilustró con una amplia descripción del bote y de su historia, y Uno de Melilla vaticinó un rápido deterioro del mismo, no acorde con el desgaste que pudiera sufrir ante los rigores climatológicos del verano melillense.

     Digo «supuesto homenaje» porque nadie, del Gobierno de La Ciudad o de su área de Cultura, si es que existe, se molestó en enviar una nota de prensa explicando el porqué se instalaba allí el bote y cuál era la finalidad última de la acción. Lo del homenaje a la Cia de Mar lo dijimos solo nosotros y los comentaristas habituales del Alminar de Melilla. Nunca se instaló allí placa alguna, ni descripción e historia de la nave. Tampoco ha merecido la instalación en las inmediaciones de uno de esos «soberbios e ilustrativos monolíticos turísticos». El bote apareció en las inmediaciones de La Hípica, cual Arca de Noé en la cima del Monte Ararat, sin explicación ni causa aparente.

            El pasado 7 de agosto, en un duro día de levante y apenas a tres días de mi ausencia vacacional de Melilla, pude fotografiar el ya lamentable estado del barco, con casi todos sus «ojos de buey» destrozados, la antena caída y el timón a punto de desprenderse. Decidí no hacer ni escribir nada. ¿Para qué?. Si este barco hubiese sido instalado en la carretera del Polvorín de Horcas Coloradas o tirado en algún punto de la carretera de circunvalación, pudiera explicarse uan destrucción tan veloz e intensa. Sin embargo, este barco está emplazado en una zona muy transitada, con las inmediaciones vigiladas y en pleno Paseo Marítimo. Nadie puede pegarle pedradas al cristal o dormir en él, sin ser detectado en algún momento. Su visible emplazamiento debería preservarle del vandalismo o provocar una rápida reparación en caso de sufrir un deterioro.

              Está claro que en Melilla nada funciona como debería. Este gobierno no funciona desde hace mucho. Melilla necesita un cambio profundo en acciones y en formas. Ahora están muy contentos poque les han regalado una locomotora antigua. ¿Van a hacer un Museo del ferrocarril?. Si lo van a tratar todo de esta manera, mejor que no les den nada. Aquí algo más que este barco ha perdido el timón.

       Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/06/17/bote-con-v-de-barco/

Bellos rincones descuidados en Melilla


               Una zona con sombra resulta ser un pequeño paraíso en los meses de julio y agosto.  En todas las ciudades se cuidan y mantienen las zonas de sombra. Melilla tiene rincones  bellos y que resultan agradables, tanto por su situación como por la existencia de sombra. Después de achicharrarnos en los últimos años con nuevas plazas ( San Lorenzo, Las Culturas), pero sin el menor rastro de la sombra, tan necesaria en ciudades como Melilla, uno busca refugio cuando transita por ciudad, en rincones como este, que data del año 1991, y que se encuentra situado junto al antiguo Hospital Militar, en el inicio de la calle del General Astilleros.

                       La sombra de los ficus, del drago, de la palmera, resultan perfectas, el lugar es muy refrescante y es utilizado con frecuencia por los transeúntes. Una zona con sombra supone un alivio inmediato y el descenso de al menos dos grados en la temperatura ambiente. Sin embargo el aspecto que ofrece es el de descuido, como el de casi toda la ciudad. La cerámica, firmada en Málaga en 1991 está muy deteriorada en el caso del escudo de España, aunque el de Melilla se conserva en mejor estado. La zona central del jardín es un calvero y sirve como «cagadero» para los perros. Todas las luces de adorno del lugar están desaparecidas hace años y los cables pelados y expuestos sin protección alguna.

                   En Melilla se gasta mucho dinero pero el aspecto de la ciudad es muy deslucido. Se inaugura todo,  pero no se mantiene nada. Todo se deteriora de modo irremisible. La ciudad es pequeña, casi todo el caso urbano puede considerarse como parte del centro de la urbe. La cosas no pueden ofrecer este aspecto. Esto es un jardincillo que no puede costar mucho el mantenerlo en perfecto estado. La externalización de servicios no funciona. Se entregan grandes cantidades de dinero para un mantenimiento al que no se le ve el resultado apetecido.

                    Empieza a notarse un problema en la gestión de las ciudades. La falta de dinero empieza a notarse en todos lados. Se han hecho demasiadas cosas o no se sabe mantener las que se han hecho. La gestión racional no existe y los «cargos de libre designación» siguen proliferando. Cada uno de esos cargos supone el salario de 4 trabajadores. Algunos todavía no parecen darse cuenta de lo que está sucediendo. Sigo sin ver la más mínima medida de austeridad, en los miembros del Gobierno que están reduciendo, mes a mes, los derechos y los salarios de los trabajadores.

Situación dantesca en la calle Alférez Sanz


                       Y la ciudad se cae

      Esta situación se produce en el centro modernista de Melilla, apenas a 100 metros de la mezquita  que nosotros conocemos como de García Cabrelles o Central. Los enormes maceteros de hierro galvanizado presentan un aspecto lamentable. Uno se situa junto al contenedor de reciclado de cartón, los otros dos impiden o se apretujan junto a los bancos. Toda la calle Alférez Sanz tiene su mobiliario urbano en estado inutilizable o descompuesto. Los mosaicos centrales, imitando una composición modernista estan completamente descompuestos. Por si fuera poco, la instalación de un supermercado  en la calle García Cabrelles, convierte la zona en un caos, y deteriora la acera de modo irremisible, ya que la carga y descarga de los contenedores de suministros se efectúa en la misma acera, con la utilización de «toritos de descarga» que incrementan el peligro para los viandantes. La descarga se realiza en los almacenes o entrada lateral de la calle Alférez Sanz, lo que deteriora la acera. Se ha instalado incluso una rampa provisional junto al bordillo. Hay que decir que la Mezquita de García Cabrelles es uno de los lugares más visitados de Melilla, ya que está en la llamada «Ruta de los templos». Enfrente está el Mercado Central y la zona es altamente transitada.

   Ls iniciativas turísticas, las campañas de publicidad, la promoción exterior de Melilla, son inicativas que se deben hacer para promover la llegada de visitantes a la ciudad, aunque hasta la fecha el rendimiento tenga poco impacto sobre nuestra economía. Lo que no puede permitirse es que esas campañas se realicen y falle de modo estrepitoso todo lo que rodea. En publicidad, marketing y propaganda hay que dar un 9 a la ciudad de Melilla. La realidad ofrece como mucho un 6,5 y eso siendo generosas las agencias de calificación.

Conciertos a la luz del bordillo


                   En Melilla todo se queda en la propaganda. Los conciertos «a la luz de La Luna» suenan muy bien si uno no va a ellos y se limita a ver los anuncios,  y a lo que publiquen los medios de propaganda al día siguiente. Si se convoca al público de Melilla para que acuda a ellos, lo menos que se puede ofrecer es un trato digno y lugares en donde sentarse. Hasta la fecha he acudido a dos de esos conciertos, el de Mikel Erentxun en la plaza de Armas (supuesto auditorium al aire libre), y el de anoche de Natalia Dicenta.  En el primero la gente se quejó de dos cosas, la primera es que el artista miraba solo a los clientes del chiringuito y estaba muy alejado de las gradas en las que se situaban el público. La segunda queja, que sí apareció en un medio de comunicación, es que en las gradas no había iluminación de ningún tipo Lo que hacía peligroso el moverse por las mismas) ni sillas en donde sentarse. No todo el mundo puede sentarse en la piedra ni aguantar su dureza. También la gente se viste para este tipo de eventos y no puede acabar con sus vestidos y trajes limpiando el polvo del camino. Es una desconsideración absoluta.

                        El concierto de Natalia Dicenta

     Una artista como Natalia Dicenta se merece otro tipo de trato.  No se puede traer a artistas de esta categoría y luego abandonarlos en cualquier plaza público, sin iluminación sobre el artista, que estaba casi en penumbra y sin condiciones acústicas de ningún tipo, como la plaza de Estopiñan. Si el espectáculo se paga con dinero de los contrinuyentes y se solicita su presencia y se le invita a acudir, entonces hay que ofrecerle un trato digno, sillas en donde sentarse y también visibilidad sobre el artista. Nada de eso había anoche en el concierto de Natalia Dicenta.

         Eran muchas las personas mayores y de todas las edades que acudíeron al concierto, y luego no tenían en donde sentarse, ni casi lugar para ver con cierto decoro la actuación. Además, para la próxima vez: «Corten el tráfico en la plaza y cubran de sillas toda esa zona», porque los que decidieron quedarse, tenían que apartarse continuamente para dejar pasar a los coches. Una absoluta flata de respeto. Esa plaza no reune condiciones para conciertos, sin contar la dificultad de acceso, pues se llega a ella a través de las escaleras de los algibes, barrera infranqueable para personas con dificultades físicas. Tampoco existen urinarios públicos en las inmediaciones.

       No se entiende nada en Melilla. Los conciertos son para los melillenses o para dar cierto atractivo a las noches de Melilla La Vieja, por lo que el área encargada de los mismos debería ser Cultura o Festejos, pero nunca Turismo. Por cierto, el Viceconsejero estaba allí, apaciblemente sentado, mientras decenas de melillenses, muchas persoans mayores, poblaban los bordillos, el suelo o permanecían de pie. Créanme , no es criticar por criticar. Es que si se convoca al público, hay que ofrecerle un trato adecuado y eso es una obligación legal, no un capricho.

 

La torturante espera del autobús


     

            Estas marquesinas fueron instaladas en la época de Gonzalo Hernández como alcalde de Melilla (1983-1991). El concejal delegado del área era Flavio Jiménez. No sé si fueron objeto de alguna renovación durante la época de Ignacio Velázquez ( 1991-1999). Desde entonces el deterioro que han sufrido es absoluto. Esto es la plaza de España, máximo escaparate turístico de Melilla. Aquí todavía hay suerte, porque los bancos siguen existiendo, aunque sean sillas de tortura, similares a la cuna de Judas empleada por la Inquisición. Esperar ahí sentado la COA durante 15 minutos aplasta la zona sacrocoxigea, y supone un riesgo elevado para la zona perianal.

           Aquí hay sombra porque las enredaderas agarraron en las pérgolas y proporcionan algo de frescura a la tensa espera del autobús urbano. En la mayor parte de las paradas de Melilla ni siquiera existen. Al usuario de la COA solo tiene como opción la espera a la intemperie y el rigor climatolígico, así en el verano como en el invierno. Algunos tienen suerte, como en la parada de la plaza Torres Quevedo y unos estupendos bordillos sirven como bancos, aunque sean de piedra. En la esquina de la Comandancia solo queda la espera a pie. En otras partes de la ciudad, casi la nada.

      Nota: Acaban de subvencionar el 55% del billetes de autobús los sábados y los domingos para fomentar su uso, pero no hay quien espere 1/2 hora en estas condiciones. Esa es la frecuencia de paso en fines de semana. También podrían haberse gastado esos 30.000€ de monolitos y losetas turísticas en renovar las marquesinas de espera o instalar bancos y asientos dignos de seres humanos.

     PD: https://elalminardemelilla.com/2011/09/23/melilla-sin-transporte-publico/